lunes, 31 de diciembre de 2018

EL EJEMPLO DE ISAAC


Isaac fue sumamente honrado por Dios, al ser hecho heredero de las promesas por las cuales sería bendecida la tierra; sin embargo, a la edad de cuarenta años, se sometió al juicio de su padre cuando envió a un servidor experto y piadoso a buscarle esposa. Y el resultado de este casamiento, que nos es presentado en las Escrituras, es un tierno y hermoso cuadro de la felicidad doméstica "E introdújola Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer; y amóla: y consolóse Isaac después de la muerte de su madre."

¡Qué contraste entre la conducta de Isaac y la de la juventud de nuestro tiempo, aun entre los que se dicen cristianos! Los jóvenes creen con demasiada frecuencia que la entrega de sus afectos es un asunto en el cual tienen que consultarse únicamente a sí mismos, un asunto en el cual no deben intervenir ni Dios ni los padres. 

 Mucho antes de llegar a la edad madura, se creen competentes para hacer su propia elección sin la ayuda de sus padres. Suelen bastarles unos años de matrimonio para convencerlos de su error; pero muchas veces es demasiado tarde para evitar las consecuencias perniciosas. La falta de sabiduría y dominio propio que los indujo a hacer una elección apresurada agrava el mal hasta que el matrimonio llega a ser un amargo yugo. Así han arruinado muchos su felicidad en esta vida y su esperanza de una vida venidera.

Si hay un asunto que debe ser considerado cuidadosamente, y en el cual se debe buscar el consejo de personas experimentadas y de edad, es el matrimonio; si alguna vez se necesita la Biblia como consejera, si alguna vez se debe buscar en oración la dirección divina, es antes de dar un paso que ha de vincular a dos personas para toda la vida.

Nunca deben los padres perder de vista su propia responsabilidad acerca de la futura felicidad de sus hijos. El respeto de Isaac por el juicio de su padre era resultado de su educación, que le había enseñado a amar una vida de obediencia. Al mismo tiempo que Abrahán exigía a sus hijos que respetasen la autoridad paterna, su vida diaria daba testimonio de 174 que esta autoridad no era un dominio egoísta o arbitrario, sino que se basaba en el amor y procuraba su bienestar y dicha.

Los padres y las madres deben considerar que les incumbe guiar el afecto de los jóvenes, para que contraigan amistades con personas que sean compañías adecuadas. Deberían sentir que, mediante su enseñanza y por su ejemplo, con la ayuda de la divina gracia, deben formar el carácter de sus hijos desde la más tierna infancia, de tal manera que sean puros y nobles y se sientan atraídos por lo bueno y verdadero. 

Los que se asemejan se atraen mutuamente, y los que son semejantes se aprecian. 

¡Plantad el amor a la verdad, a la pureza y a la bondad temprano en las almas, y la juventud buscará la compañía de los que poseen estas características!

Procuren los padres manifestar en su propio carácter y en su vida doméstica el amor y la benevolencia del Padre celestial. Llenen el hogar de alegría. Para vuestros hijos esto valdrá más que tierras y dinero. Cultívese en sus corazones el amor al hogar, para que puedan mirar hacia atrás, hacia el hogar de su niñez, y ver en él un lugar de paz y felicidad, superado sólo por el cielo. 

Los miembros de una familia no tienen todos idéntico carácter, y habrá muchas ocasiones para ejercitar la paciencia e indulgencia; pero por el amor y el dominio propio todos pueden vincularse en la más estrecha comunión.

El amor verdadero es un principio santo y elevado, por completo diferente en su carácter del amor despertado por el impulso, que muere de repente cuando es severamente probado. 

 Mediante la fidelidad al deber en la casa paterna, los jóvenes deben prepararse para formar su propio hogar.

 Practiquen allí la abnegación propia, la amabilidad, la cortesía y la compasión del cristianismo. El amor se conservará vivo en el corazón, y los que salgan de tal hogar para ponerse al frente de su propia familia, sabrán aumentar la felicidad de la persona a quien hayan escogido por compañero o compañera de su vida. Entonces el matrimonio, en vez de ser el fin del amor, será su verdadero principio. PP 173-174

miércoles, 5 de septiembre de 2018

XIII. LA PERSONALIDAD: 67. LA DISPOSICIÓN


Diversidad de disposiciones.
No todos tienen los mismos talentos ni la misma disposición. Los obreros difieren en sus planes e ideas. Se necesitan diversos dones combinados para el éxito de la obra. Recordemos que algunos pueden desempeñar ciertas posiciones con más éxito que otros. El obrero que ha recibido tacto y habilidad que lo capacitan para desempeñarse en un aspecto especial de la obra, no debería culpar a los demás por no ser capaces de hacer lo que él tal vez puede hacer fácilmente. ¿Acaso no hay otras cosas que sus compañeros de trabajo pueden hacer con mucho más éxito que él?­ Ev 80 (1903).

Diferentes disposiciones, diferentes enfoques.
Toda asociación en la vida requiere el ejercicio del dominio propio, hábitos y educación, que nuestra manera de ver las cosas varía mucho. Juzgamos de modos distintos. Nuestra comprensión de la verdad, nuestras ideas acerca del comportamiento en la vida, no son idénticas en todos los aspectos. No hay dos personas cuyas experiencias sean iguales en todo detalle. Las pruebas de uno no son las de otro. Los deberes que a uno le parecen fáciles, son para otro en extremo difíciles y lo dejan perplejo.­ MC 384 (1905). 642

Diversidad de disposiciones en la familia.
Con frecuencia existen en la misma familia notables diferencias de temperamento y carácter, pues está dentro de los planes de Dios que se relacionen personas de temperamentos variados. Cuando esto sucede, cada miembro del hogar debiera considerar como sagrados los sentimientos y los derechos de los otros y debiera respetarlos. De esta manera se cultivarán la consideración mutua y la tolerancia, se suavizarán los prejuicios y se alisarán las asperezas del carácter. Si puede lograrse la armonía y la combinación de los diversos temperamentos será para beneficio mutuo.­ CN 190 (1886).

Los padres transmiten su disposición.
Tanto los padres como las madres están comprendidos en esta responsabilidad. Ambos padres transmiten a sus hijos sus propias características, mentales y físicas, su temperamento y sus apetitos.­ PP 604 (1890).

Disposiciones heredadas.
Dios quiere que nos ayudemos mutuamente mediante la manifestación de simpatía y amor abnegado. Hay quienes han heredado caracteres y disposiciones peculiares. Son difíciles de tratar, pero, ¿somos perfectos nosotros? No se los debe desanimar. No debemos hacer de sus errores una propiedad común. Cristo se compadece y ayuda a los que comenten errores de juicio. Sufrió la muerte por cada hombre, y por eso mismo tiene un interés personal y profundo por todo ser humano.­ 9T 222 (1909).

Hagamos que nuestra disposición sea dulce.
"Velad y orad", es una orden a menudo repetida en las Escrituras. En la vida de los que obedezcan esta orden, habrá una subcorriente de felicidad, que beneficiará a todos aquellos con quienes traten. Los que tienen una disposición agria e irritable, se volverán buenos y amables; los orgullosos se volverán mansos y humildes.­ CM 279 (ed. PP); 224 (ed. ACES) (1913). 643

La regularidad y el orden mejoran la disposición.
Si los jóvenes forman hábitos de regularidad y orden, mejorarán en salud, en energía, en memoria y en carácter.­ CN 104 (1897).

La disposición puede ser modificada.
Dada su misericordia, el Señor revela a los hombres sus defectos ocultos. Él quiere que los seres humanos examinen con espíritu crítico las complejas emociones y móviles de su propio corazón, y disciernan lo que está mal, modifiquen su manera de ser y refinen sus modales. Dios anhela que sus siervos conozcan su propio corazón. Para que éstos puedan darse cuenta a ciencia cierta de su situación, el Señor permite que se vean sometidos al fuego de la aflicción, y así se purifiquen.­ MeM 94 (1894).

La disposición lúgubre socava la eficiencia del maestro.
Más que nadie, el encargado de educar a los jóvenes debe precaverse contra el ceder a una disposición sombría o lóbrega; porque ella le impedirá simpatizar con sus alumnos, y sin simpatía no puede beneficiarlos. No debemos oscurecer nuestra propia senda o la ajena con la sombra de nuestras pruebas. Tenemos un Salvador a quien recurrir, en cuyo oído compasivo podemos volcar toda queja. Podemos confiarle todos nuestros cuidados y preocupaciones, y entonces nuestra labor no parecerá difícil ni severas nuestras pruebas.­ CM 221, 222 (ed. PP); 178 (ed. ACES) (1913).

Combinemos la simpatía con la integridad.
La religión de Jesús ablanda cuanto haya de duro y brusco en el genio, y suaviza los modales toscos y violentos. Hace amables las palabras y atrayente el porte. Aprendemos de Cristo a combinar la pureza y la integridad con una disposición alegre. Un cristiano bondadoso y cortés es el argumento más poderoso que se pueda presentar en favor del cristianismo.­ OE 128 (1915). 644

La alimentación inadecuada malogra la disposición.
Muchos echan a perder su ánimo o disposición comiendo en forma impropia. Debemos ser tan cuidadosos para aprender las lecciones de la reforma pro salud como lo somos para tener nuestros estudios perfectamente preparados; porque los hábitos que adoptamos en este sentido ayudan a formar nuestro carácter para la vida futura. Es posible que uno eche a perder su experiencia espiritual por un mal uso del estómago.­ CRA 150 (1908).

El consumo de carne produce una disposición irritable.
Dios no sustrajo la carne de la alimentación de los hebreos en el desierto simplemente para mostrar su autoridad, sino para su bien, para que pudieran preservar su fortaleza física y moral. Él sabía que el uso del alimento animal fortalece las pasiones animales y debilita el intelecto. Sabía que la satisfacción del apetito de los hebreos mediante la carne debilitaría sus facultades morales, y los pondría en una disposición irritable tal que la vasta multitud llegaría a ser insubordinada, perdería el alto sentido de sus obligaciones morales y rehusaría ser legislada por las sabias leyes de Jehová.­ 
Te 141, 142 (1876).

El azúcar y la disposición.
El azúcar no es bueno para el estómago. Causa fermentación, y esto anubla la mente y trae mal humor.­ CRA 389 (1901).

Cómo suavizar una disposición perversa.
El progreso en la experiencia cristiana se caracteriza por el incremento de la humildad, como resultado del aumento del conocimiento. Quienes estén unidos con Cristo se apartarán de la iniquidad.
Les digo, en el temor de Dios, que se me ha mostrado que muchos de ustedes perderán la vida eterna porque están edificando sus esperanzas celestiales sobre un falso fundamento. Dios los está dejando librados a ustedes mismos, "para humillarlos y probarlos, a fin de saber. . . qué hay en 645 sus corazones". Han descuidado las Escrituras. Desprecian y rechazan los Testimonios porque éstos reprenden sus pecados acariciados y perturban su complacencia propia.
Cuando se alberga a Cristo en el corazón, su imagen se manifiesta en la vida. La humildad reinará donde antes predominaba el orgullo. La sumisión, la mansedumbre y la paciencia suavizarán los rasgos ásperos de una disposición naturalmente perversa e impetuosa. El amor a Jesús se manifestará en el amor a su pueblo. No será vacilante ni espasmódico, sino tranquilo, profundo y fuerte.
La vida del cristiano estará desprovista de toda pretensión, libre de toda afectación, artificio y falsedad. Será ferviente, verdadera, sublime. Cristo aparecerá en cada palabra. Se lo verá en cada acto. La vida resplandecerá con la luz del Salvador que mora interiormente. En comunión con Dios y en la feliz contemplación de las cosas celestiales, el alma se preparará para el cielo y trabajará para atraer a otras almas al redil de Cristo. Nuestro Salvador es capaz y está dispuesto a hacer por nosotros más de lo que podemos pedir y aun pensar.­ 5T 49, 50 (1882).

Dios puede modelar la disposición.
No importa cómo sea su disposición, Dios es capaz de modelarla para que sea dulce y semejante a la de Cristo. Al vivir por la fe, usted puede separarse de todo lo que no esté de acuerdo con la voluntad de Dios, para así introducir el cielo en su vida aquí abajo. ¿Lo hará? Si lo hace, habrá luz en cada paso que dé.­ Ms 91, 1901.

Una bendición para los enfermos.
Dios usará la disposición agradable y el carácter hermoso para bendecir a los enfermos. Las verdades de la Palabra de Dios poseen un poder santificador y transformador. Si se las recibe en el corazón y se las pone en práctica en la vida, serán un sabor de vida para vida. Que los que están empleados en nuestras instituciones sean de tal naturaleza que la luz de la verdad resplandezca en las palabras que pronuncian cada día y en 646 sus acciones. Sólo a los tales puede aceptar Cristo como sus obreros.­ Ms 69, 1909; (MM 173).

Armonía entre las distintas disposiciones.
La armonía y la unión existentes entre hombres de diversas tendencias es el testimonio más poderoso que pueda darse de que Dios envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. A nosotros nos toca dar este testimonio; pero para hacerlo, debemos colocarnos bajo las órdenes de Cristo; nuestro carácter debe armonizar con el suyo, nuestra voluntad debe rendirse a la suya. Entonces trabajaremos juntos sin contrariarnos.­ 3JT 246 (1904).

Una disposición imbuida de gratitud y paz.
De todas las cosas buscadas, apreciadas o cultivadas, no hay nada tan valioso a la vista de Dios como un corazón puro, una disposición rebosante de agradecimiento y paz.­ 1JT 579 (1881).

La resurrección no cambiará la disposición.
Si queréis ser santos en el cielo, debéis ser santos primero en la tierra. Los rasgos de carácter que cultivéis en la vida no serán cambiados por la muerte ni por la resurrección. Saldréis de la tumba con la misma disposición que manifestasteis en vuestro hogar y en la sociedad.­ 
HAd 12 (1891). 647 RPEGW

XIII. LA PERSONALIDAD: 66. NECESIDADES EMOCIONALES.


Las razones de la existencia.
La ley de Dios es una ley de amor. Él nos rodeó de hermosura para enseñarnos que no estamos en la tierra únicamente para mirar por nosotros mismos, para cavar y construir, para trabajar e hilar, sino para hacer la vida esplendorosa, alegre y bella por el amor de Cristo. Así como las flores, hemos de alegrar otras vidas con el misterio del amor.­ DMJ 83 (1896).

El amor satisface las necesidades íntimas.
El amor debe ser el principio que impulse a obrar. El amor es el principio fundamental del gobierno de Dios en los cielos y en la tierra, y debe ser el fundamento del carácter del cristiano. Sólo esto puede habilitarlo para resistir la prueba y la tentación.­ 
PVGM 29, 30 (ed. PP); 28 (ed. ACES) (1900).

Cultiven el amor.
Hay que cultivar el amor a Dios y al prójimo, porque es tan precioso como el oro. Necesitamos ahora representar de la mejor manera posible el carácter de la 632 religión pura e incontaminada que, tanto por su naturaleza como por sus requerimientos, es lo contrario del egoísmo. Un amor como el que Cristo ejemplificó es incomparable; su valor supera al del oro, la plata o las piedras preciosas. Debemos orar por el amor que Cristo poseía, y procurarlo. El cristiano que lo posea tendrá un carácter que estará por encima de las debilidades humanas.­ Carta, 335, 1905.

Todos necesitan amor.
La razón por la cual hay tantos hombres y mujeres de corazón duro en nuestro mundo, es que el verdadero afecto ha sido considerado debilidad, y se lo ha desalentado y reprimido. Lo mejor de la naturaleza de las personas de esta clase ha sido pervertido y empequeñecido en la infancia, y a menos que los rayos de la luz divina logren derretir su frialdad y la dureza de su corazón egoísta, la felicidad de los tales está sepultada para siempre. Si quisiéramos tener corazones tiernos, como el que tuvo Jesús cuando estuvo sobre la tierra, y una simpatía santificada, como la que tienen los ángeles por los mortales pecadores, cultivaríamos la simpatía de los niños, que es la sencillez misma.­ 3T 539 (1875).

El corazón: una fuente de amor.
Ni el Hno. K ni su esposa tienen experiencia en hacer sacrificios en favor de la verdad, en ser ricos en buenas obras, mediante el depósito de sus tesoros en el cielo. No han ejercido cuidado, ni simpatía, ni paciencia con sus hijos dependientes y amantes. Han consultado su propia conveniencia egoísta. Sus corazones no han sido una fuente capaz de alimentar surtidores vivientes de ternura y afecto. Al bendecir a los demás con amables palabras de amor y actos de misericordia y benevolencia, recibirán una bendición ellos mismos. Han sido muy estrechos en el ámbito de su utilidad.­ 2T 649, 650 (1871).

El amor al yo destruye la paz.
Es el amor a uno mismo lo que destruye nuestra paz. Mientras viva el yo, estaremos siempre dispuestos a protegerlo contra los insultos y la 633 mortificación; pero cuando hayamos muerto al yo y nuestra vida esté escondida con Cristo en Dios, no tomaremos a pecho los desdenes y desaires. Seremos sordos a los vituperios y ciegos al escarnio y al ultraje. "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza en la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser"
 (1 Cor. 13: 4-8).­ DMJ 19 (1896).

La seguridad se basa en el pensamiento recto.
Debemos sentir siempre el poder ennoblecedor de los pensamientos puros. La única seguridad para el alma consiste en pensar bien, pues acerca del hombre se nos dice: "Cuál es su pensamiento en su alma, tal es él" (Prov. 23: 7). El poder del dominio propio se acrecienta con el ejercicio. Lo que al principio parece difícil, se vuelve fácil con la práctica, hasta que los buenos pensamientos y acciones llegan a ser habituales. Si queremos, podemos apartarnos de todo lo vulgar y degradante y elevarnos hasta un alto nivel, donde gozaremos del respeto de los hombres y del amor de Dios.­ MC 392 (1905).

La falta de afecto produce depravación.
En las abominaciones de los cananeos, el Señor presentó a Israel los resultados que tiene la comunión con los espíritus malos; eran sin afectos naturales, idólatras, adúlteros, asesinos y abominables por todos sus pensamientos corrompidos y prácticas degradantes.­ 
PP 744 (1890).

El fruto de la malicia es la muerte.*
El espíritu de odio y de venganza tuvo su origen en Satanás, y lo llevó a dar muerte al Hijo de Dios. Quienquiera que abrigue malicia u 634 odio, abriga el mismo espíritu; y su fruto será la muerte. En el pensamiento vengativo yace latente la mala acción, así como la planta yace en la semilla. "Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él" (1 Juan 3: 15).­ DMJ 51 (1896).

La necesidad de amistad.
Muchos podrían estar libres de las influencias pecaminosas si estuvieran rodeados de buenas amistades y si se les dirigieran palabras bondadosas y amables.­ 4T 364 (1879).

Es natural que busquemos sociabilidad.
Es natural buscar compañía. Cada uno hallará compañeros o los hará. Y la intensidad de la amistad determinará la influencia que los amigos ejerzan unos sobre otros, para bien o para mal. Todos tendrán amistades, influirán en ellas y recibirán su influencia.
Es misterioso el vínculo que une los corazones humanos de manera que los sentimientos, los gustos y los principios de dos personas quedan íntimamente fusionados. Uno recibe el espíritu del otro y copia sus modales y actos. Así como la cera conserva la figura del sello, la mente retiene la impresión producida por el trato y la asociación con otros. La influencia puede ser inconsciente, mas no por eso es menos poderosa.­ 1JT 585 (1881).

El hombre fue creado para la sociabilidad.
El Señor creó al hombre para la sociabilidad, y es su propósito que estemos imbuidos de la naturaleza bondadosa y amable de Cristo, y que por medio de la amistad nos unamos en íntima relación como hijos de Dios, a fin de hacer una obra para el tiempo y la eternidad.­ Carta 26a, 1889; (MM 48, 49).

El orgullo destruye la amistad.
Ellos [los enemigos de Cristo] percibían la majestad, la pureza y la belleza de la verdad, [Jesús] con su influencia profunda y suave, echaba hondas 635 raíces en muchas mentes. . . [Jesús] estaba derribando la muralla de separación que había levantado su orgullo y su exclusivismo [de los fariseos], y temieron que, si se lo permitían, alejaría completamente de ellos al pueblo. Por eso lo seguían con resuelta hostilidad, al acecho de alguna ocasión para malquistarlo con la muchedumbre, lo cual permitiría al Sanedrín obtener su condenación y su muerte.­ DMJ 45 (1896).

El compañerismo y el carácter.
Se ha dicho con verdad: "Dime con quién andas y te diré quién eres". Los jóvenes no comprenden cuán sensiblemente quedan afectados su carácter y su reputación por su elección de compañías. Uno busca la compañía de aquellos cuyos gustos, hábitos y prácticas congenian con los suyos.
El que prefiere la sociedad de los ignorantes y viciosos a la de los sabios y buenos, demuestra que su propio carácter es deficiente. Puede ser que al principio sus gustos y hábitos sean completamente diferentes de los gustos y hábitos de aquellos cuya compañía procura; pero a medida que trata con esta clase, cambian sus pensamientos y sentimientos; sacrifica los buenos principios, e insensible, aunque inevitablemente, desciende al nivel de sus compañeros. Como un arroyo adquiere las propiedades del suelo donde corre, los principios y hábitos de los jóvenes se tiñen invariablemente del carácter de las compañías que tratan.­ CM 212 (ed. PP); 170, 171 (ed. ACES) (1913).

Una relación que todos deberían desarrollar.
Dios nos ha unido como miembros de una familia, y todos deberíamos alentar esta relación. Hay servicios que debemos prestar a los demás que no podemos ignorar si hemos de guardar los mandamientos de Dios. Vivir, pensar y obrar para uno mismo equivale a convertirse en inútiles como siervos de Dios. Los títulos resonantes y los grandes talentos no son esenciales para ser buenos ciudadanos y cristianos ejemplares.­ 4T 339, 340 (1879). 636

Un vínculo de unión.
El más tierno vínculo terrenal es el que une a la madre con su hijo. El niño se impresiona más con la vida y el ejemplo de la madre que con los del padre; porque los une un vínculo más fuerte y más tierno. Las madres tienen una pesada responsabilidad. Si yo pudiera comunicarles la obra que pueden hacer para moldear las mentes de sus hijos, sería feliz.­ 2T 536 (1870).

Cristo, el mayor amigo.
Las compañías tienen gran importancia. Podemos formar muchas amistades agradables y provechosas; pero ninguna es tan valiosa como la que se forma cuando el hombre finito se relaciona con el Dios infinito. Cuando estamos unidos a él de esa manera, las palabras de Cristo moran en nosotros. . . El resultado se revelará en un corazón purificado, una vida sobria, un carácter inmaculado. Pero solamente merced al trato y la asociación con Cristo podemos asemejarnos a él, ejemplo único e impecable.­ MeM 196 (1885).

Consuelo para la mente y paz para el alma.
El médico que demuestre que es digno de ser nombrado director del sanatorio, hará una gran obra. Pero su tarea en el aspecto religioso debería ser siempre de tal naturaleza, que el antídoto divino para el alivio de las almas abrumadas por el pecado esté siempre presente delante de los pacientes. Todos los médicos deberían comprender que hay que hacer esta obra con ternura y sabiduría. Cuando se traen para su tratamiento pacientes mentales a nuestras instituciones, las consoladoras palabras de verdad dirigidas al afligido serán a menudo el medio para calmar la mente y restaurar la paz del alma.­ 
Carta 20, 1902; (MM 189).

Un don de Dios.
Todo buen impulso o aspiración es un don de Dios; la fe recibe de Dios la única vida que puede producir desarrollo y eficiencia verdaderos.­ Ed 253 (1903).

La íntima satisfacción de hacer el bien.
El altruismo, 637 principio básico del reino de Dios, concita el odio de Satanás, que niega hasta su misma existencia. Desde el comienzo del gran conflicto ha tratado de demostrar que los principios que constituyen el fundamento de la actividad divina son egoístas, y califica del mismo modo a todos los que sirven a Dios. La obra de Cristo y la de todos los que llevan su nombre consiste en refutar las acusaciones de Satanás.
Jesús vino en forma humana para ofrecer en su propia vida un ejemplo de altruismo. Y todos los que aceptan este principio deben ser colaboradores con él, demostrándolo en la vida práctica. Escoger la justicia por la justicia misma; ponerse de parte de la verdad aunque cueste sufrimiento y sacrificio, "ésta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová" (Isa. 54: 17).­
 Ed 154, 155 (1903).

La Ley de Dios permite que haya confianza y cooperación.
Por todo lo que hace posible la confianza y la cooperación, el mundo es deudor a la Ley de Dios, según la da su Palabra, y según se puede encontrar aún, en rasgos a menudo oscuros y casi borrados, en el corazón de los hombres.­ Ed 137 (1903).

Éxito versus dinero.
Cuando nos pongamos en la debida relación con Dios, tendremos éxito dondequiera que vayamos; y si lo que deseamos es tener una vida de éxito y no dinero, Dios nos la dará porque él sabe todo lo relacionado con nuestra abnegación. Conoce cada sacrificio que hemos realizado. Podéis pensar que vuestra abnegación carece de importancia, que deberíais recibir más consideración, pero es importante delante del Señor.
Se me ha mostrado repetidamente que cuando las personas comienzan a buscar salarios cada vez más elevados, en su experiencia ocurre algo que los coloca en terreno desventajoso. Pero cuando aceptan un sueldo que pone de manifiesto su abnegación, el Señor ve su renunciamiento personal y les proporciona éxito y victoria. Esto me ha sido 638 presentado en repetidas ocasiones. El Señor que ve en secreto recompensará públicamente cada sacrificio que sus siervos leales hayan estado dispuestos a realizar.­ 2MS 205 (1913).

La seguridad no depende de las riquezas.-
Muchos creen que encontrarán seguridad en las riquezas terrenales. Pero Cristo trata de eliminar del ojo de ellos la mota que oscurece su visión para capacitarlos de modo que puedan ver el más excelente y eterno peso de gloria. Están confundiendo fantasmas con la realidad, y han perdido de vista las glorias del mundo eterno. Cristo los invita a proyectar su mirada más allá del presente para añadir eternidad a su visión.­ Carta 264, 1903; (SD 247).

La confianza en Dios da verdadera seguridad.
Satanás sabe muy bien que el alma más débil, pero que permanece en Jesús, puede más que todas las huestes de las tinieblas, y que si se presentase abiertamente se le haría frente y se le resistiría. Por esto trata de atraer a los soldados de la cruz fuera de su baluarte, mientras que él mismo permanece con sus fuerzas en emboscada, listo para destruir a todos aquellos que se aventuren a entrar en su territorio. Sólo podemos estar seguros cuando confiamos humildemente en Dios y obedecemos todos sus mandamientos.­ 
CS 584, 585 (1888).

Dios ofrece seguridad.
Dios desea que escojamos lo celestial en vez de lo terrenal. Nos presenta las posibilidades de una inversión celestial. Quisiera estimular nuestros más elevados blancos, asegurar nuestro más selecto tesoro. Declara: "Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que oro de Ofir al hombre" (Isa. 13: 12). Cuando hayan sido arrasadas las riquezas que la polilla devora y el orín corrompe, los seguidores de Cristo podrán regocijarse en su tesoro celestial: las riquezas imperecederas.­ PVGM 308 (ed. PP); 264 (ed. ACES) (1900). 639

Influencia santificadora de la verdad.
La única seguridad para toda alma consiste en pensar con rectitud. Debemos emplear todos los medios que Dios ha puesto a nuestro alcance para el gobierno y cultivo de nuestros pensamientos. Tenemos que poner nuestras mentes en armonía con su mente. Su verdad nos santificará en cuerpo, alma y espíritu, y recibiremos poder para elevarnos por encima de la tentación. Las palabras que pronunciemos entonces serán sabias.­ Carta 123, 1904.

Cuando se aplica la verdad mejora la salud.
Cuando los hombres que se han complacido en hábitos incorrectos y prácticas pecaminosas se rinden al poder de la verdad divina, la aplicación de esa verdad al corazón revitaliza las facultades morales que parecían estar paralizadas. El receptor llega a tener una comprensión más fuerte y más clara que antes de que su alma se asegurase a la Roca eterna. Aun su salud física mejora al darse cuenta de que está seguro en Cristo. La bendición especial de Dios, que descansa sobre el receptor, es de por sí salud y fuerza.­ 
Te 96 (1890).

Alivio de la culpa.
El paralítico encontró en Cristo curación para su alma y para su cuerpo. Necesitaba la salud del alma antes de poder apreciar la salud del cuerpo. Antes de poder sanar la enfermedad física, Cristo tenía que infundir alivio al espíritu y limpiar el alma de pecado. No hay que pasar por alto esta lección. Actualmente miles que adolecen de enfermedades físicas desean, como el paralítico, oír el mensaje: "Tus pecados te son perdonados". La carga del pecado, con su desasosiego y sus deseos nunca satisfechos, es la causa fundamental de sus enfermedades. No podrán encontrar alivio mientras no acudan al Médico del alma. La paz que él solo puede dar devolverá el vigor a la mente y la salud al cuerpo.­ MC 52 (1905).

Fortaleza para el día.
Los ángeles, que harán por vosotros lo que no podéis hacer por vosotros mismos, esperan 640 vuestra cooperación. Esperan que respondáis a la atracción de Cristo. Acercaos a Dios y uno al otro. Mediante vuestros deseos, vuestras oraciones silenciosas, vuestra resistencia a los instrumentos satánicos, poned vuestra voluntad de parte de la de Dios. Mientras tengáis el deseo de resistir al diablo, y oréis sinceramente diciendo: "Líbrame de la tentación", tendréis fortaleza para el día.
La obra de los ángeles consiste en acercarse a los probados, tentados y sufrientes. Trabajan mucho tiempo e incansablemente para salvar a las almas por las cuales Cristo murió.­ HHD 38 (1899). 641

viernes, 17 de agosto de 2018

XIII. LA PERSONALIDAD: 65. LA INDOLENCIA.


*La obligación de desarrollar al máximo el intelecto.
Dios requiere el adiestramiento de las facultades mentales. Él se propone que sus siervos posean más inteligencia y más claro discernimiento que los mundanos, y le desagradan aquellos que son demasiado descuidados o indolentes para llegar a ser obreros eficientes, bien informados. El Señor nos manda que lo amemos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la fuerza, y con toda la mente. Esto nos impone la obligación de desarrollar el intelecto hasta su máxima capacidad, para que podamos conocer y amar a nuestro Creador con todo el entendimiento.­ 
PVGM 268 (ed. PP); 233 (ed. ACES) (1900).


El hombre encuentra felicidad en el trabajo.
Adán tenía temas como motivos de contemplación en las obras de Dios en el Edén, que era el cielo en miniatura. Dios no creó al hombre meramente para que contemplara las gloriosas obras de Dios. Por eso le dio manos para trabajar así como mente y corazón para meditar. Si la felicidad del hombre hubiese consistido en no hacer nada, el Creador no le hubiera asignado un trabajo a Adán. El hombre había de encontrar 627 felicidad tanto en el trabajo como en la meditación.­ 1CBA 1096 (1874).


La ociosidad es la mayor maldición.
La Biblia no aprueba la ociosidad. Esta es la mayor maldición que aflige a nuestro mundo.­ PVGM 278 (ed. PP); 241 (ed. ACES) (1900).


Hagamos las tareas diarias con alegría.
Algunos creen que las riquezas y la ociosidad son bendiciones en sí mismas; pero los que siempre están ocupados y cumplen gozosamente sus tareas cotidianas, son los más dichosos y gozan de mejor salud que nadie. El cansancio que resulta del trabajo bien organizado les asegura los beneficios de un sueño reparador. La sentencia de que el hombre debe trabajar para ganarse el pan de cada día, y la promesa de felicidad y gloria futuras, provienen del mismo trono, y ambas son bendiciones.­ 
MeM 172 (1901).


Felicidad en el cumplimiento de los deberes asignados.
La verdadera felicidad se encuentra solamente al ser buenos y al hacer el bien. El gozo más puro y elevado corona a los que cumplen fielmente los deberes que les han sido encomendados.­ 
MeM 172 (1901).


La ociosidad puede conducir al desaliento.
El desaliento es con frecuencia resultado de un ocio indebido. La ociosidad proporciona tiempo para albergar pesares imaginarios. Muchos que no tienen verdaderas dificultades ni contratiempos en el presente, con seguridad los piden prestados del futuro. Si esas personas tratan de aliviar las cargas de los demás, deberían olvidar las propias. Un trabajo enérgico que invite a la acción, tanto de las facultades mentales como de las físicas, es una bendición inestimable para la mente y el cuerpo.­ ST, 15 de junio de 1882.


El desarrollo del carácter.
Recordad que en cualquier puesto en que sirváis, reveláis qué móvil os inspira y 628 desarrolláis vuestro carácter. Cuanto hagáis, hacedlo con exactitud y diligencia; dominad la inclinación a buscar tareas fáciles.­ MC 399 (1905).


Adiestremos la mente para que no mire al yo.
Debería adiestrarse la mente para que no mire al yo, para que se espacie en temas elevados y ennoblecedores. No permitamos que las preciosas horas de la vida se malgasten en soñar con alguna gran obra a realizar en el futuro, mientras se descuidan los pequeños deberes de la actualidad.­ ST, 15 de junio de 1882.


La inactividad es perjudicial para la salud.
Los inválidos no deberían resignarse a la inactividad. Esto es sumamente perjudicial para la salud. Hay que ejercer fuerza de voluntad; hay que vencer la aversión al ejercicio activo y el temor a asumir toda clase de responsabilidades. Nunca recuperarán la salud a menos que se desembaracen de esa condición mental de indiferencia y somnolencia, y se levanten para ponerse en acción.­ 
ST, 15 de junio de 1882.


Demasiado indolentes para usar sus facultades.
Los que sean demasiado indolentes para asumir sus responsabilidades y ejercitar sus facultades, no recibirán la bendición de Dios, y la habilidad que tenían les será quitada y dada a los obreros activos y celosos que aumentan sus talentos como consecuencia del uso constante.­ 4T 458, 459 (1880).


El trabajo bien regulado es esencial 
para el éxito.
Algunos jóvenes piensan que si pudieran pasar toda la vida sin hacer nada serían extremadamente felices. Ellos cultivan odio por el trabajo útil. Envidian a los hijos del placer que dedican sus vidas a la diversión y la alegría. . . La infelicidad y la angustia son el resultado de tales pensamientos y conducta. "No hacer nada" ha hundido en la perdición a más de un joven.
El trabajo bien regulado es esencial para el éxito de 629 cada joven. Dios no habría podido infligir una maldición mayor sobre los hombres y las mujeres que condenarlos a una vida de inacción. La ociosidad destruirá el alma y el cuerpo. Se debilitan el corazón, el carácter moral y las energías físicas. El intelecto sufre, y el corazón queda expuesto a la tentación como una avenida abierta para hundirse en todo vicio. El hombre indolente tienta al diablo a que lo tiente.­ NEV 224 (1871).


El hábito de la indolencia perjudica 
(consejo a los padres).
Uds. han sido ciegos a la influencia que el enemigo ha ejercido sobre sus hijos. Las tareas del hogar, inclusive el cansancio, no los habrían perjudicado ni en la quincuagésima parte de lo que lo ha hecho la indolencia habitual. Habrían escapado de muchos peligros si se los hubiera instruido para que ocuparan su tiempo en una tarea útil. No habrían contraído esa disposición inquieta, ese deseo de cambios y de sociabilidad. Se habrían evitado muchas tentaciones a la vanidad y a entregarse a entretenimientos que no aprovechan, a la lectura liviana, a la conversación ociosa y a la insensatez. Habrían ocupado el tiempo en tareas más satisfactorias y evitado esa gran tentación de buscar la compañía del sexo opuesto y de disculpar su mala conducta. La vanidad y el afecto, la inutilidad y el pecado, definidamente han sido los resultados de esa indolencia.­ 4T 97, 98 (1876).


Para tensar cada músculo.
Al hombre se le concede una parte en la gran lucha por la vida eterna; debe responder a la obra del Espíritu Santo. Se requiere una lucha para quebrantar los poderes de las tinieblas, y el Espíritu obra en él para lograrlo. Pero el hombre no es un ser pasivo, que deba ser salvado en la indolencia. Se lo llama a tensar cada músculo y a ejercer cada facultad en la lucha por la inmortalidad; pero es Dios quien completa la eficiencia.
No hay ser humano que pueda ser salvado en la indolencia. El Señor nos exhorta diciendo: "Esforzaos por 630 entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán" (Luc. 13: 24). "Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (Mat. 7: 13, 14).­Ms 16, 1896. 631

jueves, 14 de junio de 2018

XIII. LA PERSONALIDAD: 64. LOS HÁBITOS.


*La Biblia nos da los principios.
La Palabra de Dios abunda en principios generales para la formación de hábitos correctos de vida, y los testimonios, generales y personales, han sido considerados para atraer su atención más especialmente a esos principios.­ 2JT 279 (1889).


Como una red de hierro.
Una vez formado, el hábito es como una red de hierro. Ud. intentará luchar desesperadamente contra él, pero no podrá romperlo. Su única conducta segura consiste en edificar para el tiempo y la eternidad.­ Carta 117, 1901.


Las reglas del hábito.
Todos tienen el deber de observar reglas estrictas en sus hábitos de vida. Esto es para vuestro propio bien, estimados jóvenes y señoritas, tanto en sentido físico como moral. Cuando os levantáis en la mañana, considerad hasta donde os sea posible el trabajo que debéis realizar durante el día. Si es necesario, tened una libreta de apuntes para anotar las cosas que debéis hacer, y estableced un tiempo en el cual llevar a cabo vuestro trabajo.­ Ev 473 (1897). 620


La regularidad en los hábitos mejora la salud.
Nuestro Dios es un Dios de orden, y quiere que sus hijos estén dispuestos a organizarse y ponerse bajo su disciplina. ¿No sería mejor, por lo tanto, romper el hábito de hacer de la noche día, y noche las primeras horas de la mañana? Si los jóvenes quisieran formar hábitos de regularidad y orden, mejorarían su salud, su espíritu, su memoria y su disposición.­ YI, 28 de enero de 1897.


Eliminemos la causa de la enfermedad.
Los hábitos correctos, practicados con inteligencia y perseverancia, eliminarán la causa de la enfermedad, y no habrá necesidad de recurrir a drogas fuertes. Muchos avanzan paso a paso hacia sus complacencias antinaturales, que producen un estado de cosas también antinatural.­ Ms 22, 1887; (MM 222).


Los hábitos apropiados fomentan la salud.
La salud puede ser lograda mediante hábitos de vida apropiados, y puede esperarse, inclusive, que rinda interés. Pero este capital, más precioso que cualquier cuenta bancaria, puede ser sacrificado por la intemperancia en el comer y el beber, y así permitir que los órganos se malogren por causa de la inacción. Hay que dejar a un lado las complacencias preferidas; la haraganería debe ser vencida.­ 
4T 408 (1880).


Hábitos que degradan las facultades superiores.
Todo hábito que no promueva la acción saludable en el organismo humano, degrada las más altas y nobles facultades. Los hábitos erróneos concernientes al comer y al beber conducen a errores en el pensamiento y la acción.­ RH, 25 de enero de 1881; (CH 67).


Victoria sobre los hábitos preestablecidos.
Los hábitos e ideas preestablecidos deben ser vencidos en muchos casos, antes de que podamos avanzar en la vida religiosa.­ 
RH, 21 de junio de 1887; (FE 118). 621


Es difícil desaprender los malos hábitos (consejo a un administrador).
Será difícil para Ud. hacer ahora los cambios en su carácter que Dios le pide que haga, porque ya en su juventud le era difícil ser puntual y rápido para la acción. Cuando el carácter ya está formado, los hábitos fijados, y las facultades mentales y morales se han vuelto firmes, es sumamente difícil desaprender los malos hábitos y ser rápidos para actuar.

Ud. debería comprender cuál es el valor del tiempo. No tiene excusa si deja a un lado el trabajo importante, por desagradable que sea, con la esperanza de no hacerlo en absoluto, o con la idea de que se torne menos desagradable, mientras ocupa ese tiempo en asuntos agradables que realmente no son urgentes. Debería hacer primero lo urgente y lo que tiene vital interés para la causa, y sólo abordar los asuntos menos importantes después de haber llevado a cabo los esenciales. 

La puntualidad y la decisión en la obra de Dios son fundamentales. Las demoras son virtuales derrotas. Los minutos son de oro y deben ser aprovechados de la mejor manera posible. Las relaciones terrenales y los intereses personales siempre deberían ser secundarios. Nunca deberíamos permitir que la causa de Dios sufra en lo más mínimo por causa de nuestros amigos terrenales o nuestros parientes más queridos.­ 3T 499, 500 (1875).


Las tendencias heredadas y cultivadas se convierten en hábitos.
La gran tendencia de Judas hacia el mal, heredada y cultivada, fue la codicia. Y al llevarla a la práctica se convirtió en un hábito que él manifestó en todos los negocios. Los principios cristianos de rectitud y justicia no tenían lugar en sus ventas ni en sus compras. Sus hábitos económicos desarrollaron en él una actitud mezquina que se convirtió en una trampa fatal. La obtención de ganancias fue la medida de su experiencia religiosa, y toda verdadera justicia estaba subordinada a esto. Aunque en lo externo seguía siendo discípulo, en la misma presencia de Cristo se 622 apropió de medios que pertenecían a la tesorería del Señor.­ Ms 28, 1897.


Los hábitos deciden el futuro.
Hay que recordar que la juventud está formando hábitos que, en nueve casos de cada diez, decidirán su futuro. La influencia de las compañías que tienen, de las amistades que entablan y de los principios que adoptan, los acompañarán toda la vida.­ 4T 426 (1880).


Los malos hábitos se forman 
con más facilidad que los buenos.
Los niños son especialmente susceptibles a las impresiones; y las lecciones que aprenden en los primeros años los acompañarán toda la vida. Toda la información que adquieran nunca contrarrestará los malos resultados de la falta de disciplina en la infancia. Un descuido, repetido a menudo, forma hábito. Una mala acción prepara el camino para otra. Esa acción, repetida, forma hábito.

Los malos hábitos se forman con más facilidad que los buenos, y se los abandona con más dificultad. Se necesita menos tiempo y menos trabajo para malograr la disposición de un niño, que para imprimir principios y hábitos de justicia sobre las tablas del alma. Sólo mediante una constante vigilancia y una acción que contrarreste el mal, podemos tener esperanza de que la disposición se enderece.

El Señor estará con ustedes, madres, mientras tratan de formar buenos hábitos en sus hijos. Pero tendrán que empezar pronto el proceso de adiestramiento, o su futura tarea será muy difícil. Enséñenles línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí y un poquito allá. Recuerden que sus hijos pertenecen a Dios, y que deben convertirse en hijos e hijas de él. Su intención es que las familias de la tierra sean muestras de la familia del cielo.­ RH, 5 de diciembre de 1889.



Los hábitos rara vez cambian.
Los actos repetidos en cierto sentido se convierten en hábitos. Estos pueden 623 modificarse mediante una severa educación, en la vida posterior, pero rara vez se cambian. Una vez que se ha formado un hábito, se imprime más y más firmemente en el carácter.­ 
CN 185 (1880).


Atacar los malos hábitos de otros surte poco efecto.
Poca utilidad tiene el intento de reformar a los demás atacando de frente lo que consideremos malos hábitos suyos. Tal proceder resulta a menudo más perjudicial que benéfico. En su conversación con la samaritana, en vez de desacreditar el pozo de Jacob, Cristo presentó algo mejor. "Si conocieses el don de Dios [dijo] y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva" (Juan 4: 10). Dirigió la plática al tesoro que tenía para regalar y ofreció a la mujer algo mejor que lo que ella pose, el agua de vida, el gozo y la esperanza del evangelio.­ MC, 114 (1905).


El deseo de reforma procede del anhelo de hacer lo Correcto.
Es verdad que algunas veces los hombres se avergüenzan de sus caminos pecaminosos y abandonan algunos de sus malos hábitos antes de darse cuenta de que son atraídos a Cristo. Pero cuando hacen un esfuerzo por reformarse, nacido de un sincero deseo de hacer el bien, es el poder de Cristo el que los está atrayendo. Una influencia de la cual no se dan cuenta obra sobre el alma, la conciencia se vivifica y la vida externa se enmienda. Y a medida que Cristo los induce a mirar su cruz y contemplar a quien han traspasado sus pecados, el mandamiento es percibido por la conciencia. Se les revela la maldad de su vida, el pecado profundamente arraigado en su alma. Comienzan a entender algo de la justicia de Cristo, y exclaman: "¿Qué es el pecado, para que exigiera un sacrificio tal por la redención de su víctima? ¿Fueron necesarios todo este amor, todo este sufrimiento, toda esta humillación, para que no pereciéramos, sino que tuviéramos vida eterna?".­ CC 25 (1892). 624


Los malos hábitos deben ser vencidos.
Al contemplar como por medio de un espejo la gloria del Señor, Señor, transformados a su imagen, de gloria en gloria, por su Espíritu. Esperamos demasiado poco, y recibimos de acuerdo con nuestra fe. No debemos aferrarnos a nuestros propios métodos, planes e ideas; debemos ser transformados por la renovación de nuestra mente, para que podamos comprobar "cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".
Los pecados que nos asedian deben ser vencidos, y los malos sentimientos deben ser desarraigados, y un carácter santo y santas emociones deben ser engendrados en nosotros por el Espíritu de Dios.­ Carta 57, 1887.

Cuando nos oponemos a los malos hábitos, éstos ofrecen la más vigorosa resistencia; pero si la lucha prosigue con energía y perseverancia, es posible vencerlos.­ 4T 655 (1881).



La gracia de Cristo quebranta los malos hábitos.
Los hombres necesitan aprender que no pueden poseer en su plenitud las bendiciones de la obediencia, sino cuando reciben la gracia de Cristo. Esta es la que capacita al hombre para obedecer las leyes de Dios y para liberarse de la esclavitud de los malos hábitos. Es el único poder que puede hacerlo firme en el buen camino y ayudarlo a permanecer en él.­ MC 78 (1905).

Por medio del poder de Cristo, los hombres y las mujeres han quebrantado las cadenas de los hábitos pecaminosos. Han renunciado al egoísmo. El profano se transforma en reverente, el borracho en sobrio, el libertino en puro. Las almas que reflejaban la imagen de Satanás han llegado a transformarse a la imagen de Dios.­ HAp 392 (1911).


Pensamientos y actos correctos pueden convertirse en hábitos.
La única seguridad para el alma consiste en pensar bien, pues acerca del hombre se nos dice: "Cuál es su pensamiento en su alma, tal es él" (Prov. 23: 7). El poder del 625 dominio propio se acrecienta con el ejercicio. Lo que al principio parece difícil, se vuelve fácil con la práctica, hasta que los buenos pensamientos y acciones llegan a ser habituales.­ MC 392 (1905). EGW MCP2 MHP

domingo, 10 de junio de 2018

XIII. LA PERSONALIDAD: 63. LA IMAGINACIÓN

Cristo empleó la imaginación.
Mediante la imaginación, [Cristo] llegaba al corazón. Sacaba sus ilustraciones de las cosas de la vida diaria, y aunque eran sencillas, tenían una admirable profundidad de significado. Las aves del aire, los lirios del campo, la semilla, el pastor y las ovejas, eran objetos con los cuales Cristo ilustraba la verdad inmortal; y desde entonces, siempre que sus oyentes veían estas cosas de la naturaleza, recordaban sus palabras. Las ilustraciones de Cristo repetían constantemente sus lecciones.
Cristo nunca adulaba a los hombres. Nunca dijo algo que pudiese exaltar su fantasía e imaginación, ni los alababa por sus hábiles invenciones; pero los pensadores profundos y sin prejuicios recibían su enseñanza, y hallaban que probaba su sabiduría. Se maravillaban por la verdad espiritual expresada en el lenguaje más sencillo.­ 
DTG 219 (1898).

Controlar la imaginación es un deber.
Pocos comprenden que es un deber ejercer dominio sobre los pensamientos y la imaginación. Es difícil mantener la mente indisciplinada fija en temas provechosos. Pero si no se emplean debidamente los pensamientos, la religión no puede florecer 610 en el alma. La mente debe preocuparse con cosas sagradas y eternas, o albergará pensamientos triviales y superficiales. Tanto las facultades intelectuales como las morales, deben ser disciplinadas, y por el ejercicio se fortalecerán y mejorarán.­ 
CM 529,530 (ed. PP); 420 (ed. ACES) (1913).


La imaginación a veces produce enfermedades.*
Algunas veces la imaginación produce enfermedad, y es frecuente que la agrave. Muchos hay que llevan vida de inválidos cuando podrían estar bien si pensaran que lo están. Muchos se imaginan que la menor exposición del cuerpo les causará alguna enfermedad, y efectivamente el mal sobreviene porque se lo espera. Muchos mueren de enfermedades cuya causa es puramente imaginaria.­ 
MC 185 (1905).

La imaginación pervertida.
Por lo que el Señor me ha mostrado, las mujeres de esta clase [las que tienen un concepto exagerado de sus cualidades] han pervertido su imaginación mediante la lectura de novelas, el soñar despiertas y la edificación de castillos en el aire; es decir, han vivido en un mundo imaginario. No ponen sus propias ideas a la altura de los deberes comunes y útiles de la vida. No asumen las cargas de la existencia, que se encuentran en su camino, ni tratan de tener para sus maridos un hogar alegre y feliz. Depositan todo su peso sobre ellos, y no llevan sus propias cargas. Esperan que los demás se anticipen a sus necesidades y las satisfagan, mientras ellas quedan libres para buscar faltas y criticar a gusto. Estas mujeres están imbuidas de un sentimentalismo enfermizo, y creen constantemente que no se las aprecia, que sus esposos no les brindan la atención que merecen. Se imaginan que son mártires.­ 2T 463 (1870). 611

Consejo a un hombre poseído de una imaginación enfermiza.
Vi que el Señor le ha dado luz y experiencia para que Ud. pueda percibir la pecaminosidad de un espíritu apresurado, y controle sus pasiones. De manera que tan ciertamente como que Ud. falla en esto, perderá la vida eterna. Debe vencer esta enfermedad de la imaginación. Ud. es sumamente sensible, y si se dice una palabra que favorezca una conducta opuesta a la que ha estado siguiendo, se siente herido. Cree que se lo acusa y que debe defenderse y salvar su vida; y en el ferviente esfuerzo que hace para salvarla, la pierde. Tiene que hacer una obra para morir al yo y cultivar una actitud tolerante y paciente. Abandone la idea de que no se lo está usando correctamente, que se le está haciendo daño, que alguien quiere invadirlo y perjudicarlo. Está viendo todo a través de una visión falsa. Satanás lo induce a adoptar este concepto distorsionado de las cosas.­ 2T 424 (1870).

La razón controlada por la imaginación (consejo a un hermano de voluntad débil).
Ud. es capaz de controlar su imaginación y vencer esos ataques de nervios. Tiene fuerza de voluntad, y debería emplearla de tal modo que ella lo ayude. No lo ha hecho. En cambio ha permitido que su imaginación extremadamente activa controlara su razón. Al hacerlo, ha contristado al Espíritu de Dios. Si Ud. no pudiera controlar sus sentimientos, no habría pecado; pero no da buen resultado someterse de ese modo al enemigo. Su voluntad necesita ser santificada y subyugada en lugar de levantarse en oposición a la de Dios.­ 5T 310, 311 (1885).


La alimentación afecta la imaginación.
La intemperancia comienza en nuestras mesas con el consumo de alimentos malsanos. Después de un tiempo, por la complacencia continua del apetito, los órganos digestivos se debilitan y el alimento ingerido no satisface. Se establecen condiciones malsanas y se anhela ingerir alimentos más estimulantes. El té, el café y la carne producen un efecto inmediato. Bajo la influencia de estos venenos, el sistema nervioso se 612 excita y, en algunos casos, el intelecto parece vigorizado momentáneamente y la imaginación resulta más vívida.­ 1JT 417, 418 (1875).


Los efectos del té, el café y otras bebidas populares.
El té estimula y hasta cierto punto embriaga. Parecida resulta también la acción del café y de muchas otras bebidas populares. El primer efecto es agradable. Se excitan los nervios del estómago, y esta excitación se transmite al cerebro, que, a su vez acelera la actividad del corazón y da al organismo entero cierta energía pasajera. No se hace caso del cansancio. La fuerza parece haber aumentado, la inteligencia se despierta y la imaginación se aviva.­ 
MC 250, 251(1905).


Los reavivamientos populares y la imaginación.
Los reavivamientos populares son provocados demasiado a menudo por llamamientos a la imaginación, que excitan las emociones y satisfacen la inclinación por lo nuevo y extraordinario. Los conversos ganados de este modo manifiestan poco deseo de escuchar la verdad bíblica, y poco interés en el testimonio de los profetas y apóstoles. El servicio religioso que no revista un carácter un tanto sensacional no tiene atractivo para ellos. Un mensaje que apele a la fría razón no despierta eco alguno en ellos. No tienen en cuenta las claras amonestaciones de la Palabra de Dios que se refieren directamente a sus intereses eternos.­ CS 516 (1888).


El Teatro Deprava La Imaginación.
El teatro se encuentra entre los placeres más peligrosos. En lugar de ser una escuela de moralidad y virtud, como a menudo se pretende, es el mismo semillero de la inmoralidad. Los hábitos viciosos y las inclinaciones pecaminosas se fortalecen y confirman por medio de este entretenimiento. Las canciones de bajo nivel, los gestos, expresiones y actitudes lascivos depravan la imaginación y rebajan la moral. Todo joven que habitualmente asista a esos espectáculos, corromperá sus principios. 613
No hay influencia más poderosa para envenenar la imaginación, destruir las impresiones religiosas y embotar el gusto por los placeres tranquilos y las sobrias realidades de la vida, que los entretenimientos teatrales. El amor por estas escenas aumenta cada vez que se las ve, así como se fortalece el deseo por las bebidas embriagantes cada vez que se las usa. La conducta más segura al respecto consiste en descartar el teatro, el circo y todo otro lugar dudoso de entretenimiento.­ 4T 652, 653 (1881).

La ficción crea un mundo imaginario.
Algunos se han dedicado tanto a la lectura de novelas y cuentos que viven en un mundo imaginario. La influencia de una lectura tal perjudica tanto a la mente como al cuerpo; debilita el intelecto e impone una terrible carga sobre la fuerza física. A veces apenas podría considerarse que su mente está sana, porque la imaginación se ha sobreexcitado y ha enfermado por causa de la lectura de historias ficticias. 

La mente debe disciplinarse de tal manera que todas sus facultades se desarrollen simétricamente. . .
Si constantemente se alimenta con exceso la imaginación, y se la estimula mediante las ficciones, no tarda en volverse tiránica, en dominar todas las otras facultades de la mente, tornar caprichoso el gusto y pervertir las tendencias.­ 
1JT 570, 571 (1881).


La lectura afecta el cerebro.
Conozco personalmente a algunos que han perdido el tono saludable de la mente como consecuencia de los malos hábitos de lectura. Pasan por la vida con una imaginación enfermiza, magnificando la más pequeña ofensa. Cosas que una mente sana y sensata no tomaría en cuenta, se convierten para ellos en pruebas insoportables e insuperables obstáculos. Sus vidas transcurren bajo una sombra constante.­ CTBH 124, 1890; (FE 162, 163).


Lo que vemos puede corromper la imaginación.
Esta es una época cuando la corrupción se encuentra en todas partes. 614 Lo que se contempla y se lee fomenta la concupiscencia de los ojos y las pasiones corrompidas. El corazón se deprava por medio de la imaginación. La mente se complace en contemplar escenas que despiertan las más bajas pasiones. Esas viles imágenes, vistas a través de una imaginación contaminada, corrompen la moral y preparan a esos seres engañados e infatuados para que den rienda suelta a su concupiscencia. A ello siguen pecados y crímenes que rebajan a seres formados a imagen de Dios hasta ponerlos al nivel de las bestias, hundiéndolos finalmente en la perdición.
Eviten la lectura y la contemplación de cosas que sugieran pensamientos impuros. Cultiven las facultades morales e intelectuales. No permitan que esas facultades se debiliten y se perviertan por el exceso de lectura incluso de libros de historias. Sé de mentes poderosas que se han desequilibrado y se han anublado parcialmente, o se han paralizado, por la intemperancia en la lectura.­ 2T 410 (1870).

La Masturbación y La Imaginación.
Cuando las personas se han vuelto adictas al hábito del abuso de sí mismas [masturbación], es imposible despertar sus sensibilidades morales para que aprecien las cosas eternas o disfruten de los ejercicios espirituales. Los pensamientos impuros se apoderan de la imaginación y la controlan fascinando la mente, a lo que sigue un deseo casi incontrolable de llevar a cabo actos impuros. Si se educara la mente para que contemplara temas elevadores, si se adiestrara la imaginación para que reflexionara acerca de cosas puras y santas, se fortalecería contra esta complacencia terrible, depravadora, y destructora del alma y el cuerpo. Por medio del adiestramiento se acostumbraría a meditar en lo elevado, lo celestial, lo puro y lo sagrado, y no sería atraída por esta complacencia depravada, corrompida y vil.­ 2T 470 (1870).

Las ensoñaciones de la mente conducen a la exaltación propia.
Si los pensamientos, los sueños de la mente, se 615 refieren a grandes propósitos en los cuales figura el yo, la exaltación propia se manifestará en palabras y actos y se tenderá a una elevación del yo. Esos pensamientos son de una naturaleza tal que no inducen a caminar más cerca de Dios. Los que avanzan en este sentido sin una cuidadosa consideración, lo hacen imprudentemente. Hacen esfuerzos intermitentes, dan golpes por aquí y por allá, empiezan esto y lo otro, pero todo eso de nada vale. Se parecen a la vid; sus sarmientos no adiestrados y abandonados a su suerte se aferrarán de cualquier basura que encuentren a su paso; pero antes que la vid pueda servir para algo, esos sarmientos deben ser separados de las cosas a las que se aferraron, y deben ser adiestrados para adherirse a las cosas que les darán gracia y buena formación.­ Carta 33, 1886.

El control de la imaginación (consejo a una mujer de imaginación enferma).
Si Ud. hubiera adiestrado su mente para que meditara en temas elevados y asuntos celestiales, podría haber hecho mucho bien. Habría ejercido una influencia sobre la mente de los demás para apartarlos de sus pensamientos egoístas y su actitud amante del mundo, e introducirlos en los canales de la espiritualidad. Si sus afectos y pensamientos hubieran sido sometidos a la voluntad de Cristo, Ud. habría sido capaz de hacer mucho bien. Su imaginación está enferma porque Ud. le ha permitido recorrer un canal prohibido, para convertirla en soñolienta. El soñar despierta, y la romántica edificación de castillos en el aire, la han incapacitado para ser útil. Ha vivido en un mundo imaginario; ha sido una mártir imaginaria y una cristiana imaginaria.­ 2T 251 (1869).

Apártense del terreno encantado de Satanás (consejo a una familia concentrada en sí misma).
Deberían apartarse del terreno encantado de Satanás, y no permitir que sus mentes se alejen de la lealtad a Dios. Por medio de Cristo Uds. pueden ser felices y deberían serlo; deberían adquirir hábitos de dominio propio. Hasta sus pensamientos deberían ser 616 puestos en sujeción a la voluntad de Dios, y sus sentimientos deberían estar bajo el control de la razón y la religión. No se les dio la imaginación para permitir que ésta se desbocara y anduviera por sus propios caminos sin ningún esfuerzo de restricción ni disciplina. Si los pensamientos son equivocados, los sentimientos también lo serán. Los pensamientos combinados con los sentimientos constituyen el carácter moral. Cuando Uds. llegan a la conclusión de que, como cristianos, no se les requiere que controlen sus pensamientos y sentimientos, caen bajo la influencia de los ángeles malos e invitan su presencia y su dominio. Si ceden a sus impresiones y permiten que sus pensamientos transcurran por los canales de la sospecha, la duda y los lamentos, se encontrarán entre los más infelices de los mortales, y sus vidas serán un fracaso.­ 5T 310 (1885).

Veamos la vida tal como es.
A menos que veamos la vida tal como es, a menos que dejemos a un lado las brillantes fantasías de la imaginación, y descendamos hasta las sobrias lecciones de la experiencia, cuando despertemos será demasiado tarde. Entonces nos daremos cuenta de la terrible equivocación que hemos cometido.­ 3T 43 (1872).


La abundancia de dinero crea necesidades imaginarias.
El caso del Hno. I es lamentable. El mundo es su dios; adora el dinero. . . No necesita la censura de nadie, sino la lástima de todos. Su vida ha sido una terrible equivocación. Ha sufrido de necesidades económicas imaginarias mientras su mente vivía rodeada por la abundancia. Satanás tomó posesión de su mente, y al estimular su inclinación al enriquecimiento lo volvió loco en cuanto a esto. Las facultades nobles y elevadas de su ser han sido en gran medida sometidas a esta inclinación estrecha y egoísta.
Su única esperanza consiste en quebrantar las ligaduras de Satanás, y dominar este mal en su carácter. Ha tratado de hacer algo en este sentido cuando su conciencia lo ha molestado, pero eso no ha sido suficiente. El fruto de la 617 verdadera religión no es limitarse a hacer un poderoso esfuerzo para apartar una pequeña porción de su amor a las riquezas, constantemente convencido de que al hacerlo se está apartando de su alma.
Debe adiestrar su mente para las buenas obras. Debe luchar contra su propensión a la adquisición de medios económicos. Debe entretejer las buenas obras en todo aspecto de su vida. Debe cultivar el amor por las buenas obras y ponerse por encima de esa actitud tacaña que ha desarrollo.­ 2T 237, 238 (1869).


La superstición proviene de la imaginación (consejo a una hermana supersticiosa).
Se me mostró que su imaginación no era digna de confianza porque se opone a la ley natural. Está en conflicto con los principios inmutables de la naturaleza. La superstición, mi querida hermana, que proviene de una imaginación enfermiza, la pone a Ud. en contraposición con la ciencia y los principios. ¿Cuál de todas debe ser abandonada? Sus firmes prejuicios y sus ideas bien establecidas respecto de la mejor conducta a seguir en relación con Ud. misma, la han apartado por mucho tiempo del bien. Por años yo he conocido su caso pero me he sentido incompetente para presentar el asunto de manera clara, para que Ud. pudiera verlo, comprenderlo y darle una solución práctica a la luz que se le da.­ 3T 69 (1872).

Las madres y la imaginación.
Se me han mostrado madres dominadas por una imaginación enfermiza, cuya influencia se ha hecho sentir sobre sus maridos e hijos. Hay que mantener cerrada la ventana, porque la madre es sensible al aire frío. Si siente frío y se cambia de ropa, cree que hay que tratar a sus hijos de la misma manera. De ese modo toda la familia pierde fortaleza física. Todos reciben los efectos de su mente, y daño físico y mental como consecuencia de la imaginación enfermiza de una mujer que se considera criterio para gobernar a toda la familia. . .
Hay quienes atraen la enfermedad sobre sí mismos 618 como consecuencia de sus malos hábitos; sin embargo, aun frente a la luz y al conocimiento seguirán adheridos a su propia conducta. Razonan de esta manera: "¿Acaso no hemos probado esto? ¿No lo sabemos por experiencia propia?" Pero la experiencia de alguien cuya imaginación es defectuosa, no debería tener mucho peso para nadie.­ 2T 524 (1870).


Cómo dominar la mente.
Los seres humanos son entes con libertad moral, y como tales deberían obligar sus pensamientos para que transcurran por los canales apropiados. Aquí hay un amplio campo en el cual la mente se puede explayar con seguridad. Si Satanás trata de desviarla hacia cosas subalternas y sensuales, deberían traerla de vuelta y concentrarla en las cosas eternas; y cuando el Señor vea que se hace un esfuerzo decidido para retener solamente los pensamientos puros, atraerá la mente como un imán, limpiará los pensamientos y los capacitará para que se purifiquen de todo pecado secreto. "Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo" (2 Cor. 10: 5).

La primera obra que tienen que hacer los presuntos reformadores consiste en purificar la imaginación. Si la mente se desvía en una dirección equivocada, debe ser obligada a volver y espaciarse sólo en temas puros y elevados. Cuando se vean tentados a ceder ante una imaginación corrompida, deberían huir hacia el trono de la gracia y orar pidiendo fortaleza del Cielo. Con la fuerza de Dios se puede disciplinar la mente para que se concentre en las cosas puras y celestiales.­ Ms 93, sin fecha. EGW 2MCP MHP