sábado, 14 de mayo de 2011

4.- HACIA UNA DICHA SIN SOMBRAS.

“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 04/10

Con frecuencia cada vez mayor se habla de “incompatibilidad de caracteres”, de “crueldad mental” y de “amores clandestinos” que producen verdaderas rupturas en los lazos afectivos de la pareja. Y en ciertos países, debido a estas causas, uno de cada dos, y hasta dos de cada tres matrimonios, terminan en la separación, como resultado de lo cual familias enteras arruinan todos sus esfuerzos y desvelos por lograr la felicidad. Esposos fracasados lloran su desgracia, e hijos solos y traumatizados soportan su cuota de dolor y desencanto. En verdad, los hogares deshechos constituyen uno de los problemas más graves de nuestra sociedad, ya que, según serios estudios hechos sobre el particular, cada ruptura matrimonial implica la desdicha –directa o indirecta–de por lo menos cuarenta personas, contando los familiares, allegados y amigos afectados. ¡Qué carga de dolor para tanta gente, que bien puede evitarse cultivando sabiamente la planta de la felicidad!

1. CAUSAS POSIBLES DE NAUFRAGIO
Hacía cinco años que se habían casado. Ambos eran felices. Pero un día el esposo perdió su trabajo. Durante varias semanas estuvo buscando un empleo, sin encontrarlo. Llegó el momento cuando su angustia alcanzó tal proporción, que el buen esposo entró desmoralizado en un bar. Allí bebió un poco “para olvidar”. Y después de ese día sintió más y más la necesidad de “olvidar”. Así fue como comenzó a frecuentar otros bares. En cada ocasión bebía una mayor medida de alcohol. El resultado final fue que el pobre hombre jamás encontró trabajo, porque cayó en las garras del alcoholismo. Y finalmente, tras muchos intentos fallidos, su matrimonio se deshizo. Todo por causa del alcohol, el que a su vez dio paso a otros vicios que el corazón de su esposa no pudo tolerar. Pero el alcoholismo está lejos de ser la única o la principal causa de ruina matrimonial.

He aquí otros factores que también puedan provocar fisuras en la unidad conyugal:
1. El genio violento y duro de parte de uno de los esposos.
2. El espíritu egoísta, el corazón frío y las palabras ásperas.
3. Los celos, la desconfianza y el rencor entre los cónyuges.
4. Los intereses divididos, propios de los esposos que, absortos en ocupaciones e ideales diferentes, descuidan la vida matrimonial y familiar.
5. El desengaño y la desilusión por parte de uno de los esposos, al descubrir defectos y vicios en la conducta del cónyuge.
6. La rutina conyugal producida por esposos insípidos, incapaces de convivir alegremente y de expresar el amor. Consecuencia: apatía, monotonía, convivencia sin atractivo.
7. La abundancia material. La riqueza mal usada a menudo descompone el amor. Las estadísticas revelan que en cualquier país las disoluciones matrimoniales aumentan notablemente en las épocas de prosperidad, mientras que disminuyen cuando hay necesidad económica.
8. La infidelidad y la falta de amor. Sin duda, ésta es la causa más común de rupturas conyugales.

2. EL CLAMOR DE UN HIJO
No importa cuál sea la causa que produzca el rompimiento del vínculo conyugal –sea una de las ya señaladas o no –toda la familia enferma cuando los padres demuestran que no han aprendido a convivir armoniosamente bajo el mismo techo. Sin embargo, quienes mías sufren frente al drama del naufragio familiar son inevitablemente los hijos, sean niños o adolescentes. Así lo indica el clamor de aquel niño de diez años, que un día le habló a su padre de esta manera: “Papá, ¿por qué dices que te vas a ir de casa? ¿Acaso no me quieres? Y si te vas, ¿adónde irás? ¿Qué va a pasar conmigo? Yo sé que quieres irte porque siempre te peleas con mamá... ¡Ay! ... ¡ah! ¡qué dolor tengo aquí en el pecho! ¿Por qué será? Tal vez porque voy a quedar solo. Yo te quiero, papito. No te vayas; no me dejes. Cuando de noche estoy solito en la pieza lloro y lloro pensando que al levantarme ya no estarás en casa. ¡Qué lindo es estar a tu lado con mamá, cuando vamos a pasear o cuando hago los deberes de la escuela! Papito, no te vayas.
Me portaré bien. No te pelees con mamá. Es tan, tan lindo estar juntitos en casa... (y la voz del niño, ahogada por las lágrimas, quedó detenida, mientras abrazaba fuertemente a su papá)”. ¡Qué hermoso! El clamor del niño fue escuchado, y su hogar se salvó. Las palabras tan sentidas de este niño dolorido, ¿no encierran un mensaje de reflexión para todo padre o madre que está pensando en una separación, sin haber agotado quizá todos los recursos por evitarla? Quien cree que no puede continuar con su matrimonio y decide romperlo, debería tomar en cuenta no sólo sus intereses personales, sino también los de toda la familia, el futuro de sus hijos, y aun los nuevos problemas que surgirán después de rota la vida conyugal. Cuántas veces son el ofuscamiento y el amor propio los que provocan decisiones precipitadas, al dividir matrimonios que con un poco de calma y tolerancia podían retomar la senda de la felicidad.

3. LA BASE FUNDAMENTAL
El factor primordial del matrimonio, y el único que realmente lo justifica, es el amor. Y cuando éste falta no es de extrañar que toda la estructura del hogar se desplome. De ahí la necesidad de subrayar la importancia y el papel insustituible del amor. No de balde la divina Palabra aconseja: “Maridos, amad a vuestras mujeres” (Efesios 5:25). Y de la mujer se espera otro tanto con respecto a su esposo. Pero, ¿cuál es la clase de amor que deben dispensarse? ¿Pasajero y superficial, o estable y profundo? San Pablo define el amor verdadero, cuando dice que los hechos humanos, por más grandes que sean, carecen de valor si no van acompañados de amor. Y a continuación declara: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser”(1 Corintios 13:4-8).

Magnífica definición de amor, cuyos términos aluden a un sentimiento puro, tierno y bondadoso, que se entreteje con las virtudes más preciadas del espíritu humano; sin egoísmo ni orgullo, paciente y constante. Cuando esta clase de amor vibra en el corazón, no hay peligro de naufragios conyugales. Porque junto con el verdadero amor vienen la ternura, la comprensión, el respeto, la consideración, la madurez emocional, la disposición de compartir la carga familiar, la tolerancia hacia los defectos del cónyuge y la fidelidad al ser amado.
 Pregúntese todo esposo: ¿Amo tiernamente a la mujer con la cual he unido mi vida? ¿La quiero tanto como el día cuando me casé con ella? ¿Suelo decirle como cuando éramos novios: “Te quiero, soy feliz contigo”? Por cierto, es aconsejable que la esposa también se haga estas mismas preguntas referidas a su esposo. Y si las respuestas son positivas, la felicidad está asegurada. Pero si para cada pregunta brota un “No”, es como si se encendiera una luz roja de peligro que debe llamar a reflexión y a un cambio saludable en los sentimientos y en la conducta.

4. EL AMOR Y LA LENGUA
La manera como se habla tiene una vital importancia en la vida matrimonial. Las peores tormentas y reyertas entre los esposos a menudo surgen porque alguno de ellos hirió al otro con su lengua. Una sola palabra ofensiva, de burla, de desprecio o de mentira puede dar origen a graves consecuencias. Pero felizmente, también unas pocas palabras de afecto y dulzura pueden llevar aliento y alegría al corazón del cónyuge. A un joven recién casado su suegro le regaló un hermoso reloj, sobre cuya esfera se leían estas palabras: “Dile a Sara algo amable”. Sara era el nombre de su flamante esposa.

 El regalo tenía por objeto recordar al joven que cada vez que mirara el reloj supiera que ése era un momento oportuno para expresarle algo amable a su esposa. Sí, siempre es grato al corazón recibir palabras de afecto íntimo. Son un alivio para las cargas de la esposa y un estímulo para la lucha diaria del marido.
Pero no siempre es fácil dominar la lengua y hacerle decir lo mejor. Por eso, aun sin desearlo, a veces pueden salir de los labios de los esposos expresiones ásperas o desalentadoras. Y en tal caso, ¡cuán hermoso y necesario es saber restañar la herida pidiendo perdón! Quizá las palabras más difíciles de pronunciar en la vida sean estas tres: “Me equivoqué, perdóname”. Pero en el ámbito del hogar hay que saber usarlas con valor y con amor. Son palabras que, pronunciadas a tiempo, evitan problemas y mantienen unida a la pareja. ¡Cuántos esposos podrían haberse salvado de la ruina si hubiesen sabido pronunciar tales palabras!

5. LA FIDELIDAD DEL AMOR
Volviendo a la parte de esta lección titulada “Causas Posibles de Naufragio”, comprenderemos que si los esposos pueden convivir sin dar origen a estas causas, su felicidad será plena y duradera. Por lo tanto, cuán en guardia hay que vivir para no dar cabida en el alma a estos destructores de la dicha conyugal. En esa misma parte de nuestra lección mencionamos la infidelidad como “la causa más común de rupturas conyugales”. Siendo así, deseamos dedicar algunas líneas a este problema que, cual cáncer moral
y social, atenta contra el mismo fundamento del matrimonio. Las relaciones extramaritales son un síntoma de que los esposos no armonizan plenamente, sea en la vida sexual, cultural o emotiva.
Esa falta de armonía crea insatisfacción, e induce a una de las partes (a veces a ambos) a buscar y a volcar el afecto en otro ser, produciéndose así el triángulo fatal del matrimonio.

En otros casos esa misma falta de armonía no se convierte en infidelidad, pero sí crea un triste abismo de separación afectiva, del cual resultan matrimonios desavenidos y desdichados.
De lo antedicho se desprende cuán importante es lograr la armonía matrimonial, ya que sobre ella descansa la misma felicidad familiar. Y si por alguna razón comenzara a resquebrajarse esa dulce armonía entre los esposos, el camino a seguir no es el distanciamiento o el buscar otros afectos, sino el conversar íntima y lealmente sobre la raíz del problema si es necesario, con algún profesional competente hasta restablecer por completo la normalidad afectiva. Procediendo de este modo cada vez que surja alguna
sombra en el corazón de los esposos, difícilmente podría producirse el adulterio.

6. REFLEXIÓN PERSONAL
¿Estoy realmente enamorado de mi esposa (o de mi esposo)?
Desde el día en que nos casamos, ¿ha crecido nuestro amor?
¿Observan nuestros hijos un trato tierno entre nosotros, o les toca ver modales y oír palabras carentes de afecto?
¿Cómo se desarrollan nuestras relaciones íntimas?
 ¿Soy realmente confidente con mi esposa (marido), como para hacer de nuestra vida una unión sagrada e íntima, sin que terceros interfieran nuestra felicidad?

La voz.org

viernes, 13 de mayo de 2011

3.- Y FUERON MUY FELICES.

“Tenga un Hogar Feliz,
su Familia lo merece”
Lección 03/10

En materia de publicidad se ha dicho que lo que no se da a conocer, es como si no existiera. Puede haber un remedio muy bueno para curar cierta enfermedad, pero si se ignora su existencia, los enfermos morirán a pesar de que exista cura para ellos, Esto también es aplicable a la expresión del amor en el hogar.


1. LA EXPRESION DEL AMOR
El cónyuge que no expresa su afecto en atenciones, en palabras y en hechos, está marchitando el amor en el corazón de su compañero. Seguramente lo ama, pero si no se lo manifiesta, será como si no existiera ese amor y la otra persona hasta podrá pensar que no es amada. El novio que con orgullo le entregaba un costoso obsequio a su novia porque deseaba conquistarla, se transforma a veces en el esposo que considera una debilidad llevarle un ramo de flores o un presente a su esposa. Cuando perdemos a un ser amado cubrimos su ataúd con flores. Exteriorizamos así nuestro afecto. Pero ¿qué hubiese sucedido si le hubiéramos hecho muy feliz y nosotros mismos hubiéramos sido mucho más dichosos? El matrimonio no debe ser el final de las atenciones galantes, sino el verdadero principio de las mismas, El cónyuge que recibe una atención, por pequeña que sea en valor pecuniario, recibe un mensaje de afecto de valor incalculable. Esa atención significa que Ud. pensó en él, que lo recordó con cariño durante el día, y que desea hacerlo feliz. Pero no sólo gastando en un regalo podemos expresar nuestro afecto y estima. ¡Cuántas veces una sola palabra de ternura y reconocimiento basta para borrar en el corazón del cónyuge las fatigas y los contratiempos de una jornada agotadora! Si se procede así, el matrimonio, en lugar de ser el fin del amor será su verdadero comienzo.

2. LA FUSION DE LAS PERSONALIDADES
Por cuidadosos y prudentes que hayan sido los contrayentes, pocas son las parejas que están perfectamente unidas al realizarse la ceremonia nupcial. La verdadera unión de ambos cónyuges es obra de los años futuros. Ambos inician una empresa común, pero teniendo su propia personalidad. Quizá provengan de hogares con enfoques diferentes ante los variados problemas de la vida. o quizá de distinto nivel cultural. El aspecto romántico con que la imaginación suele revestir a menudo el matrimonio, desaparece ante los esposos al presentárseles la vida con su carga de afanes, preocupaciones y frustraciones. Es entonces cuando ambos esposos aprenden a conocerse como no lo habían hecho antes. Es uno de los momentos más críticos en la vida de toda pareja. La felicidad futura depende de la actitud serena y juiciosa que adopten en ese momento. A menudo cada uno de ellos descubre en el otro defectos y flaquezas que nunca imaginó que podría tener.
En tal situación no es difícil que en alguno de ellos surja la pregunta: ¿Será que me equivoqué?
¿No hubiera sido mejor que me hubiese casado con Fulano o Mengana? Y en verdad si se hubiese casado con Germán o con Graciela, hubiese tenido los mismos problemas, pues siempre habrían sido dos personalidades que necesariamente debían ajustarse. Ni el esposo ni la esposa deben fundir su individualidad en la del otro. Pero con el andar del tiempo dichos ajustes irán produciendo una armonía conyugal plena de satisfacción. Esta es una obra de toda la vida.

Juntamente con los aspectos negativos, también descubrirán rasgos positivos desconocidos hasta entonces. La actitud serena y juiciosa a que aludíamos en el párrafo anterior incluye el descubrir y alentar las virtudes más bien que los defectos. Los corazones unidos por el amor procurarán con bondad y tacto limar los defectos y pulir las virtudes a fin de que brillen más. La Sagrada Escritura tiene un consejo oportuno para los esposos que pasan por esta situación: “Por lo demás, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno
de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Felices los esposos que, al emprender la aventura de la vida matrimonial, se reconocen y aceptan tales como son y con la ayuda de Dios se proponen armonizar sus personalidades. Esta sensata actitud es muy semejante a la del marino que antes de aventurarse por los océanos, ajusta y pone en orden los avíos de su barco. Por otra parte, si la barca del matrimonio ya ha soltado amarras, ¿no le parece que con mayor razón los esposos deberían ajustar sus personalidades a fin de hacer más seguro el rumbo?

3. COMO MANTENER EL AMOR
Hay quienes piensan erróneamente que la conquista del cónyuge es algo que concluyó en el altar. Esta posición falsa a menudo crea un vacío afectivo en uno o en ambos cónyuges, que lamentable y desgraciadamente es aprovechado muchas veces por terceros para iniciarlos en el camino de la infidelidad y la desdicha. El amor es la planta más delicada y la más importante de todas las que deben cultivar los esposos, Un experto ha dicho: “La acción más importante que un padre puede hacer por sus hijos es amar a la mujer que los trajo al mundo”. Las reyertas entre los padres producen inseguridad e inestabilidad en el carácter de sus hijos.
¿Protege Ud. su matrimonio mediante pequeños actos de consideración? ¿Está seguro su cónyuge de su afecto por él? ¿Sabe su esposa, o esposo, que ningún ataque externo podrá poner en peligro la estabilidad
del barco matrimonial? Para mantener el amor también es necesario desterrar el rescoldo de algún rencor. Este sentimiento negativo impide manifestar afecto y aleja la felicidad del corazón que lo alberga. La Biblia tiene un buen consejo al respecto: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26). Por otra parte, la más genuina cortesía que brota espontáneamente de nuestra consideración hacia los demás creará la atmósfera apropiada para el cultivo del amor.


4. LA INTIMIDAD DEL MATRIMONIO
En nuestros días asistimos a lo que se ha dado en llamar la “revolución sexual”.
Si bien es cierto que una información adecuada acerca del sexo es deseable y útil, es lamentable la tendencia a darle una exagerada importancia. En el seno de las familias más dichosas, a las cuestiones sexuales se les da sólo el lugar que les corresponde, y es además probablemente cierto que el tema del sexo cobre una importancia desusada en las familias inestables. En los hogares felices no es que se descuiden las relaciones sexuales, sino que se las considera sólo una parte, aunque muy importante, de ese gran todo que es el matrimonio.
“La relación sexual representa la culminación...lo último y definitivo en la felicidad conyugal.
Significa infinitamente más que la satisfacción de los impulsos eróticos...No es el motivo del verdadero amor entre los esposos: es el producto del verdadero amor” (Haroldo Shryock, El Secreto de la Dicha Conyugal, pág. 177).
Al Creador del hombre le plugo poner este impulso sexual para preservar la especie, y para hacer más completa la felicidad de la pareja. Por otra parte, el matrimonio es el estado ideal donde este noble instinto encuentra su expresión correcta.
Siendo que la satisfacción sexual mutua es tan importante en la felicidad y estabilidad conyugal, ambos esposos deberían procurar alcanzar una armonía aceptable en este aspecto.

5. LEALTAD, COMPAÑERISMO
El matrimonio debería ser considerado por los esposos como un circulo cerrado, en lo que toca a sus aspectos privados e íntimos.
Nadie debería penetrar en sus secretos a menos que decidan llevar algún problema a un consejero especial, como podría ser el médico de la familia, un pastor, un clérigo o un amigo de probado criterio. A veces algún esposo o esposa, bajo ciertos estados emocionales confía su problema a alguien, para descubrir al poco tiempo que esa persona no fue discreta, por lo que se enteran de él algunas otras, ante quienes ya no puede sentirse cómoda. Otra buena norma de lealtad conyugal es la de no recurrir jamás al engaño u ocultamiento de la verdad. Este proceder podrá evitar un mal momento, pero una vez descubierto minará la confianza del cónyuge. Por muy espinoso que sea un problema relativo a los hijos, por ejemplo, es preferible una discusión franca que permitir que la duda socave el fundamento mismo del hogar: la confianza mutua. ¿Podrían continuar como socios dos comerciantes que se defraudaran mutuamente? Siendo el matrimonio una sociedad sagrada, ¿no le parece que debe regirse por la más estricta lealtad? Además de esposos, los cónyuges deben ser verdaderos amigos y compañeros. Cuando el esposo se interesa en la labor de su esposa en el hogar, desde el arreglo de la casa hasta la dirección de los hijos y su progreso en la escuela, ella siente que “está a su lado”, que no está sola en la tarea. Igual le ocurre al marido que siente el estímulo de su esposa, ya sea en su trabajo o en sus pasatiempos. Se ha dicho que hay hombres que triunfan sin sus esposas, otros que triunfan a pesar de sus esposas, y otros que triunfan con sus esposas. Amigo cónyuge, integre Ud. esta última legión a la cual debe tanto la sociedad.

6. REFLEXION PERSONAL 
                                                                          3 meses, 6 meses, 1 año             
¿Cuánto tiempo hace que no le llevo un presente a mi esposa?
¿Cuánto tiempo hace que no le hago un obsequio o el postre favorito a mi marido, expresándole así el cariño que siento por él? El amor que no se expresa muere.

¿Cuándo fue la última vez que le dije a mi cónyuge que él constituye lo que más quiero en este mundo?
¿Cuándo fue la última vez que expresé mi sincero aprecio por todo lo que mi esposa hace en las tareas del hogar, y le manifesté mi deseo de ayudarle?

¿Cuándo fue la última vez que le expresé a mi esposo mi reconocimiento tras agotadoras jornadas de trabajo?
¿Cuándo fue la última vez que salimos juntos para pasar algunas horas fuera de casa, ya sea en la ciudad o en el campo?

                                                                                                          Sí / No
¿Recuerdo los aniversarios: cumpleaños, casamiento, etc?
¿Actúo de manera que mi cónyuge se sienta cómodo delante de otras personas ?
¿Quedan lealmente “en casa” los aspectos íntimos del matrimonio, o los comparto con terceros?
¿Evito la ironía y procuro con afecto ayudar a mi cónyuge a superar sus defectos?

La voz.org

2.- LA BELLEZA DEL MATRIMONIO.

Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 02/10

Habiendo tratado en la lección anterior los aspectos atinentes al noviazgo y formalización del matrimonio, en la presente destacaremos algunos conceptos que contribuirán a caracterizar, o definir a un hogar feliz, como deseamos que sea el suyo.

1. ¿QUE ES UN HOGAR?
“¡Hogar, dulce hogar!” Sin embargo, ¿es siempre fácil lograrlo? Alguien ha dicho que el hogar “es una alfombra de paz, paredes de amor que lo guardan, un techo de esperanza y una puerta abierta a Dios y al prójimo. Es un círculo mágico donde los espíritus cultivados hallan descanso, y el lugar al cual acuden los corazones abrumados para hallar refugio contra los embates de la vida. Es un nido lleno de amor en un mundo envuelto en luchas”. Por otra parte, es el reino del hombre, el mundo de la mujer y el paraíso de los niños.
El muchachito miraba con interés el nuevo pueblo adonde se habían mudado. Un forastero le preguntó " ¿Se halla en este pueblo tu hogar?” “Sí señor -repuso el niño -, nuestro hogar está aquí aunque todavía no le hemos conseguido casa. Papá está edificando una para instalarlo”. Podemos cambiamos de casa, pero no de hogar. Para formarlo se necesitan más que cuatro paredes. Hogar significa calor, amor, ternura, simpatía, comprensión y comunicación afectuosa entre los padres y los hijos. Entendido así, el hogar puede encontrarse en un palacio o en una chocita, en el pequeño departamento de una gran ciudad o en la cumbre de una montaña hay hogar donde hay amor. Entre las muchas definiciones de hogar que recibió una revista londinense después de una encuesta, se destacan las siguientes:

a) Hogar: es un mundo de dificultades afuera, y un mundo de amor adentro.
b) Hogar: es el lugar donde los pequeños son grandes y donde los grandes son pequeños.
c) Hogar: es el lugar donde rezongamos más y se nos trata mejor.
d) Hogar: es el lugar donde nuestro estómago recibe tres comidas diarias y nuestro corazón mil.
e) Hogar: es el único lugar de la tierra donde las faltas y los fracasos de la humanidad quedan ocultos bajo el suave manto del amor.

Todos podemos tener un hogar así. ¿Por qué no empezar hoy mismo? Todos podemos llegar a ser felices en la medida en que nos decidamos a serlo, y en la medida en que estemos dispuestos a pagar el precio de la abnegación y del esfuerzo perseverante.

2. HOGARES MAL FORMADOS
A) –¿De veras te casas? –le preguntó su amigo a Ricardo. –Así es –afirmó éste–, pero no vayas a creer que estoy enamorado. Lo decidí al hacer mis cálculos y comprobar que me saldrá más barato que vivir en el hotel.

B) El padre trataba, sin éxito, de razonar con Rosa y Alfredo, dos adolescentes de 16 y 17 años que deseaban casarse. Trataba de demostrarles que física y emocionalmente no estaban todavía maduros para afrontarlas responsabilidades que entraña el
matrimonio. Finalmente le hizo a Alfredo una pregunta que había estado tratando de evitar: – ¿Cómo sostendrás tu hogar? Rosa terció diciéndole a su progenitor:
– ¡Papá, nos casaremos aunque tengamos que vivir a pan y agua! Alfredo quedó pensativo y dijo: –Ahora comprendo, Sr. Fernández. Honestamente reconozco que lo único que podríamos costear es el agua.

C) –¡Cómo! ¿te casaste? No supimos nada de tu boda –le decían dos compañeras a Gloria.
Esta bajó el rostro y con lágrimas repuso: –Pronto seremos padres y decidimos con Alberto realizar un casamiento privado, en medio de una tempestad familiar.
El egoísmo interesado de Ricardo, la inmadurez y precipitación irresponsables de Rosa y Alfredo, y la relación premarital de Gloria que abatió de vergüenza su frente, ilustran sólo tres de los tantos casos de hogares mal formados en nuestros días. “Antes de asumir las responsabilidades del matrimonio, los jóvenes y las jóvenes deben tener experiencia en la vida práctica, que los haga aptos para cumplir con sus deberes y llevar las cargas de la vida. No hay que favorecer los matrimonios prematuros. Un compromiso tan importante como el matrimonio y de resultados tan trascendentes no debe contraerse con precipitación, sin la preparación suficiente, y antes que las facultades intelectuales y físicas estén bien desarrolladas”
(El Hogar y la Salud, pág 13).
Si Ud. ya formó su hogar no habiendo tenido en cuenta estos principios de la felicidad conyugal, siempre está a tiempo para cultivarlos, no importa los años transcurridos desde la boda.

3. LA INFLUENCIA DE HOGARES BIEN FORMADOS
El “dulce hogar” con que legítimamente sueñan los seres humanos es una delicada empresa cargada de tremenda responsabilidad por las consecuencias que implica para los contrayentes como también para la sociedad. Se ha dicho que la “restauración y elevación de la humanidad empiezan en el hogar”. La sociedad se compone de familias, y es lo que la hagan las cabezas de las familias. El corazón de la comunidad es el hogar. El bienestar de la sociedad y la prosperidad de la nación dependen de las influencias del hogar. Un hogar bien formado (teniendo en cuenta algunos principios como los expuestos en la lección anterior), se transforma en una potencia para el bien en el ámbito social, y en felicidad plena para los cónyuges y los hijos. ¿Ha pensado Ud. en las cualidades espirituales y morales que pondrá en marcha hacia el futuro mediante la formación de su hogar y su descendencia?

4. BELLEZA DEL MATRIMONIO
El matrimonio es el estado en el cual el hombre y la mujer se realizan plenamente como tales. Responde adecuadamente a las necesidades físicas y emotivas de los cónyuges, permitiéndoles alcanzar el más sublime de los privilegios: la paternidad, por la cual dan origen a una nueva generación. Tan admirablemente dotó el Creador con atributos masculinos al hombre y femeninos a la mujer, que se complementan en forma ideal para formar una pareja y vivir el estado matrimonial. Por creerlos oportunos, citamos aquí los hermosos pensamientos de Víctor Hugo que titulara “El Hombre y la Mujer”:

“El hombre es la más elevada de las criaturas. La mujer el más sublime de los ideales.
Dios hizo para el hombre un trono; para la mujer un altar.
El trono exalta, el altar santifica. “El hombre es el cerebro; la mujer el corazón.
El cerebro fabrica la luz, el corazón produce el amor.
La luz fecunda, el amor resucita. “El hombre es un genio; la mujer es un ángel.
El genio es inmensurable, el ángel es indefinible.
Se contempla lo infinito, se admira lo inefable. “La aspiración del hombre es la suprema gloria; la aspiración de la mujer es la virtud extrema. La gloria hace lo grande, la virtud hace lo divino.
 “El hombre tiene la supremacía; la mujer la preferencia. La supremacía significa la fuerza, la preferencia representa el derecho.
“El hombre es fuerte por la razón; la mujer es invencible por las lágrimas. La razón convence; las lágrimas conmueven.
“El hombre es capaz de todos los heroísmos; la mujer de todos los martirios. El heroísmo ennoblece, el martirio corrige... “El hombre tiene un fanal, la conciencia; la mujer tiene una estrella, la esperanza. El fanal guía, la esperanza salva. “En fin: el hombre está colocado donde termina la tierra; la mujer donde comienza el cielo”.

Así pues, hay belleza en el matrimonio cuando el hombre no se considera superior a
la mujer ni ésta superior al hombre, sino que respetándose mutuamente se complementan y estimulan hacia la meta común: la felicidad. Y en el hogar, “donde la tierra se encuentra con el cielo”, el hombre y la mujer pueden encontrarse ante Dios, su Hacedor, en plena igualdad, para cumplir bajo su advocación los designios divinos para el hogar.

5. LO QUE DEBEN SABER LOS ESPOSOS
a) Conocimiento de las funciones del cuerpo humano.
La salud es uno de los grandes pilares que sostienen la felicidad del hogar, y el conocimiento de las leyes que la rigen permitirá a los cónyuges protegerse mutuamente, y en forma especial cuidar la salud de sus hijos, Por lo tanto, los esposos deberían estudiar y familiarizarse con el funcionamiento del organismo humano; entender las funciones de los distintos órganos y su mutua relación y dependencia; entender la relación entre las facultades mentales y físicas, y las condiciones que se requieren para el sano funcionamiento de cada una de ellas.

b) Conocimiento acerca del sexo. Muchas parejas entran en la vida matrimonial sin poseer un mínimo conocimiento de la anatomía y fisiología del sexo. Por lo tanto, es necesario que los esposos se ilustren al respecto leyendo buenos textos, informándose en forma seria y con altura.
¡Cuántos traumas y desdichas se evitarían si ambos cónyuges comprendieran bien este aspecto de la vida matrimonial!

c) Planeamiento familiar. “¿Cuántos hijos tendremos?” Tal la pregunta que cada pareja debe responder en forma honesta y responsable. Dicha respuesta estará condicionada por factores económicos, ambientales y de salud; y en lo biológico estará condicionada al factor a que aludíamos en el párrafo anterior. Ese conocimiento permitirá a la pareja planear sabiamente la cantidad de hijos que desean tener. Así como para la construcción de una casa se trazan primero los planos, se deciden los ambientes que ha de tener, y de acuerdo con éstos y las finanzas se determina el tamaño de la misma, así también los esposos deberían planear la familia. Nadie tiene derecho de traer al mundo hijos que sean una carga para otros o que tengan que sufrir por falta de ternura, orientación y alimento.

d) Cómo “edificar la casa”.
El hogar es una institución divina. Dios mismo unió a la primera pareja en el Edén. Y hoy los contrayentes siguen concurriendo al pie de los altares para formalizar sus votos delante de Dios. Nada mejor entonces que los esposos inviten a Dios a ser el Huésped permanente del nuevo hogar. Con su ayuda podrán “edificar” en forma sólida y feliz un hogar sin sombras. Con cuánta belleza y sencillez expresa esta verdad fundamental la Sagrada Escritura en el Salmo 127:
“Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”.
Por supuesto, muchas otras cosas debieran saber los esposos y padres, tales como administración doméstica, disciplina de los hijos, etc., temas que veremos en lecciones futuras.

La voz.org

1.- LA FORMACIÓN DEL HOGAR.

Lección 01/10

Los arduos problemas de la sociedad moderna guardan una íntima relación con los problemas que se viven en el seno del hogar. Sí hubiera mejores hogares, ¿no cree Ud. que viviríamos en un mundo mejor? De ahí que la necesidad más apremiante del momento actual sea la de construir mejores hogares, donde padres e hijos puedan convivir en un clima de armonía, y de donde parta una influencia elevadora para bien de la humanidad. Esta es la razón que nos ha movido a preparar este curso por correspondencia, que hoy ponemos cordialmente en sus manos, con los mejores deseos para Ud. Y sus seres amados.

A lo largo de las diez lecciones del curso iremos abordando aspectos prácticos y valiosos para la felicidad familiar, tales como la armonía y la felicidad conyugal, la intimidad del matrimonio, cómo desarrollar el amor, cómo educar a los hijos, cómo tratar al hijo rebelde, las finanzas de la casa, la salud de la familia y muchísimos otros temas relativos al quehacer del hogar.

 En suma, todos los elementos indispensables para forjar y retener la dicha del núcleo familiar. Si Ud. no ha formado aún su hogar, descubrirá en estas lecciones una orientación práctica que lo conducirá hacia la felicidad. Y si Ud. ya contrajo matrimonio, le aconsejamos que igualmente estudie este material, el que luego podrá utilizar cuando necesite ayudar a sus hijos de edad casadera.
La felicidad de toda la vida puede depender apenas de un acto de elección, cuando un joven le declara su amor a una joven, o cuando ella lo acepta o rechaza.

¿Es entonces importante saber elegir, o no? En el momento en que se elige el compañero de la vida, se decide el éxito o el fracaso de dos vidas, su gozo o su desdicha. Por lo tanto, ¿puede hablarse sensatamente de “amor ciego”, o de que “el matrimonio es una lotería”, algo así como un tiro al aire que con un poco de suerte puede dar en el blanco? Rotundamente, no. En la elección del futuro cónyuge no se
juega “a la buena suerte”; se juega –seriamente –a la felicidad, la aspiración humana más codiciable. Por lo tanto, corresponde saber cómo actuar.

1. LA ANTESALA DEL MATRIMONIO
Los jóvenes desean casarse, pero no por eso van a unir impulsivamente sus destinos a otra persona, sin haberse tratado antes y sin saber si podrán convivir
con la otra persona en forma feliz y armoniosa. El casamiento es un paso suficientemente serio, como para justificar los mejores preparativos en la combinación de dos corazones que se entiendan para vivir juntos por el resto de la vida. Nadie puede entrar bruscamente en el matrimonio y pretender ser feliz,
sin ese previo conocimiento mutuo que sólo el buen noviazgo es capaz de ofrecer. Después de iniciada la vida conyugal es casi seguro que vendrán los hijos. Y si los progenitores, aun antes de ser esposos, no se conocieron y no lograron armonizar con amor sus personalidades, ¿qué clase de ambiente podrían
ofrecerles a sus hijos? ¿Podrían ponerse de acuerdo para educarlos sabiamente?
“¿Por qué quiero casarme?” Esta es una pregunta que parece estar de más. Sin embargo, conviene que se la haga quien planea casarse. Según sea la respuesta, así será el noviazgo y el matrimonio. Si quien busca esposo (o esposa) sólo piensa en el amor que pueda recibir, o sólo aspira a una condición económica, social y emocional más favorable, está incapacitándose para formar un buen hogar. Porque está pensando más en lo que podrá recibir que en lo que deberá dar. Está interesándose más en su felicidad que en la del ser amado, y tal actitud mental no encierra amor sino egoísmo.

2. PARA REFLEXIONAR
Supongamos que Ud. ya ha encontrado a la persona con quien desea unir su vida. Ya son novios. Pero Ud. debe tener la seguridad de que ha elegido bien, y que el objeto de su elección será el verdadero amor de su vida. Para ello sería útil que considere la siguiente lista de preguntas que presenta el Dr. Haroldo Shryock en su obra El Secreto de la Dicha Conyugal.
Tilde sus respuestas Si No
1. ¿Es mi novio (o mi novia) generalmente alegre, feliz y optimista? Es muy raro que el matrimonio cambie los rasgos fundamentales de la personalidad.
2. ¿Puede considerar las cuestiones capaces de provocar una controversia, sin entrar en una disputa acalorada?
3. ¿Tiene emociones estables?
4. ¿Son moderadas sus opiniones en asuntos de política, moralidad y finanzas?
5. ¿Coopera con facilidad con los demás y trabaja sin roces con sus superiores?
6. ¿Manifiesta benevolencia para con sus inferiores y se complace en ayudar a los que son menos privilegiados?
7. ¿Puede recibir consejos con buena voluntad?
8. ¿Presta cuidadosa atención a los detalles de su trabajo diario?
9. ¿Está dispuesto a asumir responsabilidades, y ha tenido éxito hasta aquí en sus empresas?
10. ¿Manifiesta cariño hacia los niños?
11. ¿Tiene sentimientos religiosos y practica la misma religión que yo?
12. ¿Lo amo a pesar de sus defectos?
No es prudente suponer que sus defectos
desaparecerán después del casamiento.
13. ¿Puedo enorgullecerme de mi novio (o de mi novia)? Si me siento avergonzado o incómodo en su compañía, esto demuestra que no somos el uno para el otro.

Y el Dr. H. Shryock termina diciendo: “Si se puede responder afirmativamente a las preguntas que anteceden, resulta clara la conclusión de que el novio (o novia) posee cualidades favorables para alcanzar la adaptación conyugal satisfactoria”.

3. HACIA LA FELICIDAD CONYUGAL
Con el propósito de asegurar un noviazgo bien encaminado que abra las puertas de una dulce vida matrimonial, a las preguntas precedentes convendrá añadir el análisis de los siguientes aspectos prácticos relacionados con la felicidad de los novios.

EL AMOR. El amor verdadero no es pasión, ni caprichos, ni celos, ni egoísmo, ni excitación carnal. Es el dulce sentimiento de¡ corazón que se expresa con pureza y que busca la felicidad del ser amado. El afecto genuino implica comprensión, tolerancia, ternura, bondad, abnegación y espíritu servicial, Tal es la actitud que puede unir dos corazones sin que nada los separe, porque se trata de un amor estable, maduro y responsable, en el cual se puede confiar. Si éste es el sentimiento que prevalece entre los novios, y se lo sigue alimentando cada día, el matrimonio brindará la mayor felicidad que dos seres puedan descubrir sobre la tierra. Pero si tal amor está ausente, la dicha no podrá surgir por más dinero o presiones familiares que existan.

AMISTAD FRANCA. Héctor y Marcela se hallaban en feliz viaje de bodas. La noche era apacible, y ambos avanzaban en su automóvil rumbo a una hermosa ciudad balnearia. “¿Te imaginas cuando estemos de vuelta en nuestro propio hogar? ¡Qué hermoso será entonces saborear los platos preparados por ti y vestir la ropa lavada y planchada con tus manos!” Así le comentaba Héctor a su amada, quien algo molesta le contestó: “No, mi querido. Creo que estás equivocado. Los trabajos de la casa no se han hecho para mí. Deberemos conseguir a alguien para que los haga”.
¡Qué novedad tan desagradable para el flamante esposo! Pero, ¿cómo? ¿No habían hablado durante su noviazgo sobre qué clase de vida habría de hacer cada uno después de casados? ¡Qué poca franqueza para hablar y para darse a conocer! Resultado: chasco, desilusión, traición. El noviazgo exige que cada una de las partes se exprese con total sinceridad. De lo contrario, lo que se pretende encubrir pronto saldrá a la luz, cuando el estado matrimonial ya no permita continuar con disimulos.

AFINIDAD. A menudo se afirma: “Los polos opuestos se atraen”. Pero esta ley física no rige en los dominios del corazón. Dos seres pueden entenderse, amarse y ser felices en el matrimonio cuando poseen un grado mínimo de afinidad en la cultura, los gustos, el temperamento, los ideales y los sentimientos religiosos. Y es un error suponer que esta clase de afinidad se logra con el tiempo, luego del casamiento. SI, con el tiempo se cultiva y perfecciona, pero siempre sobre la base de la afinidad que existía previamente.
Aquí cabe una palabra acerca de los matrimonios formados por esposos de creencias religiosas diferentes. La realidad de los hechos indica que la afinidad religiosa entre los contrayentes es factor de primer orden para la obtención de la armonía conyugal.

MADUREZ. La falta de madurez es causa frecuente de naufragios conyugales. Los novios que carezcan de madurez emocional, física y mental (tal vez debido a su
poca edad), no estarán en condiciones de establecer un buen hogar, a menos que maduren mientras prolonguen su noviazgo por más tiempo de lo prudencial y aconsejable. Pero idealmente un noviazgo no debería extenderse más allá de los dos años. Esta es la razón por la cual nunca es sabio comenzarlo a edad
prematura, so pena de que la propia inmadurez eche a perder la felicidad de los novios, y hasta desvanezca los sueños de la unión matrimonial.

LOS PADRES. “Ellos son de otra época. ¿Qué me podrán aconsejar acerca de mi noviazgo? ¿Ha dicho Ud. palabras como éstas acerca de sus padres? Sí, es verdad,
ellos pertenecen a otra generación. Quizá no han tenido mucha instrucción, pero han vivido más anos y eso es bastante. Aun con su aparente incomprensión
de la juventud actual, los padres pueden ofrecer un consejo sabio al hijo que lo solicita frente a la gran decisión de su vida. El buen hijo busca y aprecia la opinión de sus progenitores. Y los padres inteligentes harán y dirán lo mejor para la felicidad de sus hijos.

EL TRATO PRENUPCIAL. Hoy, cuando las relaciones premaritales son tan comunes y socialmente aceptadas, es necesario adoptar una norma de conducta más elevada. La unión matrimonial es de carácter sagrado, y ha de iniciarse sin que el noviazgo deje secuelas traumatizantes sobre la conciencia de los contrayentes. Muchos de los matrimonios desavenidos y problemáticos podrían señalar como causa de su desdicha las relaciones íntimas practicadas durante el noviazgo. ¡Cuántos casamientos deben producirse apurada y obligadamente por esta razón! Los novios
más dichosos son aquellos que han sabido esperar, para llegar a ser los “dos en una carne” tan sólo en el estado matrimonial.

4. MUCHO POR DECIR
Con lo dicho, ni remotamente pretendemos haber agotado el tema. Pero lo tratado quizá haya sido suficiente para insinuar cómo formar un noviazgo basado en un amor auténtico, acompañado de felicidad y buen criterio. Hemos dicho que el noviazgo es la antesala del matrimonio y del hogar. Por lo tanto, ante un paso de tanta trascendencia, es sabio aquel que busca la dirección y la iluminación del Altísimo. Si en el día de la boda los novios solicitan la bendición de Dios, con igual o mayor razón aún, ¿no deberían solicitarla también cuando se están eligiendo mutuamente, decidiendo así el porvenir de sus vidas? Los novios que aceptan la conducción divina en sus planes e ideales pueden formar hogares ejemplares, que redunden en bien de la sociedad y de las generaciones futuras.
Esta es la clase de hogar que deseamos para Ud. y su felicidad. Para eso hemos preparado este curso, cuyas próximas lecciones le ofrecerán un material de valor imponderable. No se las pierda.

La voz.org