jueves, 14 de junio de 2018

XIII. LA PERSONALIDAD: 64. LOS HÁBITOS.


*La Biblia nos da los principios.
La Palabra de Dios abunda en principios generales para la formación de hábitos correctos de vida, y los testimonios, generales y personales, han sido considerados para atraer su atención más especialmente a esos principios.­ 2JT 279 (1889).


Como una red de hierro.
Una vez formado, el hábito es como una red de hierro. Ud. intentará luchar desesperadamente contra él, pero no podrá romperlo. Su única conducta segura consiste en edificar para el tiempo y la eternidad.­ Carta 117, 1901.


Las reglas del hábito.
Todos tienen el deber de observar reglas estrictas en sus hábitos de vida. Esto es para vuestro propio bien, estimados jóvenes y señoritas, tanto en sentido físico como moral. Cuando os levantáis en la mañana, considerad hasta donde os sea posible el trabajo que debéis realizar durante el día. Si es necesario, tened una libreta de apuntes para anotar las cosas que debéis hacer, y estableced un tiempo en el cual llevar a cabo vuestro trabajo.­ Ev 473 (1897). 620


La regularidad en los hábitos mejora la salud.
Nuestro Dios es un Dios de orden, y quiere que sus hijos estén dispuestos a organizarse y ponerse bajo su disciplina. ¿No sería mejor, por lo tanto, romper el hábito de hacer de la noche día, y noche las primeras horas de la mañana? Si los jóvenes quisieran formar hábitos de regularidad y orden, mejorarían su salud, su espíritu, su memoria y su disposición.­ YI, 28 de enero de 1897.


Eliminemos la causa de la enfermedad.
Los hábitos correctos, practicados con inteligencia y perseverancia, eliminarán la causa de la enfermedad, y no habrá necesidad de recurrir a drogas fuertes. Muchos avanzan paso a paso hacia sus complacencias antinaturales, que producen un estado de cosas también antinatural.­ Ms 22, 1887; (MM 222).


Los hábitos apropiados fomentan la salud.
La salud puede ser lograda mediante hábitos de vida apropiados, y puede esperarse, inclusive, que rinda interés. Pero este capital, más precioso que cualquier cuenta bancaria, puede ser sacrificado por la intemperancia en el comer y el beber, y así permitir que los órganos se malogren por causa de la inacción. Hay que dejar a un lado las complacencias preferidas; la haraganería debe ser vencida.­ 
4T 408 (1880).


Hábitos que degradan las facultades superiores.
Todo hábito que no promueva la acción saludable en el organismo humano, degrada las más altas y nobles facultades. Los hábitos erróneos concernientes al comer y al beber conducen a errores en el pensamiento y la acción.­ RH, 25 de enero de 1881; (CH 67).


Victoria sobre los hábitos preestablecidos.
Los hábitos e ideas preestablecidos deben ser vencidos en muchos casos, antes de que podamos avanzar en la vida religiosa.­ 
RH, 21 de junio de 1887; (FE 118). 621


Es difícil desaprender los malos hábitos (consejo a un administrador).
Será difícil para Ud. hacer ahora los cambios en su carácter que Dios le pide que haga, porque ya en su juventud le era difícil ser puntual y rápido para la acción. Cuando el carácter ya está formado, los hábitos fijados, y las facultades mentales y morales se han vuelto firmes, es sumamente difícil desaprender los malos hábitos y ser rápidos para actuar.

Ud. debería comprender cuál es el valor del tiempo. No tiene excusa si deja a un lado el trabajo importante, por desagradable que sea, con la esperanza de no hacerlo en absoluto, o con la idea de que se torne menos desagradable, mientras ocupa ese tiempo en asuntos agradables que realmente no son urgentes. Debería hacer primero lo urgente y lo que tiene vital interés para la causa, y sólo abordar los asuntos menos importantes después de haber llevado a cabo los esenciales. 

La puntualidad y la decisión en la obra de Dios son fundamentales. Las demoras son virtuales derrotas. Los minutos son de oro y deben ser aprovechados de la mejor manera posible. Las relaciones terrenales y los intereses personales siempre deberían ser secundarios. Nunca deberíamos permitir que la causa de Dios sufra en lo más mínimo por causa de nuestros amigos terrenales o nuestros parientes más queridos.­ 3T 499, 500 (1875).


Las tendencias heredadas y cultivadas se convierten en hábitos.
La gran tendencia de Judas hacia el mal, heredada y cultivada, fue la codicia. Y al llevarla a la práctica se convirtió en un hábito que él manifestó en todos los negocios. Los principios cristianos de rectitud y justicia no tenían lugar en sus ventas ni en sus compras. Sus hábitos económicos desarrollaron en él una actitud mezquina que se convirtió en una trampa fatal. La obtención de ganancias fue la medida de su experiencia religiosa, y toda verdadera justicia estaba subordinada a esto. Aunque en lo externo seguía siendo discípulo, en la misma presencia de Cristo se 622 apropió de medios que pertenecían a la tesorería del Señor.­ Ms 28, 1897.


Los hábitos deciden el futuro.
Hay que recordar que la juventud está formando hábitos que, en nueve casos de cada diez, decidirán su futuro. La influencia de las compañías que tienen, de las amistades que entablan y de los principios que adoptan, los acompañarán toda la vida.­ 4T 426 (1880).


Los malos hábitos se forman 
con más facilidad que los buenos.
Los niños son especialmente susceptibles a las impresiones; y las lecciones que aprenden en los primeros años los acompañarán toda la vida. Toda la información que adquieran nunca contrarrestará los malos resultados de la falta de disciplina en la infancia. Un descuido, repetido a menudo, forma hábito. Una mala acción prepara el camino para otra. Esa acción, repetida, forma hábito.

Los malos hábitos se forman con más facilidad que los buenos, y se los abandona con más dificultad. Se necesita menos tiempo y menos trabajo para malograr la disposición de un niño, que para imprimir principios y hábitos de justicia sobre las tablas del alma. Sólo mediante una constante vigilancia y una acción que contrarreste el mal, podemos tener esperanza de que la disposición se enderece.

El Señor estará con ustedes, madres, mientras tratan de formar buenos hábitos en sus hijos. Pero tendrán que empezar pronto el proceso de adiestramiento, o su futura tarea será muy difícil. Enséñenles línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí y un poquito allá. Recuerden que sus hijos pertenecen a Dios, y que deben convertirse en hijos e hijas de él. Su intención es que las familias de la tierra sean muestras de la familia del cielo.­ RH, 5 de diciembre de 1889.



Los hábitos rara vez cambian.
Los actos repetidos en cierto sentido se convierten en hábitos. Estos pueden 623 modificarse mediante una severa educación, en la vida posterior, pero rara vez se cambian. Una vez que se ha formado un hábito, se imprime más y más firmemente en el carácter.­ 
CN 185 (1880).


Atacar los malos hábitos de otros surte poco efecto.
Poca utilidad tiene el intento de reformar a los demás atacando de frente lo que consideremos malos hábitos suyos. Tal proceder resulta a menudo más perjudicial que benéfico. En su conversación con la samaritana, en vez de desacreditar el pozo de Jacob, Cristo presentó algo mejor. "Si conocieses el don de Dios [dijo] y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva" (Juan 4: 10). Dirigió la plática al tesoro que tenía para regalar y ofreció a la mujer algo mejor que lo que ella pose, el agua de vida, el gozo y la esperanza del evangelio.­ MC, 114 (1905).


El deseo de reforma procede del anhelo de hacer lo Correcto.
Es verdad que algunas veces los hombres se avergüenzan de sus caminos pecaminosos y abandonan algunos de sus malos hábitos antes de darse cuenta de que son atraídos a Cristo. Pero cuando hacen un esfuerzo por reformarse, nacido de un sincero deseo de hacer el bien, es el poder de Cristo el que los está atrayendo. Una influencia de la cual no se dan cuenta obra sobre el alma, la conciencia se vivifica y la vida externa se enmienda. Y a medida que Cristo los induce a mirar su cruz y contemplar a quien han traspasado sus pecados, el mandamiento es percibido por la conciencia. Se les revela la maldad de su vida, el pecado profundamente arraigado en su alma. Comienzan a entender algo de la justicia de Cristo, y exclaman: "¿Qué es el pecado, para que exigiera un sacrificio tal por la redención de su víctima? ¿Fueron necesarios todo este amor, todo este sufrimiento, toda esta humillación, para que no pereciéramos, sino que tuviéramos vida eterna?".­ CC 25 (1892). 624


Los malos hábitos deben ser vencidos.
Al contemplar como por medio de un espejo la gloria del Señor, Señor, transformados a su imagen, de gloria en gloria, por su Espíritu. Esperamos demasiado poco, y recibimos de acuerdo con nuestra fe. No debemos aferrarnos a nuestros propios métodos, planes e ideas; debemos ser transformados por la renovación de nuestra mente, para que podamos comprobar "cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".
Los pecados que nos asedian deben ser vencidos, y los malos sentimientos deben ser desarraigados, y un carácter santo y santas emociones deben ser engendrados en nosotros por el Espíritu de Dios.­ Carta 57, 1887.

Cuando nos oponemos a los malos hábitos, éstos ofrecen la más vigorosa resistencia; pero si la lucha prosigue con energía y perseverancia, es posible vencerlos.­ 4T 655 (1881).



La gracia de Cristo quebranta los malos hábitos.
Los hombres necesitan aprender que no pueden poseer en su plenitud las bendiciones de la obediencia, sino cuando reciben la gracia de Cristo. Esta es la que capacita al hombre para obedecer las leyes de Dios y para liberarse de la esclavitud de los malos hábitos. Es el único poder que puede hacerlo firme en el buen camino y ayudarlo a permanecer en él.­ MC 78 (1905).

Por medio del poder de Cristo, los hombres y las mujeres han quebrantado las cadenas de los hábitos pecaminosos. Han renunciado al egoísmo. El profano se transforma en reverente, el borracho en sobrio, el libertino en puro. Las almas que reflejaban la imagen de Satanás han llegado a transformarse a la imagen de Dios.­ HAp 392 (1911).


Pensamientos y actos correctos pueden convertirse en hábitos.
La única seguridad para el alma consiste en pensar bien, pues acerca del hombre se nos dice: "Cuál es su pensamiento en su alma, tal es él" (Prov. 23: 7). El poder del 625 dominio propio se acrecienta con el ejercicio. Lo que al principio parece difícil, se vuelve fácil con la práctica, hasta que los buenos pensamientos y acciones llegan a ser habituales.­ MC 392 (1905). EGW MCP2 MHP

domingo, 10 de junio de 2018

XIII. LA PERSONALIDAD: 63. LA IMAGINACIÓN

Cristo empleó la imaginación.
Mediante la imaginación, [Cristo] llegaba al corazón. Sacaba sus ilustraciones de las cosas de la vida diaria, y aunque eran sencillas, tenían una admirable profundidad de significado. Las aves del aire, los lirios del campo, la semilla, el pastor y las ovejas, eran objetos con los cuales Cristo ilustraba la verdad inmortal; y desde entonces, siempre que sus oyentes veían estas cosas de la naturaleza, recordaban sus palabras. Las ilustraciones de Cristo repetían constantemente sus lecciones.
Cristo nunca adulaba a los hombres. Nunca dijo algo que pudiese exaltar su fantasía e imaginación, ni los alababa por sus hábiles invenciones; pero los pensadores profundos y sin prejuicios recibían su enseñanza, y hallaban que probaba su sabiduría. Se maravillaban por la verdad espiritual expresada en el lenguaje más sencillo.­ 
DTG 219 (1898).

Controlar la imaginación es un deber.
Pocos comprenden que es un deber ejercer dominio sobre los pensamientos y la imaginación. Es difícil mantener la mente indisciplinada fija en temas provechosos. Pero si no se emplean debidamente los pensamientos, la religión no puede florecer 610 en el alma. La mente debe preocuparse con cosas sagradas y eternas, o albergará pensamientos triviales y superficiales. Tanto las facultades intelectuales como las morales, deben ser disciplinadas, y por el ejercicio se fortalecerán y mejorarán.­ 
CM 529,530 (ed. PP); 420 (ed. ACES) (1913).


La imaginación a veces produce enfermedades.*
Algunas veces la imaginación produce enfermedad, y es frecuente que la agrave. Muchos hay que llevan vida de inválidos cuando podrían estar bien si pensaran que lo están. Muchos se imaginan que la menor exposición del cuerpo les causará alguna enfermedad, y efectivamente el mal sobreviene porque se lo espera. Muchos mueren de enfermedades cuya causa es puramente imaginaria.­ 
MC 185 (1905).

La imaginación pervertida.
Por lo que el Señor me ha mostrado, las mujeres de esta clase [las que tienen un concepto exagerado de sus cualidades] han pervertido su imaginación mediante la lectura de novelas, el soñar despiertas y la edificación de castillos en el aire; es decir, han vivido en un mundo imaginario. No ponen sus propias ideas a la altura de los deberes comunes y útiles de la vida. No asumen las cargas de la existencia, que se encuentran en su camino, ni tratan de tener para sus maridos un hogar alegre y feliz. Depositan todo su peso sobre ellos, y no llevan sus propias cargas. Esperan que los demás se anticipen a sus necesidades y las satisfagan, mientras ellas quedan libres para buscar faltas y criticar a gusto. Estas mujeres están imbuidas de un sentimentalismo enfermizo, y creen constantemente que no se las aprecia, que sus esposos no les brindan la atención que merecen. Se imaginan que son mártires.­ 2T 463 (1870). 611

Consejo a un hombre poseído de una imaginación enfermiza.
Vi que el Señor le ha dado luz y experiencia para que Ud. pueda percibir la pecaminosidad de un espíritu apresurado, y controle sus pasiones. De manera que tan ciertamente como que Ud. falla en esto, perderá la vida eterna. Debe vencer esta enfermedad de la imaginación. Ud. es sumamente sensible, y si se dice una palabra que favorezca una conducta opuesta a la que ha estado siguiendo, se siente herido. Cree que se lo acusa y que debe defenderse y salvar su vida; y en el ferviente esfuerzo que hace para salvarla, la pierde. Tiene que hacer una obra para morir al yo y cultivar una actitud tolerante y paciente. Abandone la idea de que no se lo está usando correctamente, que se le está haciendo daño, que alguien quiere invadirlo y perjudicarlo. Está viendo todo a través de una visión falsa. Satanás lo induce a adoptar este concepto distorsionado de las cosas.­ 2T 424 (1870).

La razón controlada por la imaginación (consejo a un hermano de voluntad débil).
Ud. es capaz de controlar su imaginación y vencer esos ataques de nervios. Tiene fuerza de voluntad, y debería emplearla de tal modo que ella lo ayude. No lo ha hecho. En cambio ha permitido que su imaginación extremadamente activa controlara su razón. Al hacerlo, ha contristado al Espíritu de Dios. Si Ud. no pudiera controlar sus sentimientos, no habría pecado; pero no da buen resultado someterse de ese modo al enemigo. Su voluntad necesita ser santificada y subyugada en lugar de levantarse en oposición a la de Dios.­ 5T 310, 311 (1885).


La alimentación afecta la imaginación.
La intemperancia comienza en nuestras mesas con el consumo de alimentos malsanos. Después de un tiempo, por la complacencia continua del apetito, los órganos digestivos se debilitan y el alimento ingerido no satisface. Se establecen condiciones malsanas y se anhela ingerir alimentos más estimulantes. El té, el café y la carne producen un efecto inmediato. Bajo la influencia de estos venenos, el sistema nervioso se 612 excita y, en algunos casos, el intelecto parece vigorizado momentáneamente y la imaginación resulta más vívida.­ 1JT 417, 418 (1875).


Los efectos del té, el café y otras bebidas populares.
El té estimula y hasta cierto punto embriaga. Parecida resulta también la acción del café y de muchas otras bebidas populares. El primer efecto es agradable. Se excitan los nervios del estómago, y esta excitación se transmite al cerebro, que, a su vez acelera la actividad del corazón y da al organismo entero cierta energía pasajera. No se hace caso del cansancio. La fuerza parece haber aumentado, la inteligencia se despierta y la imaginación se aviva.­ 
MC 250, 251(1905).


Los reavivamientos populares y la imaginación.
Los reavivamientos populares son provocados demasiado a menudo por llamamientos a la imaginación, que excitan las emociones y satisfacen la inclinación por lo nuevo y extraordinario. Los conversos ganados de este modo manifiestan poco deseo de escuchar la verdad bíblica, y poco interés en el testimonio de los profetas y apóstoles. El servicio religioso que no revista un carácter un tanto sensacional no tiene atractivo para ellos. Un mensaje que apele a la fría razón no despierta eco alguno en ellos. No tienen en cuenta las claras amonestaciones de la Palabra de Dios que se refieren directamente a sus intereses eternos.­ CS 516 (1888).


El Teatro Deprava La Imaginación.
El teatro se encuentra entre los placeres más peligrosos. En lugar de ser una escuela de moralidad y virtud, como a menudo se pretende, es el mismo semillero de la inmoralidad. Los hábitos viciosos y las inclinaciones pecaminosas se fortalecen y confirman por medio de este entretenimiento. Las canciones de bajo nivel, los gestos, expresiones y actitudes lascivos depravan la imaginación y rebajan la moral. Todo joven que habitualmente asista a esos espectáculos, corromperá sus principios. 613
No hay influencia más poderosa para envenenar la imaginación, destruir las impresiones religiosas y embotar el gusto por los placeres tranquilos y las sobrias realidades de la vida, que los entretenimientos teatrales. El amor por estas escenas aumenta cada vez que se las ve, así como se fortalece el deseo por las bebidas embriagantes cada vez que se las usa. La conducta más segura al respecto consiste en descartar el teatro, el circo y todo otro lugar dudoso de entretenimiento.­ 4T 652, 653 (1881).

La ficción crea un mundo imaginario.
Algunos se han dedicado tanto a la lectura de novelas y cuentos que viven en un mundo imaginario. La influencia de una lectura tal perjudica tanto a la mente como al cuerpo; debilita el intelecto e impone una terrible carga sobre la fuerza física. A veces apenas podría considerarse que su mente está sana, porque la imaginación se ha sobreexcitado y ha enfermado por causa de la lectura de historias ficticias. 

La mente debe disciplinarse de tal manera que todas sus facultades se desarrollen simétricamente. . .
Si constantemente se alimenta con exceso la imaginación, y se la estimula mediante las ficciones, no tarda en volverse tiránica, en dominar todas las otras facultades de la mente, tornar caprichoso el gusto y pervertir las tendencias.­ 
1JT 570, 571 (1881).


La lectura afecta el cerebro.
Conozco personalmente a algunos que han perdido el tono saludable de la mente como consecuencia de los malos hábitos de lectura. Pasan por la vida con una imaginación enfermiza, magnificando la más pequeña ofensa. Cosas que una mente sana y sensata no tomaría en cuenta, se convierten para ellos en pruebas insoportables e insuperables obstáculos. Sus vidas transcurren bajo una sombra constante.­ CTBH 124, 1890; (FE 162, 163).


Lo que vemos puede corromper la imaginación.
Esta es una época cuando la corrupción se encuentra en todas partes. 614 Lo que se contempla y se lee fomenta la concupiscencia de los ojos y las pasiones corrompidas. El corazón se deprava por medio de la imaginación. La mente se complace en contemplar escenas que despiertan las más bajas pasiones. Esas viles imágenes, vistas a través de una imaginación contaminada, corrompen la moral y preparan a esos seres engañados e infatuados para que den rienda suelta a su concupiscencia. A ello siguen pecados y crímenes que rebajan a seres formados a imagen de Dios hasta ponerlos al nivel de las bestias, hundiéndolos finalmente en la perdición.
Eviten la lectura y la contemplación de cosas que sugieran pensamientos impuros. Cultiven las facultades morales e intelectuales. No permitan que esas facultades se debiliten y se perviertan por el exceso de lectura incluso de libros de historias. Sé de mentes poderosas que se han desequilibrado y se han anublado parcialmente, o se han paralizado, por la intemperancia en la lectura.­ 2T 410 (1870).

La Masturbación y La Imaginación.
Cuando las personas se han vuelto adictas al hábito del abuso de sí mismas [masturbación], es imposible despertar sus sensibilidades morales para que aprecien las cosas eternas o disfruten de los ejercicios espirituales. Los pensamientos impuros se apoderan de la imaginación y la controlan fascinando la mente, a lo que sigue un deseo casi incontrolable de llevar a cabo actos impuros. Si se educara la mente para que contemplara temas elevadores, si se adiestrara la imaginación para que reflexionara acerca de cosas puras y santas, se fortalecería contra esta complacencia terrible, depravadora, y destructora del alma y el cuerpo. Por medio del adiestramiento se acostumbraría a meditar en lo elevado, lo celestial, lo puro y lo sagrado, y no sería atraída por esta complacencia depravada, corrompida y vil.­ 2T 470 (1870).

Las ensoñaciones de la mente conducen a la exaltación propia.
Si los pensamientos, los sueños de la mente, se 615 refieren a grandes propósitos en los cuales figura el yo, la exaltación propia se manifestará en palabras y actos y se tenderá a una elevación del yo. Esos pensamientos son de una naturaleza tal que no inducen a caminar más cerca de Dios. Los que avanzan en este sentido sin una cuidadosa consideración, lo hacen imprudentemente. Hacen esfuerzos intermitentes, dan golpes por aquí y por allá, empiezan esto y lo otro, pero todo eso de nada vale. Se parecen a la vid; sus sarmientos no adiestrados y abandonados a su suerte se aferrarán de cualquier basura que encuentren a su paso; pero antes que la vid pueda servir para algo, esos sarmientos deben ser separados de las cosas a las que se aferraron, y deben ser adiestrados para adherirse a las cosas que les darán gracia y buena formación.­ Carta 33, 1886.

El control de la imaginación (consejo a una mujer de imaginación enferma).
Si Ud. hubiera adiestrado su mente para que meditara en temas elevados y asuntos celestiales, podría haber hecho mucho bien. Habría ejercido una influencia sobre la mente de los demás para apartarlos de sus pensamientos egoístas y su actitud amante del mundo, e introducirlos en los canales de la espiritualidad. Si sus afectos y pensamientos hubieran sido sometidos a la voluntad de Cristo, Ud. habría sido capaz de hacer mucho bien. Su imaginación está enferma porque Ud. le ha permitido recorrer un canal prohibido, para convertirla en soñolienta. El soñar despierta, y la romántica edificación de castillos en el aire, la han incapacitado para ser útil. Ha vivido en un mundo imaginario; ha sido una mártir imaginaria y una cristiana imaginaria.­ 2T 251 (1869).

Apártense del terreno encantado de Satanás (consejo a una familia concentrada en sí misma).
Deberían apartarse del terreno encantado de Satanás, y no permitir que sus mentes se alejen de la lealtad a Dios. Por medio de Cristo Uds. pueden ser felices y deberían serlo; deberían adquirir hábitos de dominio propio. Hasta sus pensamientos deberían ser 616 puestos en sujeción a la voluntad de Dios, y sus sentimientos deberían estar bajo el control de la razón y la religión. No se les dio la imaginación para permitir que ésta se desbocara y anduviera por sus propios caminos sin ningún esfuerzo de restricción ni disciplina. Si los pensamientos son equivocados, los sentimientos también lo serán. Los pensamientos combinados con los sentimientos constituyen el carácter moral. Cuando Uds. llegan a la conclusión de que, como cristianos, no se les requiere que controlen sus pensamientos y sentimientos, caen bajo la influencia de los ángeles malos e invitan su presencia y su dominio. Si ceden a sus impresiones y permiten que sus pensamientos transcurran por los canales de la sospecha, la duda y los lamentos, se encontrarán entre los más infelices de los mortales, y sus vidas serán un fracaso.­ 5T 310 (1885).

Veamos la vida tal como es.
A menos que veamos la vida tal como es, a menos que dejemos a un lado las brillantes fantasías de la imaginación, y descendamos hasta las sobrias lecciones de la experiencia, cuando despertemos será demasiado tarde. Entonces nos daremos cuenta de la terrible equivocación que hemos cometido.­ 3T 43 (1872).


La abundancia de dinero crea necesidades imaginarias.
El caso del Hno. I es lamentable. El mundo es su dios; adora el dinero. . . No necesita la censura de nadie, sino la lástima de todos. Su vida ha sido una terrible equivocación. Ha sufrido de necesidades económicas imaginarias mientras su mente vivía rodeada por la abundancia. Satanás tomó posesión de su mente, y al estimular su inclinación al enriquecimiento lo volvió loco en cuanto a esto. Las facultades nobles y elevadas de su ser han sido en gran medida sometidas a esta inclinación estrecha y egoísta.
Su única esperanza consiste en quebrantar las ligaduras de Satanás, y dominar este mal en su carácter. Ha tratado de hacer algo en este sentido cuando su conciencia lo ha molestado, pero eso no ha sido suficiente. El fruto de la 617 verdadera religión no es limitarse a hacer un poderoso esfuerzo para apartar una pequeña porción de su amor a las riquezas, constantemente convencido de que al hacerlo se está apartando de su alma.
Debe adiestrar su mente para las buenas obras. Debe luchar contra su propensión a la adquisición de medios económicos. Debe entretejer las buenas obras en todo aspecto de su vida. Debe cultivar el amor por las buenas obras y ponerse por encima de esa actitud tacaña que ha desarrollo.­ 2T 237, 238 (1869).


La superstición proviene de la imaginación (consejo a una hermana supersticiosa).
Se me mostró que su imaginación no era digna de confianza porque se opone a la ley natural. Está en conflicto con los principios inmutables de la naturaleza. La superstición, mi querida hermana, que proviene de una imaginación enfermiza, la pone a Ud. en contraposición con la ciencia y los principios. ¿Cuál de todas debe ser abandonada? Sus firmes prejuicios y sus ideas bien establecidas respecto de la mejor conducta a seguir en relación con Ud. misma, la han apartado por mucho tiempo del bien. Por años yo he conocido su caso pero me he sentido incompetente para presentar el asunto de manera clara, para que Ud. pudiera verlo, comprenderlo y darle una solución práctica a la luz que se le da.­ 3T 69 (1872).

Las madres y la imaginación.
Se me han mostrado madres dominadas por una imaginación enfermiza, cuya influencia se ha hecho sentir sobre sus maridos e hijos. Hay que mantener cerrada la ventana, porque la madre es sensible al aire frío. Si siente frío y se cambia de ropa, cree que hay que tratar a sus hijos de la misma manera. De ese modo toda la familia pierde fortaleza física. Todos reciben los efectos de su mente, y daño físico y mental como consecuencia de la imaginación enfermiza de una mujer que se considera criterio para gobernar a toda la familia. . .
Hay quienes atraen la enfermedad sobre sí mismos 618 como consecuencia de sus malos hábitos; sin embargo, aun frente a la luz y al conocimiento seguirán adheridos a su propia conducta. Razonan de esta manera: "¿Acaso no hemos probado esto? ¿No lo sabemos por experiencia propia?" Pero la experiencia de alguien cuya imaginación es defectuosa, no debería tener mucho peso para nadie.­ 2T 524 (1870).


Cómo dominar la mente.
Los seres humanos son entes con libertad moral, y como tales deberían obligar sus pensamientos para que transcurran por los canales apropiados. Aquí hay un amplio campo en el cual la mente se puede explayar con seguridad. Si Satanás trata de desviarla hacia cosas subalternas y sensuales, deberían traerla de vuelta y concentrarla en las cosas eternas; y cuando el Señor vea que se hace un esfuerzo decidido para retener solamente los pensamientos puros, atraerá la mente como un imán, limpiará los pensamientos y los capacitará para que se purifiquen de todo pecado secreto. "Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo" (2 Cor. 10: 5).

La primera obra que tienen que hacer los presuntos reformadores consiste en purificar la imaginación. Si la mente se desvía en una dirección equivocada, debe ser obligada a volver y espaciarse sólo en temas puros y elevados. Cuando se vean tentados a ceder ante una imaginación corrompida, deberían huir hacia el trono de la gracia y orar pidiendo fortaleza del Cielo. Con la fuerza de Dios se puede disciplinar la mente para que se concentre en las cosas puras y celestiales.­ Ms 93, sin fecha. EGW 2MCP MHP