miércoles, 18 de mayo de 2011

7.- EQUILIBRIO EN EL HOGAR.


“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 07/10

La lección anterior nos mostró al hogar como un aula bulliciosa, como un taller de aprendizaje, como una fragua que forja los espíritus, como un faro que orienta y encauza por buenos rumbos las energías de los hijos. En la presente haremos resaltar en forma más destacada el sublime papel de los empresarios del hogar: los padres, ese hombre y esa mujer.

1. LOS EMPRESARIOS DEL HOGAR

Los padres, al ser los empresarios del hogar, lo son también de la comunidad. Si ellos fracasan en su empresa, la vida de la comunidad se hará insegura, pues crecerá el vicio, la delincuencia y la inmoralidad.
El éxito de los padres no consiste tanto en honores y riquezas logrados a lo largo de la vida, sino en formar a sus hijos como hombres y mujeres de bien. Esta es la gran empresa de los padres.

2. LA ADMINISTRACIÓN DOMÉSTICA


Un problema básico que deben resolver los empresarios del hogar es la administración doméstica. Analizaremos sólo dos aspectos de la misma: las finanzas y el tiempo. Si se los atiende adecuadamente, el hogar navegará por aguas tranquilas. Por el contrario, si se descuida la importancia que tienen, pueden llevar al hogar por aguas borrascosas de tensión y desdicha.

LAS FINANZAS
El éxito de cualquier empresa está ligado estrechamente a las finanzas. El desorden administrativo produce inseguridad, cesación de pagos y finalmente los inevitables conflictos humanos, porque se trata de localizar al culpable. ¿Es el gerente, son los administradores, o los obreros? Lo mismo ocurre en la empresa del hogar. Cuando se acumulan las cuentas y el dinero no alcanza, aumentan las tensiones y comienzan las recriminaciones mutuas. El esposo enrostra a su esposa que no sabe administrar; ésta a su vez le señala al marido su incapacidad de ganar más dinero, de tener un mejor empleo, etc. Las relaciones mutuas se enfrían y una atmósfera opresiva envuelve a toda la familia.

Quizá en el fondo ninguno de los esposos sea culpable. Probablemente él contrajo compromisos financieros por su cuenta, sin el conocimiento de su esposa, y otro tanto hizo ella. ¡Cuán importante es la administración adecuada del dinero! Es necesario que ambos esposos planeen los gastos y se pregunten: ¿ Cuánto podemos gastar en alimentación, ropa, alquiler, viajes, salud, etc.? A medida que las cifras se van colocando en cada rubro, una sensación de realidad y responsabilidad se apodera de ambos. Se ha puesto orden en el caos.
El torrente amenazador ha sido controlado y canalizado para estimular la gozosa cooperación de ambos cónyuges. Nuestro Señor se refirió a esta buena práctica de planear los gastos con estas palabras: “¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?”
(S. Lucas 14:28).

EL TIEMPO
Al hablar de administración casi siempre se piensa en dinero, sin tener en cuenta que el tiempo es también un precioso capital que debe utilizarse con sabiduría y método. Alguien ha dicho que no debemos desperdiciarlo porque es la trama de la vida. Y tenía mucha razón.

En la administración del tiempo en el hogar se cometen a menudo dos errores. El primero de ellos es la falta de control. Los hijos gastan el tiempo como quieren, ya sea durmiendo, jugando, o paseando con amigos, etc. Nada está mal. No hay horarios para las comidas, el baño, o para ir a la cama. El otro no menos pernicioso es el excesivo control. Una orden sigue a la otra; una tarea agrega a la otra su carga de rutina. Pareciera como si un rato de esparcimiento estuviera fuera de lugar. En esto también los esposos debieran detenerse y planear con equilibrio las actividades de la familia. Un programa equilibrado incluirá estudio, trabajo, esparcimiento, cultivo espiritual, horas para comer y dormir, etc. También es necesario planear cuidadosamente las vacaciones.

Un estudio muestra que un hijo hasta los 18 años, descontando un poco más de 8 horas por día de sueño, vive unas 105.000 horas posibles de ser llenadas con actividades.
Si calculamos las horas que pasa en escuelas y colegios entre los 6 y 18 años, nos dará unas 13.000 horas aproximadamente.
 Además dedicará 13.000 horas para comer y 6.000 horas a la higiene personal.
Finalmente, se considera que en 18 años puede pasar unas 1.000 horas en la iglesia o en ejercicios espirituales. Sin detenerse a analizar demasiado, muchos padres piensan que sus hijos pasan la mayor parte del tiempo en la escuela, pero los números nos muestran lo contrario.
 De 105.000 horas, sólo 33.000 pasa el hijo en las actividades mencionadas, y nada menos que las ¡72.000! horas restantes para ser sabiamente administradas. Si no lo ha hecho todavía,
¿ no le parece que debería planear la administración de esas horas?

3. EL PAPEL DE LA MADRE


A la madre podemos describirla pero es muy difícil definirla. Algunas de las páginas más hermosas de la literatura universal lo han intentado. Y siempre pareciera que falta mucho por decir: Quedan tantos sentimientos de gratitud, de amor, de admiración que no alcanzan a expresar las palabras. El más alto honor concedido por Dios a la mujer es el privilegio de ser madre. Pobre o rica, ilustrada o ignorante, es capaz de heroísmos increíbles y hasta de dar su vida por los hijos. Domingo Faustino Sarmiento dijo que el corazón del hombre se adhiere al de su madre como las raíces al suelo. El gran educador hablaba por experiencia, pues su madre había sido un dechado de amor, abnegación y virtud. Cuando la madre cumple con su sagrado cometido, llega a formar con su hijo una unidad sellada no sólo por los lazos de la sangre sino también por el afecto.

Con mucha razón apuntaba Pablo Geraldy:
“Los hombres cambian de mujer, la mujer cambia de marido, pero el hijo nunca cambia de madre”. Siendo así, una de las metas más importantes de toda madre será la de ser digna del respeto y la admiración de sus hijos. Estimada madre, ¿se ha detenido a pensar en esta gran verdad? Dichosa la familia cuya madre descubre en la formación de sus hijos la vocación de su vida. El niño es un ser hambriento de amor, dirección y seguridad, y cuando la madre se da entera a su hijo en esta triple dimensión, le hace la mejor y más grande contribución. Una madre tal gozará de las más estimulantes satisfacciones a medida que avance por la existencia en compañía de sus hijos.

4. EL PAPEL DEL PADRE

Al igual que a la madre, muchas veces no se valora al padre hasta que se lo pierde. Lleno de abnegación y fortaleza, se constituye por propia gravitación en el eje y motor de la familia. Lo da todo sin reclamar reconocimiento, porque considera que no podría hacer menos por los suyos. Una filosofía popular apunta lo siguiente en cuanto a cómo considera a veces el hijo a su padre:

Entre los 4 y 6 años: “Papá es un sabio ¡Sabe todo lo que le pregunto!”
Entre los 7 y 10 años: “Papá lo puede todo. ¡Qué fuerza tiene!”
Entre los 10 y 14 años: " ¡Hum! Me parece que papá se equivoca en algunas cosas”.
Entre los 14 y 18 años: “¿Papá?” ¡Es un hombre chapado a la antigua!”
Entre los 18 y 25 años: “¡Pobre viejo! Está completamente pasado de moda”.
A los 30 años, cuando las preocupaciones han dejado ya algunas arrugas en su frente, el hijo dice: “¡Qué problema! ¡Tal vez debiera consultar con papá!”
A los 40 años, el padre ya ha muerto. Las canas comienzan a platear la cabellera del hijo. Este exclama lleno de nostalgia y admiración: “¡Mi padre fue un sabio, lástima que no supe apreciarlo!”

¿Por qué ha de ser así? ¿Por qué no aprender a valorar las virtudes del padre y escuchar sus consejos respaldados por su larga experiencia?


La autoridad del padre no emana tanto de sus prerrogativas, sino de la fuerza que le otorga el ascendiente de una conducta ejemplar.
Así podrá infundir seguridad y confianza en los suyos. Será un piloto en la tormenta, un amigo y compañero en la bonanza.

En la familia del célebre compositor ruso Nicolás R. Korsakov se tenía este lema para un padre:


“El padre debe ser un soberano para el hijo hasta los 10 años;
“Un padre hasta los 20; un amigo hasta la muerte”.
La principal tarea del padre no es mandar, sino conducir, guiar y orientar a su familia. Si el niño ama y respeta a su padre, éste también desarrollará en el hijo el amor a la justicia y el respeto por la autoridad constituida.

De esta manera, cumplirá su deber para con la sociedad y recibirá la bendición divina. Y cuando un padre revela su afecto abnegado hacia su hijo, no hace más que ilustrar el amor infinito del Padre Celestial.

“Dichosos los padres cuya ternura, justicia y longanimidad interpretan al niño el amor, la justicia y la longanimidad de Dios” (El Hogar y la Salud, pág. 29).

Amigos padres: ustedes desean ser padres de éxito. Para ello les sugerimos pedir la bendición del Cielo. Dios estará junto a ustedes en el papel más importante que se les haya confiado en la vida. Como empresarios del hogar, actuando en estrecha colaboración mutua –tanto en la hora de la alegría como del dolor–, les asiste la divina promesa que dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10)

5. HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE

Digamos también dos palabras sobre los hijos. A ellos fue dado el único mandamiento que contiene una promesa: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20:12).

Honrar a aquellos que nos trajeron a la existencia es el privilegio de todo hijo. Y, ¿qué es el honrar, sino amar, , respetar, y demostrar el espíritu de gratitud?

Estimado alumno: Como hijos debemos honrar a nuestros padres y dignificarlos. Y si usted ya no tiene el gozo de su presencia, todavía puede honrarlos viviendo una vida honesta, como ellos desearían si viviesen. Así honrará su memoria.


La voz.org

lunes, 16 de mayo de 2011

6.- LA ESCUELA DEL HOGAR.


“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 06/10

¿Por qué ladra el perro? ¿Cómo es la casita del grillo cantor? ¿Quién estiró el pescuezo de la jirafa? Tales son algunas de las preguntas infantiles que al darles repuesta transforman a todo hogar en una escuela. Y no pocas veces los improvisados maestros, los padres, se ven en apuros para contestar otras preguntas, como las siguientes: “¿Qué hace el viento cuando no corre?” “¿Por qué una rosa es blanca y la otra roja?” A medida que los hijos crecen, las preguntas se hacen más complejas, y el hogar se transforma en una escuela formativa donde los padres actúan como maestros y consejeros, tal como lo veremos en la presente lección.

1. EL PAPEL EDUCATIVO Y FORMATIVO DEL HOGAR

El hogar no suplanta a la escuela, así como tampoco ésta puede reemplazar al hogar. Ambos deben colaborar estrechamente para una educación integral. En las aulas de las escuelas y los colegios se le impartirán al niño mayormente conocimientos en forma sistemática, En el hogar recibirá de sus padres un modelo para aplicar esos conocimientos en la vida. La escuela instruye; el hogar forma y educa desarrollando hábitos correctos. ¿De qué valdrá, por ejemplo, que la escuela le enseña a Pedrito que debe ser honrado, si luego nota en su hogar que su padre hurta materiales de la fábrica donde trabaja? Dichosos los hijos cuyos padres se dan cuenta cabal de que ellos son los maestros de la primera y más fundamental de todas las escuelas: el hogar.
La Biblia ya señalaba esta función paterna con las siguientes palabras: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

CUANDO COMENZAR
Cierta vez una joven madre concurrió con su hijito a consultar a un pedagogo.
–Deseo saber–dijo la señora –cuándo debo iniciar la educación de Carlitos.
–¿Qué edad tiene su chico, Sra. Gutiérrez?
–preguntó el profesional.
–Cinco años –repuso la madre.
El pedagogo hizo una pequeña cuenta y repuso:
–Calculo que la educación de Carlitos debió haber empezado hace 20 años.
–¿Cómo? No entiendo –dijo extrañada la madre.
–Sí señora, la educación de su hijo debió haber empezado muchos años atrás con la preparación suya, para ser la primera maestra de Carlitos.
¡Cuánta verdad contiene esta declaración del pedagogo! Desde las primeras horas de vida el niño empieza a adquirir hábitos y costumbres que afectarán toda su vida en forma negativa o positiva. Y para ese momento transcendente ya la madre y el padre deben estar preparados para enseñar en esa escuela sin igual.

QUÉ ENSEÑAR
El hogar es la escuela donde se enseña el arte de vivir, que abarca toda la vida. Y por tratarse de un arte tan esencial, nos referiremos a él, aunque tocando sólo algunos aspectos prácticos. En la próxima lección trataremos algo más acerca del tema.

He aquí algunas lecciones que los padres deben grabar en el carácter de sus hijos:
El orden, que abarcará desde cómo guardar sus juguetes, libros, etc., hasta la forma de usar su ropa y peinar su cabello.Higiene y limpieza, acerca de lo cual huelga todo comentario.
Sentimientos humanitarios, ya sea cultivando una planta o cuidando un animalito doméstico, o compartiendo los juguetes o la merienda con el compañero.
Manejo del dinero. Con la finalidad de desarrollar en los hijos el sentido de responsabilidad y administración, es bueno que ellos reciban una compensación monetaria por algún trabajito bien realizado. De esa manera comprenderán que el dinero se obtiene mediante un esfuerzo definido, en el que se debe dar lo mejor de sí. Luego, debe animárselos a formular un plan de gastos y ahorro. Esto les permitirá llevar sus cuentas, les dará nociones de cómo orientar las compras, etc.

Arte culinario: La madre que enseña a sus hijas el valor de los alimentos y la forma de presentar un menú sabroso y equilibrado, les hará un gran legado a ellas y a los hogares que puedan formar. Para los varones, el cultivo de un hobby o la enseñanza de un oficio les proporcionará un pasatiempo provechoso y los alejará de las influencias perniciosas de la calle.

La fe también es una de las grandes lecciones que deben impartirse en el hogar, pues enriquece la vida con el optimismo y la confianza. En medio de una dinámica tal, la escuela del hogar irá desarrollando en los hijos otros rasgos nobles de carácter, tales como el valor, el honor, el amor al trabajo, la cortesía, etc. Estas metas constituyen el anhelo más acariciado de los maestros del hogar, y para lograrlas nunca se recalcará lo suficiente la importancia que tiene el ejemplo de los padres. “La actitud de los padres no tarda en ser la actitud de los hijos. Si el padre y la madre son siempre corteses entre sí, los niños propenderán a serlo también. Las cosas que nunca se hacen en el hogar, rara vez llegan a ser hábitos de los niños. No es lo que se les dice que hagan o que no hagan, sino lo que oyen y ven, lo que afecta el desarrollo de la personalidad. No hay nada que los niños se deleiten más en hacer, que aquello que hace su padre y su madre. Y el poder del ejemplo supera de tal manera al del precepto que si podemos valemos de sólo uno de ellos, habremos de elegir forzosamente el primero: el ejemplo” (¿Basta el Amor?, pág. 27).

Por lo tanto, la lección más importante y objetiva de todas las que deben impartir los padres es el ejemplo de sus propias vidas.

2. AMOR Y DISCIPLINA

El amor y la disciplina son ingredientes indispensables de la fórmula ideal para regir la escuela del hogar. “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina”, dice la Biblia en Efesios 6:4.
Los padres deben apoyarse mutuamente para llevar a cabo “su plan” de educación en el hogar. Nunca deben presentar un frente dividido ante los hijos, pues éstos pronto tomarán partido con aquel que abandona la norma establecida. Así se introduce la desorientación, y los hijos pensarán que lo que se desea enseñar no es tan importante. Los hijos deben saber y sentir que se los ama. De este modo entenderán que toda exigencia es para su bien y para el bien del hogar. El padre que no corrige los malos hábitos de su hijo por no verlo sufrir, está practicando un amor mal entendido, y permitiendo que se desarrollen males que lo harán sufrir de veras en el futuro.

Queridos padres, si desean labrar un futuro feliz para su hijo, practiquen con él una disciplina amante, bondadosa, pero firme. He aquí algunos consejos útiles: No permitan que el hijo piense que es el centro del hogar y que todo debe girar en derredor de él.

Enséñenle a soportar valientemente las pequeñas desilusiones y pruebas, a fin de fortalecer su dominio propio. No le permitan hacer uso de todo lo que hay en la casa como si fuese exclusivamente suyo.
Nunca dejen pasar sin corrección la terquedad en su hijo. Desarraiguen todas estas tendencias antes de que se transformen en hábito.
Logren que practique la abnegación, el respeto y la consideración por la felicidad ajena. Enséñenle a subyugar el temperamento impulsivo, a retener la palabra apasionada, a manifestar invariablemente bondad, cortesía y dominio propio. Pero al cumplir esta delicada misión, no olviden que el hijo es una persona y que debe ser tratado como tal. Un niño no es un objeto, y su trato debe merecer toda consideración.

Muchas veces “los niños oyen hablar a los mayores abiertamente de ellos, ventilar sus defectos, divertirse de su sinceridad o manifestar sorpresa por ella. Sienten que a veces se ríen de ellos, y otras veces los pasan por alto. Los regañan cuando no tienen la menor noción de haber hecho algo malo, y los instan a que actúen delante de otras personas, sin ningún motivo que ellos puedan comprender. Con un programa tal, creen vivir en un mundo aparte del de los mayores, y su sentimiento subconsciente es que los adultos son seres diferentes de ellos, de los que conviene aprovecharse y mantenerse en guardia”
(¿Basta el Amor?, pág. 31).

Felices los padres que siendo adultos pueden “hacerse niños”, para entender a sus hijos, descubrir sus puntos de vista y animarlos a expresar sus sentimientos. En tal caso podrán ser excelentes maestros del arte de vivir y contarán con la aprobación de Dios. Con todo, muchas veces sentirán la necesidad de la ayuda divina y de la sabiduría que viene de lo Alto. Para recibirlas sólo les bastará pedirlas. Así lo asegura la Sagrada Escritura:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídale a Dios, el cual da a todos abundantemente ... y le será dada” (Santiago 1:5).

3. EL HOGAR DE JOSÉ Y MARÍA

Del hogar de José y la bienaventurada Virgen María podemos obtener una lección objetiva. Los padres de Jesús eran pobres y dependían de su trabajo diario para su sostén. Esto hizo que Jesús conociera la pobreza, la abnegación y las privaciones, lo cual redundó en salvaguardia para él. En su vida laboriosa no había momentos ociosos que invitasen a la disipación. No había horas vacías que prepararan el camino para compañías corruptas. En esta generación encontramos que los padres han descuidado peligrosamente educar a sus hijos en lo que es útil. A menudo la abundancia económica unida a la ociosidad, es la causa que lleva al vicio y a la delincuencia a un gran sector de la juventud moderna.

Esto mismo motivó la ruina de la tristemente célebre ciudad de Sodoma, cuyo nombre ha servido para caracterizar una lamentable desviación humana. De ella dice la Biblia: “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma ... soberbia, hartura de pan, y abundancia de ociosidad...” (Ezequiel 16:49). El hábito del trabajo útil, cuyo ejemplo nos dejó Jesús, es un aliado poderoso de los padres para librar a sus hijos de los malos pasos.

4. LOS PADRES COMO CONSEJEROS

Una de las mayores satisfacciones de los padres es la de ser amigos y consejeros de sus hijos. Para ellos, todo padre y madre debe ganar la confianza de sus hijos.
Una buena forma de lograrlo es contestando sus preguntas por embarazosas que sean, y mostrando sumo interés por ellas. Si no se procede así, los hijos perderán la confianza y buscarán consejos y orientación en la calle, donde a menudo los recibirán distorsionados y bajo los aspectos más negativos. Es muy vasta la gama de situaciones en la que los padres deben ser hábiles consejeros. Aquí trataremos sólo dos.

LA VOCACIÓN
Al conversar amigablemente con sus hijos, los padres deben intercambiar ideas y planes con ellos acerca del futuro. “¿Qué seré yo en la vida?”, tal la pregunta clave. En estas charlas se debe lograr que los hijos se pongan un ideal tan alto como sea posible. La vocación o carrera de la vida debe elegirse entre aquellas actividades por las cuales el joven o la señorita sienten una inclinación natural. Es pernicioso que los padres elijan la carrera del hijo. Debido a este proceder abundan los profesionales, obreros y empleados fracasados. Despertar un ideal y planear junto con el hijo la manera de alcanzarlo, es una experiencia emocionante para todo padre.

EL NOVIAZGO
Una vez elegida la manera en que servirá a la sociedad, ya sea en carreras profesionales, técnicas, u oficios manuales, la siguiente pregunta del hijo será:
“¿Con quién me casaré?” Siendo que a veces es difícil razonar con un enamorado, esta situación pone a prueba toda la capacidad de diálogo de un padre o de una madre. Pero si se ha ganado la confianza del hijo desde sus tiernos años, la tarea se verá facilitada.

¡Dichosos los hijos que ante tan difícil elección pueden escuchar buenos consejos de padres comprensivos y respetuosos! ¡Felices también los padres que pueden ayudar a sus hijos en este paso tan importante de la vida!

La voz.org

domingo, 15 de mayo de 2011

5.- LA BELLEZA DE VIVIR EN FAMILIA.


“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 05/10

El hogar de los esposos Martínez estaba enfermo de tristeza. En contados meses habían fallecido los dos hijos menores, preciosos niños de pocos años de edad.
El padre estaba deshecho por el dolor. Había perdido el apetito, y durante semanas no podía conciliar el sueño, su salud estaba completamente quebrantada.  Pero cierto día el hijito de cuatro años que aún les quedaba, le dijo a su papá: “Papito, ¿por qué no juegas conmigo? Ayúdame a hacer un barquito”. Y durante dos horas el padre se entretuvo con su pequeño haciéndole un hermoso barquito. Esas fueron las primeras horas de paz mental que conoció el padre, después de meses de angustioso dolor. Esa noche pudo dormir. Al día siguiente mejoró su apetito.
De allí en adelante, cada día dedicó un momento para convivir alegremente con su hijito. Su dolor se fue desvaneciendo y la felicidad retornó al hogar.
Este caso verídico ilustra cuán importante y hermoso es el compañerismo familiar. Precisamente, tal será el tema de esta lección. Pero antes de abordarlo de lleno, digamos algo acerca de la paternidad y la presencia de los hijos en el hogar. El propósito supremo del matrimonio es la formación de la familia, con hijos que alegren el corazón de sus padres. La conocida frase de que “un hogar sin hijos es como un jardín sin flores”, afirma que la felicidad conyugal sólo puede ser completa con la presencia de hijos debidamente formados. Esto, sin embargo, no significa que cuando un matrimonio carece de armonía, la solución consiste en traer hijos al mundo. “Cuando los cónyuges no congenian y tienen dificultades en fusionar su personalidad, es mejor que resuelvan sus diferencias antes de traer deliberadamente otras vidas al hogar para compartir sus desgracias. No es justo que a un niño se lo traiga a un hogar donde reina la discordia” (H. Shryock, El Secreto de la Dicha Conyugal, pág. 217).

1. LA EXPERIENCIA DE LA PATERNIDAD
La experiencia de ser padres produce un gozo desbordante. La llegada de cada hijo es como si se tratara de un valioso obsequio, de una pieza única, que brinda contentamiento a sus poseedores. Efectivamente, los hijos son un regalo de Dios a los padres. Pero la paternidad, además de ser un gozo, es un privilegio que proporciona madurez y bendición a los padres. El hombre y la mujer se vuelven más tiernos, comprensivos y joviales cuando se entregan de corazón a la tarea de criar a un hijo. Y como los niños deben aprender de los mayores, también éstos pueden aprender grandes lecciones de sus hijos acerca de la vida, mientras se ocupan en educarlos.
Además de un privilegio, la paternidad entraña también una sagrada responsabilidad que incluye mucho más que el brindar instrucción, ropa o comida a los hijos. Implica sobre todo formarlos para la vida, ayudarles a desarrollar un buen carácter y encender en ellos la chispa de un noble ideal. Y esta obra trascendente no sólo demanda el sano consejo, sino también el buen ejemplo de los padres. Esta es una tarea en la cual han de participar por igual tanto el padre como la madre, recordando que tendrán que dar cuenta a Dios de la manera en que cumplan tan sagrado cometido. GOZO, PRIVILEGIO, RESPONSABILIDAD: tal la experiencia de la paternidad.

2. EL HIJO QUE NO LLEGÓ
Es frecuente encontrar familias compuestas por los padres y un solo hijo. Hubo intentos reiterados por aumentar la prole, pero por diversos motivos los otros hijos nunca llegaron. En tal caso, cuánta sabiduría deben ejercer los padres, a fin de no echar a perder al hijo único con una sobrecarga afectiva que se concentre en su persona. En otros casos, los esposos simplemente no han podido tener hijo alguno.
Se han sometido pacientemente a tratamientos médicos, pero la concepción no se ha producido. El resultado es un lamentable sentimiento de frustración. Para los esposos que se encuentran en tal condición, qué solución tan sencilla y efectiva puede ser la adopción de una o varias criaturas. Procediendo con prudencia, acatando la ley civil vigente, y tomando en cuenta los factores de la edad (tanto de la criatura como de los padres adoptivos), la adopción de un hijo, fuera de ser una obra altamente humana y cristiana, puede llenar de felicidad la vida de los padres. Estos hijos, debidamente integrados en el círculo familiar, podrán responder con la misma medida de afecto que se les brinde y podrán ser una gran bendición en la sociedad.
Los cambios saludables que se producen en todo buen hogar cuando llegan los hijos hacen aconsejable su adopción cuando no se los puede procrear.

3. COMPAÑEROS DE LOS HIJOS
La comunicación afectuosa entre padres e hijos crea el verdadero clima de una familia feliz. No puede existir amistad, unidad o armonía familiar si no existe una sana comunicación entre los miembros del hogar. Y eso que parece tan obvio y elemental, se descuida sin embargo con suma frecuencia, especialmente en las grandes urbes, donde la agitada vida ciudadana produce cansancio y fatiga emocional entre la gente, indisponiéndola para la apacible tertulia familiar. Y así, por ejemplo, es fácil encontrar al esposo, que al regresar a la casa por la noche, quizá se concentre en la lectura del diario o mirando televisión, sumido en silencio y desconectado del resto de los suyos. Comunicado con el mundo exterior mediante las noticias, pero incomunicado con el propio mundo de su hogar.

4. BENEFICIOS DEL COMPAÑERISMO FAMILIAR
Señalemos concretamente algunos de los beneficios del compañerismo entre padres e hijos:
1. Los padres aprenden a conocer a sus hijos, a interpretar sus reacciones, anhelos e ideales. Los padres pasan a ser los mejores amigos de sus hijos y éstos de sus padres.
2. Se crea en el hogar un clima social que disipa la tristeza y fomenta la alegría. Todos se gozan viviendo en familia; ninguno se siente solo.
3. Facilita la tarea de disciplinar a los hijos. Los padres que son amigos de sus hijos reducen sensiblemente los problemas de conducta filial.
4, Los padres mantienen un espíritu juvenil, mientras que los hijos maduran más rápidamente, cuando existe entre ellos una sana comunicación.
5. Se crean vínculos de afecto y amistad también entre los hermanos, evitándose así los celos y las discordias entre ellos.
6. Se desarrolla la confianza mutua entre padres e hijos, y éstos acuden a sus padres con la seguridad de ser comprendidos y bien aconsejados. Y cuando llega la edad de las grandes preguntas, los hijos no buscarán explicaciones afuera sino la que sus padres sepan darles.
7. El hogar se convierte en el sitio más placentero de la tierra, con lo cual los esposos aseguran su fidelidad conyugal y los hijos rechazan los “atractivos” de la calle.

5. QUÉ DECIR, QUÉ HACER
A veces los padres vacilan antes de ponerse a charlar con sus hijos. “¿Qué tema conviene abordar? Y si los chicos preguntan algo sobre el sexo, ¿qué les diremos?” Tales algunas de las preguntas que suelen formularse los padres. Y sin embargo, no deberían ser motivo de preocupación, porque con los hijos se debe proceder con lealtad, franqueza, confianza y amistad, atendiendo sus inquietudes sin crear tabúes innecesariamente. Los hijos quieren saber y aprender. Y si los padres están capacitados para ser sus maestros, ¿por qué soslayar tan importante función? Y si no poseen esta capacidad, ¿no deberían esforzarse e ilustrarse para poseerla?
Tanto el niño como el adolescente necesitan encontrar respuestas satisfactorias– acordes con su edad– a sus interrogantes y a su sed de conocer.
Todo lo positivo eleva. Pero cuando las conversaciones incluyen chismes, críticas, envidia, odio o impureza, entonces la atmósfera familiar se torna  sombría y queda enferma con malos sentimientos. Y ya que estamos en el tema, digamos que el tono con que se habla también reviste importancia, El tono sereno y confiado, tierno y afectuoso, predispone el ánimo de la familia para cultivar el sano compañerismo. Pero cuando se utiliza el tono nervioso y autoritario el clima de la amistad se resiente.
La vida social del hogar no debiera cultivarse exclusivamente dentro de la casa. La recreación al aire libre, los paseos y las comidas en contacto con la naturaleza son elementos que tonifican el cuerpo y el espíritu, a la vez que enriquecen la unidad de la familia.

6. CÓMO ES MI HOGAR
Después de haber considerado el tema de esta lección, usted como padre, o madre, comprenderá que el compañerismo con los hijos es indispensable para la felicidad familiar. El “vivir en familia” es una de las mayores delicias que puede experimentar un ser humano. Pero este clima de belleza hogareña no se produce por simple casualidad. Hay que crearlo y cultivarlo cada día, con espíritu de amor, de amistad, de comprensión y de perdón. Y dicho espíritu debe existir primeramente en el corazón de los padres.
Los esposos deben dispensarse mutuamente amor, amistad y comprensión. Y cuando exista entre ellos esta dulce comunicación conyugal, entonces sí será fácil lograr que los hijos participen de la misma modalidad.

Padre o Madre, pregúntese usted:
1. ¿Soy realmente amigo de mi cónyuge? ¿Se dan cuenta de ello mis hijos?
2. ¿Qué hago yo para mantener en mi hogar un clima saludable de amistad con mis hijos?
3. ¿Soy amigo de mis hijos? ¿Dedico algún tiempo para conversar, jugar, pasear y trabajar con ellos?
4. ¿Se gozan en mi compañía mis hijos, o la rehúyen prefiriendo otras compañías ajenas al hogar?
5. ¿Mis hijos son confidentes conmigo? ¿Soy comprensivo con ellos, y estoy capacitado para aconsejarlos en todos sus problemas?
6. Si tenemos dificultad para criar a nuestros hijos, ¿no será porque hemos dejado de ser sus amigos?
7. ¿Soy justo en el trato con mis hijos, o tengo mis preferidos?
8. Como padre, ¿me cultivo lo suficiente, para saber alternar con mis hijos aunque ellos tengan una mayor instrucción?

Usted hijo, pregúntese:
1. ¿Acepto la amistad de mis padres? ¿Soy confidente con ellos?
2. ¿Soy amigable y compañero con mis hermanos?
3. ¿Gozo estando en casa, o prefiero estar con mis amigos, lejos de mis padres?
4. ¿Soy cariñoso y respetuoso con mis padres, al punto de que ellos se sienten gozosos a mi lado?
5. Cuando ellos planean salir de vacaciones, ¿los acompaño gustosamente?

Mientras usted medita en las preguntas precedentes y toma las mejores resoluciones en relación con ellas, le invitamos a continuar estudiando las cinco lecciones restantes de nuestro curso.

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