sábado, 5 de enero de 2013

XI) LOS PROBLEMAS EMOCIONALES: 48. “La Culpa”


La culpa malogra las fuerzas vitales.-
Las penas, la ansiedad, el descontento, el remordimiento, el sentimiento de culpabilidad y la desconfianza menoscaban las fuerzas vitales, y llevan al decaimiento y a la muerte.­ MC 185 (1905).
Cómo liberarse de la culpa.-
Este sentimiento de culpa debe ser depositado a los pies de la cruz del Calvario. La sensación de pecaminosidad ha emponzoñado las fuentes de la vida y de la verdadera felicidad. Pero ahora Jesús le dice: Deposítalo todo en mí; yo tomaré tus pecados, te daré paz. No sigas destruyendo tu respeto propio, porque yo te he comprado por el precio de mi propia sangre. Eres mío; fortaleceré tu voluntad debilitada; eliminaré el remordimiento que te causa el pecado.
Por lo tanto, vuelva su corazón, tembloroso por causa de la incertidumbre, y aférrese de la esperanza que se le extiende. Dios acepta su corazón quebrantado y contrito. Le ofrece ampliamente el perdón. Le ofrece adoptarlo en el seno de su familia, y le ofrece su gracia que lo ayudará en sus debilidades; y el amado Jesús lo conducirá paso a paso si Ud. está dispuesto a poner su mano en la suya y dejar que lo guíe.­ Carta 38, 1887.
Jesús perdona a pesar de la culpa.-
Satanás trata de apartar nuestra mente del poderoso Ayudador para inducirnos a pensar en la degeneración de nuestra alma. Pero aunque Jesús ve la culpa del pasado, pronuncia palabras de perdón, y no debemos deshonrarlo dudando de su amor.­TM 518 (1914).

Su amor libera de la culpa.-
El amor que Cristo infunde en todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio las energías más potentes de nuestro ser despiertan y entran en actividad. Libera al alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida. Con él vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida.­ MC 78 (1905).
El mayor pecador necesita al mayor Salvador.-
Si Ud. cree que es el mayor de los pecadores, lo que necesita es Cristo; el mayor de los salvadores. Levante la cabeza y contemple fuera de sí mismo, más allá de su pecado, al Salvador levantado; más allá de la venenosa mordedura de la serpiente, al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.­ Carta 98, 1893.
El dará descanso.-
El llevó el peso de nuestra culpa. También quitará la carga de nuestros hombros cansados. Nos dará descanso. Llevará por nosotros la carga de nuestros cuidados y penas. Nos invita a echar sobre él todos nuestros afanes; pues nos lleva en su corazón.­ MC 47 (1905).

No todos los pecados son de la misma magnitud.-
No todos los pecados son de igual magnitud delante de Dios; hay diferencia de pecados a su juicio, como la hay a juicio de los hombres; sin embargo, aunque este o aquel acto malo puedan parecer frívolos a los ojos de los hombres, ningún  pecado es pequeño a la vista de Dios. El juicio de los hombres es parcial e imperfecto; mas Dios ve todas las cosas como realmente son. El borracho es detestado y se le dice que su pecado lo excluirá del cielo, mientras que el orgullo, el egoísmo y la codicia pasan muchísimas veces sin condenarse. Sin embargo, éstos son pecados que ofenden especialmente a Dios; porque son contrarios a la benevolencia de su carácter, a ese amor desinteresado que es la atmósfera misma del universo que no ha caído. El que cae en alguno de los pecados más groseros puede avergonzarse y sentir su pobreza y necesidad de la gracia de Cristo; pero el orgullo no siente ninguna necesidad y así cierra el corazón a Cristo y a las infinitas bendiciones que él vino a derramar.­ CC 28, 29 (1892).
El culpable necesita un enfoque positivo.-
Nadie mejorará nunca mediante la acusación y la recriminación. Hablarle de su culpa al alma tentada no le inspirará la determinación de mejorar. Al equivocado y desanimado señálele a Aquel que es capaz de salvar hasta lo sumo a todos los que acuden a él. Muéstrele lo que puede llegar a ser. Dígale que en él no hay nada que lo pueda recomendar a Dios, pero que Cristo murió para que él pudiera ser aceptado por el Amado. Transmítale esperanza, mostrándole que en Cristo hay fuerza para obrar mejor. Ponga delante de él las posibilidades que el Cielo le da. Señálele las alturas que puede alcanzar. Ayúdele a aferrarse de la misericordia del Señor, a confiar en su poder perdonador. Jesús está esperando para tomarlo de la mano, para darle poder a fin de vivir una vida noble y virtuosa.­ Ms 2, 1903.
Satanás infunde sentimiento de culpa.-
El pueblo de Dios está representado aquí [Zacarías capítulo 3] por un criminal en el juicio. Josué, como sumo sacerdote, está pidiendo una bendición para su pueblo, que está en gran aflicción. Mientras está intercediendo delante de Dios, Satanás está a su diestra como adversario suyo. Acusa a los hijos de Dios,  y hace aparecer su caso tan desesperado como sea posible. Presenta delante del Señor sus malas acciones y defectos. Muestra sus faltas y fracasos, esperando que aparezcan de tal carácter a los ojos de Cristo que él no les preste ayuda en su gran necesidad. Josué, como representante del pueblo de Dios. está bajo la condenación, vestido de ropas inmundas. Consciente de los pecados de su pueblo, se siente abatido por el desaliento. Satanás oprime su alma con una sensación de culpabilidad que lo hace sentirse casi sin esperanza. Sin embargo, ahí está como suplicante, frente a la oposición de Satanás.­ PVGM 131 (ed. PP); 115 (ed. ACES) (1900).

No reclamó las promesas de Dios.-
Desde entonces he pensado que muchos de los pacientes internados en los asilos de enfermos mentales, fueron llevados allí por experiencias similares a la mía. Sus conciencias estaban heridas por la sensación de pecado, y su fe temblorosa no se atrevía a reclamar las promesas del perdón de Dios. Escuchaban las descripciones del infierno enseñado por la ortodoxia, hasta que les parecía que la misma sangre se les coagulaba en las venas, y grababa a fuego una impresión en las tablas de su memoria. Despiertos o dormidos, el terrible cuadro estaba siempre delante de ellos, hasta que la realidad se perdió en la imaginación. y sólo podían ver las llamas ondulantes de un infierno fabuloso, y podían oír sólo los agudos gritos de los condenados. La razón fue destronada, y el cerebro se llenó de la salvaje fantasía de un sueño terrible. Los que enseñan la doctrina del infierno eterno harían bien en investigar más detenidamente cuál es la autoridad que refrenda una creencia tan cruel.­ 1T 25, 26 (1855).
Las crisis a menudo indican la Fuente de fortaleza.-
Dios a menudo conduce a los hombres a una crisis para mostrarles cuáles son sus debilidades, y para señalarles la Fuente de la fortaleza. Si oran y velan en oración, y luchan con valentía, sus puntos débiles se convertirán en puntos fuertes.  La experiencia de Jacob contiene varias lecciones valiosas para nosotros. Dios le enseñó que con su propia fuerza nunca lograría la victoria, y que tenía que luchar con Dios para alcanzar fuerza de lo alto.­ Ms 2, 1903.
Recordemos la gracia de Cristo.-
Cuando Jacob pecó, engañando a Esaú, y huyó de la casa de su padre, estaba abrumado por el sentimiento de culpa. Solo y abandonado como estaba, separado de todo lo que le hacía preciosa la vida, el único pensamiento que sobre todos los otros oprimía su alma, era el temor de que su pecado lo hubiera apartado de Dios, que fuese abandonado del cielo.
En medio de su tristeza, se recostó para descansar sobre la tierra desnuda. Lo rodeaban sólo las solitarias montañas, y la bóveda celeste lo cubría con su manto de estrellas. Mientras dormía, una luz extraordinaria se le apareció en su sueño; y he aquí, de la llanura donde estaba recostado, una inmensa escalera simbólica parecía conducir a lo alto, hasta las mismas puertas del cielo, y los ángeles de Dios subían y descendían por ella; al paso que de la gloria de las alturas se oyó la voz divina que pronunciaba un mensaje de consuelo y esperanza. Así hizo Dios conocer a Jacob aquello que satisfacía la necesidad y el ansia de su alma: un Salvador. Con gozo y gratitud vio revelado un camino por el cual él, como pecador, podía ser restaurado a la comunión con Dios. La mística escalera de su sueño representaba a Jesús, el único medio de comunicación entre Dios y el hombre.­ CC 18, 19 (1892).

La culpa es causa de muchas enfermedades.-
El paralítico halló en Cristo curación, tanto para el alma como para el cuerpo. La curación espiritual fue seguida por la restauración física. Esta lección no debe ser pasada por alto. Hay hoy día miles que están sufriendo de enfermedad física y que, como el paralítico, están anhelando el mensaje: "Tus pecados te son perdonados". La carga de pecado, con su intranquilidad y deseos no satisfechos es el fundamento de  sus enfermedades. No pueden hallar alivio hasta que vengan al Médico del alma. La paz que él sólo puede dar, impartiría vigor a la mente y salud al cuerpo.­ DTG 235, 236 (1898).
La ignorancia no elimina la culpa.­
Si hubiesen sabido que estaban torturando a Aquel que había venido para salvar a la raza pecaminosa de la ruina eterna, el remordimiento y el horror se habrían apoderado de ellos. Pero su ignorancia no suprimió su culpabilidad, porque habían tenido el privilegio de conocer y aceptar a Jesús como su Salvador.­ DTG 694 (1898).
La gravedad de la culpa no disminuye al excusar el pecado.-
No deberíamos tratar de disminuir la gravedad de la culpa excusando el pecado. Debemos aceptar la evaluación que Dios hace del pecado, y ésta es ciertamente muy seria. Sólo el Calvario puede revelar la enormidad del pecado. Si tuviéramos que soportar nuestra propia culpa, ésta nos aplastaría. Pero quien no tuvo pecado tomó nuestro lugar; aunque no lo merecíamos, llevó nuestra iniquidad. "Si confesamos nuestros pecados, él [Dios] es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1: 9).­ Ms 116, 1896.

Las almas humilladas reconocen la culpa.-
Los que no han humillado sus almas delante de Dios mediante el reconocimiento de su culpa, no han cumplido todavía la primera condición de la aceptación. Si no hemos experimentado el arrepentimiento, del cual no hay que arrepentirse, y no hemos confesado nuestro pecado con verdadera humillación del alma y con un espíritu quebrantado, aborreciendo nuestra iniquidad, nunca hemos procurado verdaderamente el perdón del pecado; y si no lo hemos buscado nunca, nunca hemos encontrado tampoco la paz de Dios. La única razón por la cual posiblemente no hemos recibido la remisión de los pecados pasados, consiste en que no hemos estado dispuestos  a humillar nuestros orgullosos corazones y a cumplir las condiciones de la palabra de verdad.
Se ha dado instrucción definida respecto de este asunto. La confesión del pecado, ya sea en público o en privado, debe provenir del corazón y debe ser expresada libremente. No se la debe extraer del pecador. No se la debe hacer con ligereza y en forma descuidada, o extraída a la fuerza de gente que no tiene una clara idea del carácter aborrecible del pecado. La confesión mezclada con lágrimas y dolor, que brota de lo más profundo del alma, encuentra el camino que conduce al Dios de infinita piedad. Dice el salmista: "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu".­ 5T 636, 637 (1889).
Esencial para eliminar el pecado.-
Aquí es donde Ud. cae en condenación: Ud. continúa en pecado. Con la fuerza de Cristo deje de pecar. Se ha hecho toda provisión para que la gracia more en Ud., para que el pecado aparezca siempre tan odioso como es, es decir, como pecado. "Si alguno peca", no debe abandonarse a la desesperación ni hablar como si estuviera perdido para Cristo.­ Carta 41, 1893.
Dios perdona a todos los que acuden a él.-
Dios condena justicieramente a todo el que no hace de Cristo su Salvador personal, pero perdona a cada alma que acude a él con fe, y la capacita para realizar las obras de Dios y para ser una con Cristo por la fe. . . El Señor ha provisto todo lo necesario para que el hombre pueda alcanzar la salvación plena y gratuita, y sea completo en él. El propósito de Dios es que sus hijos tengan los brillantes rayos del Sol de justicia, que todos tengan la luz de la verdad. Dios ha proporcionado la salvación al mundo a un costo infinito, nada menos que la dádiva de su Hijo unigénito. El apóstol pregunta: "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Rom. 8: 32). Por lo tanto, si no somos salvados, la  falta no será de Dios, sino nuestra por haber dejado de cooperar con los instrumentos divinos. Nuestra voluntad no ha coincidido con la voluntad de Dios.­ 1MS 440 (1892).

Esperanza para todos*
Nadie tiene por qué entregarse al desaliento ni a la desesperación. Puede Satanás presentarse a ti, insinuándote despiadadamente: "Tu caso es desesperado. No tienes redención". Hay sin embargo esperanza en Cristo para ti. Dios no nos exige que venzamos con nuestras propias fuerzas. Nos invita a que nos pongamos muy junto a él. Cualesquiera sean las dificultades que nos abrumen y que opriman alma y cuerpo, Dios aguarda para liberarnos.­MC 192 (1905).

(Mente, Carácter y Personalidad 2 de E.G. de White)

X) LA SALUD MENTAL 47. “La Higiene Mental”


Las facultades mentales dependen de la salud.-
La salud es una bendición cuyo valor pocos aprecian; no obstante, de ella depende grandemente la eficiencia de nuestras facultades mentales y físicas. Nuestros impulsos y pasiones tienen su asiento en el cuerpo, y éste debe ser mantenido en la mejor condición física y bajo las influencias más espirituales a fin de dar el mejor uso a nuestras aptitudes. Todo lo que merma la fuerza física, debilita la mente y la hace menos capaz de discernir entre el bien y el mal.­ MJ 233 (1912).
Todas las facultades pueden ser cultivadas.-
Muchos no están haciendo la mayor suma de bien, porque ejercitan el intelecto en una dirección y descuidan de dar atención esmerada a aquellas cosas para las cuales piensan que no se adaptan. Dejan así dormir algunas facultades débiles, porque la obra que las ejercitaría, y por consiguiente las fortalecería, no les agrada. Deben ejercitarse y cultivarse todas  las facultades de la mente. La percepción, el juicio, la memoria y todas las potencias del raciocinio deben tener igual fuerza a fin de que la mente esté bien equilibrada.­ 1JT 290 (1872).
No descuidemos las facultades débiles.-
Es agradable, pero no muy provechoso, ejercer aquellas facultades que son por naturaleza más fuertes, mientras descuidamos las débiles, que necesitan ser fortalecidas. Las facultades más débiles deben recibir cuidadosa atención, a fin de que todas las potencias del intelecto queden bien equilibradas y hagan su parte como una maquinaria bien regulada. Dependemos de Dios para la preservación de todas nuestras facultades. En su relación con Dios, los cristianos se hallan en la obligación de educar su mente de manera que todas las facultades queden fortalecidas y se desarrollen más plenamente. Si descuidamos esto, nunca alcanzarán aquellas el propósito para el cual fueron destinadas. No tenemos derecho a descuidar ninguna de las facultades que Dios nos ha dado. Vemos monomaníacos en todas partes. Con frecuencia son cuerdos acerca de todos los temas menos uno. La razón de ello es que un órgano de la mente se ejercitó especialmente mientras se dejó dormir a los demás. El que estuvo en constante uso se gastó y enfermó, y el hombre naufragó. Dios no fue glorificado por esta conducta. Si el hombre hubiese ejercitado de igual manera todos los órganos, éstos habrían alcanzado un desarrollo sano; no se habría impuesto todo el trabajo a uno y por lo tanto, ninguno se habría arruinado.­ 1JT 291 (1872).

La mente se estimula cuando tiene un propósito.-
Deberíamos tener un objetivo, un propósito en la vida. Si no hay propósito, hay inclinación a la indolencia; pero donde hay en vista un objetivo suficientemente importante, todas las facultades de la mente se pondrán en espontánea actividad. Para lograr el éxito en la existencia, los pensamientos deben  estar permanentemente fijos en el objeto de la vida, y no se los debe dejar vagar, ni que se ocupen en cosas sin importancia, ni que se satisfagan con una ociosa meditación contemplativa, que es el resultado de esquivar la responsabilidad. La edificación de castillos en el aire deprava la mente.­ 2T 429 (1870).
El estómago sobrecargado debilita las facultades mentales.-
Generalmente no se enseña a los niños la importancia de cuándo, cómo y qué deben comer. Se les permite satisfacer sus gustos a voluntad, comer a toda hora, servirse fruta cuando les da la gana, y esto, acompañado de pasteles y tortas, pan, mantequilla y fiambres que consumen constantemente, los vuelve golosos y dispépticos. Los órganos digestivos, como molino que se hace trabajar sin cesar, se debilitan, se exige la fuerza vital del cerebro, para que auxilie al estómago en su recargo de trabajo, y así las facultades mentales se debilitan. El estímulo anormal y el desgaste de las fuerzas vitales los vuelve nerviosos, impacientes por la restricción, dominados por su voluntad e irritables.­ CRA 215 (1877).
El desarrollo como resultado del esfuerzo.-
Debe enseñarse a los niños que el desarrollo tanto de las facultades mentales como de las físicas depende de ellos; es el resultado del esfuerzo.­ CN 191 (1882).

Leyes inmutables.-
Los hábitos físicos correctos promueven la superioridad mental. El poder intelectual, la fuerza física y la longevidad dependen de leyes inmutables.­ CRA 33 (1890).
La mente se fortalece cuando se la trata correctamente.-
Los que desempeñan cargos de confianza deben hacer diariamente resoluciones de gran trascendencia. A menudo deben pensar con rapidez, y esto sólo pueden hacerlo con éxito los que practican la estricta templanza. La mente se fortalece  con las facultades físicas e intelectuales. Si el esfuerzo no es demasiado grande, cada nueva tarea añade nuevo vigor.
No obstante, muchas veces el trabajo de los que tienen planes de acción importantes que estudiar y decisiones no menos importantes que tomar, queda siniestramente afectado por un régimen alimentario impropio. El desarreglo del estómago perturba la mente. A menudo causa irritabilidad, aspereza e injusticia. Más de un plan de acción que hubiera podido ser beneficioso para el mundo se ha desechado; más de una medida injusta, opresiva y aun cruel ha sido llevada a cabo en consecuencia de un estado morboso proveniente de hábitos dietéticos erróneos.­ MC 238 (1905).
Hay que evitar el exceso de trabajo.-
He oído acerca de muchos obreros cuya salud se está quebrantando debido a la presión de las cargas que llevan. Esto no tiene por qué ser así. Dios desea que recordemos que somos mortales. No debemos abarcar demasiado en nuestra obra. No debemos mantenernos bajo tal presión que nuestras facultades físicas y mentales lleguen a agotarse. Se necesitan más obreros a fin de quitar algunas de las cargas de los que ahora las soportan pesadamente.­ Ev 479 (1904).

Viviendo dos años en uno solo.-
Al alumno que desea realizar en un año el trabajo de dos años, no se le debe permitir salirse con la suya. Pretender realizar un doble trabajo significa, para muchos, recargar en exceso la mente y descuidar el ejercicio físico. No es razonable suponer que la mente puede asimilar una provisión excesiva de alimento mental; y recargar la mente es un pecado tan grande como recargar los órganos digestivos.­ CM 282 (ed. PP); 227 (ed. ACES) (1913).
El estudio excesivo debilita el dominio propio.- *
El exceso  de estudio, al incrementar la afluencia de sangre al cerebro, produce una excitación enfermiza que tiende a debilitar el dominio propio, y con demasiada frecuencia da lugar al impulso o al capricho. De ese modo se abre la puerta a la impureza. El uso indebido o la falta de uso de las facultades físicas es, en gran medida, la causa de la corriente de corrupción que se extiende por el mundo. La "soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad" son enemigos tan fatales del progreso humano en esta generación, como cuando causaron la destrucción de Sodoma.­ Ed 209 (1903).
Variemos los temas de los pensamientos.-
Cuando se persiste exclusivamente en una determinada línea de pensamiento, a menudo la mente se desequilibra. Pero pueden emplearse sin peligro todas las facultades si se ejerce equilibrio en el uso de las aptitudes físicas y mentales y si los temas de pensamiento son variados.­ Ed 209 (1903).

No hay que descuidar el estudio de las ciencias.-
Si comprendiéramos plenamente nuestras oportunidades y privilegios, se podría llevar a cabo mucho más en la obra de la autoeducación. La verdadera educación significa más que lo que los colegios pueden dar. Aunque no se debe descuidar el estudio de las ciencias, existe una preparación más elevada que ha de obtenerse mediante una relación vital con Dios. Tome cada estudiante su Biblia y póngase en comunión con el gran Maestro. Edúquese y disciplínese la mente para luchar con problemas arduos en la búsqueda de la verdad divina.­ PVGM 269 (ed. PP); 234 (ed. ACES) (1900).
El aire impuro afecta las facultades mentales.-
Muchos se quejan continuamente de diversas indisposiciones, y sufren a causa de ellas. Esto ocurre casi siempre porque no trabajan prudentemente ni observan las leyes de la salud. Pasan mucho tiempo dentro de la casa, en habitaciones calefaccionadas llenas de aire impuro. Ahí se dedican con  ahínco a estudiar o a escribir, sin hacer mucho ejercicio físico y con poco cambio de actividad. Como consecuencia de ello la sangre circula con lentitud y las facultades de la mente se debilitan.­ 4T 264 (1876).
Evitemos las prácticas que debilitan.-
Toda costumbre que tiende a debilitar la fuerza física o mental incapacita al hombre para el servicio a su Creador.­ CS 527 (1885).

Cómo conservar las facultades mentales.-
El que cultiva la sencillez en todos sus hábitos, reprimiendo el apetito y controlando las pasiones, puede preservar la fortaleza, la actividad y el vigor de sus facultades mentales. Estas estarán prontas para percibir cualquier cosa que demande pensamiento o acción, serán agudas para discriminar entre lo santo y lo impío, y estarían listas para ocuparse de todo lo que sea para la gloria de Dios y el beneficio de la humanidad.­ 2CBA 1000 (1881).
La corriente eléctrica afecta los poderes vitales.-
La inacción física no sólo disminuye el poder mental, sino también el moral. Los nervios del cerebro, que conectan todo el organismo, constituyen el medio por el cual el cielo se comunica con el hombre y afecta la vida íntima. Todo lo que perturbe la circulación de la corriente eléctrica en el sistema nervioso, debilitando así las facultades vitales y disminuyendo la sensibilidad mental, dificulta la tarea de despertar la naturaleza moral.­ Ed 209 (1903).
Pensamiento independiente y discriminación moral.-
La educación que consiste en adiestrar la memoria tiende a desalentar la reflexión personal, ejerce una influencia moral que se aprecia demasiado poco. Al renunciar el estudiante a la facultad de razonar y juzgar por sí mismo, se incapacita para distinguir la verdad y el error, y es fácil presa del engaño. No cuesta inducirlo a seguir la tradición y la costumbre.­Ed 230 (1903).

Preparados para lograr la más elevada eficiencia.-
Tanto las facultades físicas como las mentales, con sus afectos, deben ser preparadas para alcanzar la más elevada eficiencia.­ Folleto The Circulation of Our Health Journals [La circulación de nuestras revistas de salud], p. 1, 1901; (CH 445).
El estudio de la naturaleza fortalece el carácter.-
En estas lecciones que se obtienen directamente de la naturaleza hay una sencillez y una pureza que las hace del más elevado valor. Todos necesitan las enseñanzas que se han de sacar de esa fuente. Por sí misma, la hermosura de la naturaleza lleva al alma lejos del pecado y de las atracciones mundanas y la guía hacia la pureza, la paz y Dios. Demasiado a menudo las mentes de los estudiantes están ocupadas por las teorías y especulaciones humanas, falsamente llamadas ciencia y filosofía. Necesitan ponerse en íntimo contacto con la naturaleza. Aprendan ellos que la creación y el cristianismo tienen un solo Dios. Sean enseñados a ver la armonía de lo natural con lo espiritual. Conviértase todo lo que ven sus ojos y tocan sus manos en una lección para la edificación del carácter. Así las facultades mentales serán fortalecidas, desarrollado el carácter, y ennoblecida la vida toda.­ PVGM 14 (1900).
El estudio de la Biblia da poder a la mente.- *
Los que desean ardientemente obtener conocimiento para ser una bendición a sus semejantes, recibirán ellos mismos la bendición de Dios. Mediante el estudio de su Palabra sus facultades mentales serán despertadas a una actividad fervorosa. Se producirá una expansión y un desarrollo de las facultades, y la mente adquirirá poder y eficiencia.­PVGM 269 (ed. PP); 234 (ed. ACES) (1900).
La conversión elimina las tinieblas de la ignorancia.-
En la Biblia se revela la voluntad de Dios. Las verdades de la Palabra de Dios son la expresión del Altísimo. El que convierte esas verdades en parte de su vida llega a ser en todo sentido una nueva criatura. No recibe nuevas facultades mentales; en cambio, desaparecen las tinieblas que debido a la ignorancia y el pecado entenebrecían su entendimiento. "Te daré un corazón nuevo" quiere decir: "Te daré una mente nueva". Al cambio de corazón lo acompaña siempre una clara convicción del deber cristiano, y la comprensión de la verdad. El que con oración da atención estricta a las Escrituras tendrá conceptos claros y juicios sanos, como si al volverse hacia Dios hubiera alcanzado un plano superior de inteligencia.­ MeM 24 (1913).


(Mente, Carácter y Personalidad 2 de E.G. de White)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

X) LA SALUD MENTAL 46. “Las Relaciones Humanas”


Ley de la dependencia mutua.-
Todos nosotros estamos entretejidos en la gran tela de la humanidad, y todo cuanto hagamos para beneficiar y ayudar a nuestros semejantes nos beneficiará también a nosotros mismos. La ley de la dependencia mutua afecta e incluye a todas las clases sociales.­ PP 575 (1890).
Los seres humanos se necesitan mutuamente.-
En el plan de Dios, los seres humanos han sido hechos necesarios unos a los otros. Si todos hicieran lo más posible para ayudar a aquellos que necesitan su ayuda y su amor y simpatía desinteresados, ¡qué obra bendita podría hacerse! A cada uno Dios le ha concedido talentos. Estos talentos debemos utilizarlos para ayudarnos mutuamente a andar en el camino estrecho. En esta obra cada uno está relacionado con el otro, y todos estamos unidos en Cristo. Aumentamos y perfeccionamos nuestros talentos con el servicio.­ NEV 184 (1903).
Quien ayuda a los demás se ayuda a sí mismo.-
Muchos  están en las tinieblas. Han perdido el rumbo. No saben qué camino tomar. Los que están perplejos busquen a otros que están en perplejidad, y háblenles palabras de esperanza y ánimo. Cuando comiencen a hacer esta obra, la luz del cielo les revelará la senda que deben seguir. Serán consolados ellos mismos por sus palabras de consuelo a los afligidos. Al ayudar a otros ellos mismos serán ayudados a salir de sus dificultades. El gozo toma el lugar del pesar y de la lobreguez; el corazón lleno del Espíritu de Dios brilla con cordialidad para con cada prójimo. Todo el que haga esto no estará más en oscuridad, pues su "oscuridad" será como "el mediodía".­ 4CBA 1173 (1902).

Influencia permanente.-
Sostenemos una relación sumamente solemne unos con otros. Nuestra influencia se ejerce siempre ya sea en favor o en contra de la salvación de las almas. O juntamos con Cristo, o desparramamos. Debemos caminar con humildad y andar derechos, no sea que apartemos a otros de la senda recta. Deberíamos mantener la más estricta castidad en pensamiento, palabra y conducta. Recordemos que Dios despliega nuestros pecados secretos a la luz de su rostro. Hay pensamientos y sentimientos sugeridos y fomentados por Satanás que molestan aun a los mejores hombres; pero si no se los alberga, si se los rechaza por odiosos, el alma no se contamina con la culpa y nadie recibe la mancha de su influencia. ¡Oh, si cada uno de nosotros fuera un sabor de vida para vida para los que nos rodean!­ RH, 27 de marzo de 1888.
Efectos abarcantes de la influencia.-
Nunca sabremos, hasta el día del juicio, cuál ha sido la influencia de una conducta amable y considerada hacia el inconsecuente, irrazonable e indigno. Si después de la provocación y la injusticia cometidas por ellos, Uds. los tratan como si fueran inocentes, y hasta se esfuerzan para hacerlos objeto de especiales actos de amabilidad, estarán desempeñando el  papel de cristianos; entonces ellos se avergonzarán y se sorprenderán, y verán su conducta y su mezquindad con más claridad que si en un reproche Uds. les hubieran expuesto sus acciones injustas con toda claridad.­ Carta 20, 1892; (MM 209, 210).
Influencia de la falta de cortesía.-
Las buenas cualidades que muchos poseen están ocultas, y en lugar de atraer las almas a Cristo, las repelen. Si estas personas pudieran ver la influencia de sus modales descorteses y expresiones descomedidas manifestadas ante los incrédulos, y pudieran comprender cuán ofensiva es esta conducta ante la vista de Dios reformarían sus hábitos, porque la falta de cortesía es una de las piedras de tropiezo más grandes para los pecadores. Los cristianos egoístas, quejosos y amargados entorpecen el camino para que los pecadores no se interesen en acercarse a Cristo.­ NEV 231 (1885).

Sean amables.-
Que se vea a Cristo en todo lo que ustedes hacen. Que todos vean que ustedes son epístolas vivientes de Jesucristo. . . Sean amables. Que sus vida ganen los corazones de todos los que se ponen en contacto con ustedes. Se hace muy poco con el fin de conseguir que la verdad resulte atractiva para los demás.­ Ms 6, 1889.
Cada acción tiene su influencia.-
Cada palabra que pronuncian, cada acto que llevan a cabo, tiene una influencia para bien o para mal sobre los que se relacionan con ustedes; y ¡oh! cuán necesario es que Cristo more en sus corazones por la fe, de manera que sus palabras sean palabras de vida, y sus obras, las obras del amor.­ RH, 12 de junio de 1888.
Responsables por nuestra influencia personal.-
Dios considera que cada uno es responsable por la influencia que rodea su alma, con respecto a sí mismo y a los demás. Invita a los jóvenes y a las señoritas a ser estrictamente  temperantes y concienzudos en el empleo de las facultades de la mente y del cuerpo. Sus capacidades podrán desarrollarse sólo mediante el uso diligente y la sabia dedicación de sus facultades para la gloria de Dios y el beneficio de sus semejantes.­ Carta 145, 1897.

Rodeados de una atmósfera de fe.-
Es de la mayor importancia para nosotros que rodeemos el alma de la atmósfera de la fe. Cada día estamos decidiendo nuestro propio destino eterno de acuerdo con la atmósfera que rodea al alma. Somos individualmente responsables por la influencia que ejercemos, y algunas consecuencias que no vemos serán el resultado de nuestras palabras y actos. Si Dios hubiera salvado a Sodoma por causa de diez justos, ¿cuál habría sido la influencia para el bien que se hubiera manifestado como resultado de la fidelidad del pueblo de Dios? Si todos los que profesan el nombre de Cristo estuvieran revestidos de su justicia, ¿hasta dónde llegaría su influencia? Si Dios pudo indicar cuál era la morada de Simón el curtidor, y mencionar su oficio, y darle indicaciones directas al centurión para que pudiera encontrar su vivienda junto a la playa, también nos conoce por nombre, sabe cuál es nuestro oficio o profesión, dónde vivimos, y cuál es nuestra experiencia. Sabe si estamos limpiando el camino de toda suciedad y escombros, de manera que pueda conducir nuestras almas hacia adelante y hacia arriba, o si estamos llenando de basura la senda, poniendo obstáculos en nuestro propio camino, y depositando piedras de tropiezo en el camino de los pecadores para impedir la salvación de las preciosas almas por las cuales Cristo murió.­ Ms 23, sin fecha.
Cómo tratar con diferentes disposiciones.-
El Señor quiere que estemos santificados. Tendremos que tratar con personas de diferentes disposiciones, y deberíamos estar en condiciones de saber cómo tratar con las mentes humanas. Debemos pedirle a Cristo que nos dé palabras que sean de bendición. Y al tratar así de ayudar a los demás, nosotros mismos seremos bendecidos.­ Ms 41, 1908.
Una obra sumamente importante.-
Esta obra [la de reprender una mala acción] es la más hermosa y difícil que haya sido confiada a los seres humanos. Requiere tacto y sensibilidad delicadísimos, conocimiento de la naturaleza humana, fe y paciencia divinas, dispuestas a obrar, velar y esperar. Nada puede ser más importante que esta obra.­ Ed 292 (1903).
 
Tratar con las mentes es tarea delicada.-
Es un asunto muy delicado tratar con las mentes humanas. Ud. puede ponerse de pie enhiestamente, sin lograr jamás que sus corazones [de otras personas] se suavicen; o puede acercarse al alma afligida, y con el corazón lleno de amor sacarla del campo de batalla del enemigo. No hay que conducirla allí y dejarla abandonada para que sea objeto de las tentaciones de Satanás.­ Carta 102, 1897.
Todos tienen sus propias pruebas.-
No nos podemos permitir, de ninguna manera, ser un obstáculo para los demás. Cada cual tiene sus propias tentaciones y pruebas peculiares, y deberíamos estar en situación de ayudar y fortalecer a los tentados. Debemos animar, y de ser posible, elevar a los que son débiles en la le. Al hablar acerca de las promesas de Dios, a veces podemos eliminar la depresión de las mentes de los que están pasando por pruebas y dificultades.­ Ms 41, 1908.
Consejo a una esposa respecto de las relaciones personales.-
El Señor me ha instruido para decirle: "Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán" (Luc. 13: 24). El Señor le pide que se mantenga junto a él [su esposo]. Hable y obre como él lo haría. No permita que nadie introduzca  prejuicios en su mente y la induzca a hablar en forma poco juiciosa. Mantenga su propia alma pura y limpia y sus pensamientos elevados y santificados. No alabe ni exalte a las personas para el propio perjuicio de ellas, ni se apresure a condenar a los que Ud. supone que no están obrando sabiamente. Que todos vean que Ud. ama a Jesús y confía en él. Déle a su esposo y a sus amigos, creyentes y no creyentes, la evidencia de que Ud. desea que vean la belleza de la verdad. Pero no dé evidencias de esa ansiedad penosa y preocupada que a menudo malogra una buena obra.­ Carta 145, 1900.

Comprensión cristiana.-
Los que saquen el máximo provecho de sus privilegios y oportunidades serán, en el sentido bíblico, hombres talentosos y educados; no sólo eruditos, sino educados en mente, en modales y en comportamiento. Serán refinados, tiernos, compasivos, afectuosos. Esto es lo que el Señor me ha mostrado que él requiere de su pueblo. Dios nos ha dado facultades que debemos usar, desarrollar y fortalecer por medio de la educación. Deberíamos razonar y reflexionar, distinguiendo cuidadosamente la relación que existe entre la causa y el efecto. Cuando esto se pone en práctica, habrá de parte de muchos mayor reflexión y cuidado respecto de sus palabras y acciones, de manera que puedan cumplir plenamente el propósito que tuvo Dios al crearlos.­ Ms 59, 1897.
La franqueza fomenta la confianza (consejo a un médico).-
Si hubiera mucha más franqueza y menos misterio, si se fomentara la confianza fraternal. si hubiera mucho menos del yo y más del espíritu de Cristo, si Ud. tuviera una fe viviente en Dios, la nube que ahora se difunde en la atmósfera de la mente gracias a la obra de Satanás, se disiparía.­ Carta 97, 1898.
Reformadores, no fanáticos.-
El objetivo que debe ser tenido en cuenta entre nosotros es el de ser reformadores y  no fanáticos. Al tratar con los no creyentes, no manifestéis un despreciable espíritu de ruindad, porque si os detenéis a regatear por una pequeña suma, perderéis al fin una suma mucho mayor. Ellos dirán: "Ese hombre es un estafador; él lo defraudaría y lo despojaría a usted de sus derechos si pudiera hacerlo, de manera que manténgase en guardia cuando tenga algo que tratar con él". Pero si en una transacción, una friolera que estaría a vuestro favor, es cedida a la otra persona, ella tratará con vosotros de acuerdo con el mismo plan generoso. La mezquindad engendra mezquindad, la tacañería engendra tacañería. Los que siguen esta conducta no saben cuán mezquina les parece a los demás, especialmente a aquellos que no son de nuestra fe; y la causa preciosa de la verdad queda marcada por este defecto.­ Ev 70, 71 (1887).

Sean rectos.-
En nuestro trato, doquiera estemos, debemos ser perfectamente rectos. No nos podemos permitir el quebrantar uno solo de los Mandamientos de Dios para obtener una ganancia mundanal. ¿Quiénes somos nosotros? Cristo le dijo a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres".­ Ms 50 1904.
La honestidad es esencial.-
En todos los detalles de la vida deben mantenerse los más estrictos principios de honestidad. Estos no son los principios que gobiernan nuestro mundo, porque Satanás ­engañador, mentiroso y opresor­ es el amo, y sus súbditos lo siguen y llevan a cabo sus propósitos. Pero los cristianos sirven bajo un Amo diferente, y sus acciones deben ser llevadas a cabo en Dios, sin tomar en cuenta para nada la ganancia egoísta.
La desviación de la perfecta limpieza en las transacciones comerciales puede ser poca cosa según algunos, pero nuestro Salvador no lo consideró así. Sus palabras en relación con esto son claras y explícitas: "El que es fiel en lo  muy poco, también en lo más es fiel" (Luc. 16: 10). Si alguien se aprovecha de su vecino en cosas de poca monta, se aprovechará en mayor medida cuando se le presente la tentación. Un falso testimonio en un asunto de poca importancia es tan deshonesto a la vista de Dios como una falsedad en algo mucho más importante.
En el mundo cristiano de la actualidad se practica el fraude en una medida alarmante. La gente que guarda los Mandamientos de Dios debería demostrar que está por encima de estas cosas. Las prácticas deshonestas, que malogran los tratos del hombre con sus semejantes, nunca deberían ser llevadas a cabo por alguien que profesa creer la verdad presente. El pueblo de Dios le causa un gran daño a la verdad cuando se aparta en lo más mínimo de la integridad. Puede ser que la apariencia de alguien no sea muy agradable; puede ser que sea deficiente en muchos sentidos, pero si tiene la reputación de ser recto y honesto, se lo respetará. La estricta integridad cubre muchos rasgos objetables de carácter. La persona que se aferre insistentemente a la verdad, ganará la confianza de todos. No sólo confiarán en él sus hermanos en la fe; los incrédulos también se verán obligados a reconocer que es un hombre de honor.­ Carta 3, 1878.

La integridad sin dobleces es semejante al oro puro.-
Los siervos de Dios están más o menos obligados a participar de las transacciones comerciales del mundo, pero deberían comprar y vender sabiendo que el ojo de Dios está sobre ellos. No se deben usar ni balanzas falsas ni pesas engañosas, porque son abominación para el Señor. En cada transacción comercial el cristiano debe ser exactamente lo que él quiere que sus hermanos crean que es. Su conducta tiene la dirección que le imprimen los principios fundamentales. No traza planes engañosos; por lo tanto, no tiene nada que ocultar, nada que disimular. Se lo podrá criticar, se lo podrá someter a prueba, pero su integridad inquebrantable resplandecerá como el oro puro.
Es una bendición para todos los que se relacionan con él, porque su palabra es digna de confianza. Es un hombre que no se aprovecha de su prójimo. Es amigo y benefactor de todos, y sus semejantes confían en su consejo. ¿Emplea trabajadores para que le atiendan la cosecha? No les retiene fraudulentamente el dinero que ganaron con tanto esfuerzo. ¿Tiene dinero que no necesita usar inmediatamente? Alivia las necesidades de su hermano menos afortunado. No trata de agrandar su propiedad o llenarse los bolsillos aprovechándose de las lamentables circunstancias en que se encuentra su vecino. Su propósito consiste en ayudar y bendecir a sus prójimos. Un hombre verdaderamente honesto nunca se aprovechará de la debilidad o de la incompetencia para llenar su propia bolsa. Acepta el justo equivalente de lo que expende. Si hay defectos en los artículos que vende, lo dice francamente a su hermano o vecino, aunque al hacerlo esté obrando en contra de sus propios intereses pecuniarios.­ Carta 3, 1878.

Hay que comprender a la humanidad.-
El que trata de transformar a la humanidad, debe comprender a la humanidad. Sólo por la simpatía, la fe y el amor, pueden ser alcanzados y elevados los hombres. En esto, Cristo se revela como el Maestro de los maestros: De todos los que alguna vez vivieran en la tierra, él solo posee una perfecta comprensión del alma humana.­ Ed 78 (1903).
Hay una ciencia en el trato con los que parecen especialmente débiles. Si vamos a enseñar a los demás, primero tenemos que aprender de Cristo nosotros mismos. Necesitamos tener una visión amplia para poder hacer verdadera obra médico-misionera y tener tacto en nuestro trato con las mentes.
Los que en realidad necesitan menos ayuda, son los que posiblemente reciban más de nuestra atención. Pero necesitamos manifestar una sabiduría especial al tratar con los que parecen desconsiderados e indiferentes. Algunos no entienden  el carácter sagrado de la obra de Dios. Los menos hábiles, los descuidados, e incluso los indolentes requieren, en especial, de cuidadosa consideración con oración. Debemos ejercer tacto con los que parecen ignorantes y desubicados. Mediante un esfuerzo perseverante en su favor, podemos ayudarlos a convertirse en instrumentos útiles en la obra de Dios. Reaccionarán rápidamente a un interés paciente, tierno y amante. Debemos cooperar con el Señor Jesús en la restauración del ineficiente y equivocado para conducirlo a la inteligencia y la pureza. Esta obra equivale en importancia a la del ministerio evangélico. Hemos sido llamados por Dios para manifestar un interés incansable y paciente en la salvación de los que necesitan pulimiento divino.­ Carta 20, 1892; (MM 209).
No discutamos acerca de agravios.-
"Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios". ¿Quién los llama así? Todas las inteligencias celestiales. Por lo tanto, no animemos a ninguna alma tentada a que nos cuente sus agravios respecto de un hermano o un amigo. Digámosle que no queremos oír sus palabras de censura ni su maledicencia, porque nuestro Consejero ha dicho en su Palabra que si dejamos de agitar la contienda y nos convertimos en pacificadores, recibiremos una bendición. Digámosle que ésa es la bendición que anhelamos conseguir.
Por amor a Cristo no digamos ni pensemos nada malo. Quiera Dios ayudarnos para que no sólo leamos la Biblia, sino que practiquemos sus enseñanzas. El instrumento humano que es fiel en su tarea, que une la gentileza a su poder, la justicia a su amor, produce regocijo entre las inteligencias celestiales, y glorifica a Dios. Luchemos fervorosamente para ser buenos y hacer el bien y recibiremos la inmarcesible corona de la vida.­ Ms 116, 1898.
Trabajemos en favor de los demás, y con ellos.-
Cuando la luz brille en el alma, algunos que parecían estar completamente  entregados al pecado, se pondrán a trabajar con éxito en favor de pecadores tales como eran ellos. Por medio de la fe en Cristo, habrá quienes alcancen altos puestos de servicio, y se les encomendarán responsabilidades en la obra de salvar almas. Saben dónde reside su propia flaqueza, y se dan cuenta de la depravación de su naturaleza. Conocen la fuerza del pecado y el poder de un hábito vicioso. Comprenden que son incapaces de vencer sin la ayuda de Cristo, y su clamor continuo es: "A ti confío mi alma desvalida".­ MC 134 (1905).
Traten a los demás con gentileza.-
Tratemos de no consumirnos a nosotros mismos ni de agotar a los demás, sino que dependamos del Espíritu Santo. Tratemos con gentileza a los seres humanos. Con los corazones llenos de ternura espiritual, abramos con calidez su camino hacia los corazones convencidos. Que nuestras palabras estén embebidas en el aceite celestial que procede de las dos ramas del olivo. Necesitamos que el dorado aceite se derrame en vasijas preparadas, para que pueda ser comunicado a los que están buscando la verdad. Recordemos siempre que "no con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos".­ Carta 200, 1899.

(Mente, Carácter y Personalidad 2 de E.G. de White)