domingo, 9 de agosto de 2020

XV. FALSOS SISTEMAS DE CURACIÓN: 78. CONTROL DE UNA MENTE SOBRE OTRA.


Instrumentos que cautivan la mente.
Para cautivar la mente, se introducirán formas de corrupción similares a las que existieron entre los antediluvianos. La exaltación de la naturaleza como un dios, la desenfrenada licencia de la voluntad humana, los consejos de los impíos, son instrumentos de Satanás para alcanzar estos fines. Se valdrá del poder de una mente sobre otra para ejecutar sus planes. Lo más triste de todo es que, colocados bajo esa influencia engañosa, los hombres tendrán una apariencia de piedad sin estar en verdadera comunión con Dios. Como Adán y Eva, que comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, muchos se alimentan hoy de los frutos del error.­ 3JT 271, 272 (1904).

Una ciencia peligrosa.
He hablado claramente con respecto a la ciencia peligrosa que afirma que una persona puede poner su mente bajo el control de otra. Esta ciencia es diabólica.­ Carta 130 1/2, 1901. 733

La influencia mental en el tratamiento de los enfermos.
En el tratamiento de los enfermos no debe pasarse por alto el efecto de la influencia ejercida por la mente. Aprovechada debidamente, esta influencia resulta ser uno de los agentes más eficaces para combatir la enfermedad.
Sin embargo, se afirma que hay una forma de curación mental que es de las más eficaces para el mal. Por medio de esta supuesta ciencia, se sujeta una mente a la influencia directiva de otra, de tal manera que la individualidad de la más débil queda sometida a la más fuerte. Sostiénese que cuando una persona pone en acción la voluntad de otra, el curso de los pensamientos puede modificarse, y pueden transmitirse impulsos saludables que capacitan a los pacientes para resistir y vencer la enfermedad.  Este método de curación ha sido empleado por personas que desconocían su verdadera naturaleza y tendencia, y que lo creían útil para el enfermo. Pero esta ciencia espuria está fundada en principios falsos. Es ajena a la naturaleza y al espíritu de Cristo. No conduce hacia Aquel que es vida y salvación. Quien atrae las mentes hacia sí mismo las induce a separarse de la verdadera Fuente de su fuerza.
No es propósito de Dios que ser humano alguno someta su mente y su voluntad al gobierno de otro para llegar a ser instrumento pasivo en sus manos. Nadie debe sumergir su individualidad en la de otro. Nadie debe considerar a ser humano alguno como fuente de curación. Sólo debe depender de Dios. En su dignidad varonil, concedida por Dios, debe dejarse dirigir por Dios mismo y no por entidad humana alguna.
Dios quiere poner a los hombres en relación directa consigo mismo. En su trato con los seres humanos reconoce el principio de la responsabilidad personal. Procura fomentar en ellos el sentimiento de dependencia personal y hacerle sentir la necesidad de su dirección. Desea asociar lo humano con lo divino, para que los hombres se transformen a la imagen divina. Satanás procura frustrar este propósito, y se esfuerza en alentar a los hombres a depender 734 de otros hombres. Cuando las mentes se desvían de Dios, el tentador puede someterlas a su gobierno y dominar a la humanidad.­ 
MC 185, 186 (1905).

La mente que se somete a otra quedará dañada para siempre.
No debería permitírsele a nadie que controlara la mente de otra persona, con la idea de que eso le proporcionará un gran beneficio. La cura mental es uno de los más grandes engaños que pueden practicarse con alguien. Se puede sentir un alivio temporal, pero la mente de la persona dominada nunca más será tan fuerte ni tan digna de confianza. Podemos ser tan débiles como la mujer que tocó el borde del manto de Jesús; pero si aprovechamos la oportunidad que Dios nos ha dado de acudir a él con fe, responderá tan rápidamente como lo hizo cuando se produjo ese toque de fe.
No es la voluntad de Dios que un ser humano someta su mente a la de otro. Cristo resucitado, que está sentado ahora en el trono a la diestra del Padre, es el poderoso sanador. Miren a él para recibir poder curativo. Sólo por medio de él pueden los pecadores acudir a Dios así como están. Jamás podrán lograrlo por medio de la mente de otro hombre. El ser humano jamás debe interponerse entre los agentes celestiales y los que sufren.­ Ms 105, 1901; (MM 115, 116).

Miremos a Dios, no a los hombres.
Podemos ocuparnos en algo mejor que en dominar la humanidad por la humanidad. El médico debe educar a la gente para que desvíe sus miradas de lo humano y las dirija hacia lo divino. En vez de enseñar a los enfermos a depender de seres humanos para la curación de alma y cuerpo, debe encaminarlos hacia Aquel que puede salvar eternamente a cuantos acuden a él. El que creó la mente del hombre sabe lo que esta mente necesita. Dios es el único que puede sanar. Aquellos cuyas mentes y cuerpos están enfermos han de ver en Cristo al restaurador. "Porque yo vivo ­dice­, vosotros también viviréis" (Juan 14: 19). 735
Esta es la vida que debemos ofrecer a los enfermos, diciéndoles que si creen en Cristo como el restaurador, si cooperan con él, obedeciendo las leyes de la salud y procurando perfeccionar la santidad en el temor de él, les impartirá su vida. Al presentarles así a Cristo, les comunicamos un poder, una fuerza valiosa procedente de lo alto. Esta es la verdadera ciencia de curar el cuerpo y el alma.­ MC 187 (1905).

Fuerza y determinación en contraposición con una mente dominada.
La disciplina de un ser humano que ha llegado a la edad del desarrollo de la inteligencia debería ser distinta de la que se aplica para domar a un animal. A éste sólo se le enseña sumisión a su amo. Para él el amo es mente, criterio y voluntad. Este método, empleado a veces en la educación de los niños, hace de ellos sólo autómatas. La mente, la voluntad y la conciencia están bajo el dominio de otro.
No es el propósito de Dios que se sojuzgue así ninguna mente. Los que debilitan o destruyen la individualidad de otras personas, emprenden una tarea que sólo puede dar malos resultados. Mientras están sujetos a la autoridad, los niños pueden parecer soldados bien disciplinados. Pero cuando cesa ese dominio exterior, se descubre que el carácter carece de fuerza y firmeza. No habiendo aprendido jamás a gobernarse, el joven no reconoce otra sujeción fuera de la impuesta por sus padres o su maestro. Desaparecida ésta, no sabe cómo usar su libertad, y a menudo se entrega a excesos que dan como resultado la ruina.­ Ed 288 (1903).

La conciencia y la individualidad no deben ser manipuladas.
En asuntos de conciencia, el alma debe ser dejada libre. Ninguno debe dominar otra mente, juzgar por otro, o prescribirle su deber. Dios da a cada alma libertad para pensar y seguir sus propias convicciones. "De manera que cada uno de nosotros dará a Dios razón de sí" (Rom. 14:12). 736
Ninguno tiene el derecho de fundir su propia individualidad en la de otro. En los asuntos donde hay principios en juego "cada uno esté asegurado en su ánimo" (Rom. 14: 5). En el reino de Cristo no hay opresión señoril ni imposición de costumbres. Los ángeles del cielo no vienen a la tierra para mandar y exigir homenaje, sino como mensajeros  de misericordia, para cooperar con los hombres en la elevación de la humanidad.­ DTG 505 (1898).
Las mentes de los hombres no deben ser manipuladas, ni enjaezadas, ni dirigidas por manos humanas Ms 43, 1895.

La individualidad debe ser ejercida.
Dios permite que cada persona ejercite su individualidad. Ninguna mente humana debe sumergirse en otra mente humana. . . Si nosotros imitáramos el ejemplo de cualquier hombre -aun el de una persona a quien, a juicio nuestro, consideráramos casi perfecta de carácter- estaríamos poniendo nuestra confianza en un ser humano imperfecto y defectuoso, que es incapaz de comunicar una jota o un tilde de perfección a otro ser humano.­ NEV 110 (1902).

Unidad sin desconocer la identidad.
Debemos unirnos ahora. . . Pero recordemos que la unidad cristiana no significa que la identidad de una persona debe quedar ocultada en la de otra, ni que la mente de alguien debe controlar la de otro. Dios no le ha dado a nadie el  poder que algunos, mediante palabras y actos, pretenden reclamar. 
El Señor quiere que cada hombre sea libre y siga las indicaciones de su palabra.­ 8T 212 (1904).

La lealtad a Dios en contraposición con la lealtad a los hombres.*
Ud. pertenece a Dios en alma, cuerpo y espíritu. Su mente pertenece al Señor, y sus talentos también. Nadie 737 tiene derecho de controlar la mente de otra persona, ni prescribirle cuál es su deber. Hay ciertos derechos que le corresponden a todo individuo que sirve al Altísimo. Nadie tiene más derecho de arrebatarnos esos privilegios que de quitarnos la vida. Dios nos ha dado libertad para pensar, y es nuestra oportunidad seguir nuestras impresiones acerca del deber. Somos sólo seres humanos, y un ser humano no tiene jurisdicción sobre la conciencia de otro... Cada uno de nosotros tiene una individualidad y una identidad que no pueden ser sometidas a la de ningún otro ser humano. Como individuos somos obra de Dios.­ Carta 92, 1895.

Los ministros deben conducir a sus feligreses a Dios.
Sólo Dios debe ser el guía de la conciencia del hombre. La verdad ha de ser predicada doquiera se abra una puerta de oportunidad. Hay que explicar la Palabra de Dios a los que no conocen la verdad. Esta es la obra de los ministros de Dios. No deben enseñar a los hombres a que los miren a ellos, ni tratar de controlar las conciencias de los demás. "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 
El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos" (Sant. 1: 5-8).­ Carta 26, 1907.

No hagamos de la carne nuestro brazo.
Propendemos a buscar simpatía y aliento en nuestro prójimo, en vez de mirar a Jesús. En su misericordia y fidelidad, Dios permite muchas veces que aquellos en quienes ponemos nuestra confianza nos chasqueen, para que aprendamos cuán vano es confiar en el hombre y hacer de la carne nuestro brazo. Confiemos completa, humilde y abnegadamente en Dios.­ MC 387 (1905). 738

Satanás controla la mente del que controla la de otros.
Abogar por la ciencia de la cura mental es abrir una puerta por la cual Satanás entrará para posesionarse de la mente y el corazón. Satanás controla tanto la mente que se somete para ser controlada por otra, como la mente que ejerce ese control. Quiera Dios ayudarnos a comprender la verdadera ciencia de la edificación en Cristo, nuestro Salvador y Redentor.­ NEV 111 (1901).

Satanás no puede dañar la mente de quienes no se entregan a él.
Los intereses más vitales para vosotros, individualmente, están bajo vuestro propio cuidado. Nadie puede dañarlos sin vuestro consentimiento. Todas las legiones satánicas no pueden haceros daño, a menos que abráis vuestra alma a las artes y dardos de Satanás. Nunca sobrevendrá vuestra ruina a menos que vosotros consintáis. Si no hay contaminación de vuestra mente, toda la contaminación que os rodea no puede mancharos.­ NEV 96 (1885).
Satanás no puede disponer de la mente o el intelecto, a menos que se lo entreguemos.­ 
6CBA 1105 (1893).

No es la fe de Jesús.
La aceptación de la verdad de origen celestial pone la mente en sujeción a Cristo. Entonces la salud del alma, que proviene de recibir y seguir los principios puros, se revela en palabras y acciones de justicia. La fe que conduce a esto no es la fe que cree en el control de una mente sobre otra, hasta el punto de que alguien haga la voluntad de otra persona. Los miembros de iglesia que confían en esta ciencia pueden ser considerados sanos en la fe, pero esa fe no es la de Jesucristo. La fe de ellos es una fe en las obras que Satanás está haciendo. Está presentando gigantescos errores, y engaña a muchos mediante los milagros que hace. El hará cada vez más esta obra. Una iglesia sana está compuesta por miembros sanos, por hombres y mujeres que tienen una experiencia personal en la verdadera piedad.­ Carta 130, 1901. 739
Mente Carácter Y Personalidad 2 (EGW).

martes, 4 de agosto de 2020

XV. FALSOS SISTEMAS DE CURACIÓN: 77. LA PSEUDOCIENCIA.


La Obra De Dios Y La Ciencia.
Los conocimientos humanos, tanto en lo que se refiere a las cosas materiales como a las espirituales, son limitados e imperfectos; de aquí que muchos sean incapaces de hacer armonizar sus nociones científicas con las declaraciones de las Sagradas Escrituras. Son muchos los que dan por hechos científicos lo que no pasa de ser meras teorías y elucubraciones, y piensan que la Palabra de Dios debe ser probada por las enseñanzas de "la falsamente llamada ciencia" (1 Tim. 6: 20). El Creador y sus obras les resultan incomprensibles; y como no pueden explicarlos por las leyes naturales, consideran la historia bíblica como si no mereciese fe. Los que dudan de la verdad de las narraciones del Antiguo y del Nuevo Testamento, dan a menudo un paso más: dudan de la existencia de Dios y atribuyen poder infinito a la naturaleza. Habiendo perdido su ancla son arrastrados hacia las rocas de la incredulidad.­ CS 576, 577 (1888).

Se necesita más que ciencia mundana.
Acudamos a la Palabra 726 de Dios en busca de dirección. Busquemos un "así dice Jehová". Ya hemos tenido bastantes métodos humanos. Una mente educada únicamente en la ciencia mundana no podrá comprender las cosas de Dios; pero la misma mente, convertida y santificada, verá el poder divino de la Palabra.  Únicamente la mente y el corazón que hayan sido purificados por la santificación del Espíritu pueden discernir las cosas celestiales.­ OE 325 (1915).

Satanás usa la psicología.
Se me mostró que tenemos que estar en guardia por todos lados y resistir con perseverancia las insinuaciones y los trucos de Satanás. Este se ha transformado en ángel de luz y está engañando a muchos y llevándolos cautivos. El provecho que saca de la ciencia de la mente humana es tremendo. En este caos, se arrastra como una serpiente, en forma imperceptible, para corromper la obra de Dios. Trata que los milagros y las obras de Cristo aparezcan como el resultado de la habilidad y el poder humanos.
Si Satanás atacara al cristianismo en forma abierta y osada, los cristianos vendrían afligidos y en agonía a los pies del Redentor, y su poderoso y fuerte Libertador pondría en fuga al audaz adversario. Por eso se transforma en ángel de luz y obra en la mente para apartarla de la única senda segura y correcta. Algunas ciencias como la frenología, la psicología y el mesmerismo son canales por los cuales se acerca más directamente a esta generación, y obra con ese poder que caracterizará sus esfuerzos hacia el fin del tiempo de prueba.­ 1T 290 (1862).

Satanás conoce muy bien la mente humana.
Durante miles de años Satanás ha estado estudiando cómo funciona la mente humana, y ha aprendido a conocerla bien. Mediante las sutiles actividades que despliega en estos últimos días, está vinculando la mente humana con la suya, llenándola de sus pensamientos. Está haciendo su obra en forma tan engañosa que los que aceptan su conducción no saben que 727 están siendo guiados por él conforme a su voluntad. El gran engañador espera confundir de tal manera las mentes de los hombres, que sólo se oiga su voz.­ Carta 244, 1907; (MM 111).

Nuevas teorías: interesantes pero diabólicas.
La luz de la verdad que Dios quiere que llegue a la gente de este mundo en este momento, no es la que los eruditos del mundo quieren impartir, porque estos hombres a menudo llegan a conclusiones erróneas en sus investigaciones, y como consecuencia del estudio de las obras de muchos autores, se entusiasman con teorías de origen diabólico. Satanás, revestido con el ropaje de un ángel de luz, presenta al estudio de la mente humana diversos temas que parecen muy interesantes y llenos de misterio científico. En la investigación de estos temas, se induce a los hombres a aceptar conclusiones erróneas y a unirse con espíritus seductores en la obra de proponer nuevas teorías que apartan de la verdad.­ 9T 67, 68 (1909).

Todo lo que contradice la Palabra de Dios 
es mera suposición.
Quien tenga el conocimiento de Dios y su Palabra, tendrá una fe fundamentada en la divinidad de las Sagradas Escrituras. La Biblia no debe ser sometida a la prueba de las ideas y la ciencia del hombre. Lo correcto es someter las ideas humanas a la prueba de la norma infalible. Quien actúe así sabrá que la Palabra de Dios es verdad, y que la verdad nunca se contradice; todo lo que aparezca en las enseñanzas de la así llamada ciencia, que contradiga las verdades de la revelación de Dios, será mera suposición humana.­ 8T 325 (1904).

Una falsificación de la verdad.
Hay solamente dos bandos. Satanás obra con su poder avieso y engañoso, y valiéndose de poderosos engaños entrampa a todos los que no permanecen en la verdad, que han apartado sus oídos de ella y se han vuelto a las fábulas. Satanás mismo no permaneció 728 en la verdad; él es el misterio de iniquidad. Por medio de su sutileza da a sus errores destructores del alma la apariencia de verdad. En eso consiste el poder de sus errores: engañar. Debido a que son falsificaciones de la verdad, el espiritismo, la teosofía y otros engaños similares obtienen gran poder sobre la mente de los hombres. Esta es la obra maestra de Satanás. Pretende ser el salvador del hombre,  el benefactor de la raza humana, y así seduce más rápidamente a sus víctimas llevándolas a la destrucción.­ TM 365 (1897).

El poder embrujador de Satanás.
Los magos de los tiempos paganos equivalen a los médiums espiritistas, clarividentes y adivinos de hoy. Las místicas voces que hablaban en Endor y en Éfeso están extraviando todavía a los hijos de los hombres con palabras mentirosas. Si se descorriera el velo ante nuestros ojos, podríamos ver a los ángeles malignos empleando todas sus artes para engañar y destruir. Donde se ejerza influencia para inducir a los hombres a olvidar a Dios, allí está Satanás ejerciendo su poder hechicero. Cuando los hombres se entregan a su influencia, antes que puedan darse cuenta, su mente se ha confundido y su alma se ha contaminado. El pueblo de Dios de la actualidad debería prestar atención a la amonestación del apóstol a la iglesia de Efeso: "No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino antes bien reprendedlas" (Efe. 5: 11).­ 
HAp 238, 239 (1911).

No nos aventuremos en el terreno de Satanás.
Tenemos que mantenernos cerca de la Palabra de Dios. Necesitamos sus amonestaciones y el ánimo que nos da, además de sus amenazas y promesas. Necesitamos el ejemplo perfecto ofrecido sólo en la vida y el carácter de nuestro Salvador. Los ángeles de Dios cuidarán a su pueblo mientras avanza por la senda del deber; pero no hay seguridad de esa protección para los que se aventuran en el terreno de Satanás.
El instrumento del gran engañador dirá y hará lo que sea 729 necesario para alcanzar su objetivo. Importa poco si se dice espiritista, "médico eléctrico" o "sanador magnético". Mediante pretensiones engañosas captará la confianza de los incautos. Pretenderá leer la historia de la vida y entender todas las dificultades y aflicciones de los que acuden a él.
Disfrazado de ángel de luz, mientras lleva en su corazón la negrura del abismo, manifestará gran interés por las mujeres que buscan consejo. Les dirá que todas sus dificultades se deben a un matrimonio infeliz. Esto puede ser muy cierto, pero su consejo no mejorará la situación. Les dirá que necesitan amor y simpatía. Bajo la pretensión de un gran interés por su bienestar, lanzará sus encantamientos sobre sus víctimas indefensas, embrujándolas como la serpiente al tembloroso pajarillo. Pronto estarán totalmente en sus manos, y la terrible secuela será el pecado, la desgracia y la ruina.­ CTBH 116, 1890.

"Fuerzas latentes" de la mente.
Los apóstoles de casi todas las formas de espiritismo aseveran tener el poder de curar. Atribuyen este poder a la electricidad, al magnetismo, a los remedios que obran ­dicen­ por "simpatía", o por "fuerzas latentes" en la mente humana. Y no son pocos, aun en esta era cristiana, los que se dirigen a tales curanderos en vez de confiar en el poder del Dios viviente y en la capacidad de médicos bien preparados.
La madre que vela al lado de la cama de su niño enfermo exclama: "Ya nada puedo hacer. ¿No hay médico que tenga poder para sanar a mi hijo?" Se le habla de las curaciones admirables realizadas por algún clarividente o sanador magnético, y le confía a su amado, colocándolo tan ciertamente en las manos de Satanás como si éste estuviese a su lado. En muchos casos la vida futura del niño queda dominada por un poder satánico que parece imposible quebrantar.­ PR 157 (1917).

Las corrientes eléctricas de Satanás.
Estos instrumentos satánicos pretenden curar la enfermedad. Atribuyen su poder 730 a la electricidad, al magnetismo o a los así llamados "remedios simpáticos", cuando en realidad no son más que canales de las corrientes eléctricas de Satanás. Por este medio él arroja su ensalmo sobre los cuerpos y las almas de los hombres.­ Ev 442 (1887).

Voluntad de Dios versus ganancias temporales.
Los que se entregan al sortilegio de Satanás, pueden jactarse de haber recibido gran beneficio por ello, pero ¿prueba esto que su conducta es prudente o segura? ¿Qué importa que la vida haya sido prolongada, o que se hayan obtenido o no ganancias temporales? ¿Valdrá la pena haber despreciado la voluntad de Dios? Todas estas ganancias aparentes resultarán al fin una pérdida irreparable. No podemos quebrantar con impunidad una sola barrera de las que Dios erigió para proteger a su pueblo del poder de Satanás.­ 2JT 58 (1882).

La curiosidad atrae.
A la par que se predica el evangelio, hay agentes que trabajan y que sólo son intermediarios de los espíritus mentirosos. Muchos tratan con ellos por simple curiosidad, pero al ver pruebas de que obra un poder más que humano, quedan cada vez más seducidos hasta que llegan a estar dominados por una voluntad más fuerte que la suya. No pueden escapar de este poder misterioso.  Las defensas de su alma quedan derribadas. No tienen vallas contra el pecado. Nadie sabe hasta qué abismos de degradación puede llegar a hundirse una vez que rechazó las restricciones de la Palabra de Dios y de su Espíritu.­ DTG 223 (1898).


Ciencia Y Revelación.
Para muchos, las investigaciones científicas se han vuelto una maldición. Al permitir todo género de descubrimientos en las ciencias y en las artes, Dios ha derramado sobre el mundo raudales de luz; pero aun los espíritus más poderosos, si no son guiados en sus investigaciones por la Palabra de Dios, se extravían en sus 731 esfuerzos por encontrar las relaciones existentes entre la ciencia y la revelación.­ CS 576 (1888).

Cristo podría haber abierto las puertas de la ciencia.
Un ministro dijo cierta vez que a él le habría gustado que Cristo hubiera sabido algo acerca de las ciencias. ¿De qué estaba hablando ese ministro? ¡De las ciencias! Cristo podría haber abierto una tras otra las puertas de la ciencia. Podría haber revelado a los hombres tesoros científicos que les habrían servido de festín hasta el día de hoy. Pero como sabía que ese conocimiento habría sido empleado con propósitos impíos, no abrió esas puertas.­ 
Ms 105, 1901; (MM 116).

La educación del discipulado incluye
 negras horas de prueba.
Esa noche, en aquel barco, los discípulos asistieron a una escuela, donde recibieron su educación para la gran obra que debían hacer después. Cada cual tendrá que enfrentar oscuras horas de prueba como parte de su educación para una obra superior, para un esfuerzo más devoto y consagrado. La tormenta no fue enviada a los discípulos para hacerlos naufragar, sino como una prueba individual...
Pronto habrá terminado el tiempo destinado a nuestra educación. No tenemos tiempo que perder caminando a través de las nubes de la duda y de la incertidumbre. . . Debemos permanecer junto a Jesús. Que nadie. . . eluda una lección dura, o pierda la bendición de una disciplina severa. ­NEV 58 (1892). 732 2MCP/EGW

miércoles, 6 de mayo de 2020

XIV. LOS PENSAMIENTOS Y SU INFLUENCIA: 76. LA VOLUNTAD Y LA DECISIÓN.


El poder que gobierna la naturaleza del hombre.
La voluntad es el poder que gobierna la naturaleza humana, sometiendo todas las otras facultades a su dominio. La voluntad no es el gusto o la inclinación, sino el poder que decide, que obra en los hijos de los hombres para obedecer a Dios, o para desobedecerlo.­ 
4TS 157 (1889).

Todo depende de su acción correcta.
El tentado necesita comprender la verdadera fuerza de la voluntad. Ella es el poder gobernante en la naturaleza del hombre, la facultad de decidir y elegir. Todo depende de la acción correcta de la voluntad. Desear lo bueno y lo puro es justo; pero si no hacemos más que desear, de nada sirve. Muchos se arruinan mientras esperan y desean vencer sus malas inclinaciones. No someten su voluntad a Dios. 
No escogen servirlo.­ MC 131 (1905).

Fuente de toda acción.
Debemos recordar que la voluntad es el resorte de todas las acciones. Esta voluntad, que constituye un factor tan importante del carácter humano fue, en ocasión de la caída, entregada al dominio de Satanás; 713 desde entonces él ha estado obrando en el hombre para expresar y ejecutar su propia voluntad, pero para completa 
ruina y miseria del hombre.
 Sin embargo, el sacrificio infinito de Dios al dar a Jesús, su Hijo amado, como expiación por el pecado, lo habilita para decir, sin violar un solo principio de su gobierno: "Entregaos a mí; dadme esa voluntad; quitadla del dominio de Satanás, y yo tomaré posesión de ella; entonces podré obrar en vosotros para querer y hacer mi beneplácito". Cuando recibimos el ánimo de Cristo, nuestra voluntad viene a ser como su voluntad, y nuestro carácter se transforma a semejanza del suyo.­ 4TS 158, 159 (1889).

La voluntad del hombre es agresiva.
La voluntad del hombre es agresiva, y constantemente se esfuerza por someter todas las cosas a sus designios. Si se alista del lado de Dios y del bien, los frutos del Espíritu aparecerán en la vida; y Dios ha señalado gloria, honra y paz a cada persona que obra el bién.­ 
NEV 155 (1896).

La imposibilidad reside en la propia voluntad.
Toda nuestra vida es de Dios y debe ser usada para su gloria. Su gracia consagrará y mejorará cada facultad. Que nadie diga: no puedo remediar mis defectos de carácter; porque si alguien llega a esa conclusión ciertamente no alcanzará la vida eterna. La imposibilidad reside en su propia voluntad. Si Ud. no quiere, no podrá vencer. La verdadera dificultad proviene de la corrupción de los corazones no santificados, y de la falta de disposición para someterse al control de Dios.­ YI, 28 de enero de 1897.

Un sedante efectivo.
La mente y los nervios se entonan y fortalecen por el ejercicio de la voluntad. En muchos casos, la fuerza de voluntad resultará ser un potente calmante de los nervios.­ 1JT 136 (1863).

Satanás usa la voluntad.
Cuando se permite que Satanás 714 moldee la voluntad, él la utiliza para cumplir sus fines. . . Estimula las propensiones al mal, despierta las pasiones y ambiciones impías. Él dice: "Yo te daré todo este poder, honores, riquezas y placeres pecaminosos", pero pone por condición la entrega de la integridad y el embotamiento de la conciencia. Así degrada las facultades humanas, y las pone en cautividad para obrar el mal.­ NEV 155 (1896).  

La tentación prueba al máximo la fuerza de voluntad.
Es nuestro privilegio como hijos de Dios mantenernos firmes en la profesión de nuestra fe, sin ser conmovidos. A veces el engañoso poder de la tentación parece exigir hasta el máximo nuestra fuerza de voluntad, y ejercer fe parece completamente contrario a todas las evidencias del sentido o la emoción; pero nuestra voluntad debe mantenerse del lado de Dios. Debemos creer que en Jesucristo se encuentran la fuerza y la eficiencia duraderas. . . Hora a hora debemos mantener triunfante nuestra posición en Dios, poderosa en su fuerza. NEV 126 (1890).

Educación no es adiestramiento.
La educación de los niños, en el hogar y en la escuela, no debe ser como el adiestramiento de los animales. Los niños tienen una voluntad inteligente, que debe ser dirigida para que controle todas sus facultades. Los animales necesitan ser adiestrados porque no tienen razón ni intelecto. Pero a la mente humana se le debe enseñar el dominio propio. Debe educársela para que rija al ser humano, mientras que los animales son controlados por un amo, y se les enseña a someterse a él. El amo es mente, juicio y voluntad para la bestia.­ 1JT 315 (1872). 

La voluntad debe ser orientada, no destruida.
Un niño puede ser educado de manera que no tenga voluntad propia, como el animal. Aun su individualidad puede fundirse con la de aquel que dirige su adiestramiento; para todos los fines y propósitos, su voluntad está sometida a la voluntad 715 
del maestro. Los niños así educados serán siempre deficientes en energía moral y responsabilidad individual. No se les ha enseñado a obrar por la razón y los buenos principios; sus voluntades han sido controladas por otros y su mente no ha sido despertada para que se expanda y fortalezca por el ejercicio. Sus temperamentos peculiares y capacidades mentales no han sido dirigidos ni disciplinados para ejercer facultades más poderosas cuando lo necesiten.
Los maestros no deben detenerse allí, sino que deben dar atención especial al cultivo de las facultades más débiles, para que se cumplan todos los deberes, y se las desarrolle de un grado de fuerza a otro a fin de que la mente alcance las debidas proporciones.­ 
1JT 315 (1872).

Economice toda la fuerza de la voluntad.
El intento de quebrantar la voluntad contraria los principios de Cristo. La voluntad del niño debe ser dirigida y guiada. Salvad toda la fuerza de la voluntad, porque el ser humano la necesita toda; pero dadle la debida dirección. Tratadla sabia y tiernamente, como un tesoro sagrado. No la desmenucéis a golpes; sino amoldadla sabiamente, por precepto y verdadero ejemplo, hasta que el niño llegue a los años cuando pueda llevar responsabilidad.­ 
CM 111 (ed. PP); 90 (ed. ACES) (1913).

Los maestros no deben ser dictadores.
Aquellos que son egoístas, irritables, imperiosos, groseros y ásperos, y que no tienen mucha consideración para con los sentimientos ajenos, nunca deberían ser empleados como maestros. Tendrían una influencia desastrosa sobre sus alumnos, amoldándolos según su propio carácter y perpetuando así el mal. Las personas de este genio harán un esfuerzo para quebrantar la voluntad del niño, si se muestra ingobernable; pero Cristo no ha autorizado semejante manera de tratar a los que yerran. Mediante la sabiduría celestial, la mansedumbre y humildad de corazón, los maestros pueden ser capaces de dirigir la voluntad y guiar a sus alumnos en el camino 716 de la obediencia; pero nadie se imagine que con amenazas podrá ganar sus afectos. Tenemos que trabajar como Cristo.­ COES 195, 196 (1900).

La voluntad dividida es una trampa.
Todos los jóvenes necesitan cultivar la decisión. La voluntad dividida es una trampa, y será la ruina de muchos jóvenes. Sea firme; en caso contrario su casa-­es decir, su carácter--estará edificada sobre la arena. Hay quienes tienen la desgracia de estar siempre en el lado equivocado, cuando el Señor querría que fueran fieles, capaces de discernir entre el bien y el mal.­ Ms 121, 1898.

Dos elementos del carácter.
La fortaleza del carácter depende de dos cosas: de la fuerza de voluntad y de la capacidad de dominio propio. Muchos jóvenes confunden fortaleza de carácter con una pasión fuerte e incontrolada, pero la verdad es que el que se deja dominar por sus pasiones es débil. La verdadera grandeza y nobleza del hombre se mide por el poder de los sentimientos que subyuga, y no por el poder de los que lo dominan. El hombre fuerte es el que, aunque sensible al mal trato, domina sus pasiones y perdona a sus enemigos. Los tales son verdaderos héroes.­ 4T 656 (1881).

Voluntad unida al poder divino.
Todos pueden llegar a ser hombres de responsabilidad e influencia si, mediante la fuerza de voluntad unida al poder divino, se entregan fervientemente a la obra. Ejerciten las facultades mentales, y en ningún caso descuiden las físicas. No permitan que la desidia intelectual les cierre la senda de un conocimiento mayor. Aprendan a reflexionar y a estudiar, para que sus mentes puedan expandirse, fortalecerse y desarrollarse. Nunca piensen que han aprendido lo suficiente y que pueden disminuir sus esfuerzos. La mente cultivada es la medida del hombre. Su educación debería continuar durante 717 toda su vida; cada día debería estar aprendiendo y dándole un uso práctico al conocimiento adquirido.­ 4T 561 (1881).

El correcto ejercicio de la voluntad resiste la enfermedad.
Se me mostró que muchos que son aparentemente débiles y que siempre están quejándose, no están tan mal como se imaginan. Algunos de ellos tienen una fuerte voluntad que si se la ejerciera en la correcta dirección, sería un medio poderoso para controlar la imaginación y así resistir la enfermedad. Pero con demasiada frecuencia se ejerce la voluntad en la dirección equivocada, y ésta rehusa tenazmente someterse a la razón. La voluntad ya ha definido el asunto; ha decidido que son inválidos, y recibirán la atención que merecen los inválidos, a pesar de la opinión de los demás.­ 
2T 524 (1870).

La voluntad en el tratamiento de la enfermedad.
El poder de la voluntad no se aprecia debidamente. Mantened despierta la voluntad y encaminadla con acierto, y comunicará energía a todo el ser y constituirá un auxilio admirable para la conservación de la salud. La voluntad es también poderosa en el tratamiento de las enfermedades. . .
Ejercitando la fuerza de voluntad para ponerse en armonía con las leyes de la vida, los pacientes pueden cooperar en gran manera con los esfuerzos del médico para su restablecimiento. Son miles los que pueden recuperar la salud si quieren. El Señor no desea que estén enfermos, sino sanos y felices; 
y ellos mismos deberían decidirse a estar bien. 
 Muchas veces los enfermizos pueden resistir la enfermedad, negándose sencillamente a rendirse al dolor y a permanecer inactivos. Sobrepónganse a sus dolencias y emprendan alguna ocupación provechosa adecuada a su fuerza. Mediante esta ocupación y el libre uso de aire y sol, muchos enfermos demacrados podrían recuperar salud y fuerza.­ MC 189, 190 (1905).

Se promete mejor salud.
Los malos hábitos y las malas costumbres 718 están produciendo entre los hombres toda clase de enfermedades. Logremos que el entendimiento se convenza, por medio de la educación, de la pecaminosidad de abusar y degradar las facultades que Dios nos ha dado. Que la mente adquiera inteligencia y la voluntad sea puesta del lado del Señor, y entonces la salud física mejorará maravillosamente.
Pero esto nunca puede lograrse sólo sobre la base de la fuerza humana. Junto a los esfuerzos fervientes realizados por la gracia de Cristo para renunciar a las malas costumbres y asociaciones, y para ser temperantes en todas las cosas, debe existir además la profunda convicción de que tenemos que procurar de Dios, por medio del sacrificio expiatorio de Cristo, el arrepentimiento y el perdón de los pecados pasados. Estas cosas deben manifestarse en la experiencia diaria; debe haber una estricta vigilancia y un incansable intento de que Cristo ponga todo pensamiento en cautividad. Su poder renovador debe manifestarse en el alma de modo que, como seres responsables, presentemos nuestros cuerpos a Dios como un sacrificio vivo, santo y agradable a él, que es nuestro culto racional ­
Medical Missionary [El misionero médico], noviembre-diciembre de 1892; (CH 504, 505).

Los narcóticos y la voluntad.
Hay quienes están usando narcóticos, y gracias a esta transigencia están formando malos hábitos que ejercen un poder dominante sobre la voluntad, los pensamientos y todo el ser.­ Carta 14, 1885.

Enséñese el poder de la voluntad.
También debería presentarse el poder de la voluntad y la importancia del dominio propio, tanto en la conservación de la salud como en su recuperación, como asimismo el efecto depresivo y hasta ruinoso de la ira, el descontento, el egoísmo o la impureza y, por otra parte, el maravilloso poder vivificador que se encuentra en la alegría, la abnegación y la gratitud. ­Ed 197 (1903). 719

El Espíritu Santo no toma el lugar de la voluntad.
No es el propósito del Espíritu de Dios hacer nuestra parte, ya sea en el querer como en el hacer. Esta es obra del ser humano cuando coopera con los agentes divinos. Tan pronto como sometamos nuestra voluntad para que armonice con la de Dios, aparecerá la gracia de Cristo para cooperar con el hombre; pero no será un sustituto de nuestra actividad independiente, resultante de nuestra resolución y decidida acción. Por lo tanto, no es la abundancia de luz y de evidencia lo que convertirá el alma, sino sólo la aceptación de la luz por parte del ser humano, que despierta las energías de la voluntad cuando comprende y reconoce que lo que sabe es justicia y verdad, y coopera con los ministerios celestiales señalados por Dios para la salvación del alma.­ Carta 135, 1898.

Segura sólo cuando se une con la divina.
La voluntad del hombre está segura únicamente cuando se une con la voluntad de Dios.­ NEV 106 (1896).

La voluntad humana debe amalgamarse con la divina.
En este conflicto de la justicia contra la injusticia, podemos tener éxito únicamente mediante la ayuda divina. Nuestra voluntad finita debe someterse a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la voluntad divina. Esto nos proporcionará la ayuda del Espíritu Santo, y cada conquista ayudará a recuperar la posesión adquirida por Dios y a restaurar su imagen en el alma.­ 
NEV 155 (1896).

La conversión no crea nuevas facultades.
El Espíritu de Dios no crea nuevas facultades en el hombre convertido, sino que obra un cambio decidido en el empleo de aquellas facultades. 
Cuando se efectúa un cambio en la mente, en el corazón y en el alma, al hombre no se le da una nueva conciencia, sino que su voluntad queda sometida a una conciencia renovada, 
cuyas sensibilidades adormecidas son despertadas
 por la obra del Espíritu Santo.­ 
NEV 106 (1899). 720

Satanás controla la voluntad que no está sometida 
al dominio de Dios.
Cristo declaró: "He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sin la voluntad del que me envió" (Juan 6: 38). Su voluntad se puso en ejercicio activo para salvar las almas de los hombres. Su voluntad humana fue orientada por la divina. Sus siervos de hoy harán bien en preguntarse: "¿Qué clase de voluntad estoy cultivando individualmente? ¿Estoy complaciendo mis propios deseos y obstinación?" Si estamos haciendo esto corremos un grave peligro, porque Satanás siempre gobernará la voluntad que no está bajo el control del Espíritu de Dios. Cuando coloquemos nuestra voluntad al unísono con la voluntad de Dios, se verá en nuestras vidas la santa obediencia manifestada en la vida de Cristo.­ NEV 109 (1899).

Voluntad dirigida por una conciencia pura.
La paz interior y una conciencia libre de ofensas a Dios despertará y vigorizará el intelecto como el rocío que cae sobre las tiernas plantas. Entonces la voluntad recibirá una recta orientación, 
estará controlada y será más decidida y, 
por lo tanto, más libre de perversidad.­ 
2T 327 (1869).

La voluntad decide la vida o la muerte.
Sólo la eternidad podrá revelar el destino glorioso del hombre en quien se restaure la imagen de Dios.
Para que podamos alcanzar este alto ideal, debe sacrificarse todo lo que causa tropiezo al alma. Por medio de la voluntad, el pecado retiene su dominio sobre nosotros. La rendición de la voluntad se representa como la extracción del ojo o la amputación de la mano. A menudo nos parece que entregar la voluntad a Dios es aceptar una vida contrahecha y coja. . .
Dios es la fuente de la vida, y sólo podemos tener vida cuando estamos en comunión con él. . . Si os aferráis al yo y rehusáis entregar la voluntad a Dios elegís la muerte. . .
Requiere sacrificio entregarnos a Dios, pero es sacrificio de lo inferior por lo superior, de lo terreno por lo espiritual, 721 de lo perecedero por lo eterno. No desea Dios que se anule nuestra voluntad, porque solamente mediante su ejercicio podemos hacer lo que Dios quiere. Debemos entregar nuestra voluntad a él para que podamos recibirla de vuelta purificada y refinada, y tan unida en simpatía con el Ser divino que él pueda derramar por nuestro medio los raudales de su amor y su poder.­ DMJ 55, 56 (1896).

Para comprender  la verdadera fuerza de voluntad (consejo a un joven inestable).
Estará en constante peligro hasta que comprenda la verdadera fuerza de la voluntad. Puede creer y prometer todas las cosas, pero sus promesas o su fe no tendrán valor hasta que ponga su voluntad de parte de la fe y la acción. Si pelea la batalla de la fe con toda su fuerza de voluntad, vencerá.­ 4TS 156 (1889).
No tiene que confiar en sus sentimientos, ni en sus impresiones, 
ni en sus emociones, porque no son dignos de confianza.
 5T 513 (1889).

Puedes controlar tu voluntad.
No tienes por qué desesperar. . . A ti te toca someter tu voluntad a la voluntad de Jesucristo, y al hacerlo, Dios tomará inmediatamente posesión de ella y obrará en ti el querer y el hacer su beneplácito. Tu naturaleza entera será puesta entonces bajo el gobierno del Espíritu de Cristo, y hasta tus pensamientos le estarán sujetos.
No puedes dominar como deseas tus impulsos y emociones, pero puedes dominar la voluntad y lograr un cambio completo en tu vida. Sometiendo tu voluntad a Cristo, tu vida se ocultará con Cristo en Dios, y se unirá al poder que está por encima de todos los principados y las potestades. Tendrás fuerza procedente de Dios que te mantendrá unido a su fuerza y te será posible alcanzar una nueva luz, la luz misma de la fe viviente. Pero tu voluntad debe cooperar con la voluntad de Dios.­ MJ 150 (1889).

Vínculo que une con la energía divina.
Somos colaboradores 722 de Dios. Este es el sabio arreglo del Señor. La cooperación de la voluntad y el esfuerzo humanos con la energía divina es el vínculo que une a los hombres unos con otros y con Dios. El apóstol dice: "Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Cor. 3: 9). El hombre tiene que trabajar con los recursos que Dios le ha dado. "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor ­dice­, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 1: 12, 13).­ Ms 113, 1898.
Cuando la voluntad se pone de parte del Señor, el Espíritu Santo la toma y la hace una con la voluntad divina.­ Carta 44, 1899. 725
                                  Mente Carácter Y Personalidad 2 (EGW).