martes, 4 de agosto de 2020

XV. FALSOS SISTEMAS DE CURACIÓN: 77. LA PSEUDOCIENCIA.


La Obra De Dios Y La Ciencia.
Los conocimientos humanos, tanto en lo que se refiere a las cosas materiales como a las espirituales, son limitados e imperfectos; de aquí que muchos sean incapaces de hacer armonizar sus nociones científicas con las declaraciones de las Sagradas Escrituras. Son muchos los que dan por hechos científicos lo que no pasa de ser meras teorías y elucubraciones, y piensan que la Palabra de Dios debe ser probada por las enseñanzas de "la falsamente llamada ciencia" (1 Tim. 6: 20). El Creador y sus obras les resultan incomprensibles; y como no pueden explicarlos por las leyes naturales, consideran la historia bíblica como si no mereciese fe. Los que dudan de la verdad de las narraciones del Antiguo y del Nuevo Testamento, dan a menudo un paso más: dudan de la existencia de Dios y atribuyen poder infinito a la naturaleza. Habiendo perdido su ancla son arrastrados hacia las rocas de la incredulidad.­ CS 576, 577 (1888).

Se necesita más que ciencia mundana.
Acudamos a la Palabra 726 de Dios en busca de dirección. Busquemos un "así dice Jehová". Ya hemos tenido bastantes métodos humanos. Una mente educada únicamente en la ciencia mundana no podrá comprender las cosas de Dios; pero la misma mente, convertida y santificada, verá el poder divino de la Palabra.  Únicamente la mente y el corazón que hayan sido purificados por la santificación del Espíritu pueden discernir las cosas celestiales.­ OE 325 (1915).

Satanás usa la psicología.
Se me mostró que tenemos que estar en guardia por todos lados y resistir con perseverancia las insinuaciones y los trucos de Satanás. Este se ha transformado en ángel de luz y está engañando a muchos y llevándolos cautivos. El provecho que saca de la ciencia de la mente humana es tremendo. En este caos, se arrastra como una serpiente, en forma imperceptible, para corromper la obra de Dios. Trata que los milagros y las obras de Cristo aparezcan como el resultado de la habilidad y el poder humanos.
Si Satanás atacara al cristianismo en forma abierta y osada, los cristianos vendrían afligidos y en agonía a los pies del Redentor, y su poderoso y fuerte Libertador pondría en fuga al audaz adversario. Por eso se transforma en ángel de luz y obra en la mente para apartarla de la única senda segura y correcta. Algunas ciencias como la frenología, la psicología y el mesmerismo son canales por los cuales se acerca más directamente a esta generación, y obra con ese poder que caracterizará sus esfuerzos hacia el fin del tiempo de prueba.­ 1T 290 (1862).

Satanás conoce muy bien la mente humana.
Durante miles de años Satanás ha estado estudiando cómo funciona la mente humana, y ha aprendido a conocerla bien. Mediante las sutiles actividades que despliega en estos últimos días, está vinculando la mente humana con la suya, llenándola de sus pensamientos. Está haciendo su obra en forma tan engañosa que los que aceptan su conducción no saben que 727 están siendo guiados por él conforme a su voluntad. El gran engañador espera confundir de tal manera las mentes de los hombres, que sólo se oiga su voz.­ Carta 244, 1907; (MM 111).

Nuevas teorías: interesantes pero diabólicas.
La luz de la verdad que Dios quiere que llegue a la gente de este mundo en este momento, no es la que los eruditos del mundo quieren impartir, porque estos hombres a menudo llegan a conclusiones erróneas en sus investigaciones, y como consecuencia del estudio de las obras de muchos autores, se entusiasman con teorías de origen diabólico. Satanás, revestido con el ropaje de un ángel de luz, presenta al estudio de la mente humana diversos temas que parecen muy interesantes y llenos de misterio científico. En la investigación de estos temas, se induce a los hombres a aceptar conclusiones erróneas y a unirse con espíritus seductores en la obra de proponer nuevas teorías que apartan de la verdad.­ 9T 67, 68 (1909).

Todo lo que contradice la Palabra de Dios 
es mera suposición.
Quien tenga el conocimiento de Dios y su Palabra, tendrá una fe fundamentada en la divinidad de las Sagradas Escrituras. La Biblia no debe ser sometida a la prueba de las ideas y la ciencia del hombre. Lo correcto es someter las ideas humanas a la prueba de la norma infalible. Quien actúe así sabrá que la Palabra de Dios es verdad, y que la verdad nunca se contradice; todo lo que aparezca en las enseñanzas de la así llamada ciencia, que contradiga las verdades de la revelación de Dios, será mera suposición humana.­ 8T 325 (1904).

Una falsificación de la verdad.
Hay solamente dos bandos. Satanás obra con su poder avieso y engañoso, y valiéndose de poderosos engaños entrampa a todos los que no permanecen en la verdad, que han apartado sus oídos de ella y se han vuelto a las fábulas. Satanás mismo no permaneció 728 en la verdad; él es el misterio de iniquidad. Por medio de su sutileza da a sus errores destructores del alma la apariencia de verdad. En eso consiste el poder de sus errores: engañar. Debido a que son falsificaciones de la verdad, el espiritismo, la teosofía y otros engaños similares obtienen gran poder sobre la mente de los hombres. Esta es la obra maestra de Satanás. Pretende ser el salvador del hombre,  el benefactor de la raza humana, y así seduce más rápidamente a sus víctimas llevándolas a la destrucción.­ TM 365 (1897).

El poder embrujador de Satanás.
Los magos de los tiempos paganos equivalen a los médiums espiritistas, clarividentes y adivinos de hoy. Las místicas voces que hablaban en Endor y en Éfeso están extraviando todavía a los hijos de los hombres con palabras mentirosas. Si se descorriera el velo ante nuestros ojos, podríamos ver a los ángeles malignos empleando todas sus artes para engañar y destruir. Donde se ejerza influencia para inducir a los hombres a olvidar a Dios, allí está Satanás ejerciendo su poder hechicero. Cuando los hombres se entregan a su influencia, antes que puedan darse cuenta, su mente se ha confundido y su alma se ha contaminado. El pueblo de Dios de la actualidad debería prestar atención a la amonestación del apóstol a la iglesia de Efeso: "No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino antes bien reprendedlas" (Efe. 5: 11).­ 
HAp 238, 239 (1911).

No nos aventuremos en el terreno de Satanás.
Tenemos que mantenernos cerca de la Palabra de Dios. Necesitamos sus amonestaciones y el ánimo que nos da, además de sus amenazas y promesas. Necesitamos el ejemplo perfecto ofrecido sólo en la vida y el carácter de nuestro Salvador. Los ángeles de Dios cuidarán a su pueblo mientras avanza por la senda del deber; pero no hay seguridad de esa protección para los que se aventuran en el terreno de Satanás.
El instrumento del gran engañador dirá y hará lo que sea 729 necesario para alcanzar su objetivo. Importa poco si se dice espiritista, "médico eléctrico" o "sanador magnético". Mediante pretensiones engañosas captará la confianza de los incautos. Pretenderá leer la historia de la vida y entender todas las dificultades y aflicciones de los que acuden a él.
Disfrazado de ángel de luz, mientras lleva en su corazón la negrura del abismo, manifestará gran interés por las mujeres que buscan consejo. Les dirá que todas sus dificultades se deben a un matrimonio infeliz. Esto puede ser muy cierto, pero su consejo no mejorará la situación. Les dirá que necesitan amor y simpatía. Bajo la pretensión de un gran interés por su bienestar, lanzará sus encantamientos sobre sus víctimas indefensas, embrujándolas como la serpiente al tembloroso pajarillo. Pronto estarán totalmente en sus manos, y la terrible secuela será el pecado, la desgracia y la ruina.­ CTBH 116, 1890.

"Fuerzas latentes" de la mente.
Los apóstoles de casi todas las formas de espiritismo aseveran tener el poder de curar. Atribuyen este poder a la electricidad, al magnetismo, a los remedios que obran ­dicen­ por "simpatía", o por "fuerzas latentes" en la mente humana. Y no son pocos, aun en esta era cristiana, los que se dirigen a tales curanderos en vez de confiar en el poder del Dios viviente y en la capacidad de médicos bien preparados.
La madre que vela al lado de la cama de su niño enfermo exclama: "Ya nada puedo hacer. ¿No hay médico que tenga poder para sanar a mi hijo?" Se le habla de las curaciones admirables realizadas por algún clarividente o sanador magnético, y le confía a su amado, colocándolo tan ciertamente en las manos de Satanás como si éste estuviese a su lado. En muchos casos la vida futura del niño queda dominada por un poder satánico que parece imposible quebrantar.­ PR 157 (1917).

Las corrientes eléctricas de Satanás.
Estos instrumentos satánicos pretenden curar la enfermedad. Atribuyen su poder 730 a la electricidad, al magnetismo o a los así llamados "remedios simpáticos", cuando en realidad no son más que canales de las corrientes eléctricas de Satanás. Por este medio él arroja su ensalmo sobre los cuerpos y las almas de los hombres.­ Ev 442 (1887).

Voluntad de Dios versus ganancias temporales.
Los que se entregan al sortilegio de Satanás, pueden jactarse de haber recibido gran beneficio por ello, pero ¿prueba esto que su conducta es prudente o segura? ¿Qué importa que la vida haya sido prolongada, o que se hayan obtenido o no ganancias temporales? ¿Valdrá la pena haber despreciado la voluntad de Dios? Todas estas ganancias aparentes resultarán al fin una pérdida irreparable. No podemos quebrantar con impunidad una sola barrera de las que Dios erigió para proteger a su pueblo del poder de Satanás.­ 2JT 58 (1882).

La curiosidad atrae.
A la par que se predica el evangelio, hay agentes que trabajan y que sólo son intermediarios de los espíritus mentirosos. Muchos tratan con ellos por simple curiosidad, pero al ver pruebas de que obra un poder más que humano, quedan cada vez más seducidos hasta que llegan a estar dominados por una voluntad más fuerte que la suya. No pueden escapar de este poder misterioso.  Las defensas de su alma quedan derribadas. No tienen vallas contra el pecado. Nadie sabe hasta qué abismos de degradación puede llegar a hundirse una vez que rechazó las restricciones de la Palabra de Dios y de su Espíritu.­ DTG 223 (1898).


Ciencia Y Revelación.
Para muchos, las investigaciones científicas se han vuelto una maldición. Al permitir todo género de descubrimientos en las ciencias y en las artes, Dios ha derramado sobre el mundo raudales de luz; pero aun los espíritus más poderosos, si no son guiados en sus investigaciones por la Palabra de Dios, se extravían en sus 731 esfuerzos por encontrar las relaciones existentes entre la ciencia y la revelación.­ CS 576 (1888).

Cristo podría haber abierto las puertas de la ciencia.
Un ministro dijo cierta vez que a él le habría gustado que Cristo hubiera sabido algo acerca de las ciencias. ¿De qué estaba hablando ese ministro? ¡De las ciencias! Cristo podría haber abierto una tras otra las puertas de la ciencia. Podría haber revelado a los hombres tesoros científicos que les habrían servido de festín hasta el día de hoy. Pero como sabía que ese conocimiento habría sido empleado con propósitos impíos, no abrió esas puertas.­ 
Ms 105, 1901; (MM 116).

La educación del discipulado incluye
 negras horas de prueba.
Esa noche, en aquel barco, los discípulos asistieron a una escuela, donde recibieron su educación para la gran obra que debían hacer después. Cada cual tendrá que enfrentar oscuras horas de prueba como parte de su educación para una obra superior, para un esfuerzo más devoto y consagrado. La tormenta no fue enviada a los discípulos para hacerlos naufragar, sino como una prueba individual...
Pronto habrá terminado el tiempo destinado a nuestra educación. No tenemos tiempo que perder caminando a través de las nubes de la duda y de la incertidumbre. . . Debemos permanecer junto a Jesús. Que nadie. . . eluda una lección dura, o pierda la bendición de una disciplina severa. ­NEV 58 (1892). 732 2MCP/EGW

miércoles, 6 de mayo de 2020

XIV. LOS PENSAMIENTOS Y SU INFLUENCIA: 76. LA VOLUNTAD Y LA DECISIÓN.


El poder que gobierna la naturaleza del hombre.
La voluntad es el poder que gobierna la naturaleza humana, sometiendo todas las otras facultades a su dominio. La voluntad no es el gusto o la inclinación, sino el poder que decide, que obra en los hijos de los hombres para obedecer a Dios, o para desobedecerlo.­ 
4TS 157 (1889).

Todo depende de su acción correcta.
El tentado necesita comprender la verdadera fuerza de la voluntad. Ella es el poder gobernante en la naturaleza del hombre, la facultad de decidir y elegir. Todo depende de la acción correcta de la voluntad. Desear lo bueno y lo puro es justo; pero si no hacemos más que desear, de nada sirve. Muchos se arruinan mientras esperan y desean vencer sus malas inclinaciones. No someten su voluntad a Dios. 
No escogen servirlo.­ MC 131 (1905).

Fuente de toda acción.
Debemos recordar que la voluntad es el resorte de todas las acciones. Esta voluntad, que constituye un factor tan importante del carácter humano fue, en ocasión de la caída, entregada al dominio de Satanás; 713 desde entonces él ha estado obrando en el hombre para expresar y ejecutar su propia voluntad, pero para completa 
ruina y miseria del hombre.
 Sin embargo, el sacrificio infinito de Dios al dar a Jesús, su Hijo amado, como expiación por el pecado, lo habilita para decir, sin violar un solo principio de su gobierno: "Entregaos a mí; dadme esa voluntad; quitadla del dominio de Satanás, y yo tomaré posesión de ella; entonces podré obrar en vosotros para querer y hacer mi beneplácito". Cuando recibimos el ánimo de Cristo, nuestra voluntad viene a ser como su voluntad, y nuestro carácter se transforma a semejanza del suyo.­ 4TS 158, 159 (1889).

La voluntad del hombre es agresiva.
La voluntad del hombre es agresiva, y constantemente se esfuerza por someter todas las cosas a sus designios. Si se alista del lado de Dios y del bien, los frutos del Espíritu aparecerán en la vida; y Dios ha señalado gloria, honra y paz a cada persona que obra el bién.­ 
NEV 155 (1896).

La imposibilidad reside en la propia voluntad.
Toda nuestra vida es de Dios y debe ser usada para su gloria. Su gracia consagrará y mejorará cada facultad. Que nadie diga: no puedo remediar mis defectos de carácter; porque si alguien llega a esa conclusión ciertamente no alcanzará la vida eterna. La imposibilidad reside en su propia voluntad. Si Ud. no quiere, no podrá vencer. La verdadera dificultad proviene de la corrupción de los corazones no santificados, y de la falta de disposición para someterse al control de Dios.­ YI, 28 de enero de 1897.

Un sedante efectivo.
La mente y los nervios se entonan y fortalecen por el ejercicio de la voluntad. En muchos casos, la fuerza de voluntad resultará ser un potente calmante de los nervios.­ 1JT 136 (1863).

Satanás usa la voluntad.
Cuando se permite que Satanás 714 moldee la voluntad, él la utiliza para cumplir sus fines. . . Estimula las propensiones al mal, despierta las pasiones y ambiciones impías. Él dice: "Yo te daré todo este poder, honores, riquezas y placeres pecaminosos", pero pone por condición la entrega de la integridad y el embotamiento de la conciencia. Así degrada las facultades humanas, y las pone en cautividad para obrar el mal.­ NEV 155 (1896).  

La tentación prueba al máximo la fuerza de voluntad.
Es nuestro privilegio como hijos de Dios mantenernos firmes en la profesión de nuestra fe, sin ser conmovidos. A veces el engañoso poder de la tentación parece exigir hasta el máximo nuestra fuerza de voluntad, y ejercer fe parece completamente contrario a todas las evidencias del sentido o la emoción; pero nuestra voluntad debe mantenerse del lado de Dios. Debemos creer que en Jesucristo se encuentran la fuerza y la eficiencia duraderas. . . Hora a hora debemos mantener triunfante nuestra posición en Dios, poderosa en su fuerza. NEV 126 (1890).

Educación no es adiestramiento.
La educación de los niños, en el hogar y en la escuela, no debe ser como el adiestramiento de los animales. Los niños tienen una voluntad inteligente, que debe ser dirigida para que controle todas sus facultades. Los animales necesitan ser adiestrados porque no tienen razón ni intelecto. Pero a la mente humana se le debe enseñar el dominio propio. Debe educársela para que rija al ser humano, mientras que los animales son controlados por un amo, y se les enseña a someterse a él. El amo es mente, juicio y voluntad para la bestia.­ 1JT 315 (1872). 

La voluntad debe ser orientada, no destruida.
Un niño puede ser educado de manera que no tenga voluntad propia, como el animal. Aun su individualidad puede fundirse con la de aquel que dirige su adiestramiento; para todos los fines y propósitos, su voluntad está sometida a la voluntad 715 
del maestro. Los niños así educados serán siempre deficientes en energía moral y responsabilidad individual. No se les ha enseñado a obrar por la razón y los buenos principios; sus voluntades han sido controladas por otros y su mente no ha sido despertada para que se expanda y fortalezca por el ejercicio. Sus temperamentos peculiares y capacidades mentales no han sido dirigidos ni disciplinados para ejercer facultades más poderosas cuando lo necesiten.
Los maestros no deben detenerse allí, sino que deben dar atención especial al cultivo de las facultades más débiles, para que se cumplan todos los deberes, y se las desarrolle de un grado de fuerza a otro a fin de que la mente alcance las debidas proporciones.­ 
1JT 315 (1872).

Economice toda la fuerza de la voluntad.
El intento de quebrantar la voluntad contraria los principios de Cristo. La voluntad del niño debe ser dirigida y guiada. Salvad toda la fuerza de la voluntad, porque el ser humano la necesita toda; pero dadle la debida dirección. Tratadla sabia y tiernamente, como un tesoro sagrado. No la desmenucéis a golpes; sino amoldadla sabiamente, por precepto y verdadero ejemplo, hasta que el niño llegue a los años cuando pueda llevar responsabilidad.­ 
CM 111 (ed. PP); 90 (ed. ACES) (1913).

Los maestros no deben ser dictadores.
Aquellos que son egoístas, irritables, imperiosos, groseros y ásperos, y que no tienen mucha consideración para con los sentimientos ajenos, nunca deberían ser empleados como maestros. Tendrían una influencia desastrosa sobre sus alumnos, amoldándolos según su propio carácter y perpetuando así el mal. Las personas de este genio harán un esfuerzo para quebrantar la voluntad del niño, si se muestra ingobernable; pero Cristo no ha autorizado semejante manera de tratar a los que yerran. Mediante la sabiduría celestial, la mansedumbre y humildad de corazón, los maestros pueden ser capaces de dirigir la voluntad y guiar a sus alumnos en el camino 716 de la obediencia; pero nadie se imagine que con amenazas podrá ganar sus afectos. Tenemos que trabajar como Cristo.­ COES 195, 196 (1900).

La voluntad dividida es una trampa.
Todos los jóvenes necesitan cultivar la decisión. La voluntad dividida es una trampa, y será la ruina de muchos jóvenes. Sea firme; en caso contrario su casa-­es decir, su carácter--estará edificada sobre la arena. Hay quienes tienen la desgracia de estar siempre en el lado equivocado, cuando el Señor querría que fueran fieles, capaces de discernir entre el bien y el mal.­ Ms 121, 1898.

Dos elementos del carácter.
La fortaleza del carácter depende de dos cosas: de la fuerza de voluntad y de la capacidad de dominio propio. Muchos jóvenes confunden fortaleza de carácter con una pasión fuerte e incontrolada, pero la verdad es que el que se deja dominar por sus pasiones es débil. La verdadera grandeza y nobleza del hombre se mide por el poder de los sentimientos que subyuga, y no por el poder de los que lo dominan. El hombre fuerte es el que, aunque sensible al mal trato, domina sus pasiones y perdona a sus enemigos. Los tales son verdaderos héroes.­ 4T 656 (1881).

Voluntad unida al poder divino.
Todos pueden llegar a ser hombres de responsabilidad e influencia si, mediante la fuerza de voluntad unida al poder divino, se entregan fervientemente a la obra. Ejerciten las facultades mentales, y en ningún caso descuiden las físicas. No permitan que la desidia intelectual les cierre la senda de un conocimiento mayor. Aprendan a reflexionar y a estudiar, para que sus mentes puedan expandirse, fortalecerse y desarrollarse. Nunca piensen que han aprendido lo suficiente y que pueden disminuir sus esfuerzos. La mente cultivada es la medida del hombre. Su educación debería continuar durante 717 toda su vida; cada día debería estar aprendiendo y dándole un uso práctico al conocimiento adquirido.­ 4T 561 (1881).

El correcto ejercicio de la voluntad resiste la enfermedad.
Se me mostró que muchos que son aparentemente débiles y que siempre están quejándose, no están tan mal como se imaginan. Algunos de ellos tienen una fuerte voluntad que si se la ejerciera en la correcta dirección, sería un medio poderoso para controlar la imaginación y así resistir la enfermedad. Pero con demasiada frecuencia se ejerce la voluntad en la dirección equivocada, y ésta rehusa tenazmente someterse a la razón. La voluntad ya ha definido el asunto; ha decidido que son inválidos, y recibirán la atención que merecen los inválidos, a pesar de la opinión de los demás.­ 
2T 524 (1870).

La voluntad en el tratamiento de la enfermedad.
El poder de la voluntad no se aprecia debidamente. Mantened despierta la voluntad y encaminadla con acierto, y comunicará energía a todo el ser y constituirá un auxilio admirable para la conservación de la salud. La voluntad es también poderosa en el tratamiento de las enfermedades. . .
Ejercitando la fuerza de voluntad para ponerse en armonía con las leyes de la vida, los pacientes pueden cooperar en gran manera con los esfuerzos del médico para su restablecimiento. Son miles los que pueden recuperar la salud si quieren. El Señor no desea que estén enfermos, sino sanos y felices; 
y ellos mismos deberían decidirse a estar bien. 
 Muchas veces los enfermizos pueden resistir la enfermedad, negándose sencillamente a rendirse al dolor y a permanecer inactivos. Sobrepónganse a sus dolencias y emprendan alguna ocupación provechosa adecuada a su fuerza. Mediante esta ocupación y el libre uso de aire y sol, muchos enfermos demacrados podrían recuperar salud y fuerza.­ MC 189, 190 (1905).

Se promete mejor salud.
Los malos hábitos y las malas costumbres 718 están produciendo entre los hombres toda clase de enfermedades. Logremos que el entendimiento se convenza, por medio de la educación, de la pecaminosidad de abusar y degradar las facultades que Dios nos ha dado. Que la mente adquiera inteligencia y la voluntad sea puesta del lado del Señor, y entonces la salud física mejorará maravillosamente.
Pero esto nunca puede lograrse sólo sobre la base de la fuerza humana. Junto a los esfuerzos fervientes realizados por la gracia de Cristo para renunciar a las malas costumbres y asociaciones, y para ser temperantes en todas las cosas, debe existir además la profunda convicción de que tenemos que procurar de Dios, por medio del sacrificio expiatorio de Cristo, el arrepentimiento y el perdón de los pecados pasados. Estas cosas deben manifestarse en la experiencia diaria; debe haber una estricta vigilancia y un incansable intento de que Cristo ponga todo pensamiento en cautividad. Su poder renovador debe manifestarse en el alma de modo que, como seres responsables, presentemos nuestros cuerpos a Dios como un sacrificio vivo, santo y agradable a él, que es nuestro culto racional ­
Medical Missionary [El misionero médico], noviembre-diciembre de 1892; (CH 504, 505).

Los narcóticos y la voluntad.
Hay quienes están usando narcóticos, y gracias a esta transigencia están formando malos hábitos que ejercen un poder dominante sobre la voluntad, los pensamientos y todo el ser.­ Carta 14, 1885.

Enséñese el poder de la voluntad.
También debería presentarse el poder de la voluntad y la importancia del dominio propio, tanto en la conservación de la salud como en su recuperación, como asimismo el efecto depresivo y hasta ruinoso de la ira, el descontento, el egoísmo o la impureza y, por otra parte, el maravilloso poder vivificador que se encuentra en la alegría, la abnegación y la gratitud. ­Ed 197 (1903). 719

El Espíritu Santo no toma el lugar de la voluntad.
No es el propósito del Espíritu de Dios hacer nuestra parte, ya sea en el querer como en el hacer. Esta es obra del ser humano cuando coopera con los agentes divinos. Tan pronto como sometamos nuestra voluntad para que armonice con la de Dios, aparecerá la gracia de Cristo para cooperar con el hombre; pero no será un sustituto de nuestra actividad independiente, resultante de nuestra resolución y decidida acción. Por lo tanto, no es la abundancia de luz y de evidencia lo que convertirá el alma, sino sólo la aceptación de la luz por parte del ser humano, que despierta las energías de la voluntad cuando comprende y reconoce que lo que sabe es justicia y verdad, y coopera con los ministerios celestiales señalados por Dios para la salvación del alma.­ Carta 135, 1898.

Segura sólo cuando se une con la divina.
La voluntad del hombre está segura únicamente cuando se une con la voluntad de Dios.­ NEV 106 (1896).

La voluntad humana debe amalgamarse con la divina.
En este conflicto de la justicia contra la injusticia, podemos tener éxito únicamente mediante la ayuda divina. Nuestra voluntad finita debe someterse a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la voluntad divina. Esto nos proporcionará la ayuda del Espíritu Santo, y cada conquista ayudará a recuperar la posesión adquirida por Dios y a restaurar su imagen en el alma.­ 
NEV 155 (1896).

La conversión no crea nuevas facultades.
El Espíritu de Dios no crea nuevas facultades en el hombre convertido, sino que obra un cambio decidido en el empleo de aquellas facultades. 
Cuando se efectúa un cambio en la mente, en el corazón y en el alma, al hombre no se le da una nueva conciencia, sino que su voluntad queda sometida a una conciencia renovada, 
cuyas sensibilidades adormecidas son despertadas
 por la obra del Espíritu Santo.­ 
NEV 106 (1899). 720

Satanás controla la voluntad que no está sometida 
al dominio de Dios.
Cristo declaró: "He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sin la voluntad del que me envió" (Juan 6: 38). Su voluntad se puso en ejercicio activo para salvar las almas de los hombres. Su voluntad humana fue orientada por la divina. Sus siervos de hoy harán bien en preguntarse: "¿Qué clase de voluntad estoy cultivando individualmente? ¿Estoy complaciendo mis propios deseos y obstinación?" Si estamos haciendo esto corremos un grave peligro, porque Satanás siempre gobernará la voluntad que no está bajo el control del Espíritu de Dios. Cuando coloquemos nuestra voluntad al unísono con la voluntad de Dios, se verá en nuestras vidas la santa obediencia manifestada en la vida de Cristo.­ NEV 109 (1899).

Voluntad dirigida por una conciencia pura.
La paz interior y una conciencia libre de ofensas a Dios despertará y vigorizará el intelecto como el rocío que cae sobre las tiernas plantas. Entonces la voluntad recibirá una recta orientación, 
estará controlada y será más decidida y, 
por lo tanto, más libre de perversidad.­ 
2T 327 (1869).

La voluntad decide la vida o la muerte.
Sólo la eternidad podrá revelar el destino glorioso del hombre en quien se restaure la imagen de Dios.
Para que podamos alcanzar este alto ideal, debe sacrificarse todo lo que causa tropiezo al alma. Por medio de la voluntad, el pecado retiene su dominio sobre nosotros. La rendición de la voluntad se representa como la extracción del ojo o la amputación de la mano. A menudo nos parece que entregar la voluntad a Dios es aceptar una vida contrahecha y coja. . .
Dios es la fuente de la vida, y sólo podemos tener vida cuando estamos en comunión con él. . . Si os aferráis al yo y rehusáis entregar la voluntad a Dios elegís la muerte. . .
Requiere sacrificio entregarnos a Dios, pero es sacrificio de lo inferior por lo superior, de lo terreno por lo espiritual, 721 de lo perecedero por lo eterno. No desea Dios que se anule nuestra voluntad, porque solamente mediante su ejercicio podemos hacer lo que Dios quiere. Debemos entregar nuestra voluntad a él para que podamos recibirla de vuelta purificada y refinada, y tan unida en simpatía con el Ser divino que él pueda derramar por nuestro medio los raudales de su amor y su poder.­ DMJ 55, 56 (1896).

Para comprender  la verdadera fuerza de voluntad (consejo a un joven inestable).
Estará en constante peligro hasta que comprenda la verdadera fuerza de la voluntad. Puede creer y prometer todas las cosas, pero sus promesas o su fe no tendrán valor hasta que ponga su voluntad de parte de la fe y la acción. Si pelea la batalla de la fe con toda su fuerza de voluntad, vencerá.­ 4TS 156 (1889).
No tiene que confiar en sus sentimientos, ni en sus impresiones, 
ni en sus emociones, porque no son dignos de confianza.
 5T 513 (1889).

Puedes controlar tu voluntad.
No tienes por qué desesperar. . . A ti te toca someter tu voluntad a la voluntad de Jesucristo, y al hacerlo, Dios tomará inmediatamente posesión de ella y obrará en ti el querer y el hacer su beneplácito. Tu naturaleza entera será puesta entonces bajo el gobierno del Espíritu de Cristo, y hasta tus pensamientos le estarán sujetos.
No puedes dominar como deseas tus impulsos y emociones, pero puedes dominar la voluntad y lograr un cambio completo en tu vida. Sometiendo tu voluntad a Cristo, tu vida se ocultará con Cristo en Dios, y se unirá al poder que está por encima de todos los principados y las potestades. Tendrás fuerza procedente de Dios que te mantendrá unido a su fuerza y te será posible alcanzar una nueva luz, la luz misma de la fe viviente. Pero tu voluntad debe cooperar con la voluntad de Dios.­ MJ 150 (1889).

Vínculo que une con la energía divina.
Somos colaboradores 722 de Dios. Este es el sabio arreglo del Señor. La cooperación de la voluntad y el esfuerzo humanos con la energía divina es el vínculo que une a los hombres unos con otros y con Dios. El apóstol dice: "Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Cor. 3: 9). El hombre tiene que trabajar con los recursos que Dios le ha dado. "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor ­dice­, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 1: 12, 13).­ Ms 113, 1898.
Cuando la voluntad se pone de parte del Señor, el Espíritu Santo la toma y la hace una con la voluntad divina.­ Carta 44, 1899. 725
                                  Mente Carácter Y Personalidad 2 (EGW).

lunes, 3 de febrero de 2020

XIV. LOS PENSAMIENTOS Y SU INFLUENCIA: 75. IMAGINACIÓN Y ENFERMEDAD.


La imaginación puede producir enfermedades graves.
Hay que controlar la mente, porque ejerce una poderosa influencia sobre la salud. La imaginación a menudo se desvía, y cuando se le da libertad, produce en sus víctimas enfermedades graves. Muchos mueren de enfermedades que son mayormente imaginarias. Conozco a varios que se han enfermado realmente como resultado de la influencia de la imaginación.­ 2T 523 (1870).

Algunos están muriendo cuando podrían estar bien.
Miles que están enfermos y muriendo alrededor de nosotros, podrían estar bien y vivir si quisieran, pero su imaginación se lo impide. Temen que empeorarán si trabajan o hacen ejercicio, cuando ése es exactamente el cambio que necesitan hacer para mejorar. Sin eso nunca mejorarán. Deberían ejercer fuerza de voluntad, elevarse por encima de sus dolores y su debilidad, dedicarse a una actividad útil, y olvidarse de sus espaldas, costados, pulmones y cabezas 709 doloridos. Si no ejercitan todo el cuerpo, o una parte de él, caerán en una condición morbosa. La inactividad de cualquiera de los órganos del cuerpo produce una atrofia de los músculos, disminuye su fortaleza y contribuye para que la sangre fluya lentamente por los vasos sanguíneos.­ 3T 76 (1872).

La imaginación puede controlar algunas partes del cuerpo.
La falta de acción armoniosa en el organismo humano produce enfermedad. La imaginación puede controlar para su mal algunas partes del cuerpo. Cada parte del organismo debe trabajar armoniosamente.­ Ms 24,1900; (MM 291). 

Casi murió a causa de su imaginación enferma.
Una vez fui llamada para ver a una joven a quien conocía bien. Estaba enferma y empeoraba rápidamente. La madre quería que orara por ella. Estaba allí cerca, llorando, mientras decía: "Pobre chica; no vivirá mucho más". Le tomé el pulso. Oré con ella y después le dije: Hermana, si Ud. se viste y va a trabajar a la oficina, toda esta invalidez pasará.  
­¿Cree que pasará?­me preguntó.
­Por supuesto­le contesté­. Ud. casi ha destruido sus fuerzas vitales a causa de esta invalidez imaginaria.
Me volví a la madre y le dije que su hija podría haber muerto como consecuencia de una imaginación enferma si no se la hubiera convencido de su error. La había estado adiestrando para una invalidez imaginaria. Por supuesto, ésta es una clase de educación muy pobre. Pero le dije: "Cambie todo esto, levántese y vístase". Fue obediente, y vive hasta el día de hoy.­ Carta 231, 1905; (MM 109).

Imaginación afectada por la enfermedad.
Usted es sumamente sensible, y sus sentimientos son intensos. Es estrictamente consecuente y hay que convencerla antes que ceda a la opinión de los demás. Si su salud no estuviera 710 malograda, habría sido una mujer muy útil. Ha estado enferma hace ya mucho tiempo, y eso le ha afectado la imaginación, de modo que sus pensamientos se concentran en usted misma, y la imaginación le ha afectado el cuerpo.­ 3T 74 (1872).

Cómo vencer una imaginación enfermiza.
Por la luz que  se me ha dado, la hermana que Ud. menciona debería esforzarse y cultivar el gusto por los alimentos sanos, y todos esos desmayos desaparecerían. Ha cultivado su imaginación; el enemigo se ha aprovechado de la debilidad de su cuerpo, y su mente no ha luchado para estar a la altura de las dificultades de la vida diaria. La cura que necesita es una mente buena y santificada, un aumento de la fe y el servicio activo en favor de Cristo. También necesita ejercitar sus músculos en trabajo práctico al aire libre. El ejercicio físico será para ella la mayor bendición de su vida. No necesita ser inválida, sino una mujer de mente sana y saludable, preparada para hacer su parte noble y acabadamente.
Todos los tratamientos que se le den a esta hermana no servirán de mucho a menos que ella haga su parte. Necesita fortalecer sus músculos y sus nervios mediante el trabajo físico. No es necesario que sea inválida; puede trabajar bien y con entusiasmo. Como muchos otros, tiene una imaginación enfermiza. Pero puede vencer y ser una mujer sana. He recibido este mensaje para dárselo a muchos, con los mejores resultados.­ Carta 231, 1905; (MM 108, 109).

Requiera la ayuda de la voluntad.
La ociosidad es un gran mal. Los hombres, las mujeres y los jóvenes, al pensar en ellos mismos, creen que están peor de lo que realmente están. Arrullan sus malestares, piensan en ellos y hablan acerca de ellos, hasta que les parece que su utilidad ha terminado. Muchos han muerto cuando podrían y deberían estar viviendo. Su imaginación estaba enferma. Si hubieran resistido la tendencia a ceder a la enfermedad y a dejarse vencer por ella; si hubieran requerido la ayuda de la fuerza de 711 voluntad, podrían haber vivido para bendecir al mundo con su influencia.­ RH, julio de 1868.

Liberación del pecado y curación de la enfermedad están relacionadas.
En el ministerio de curación, el médico ha de ser colaborador de Cristo. El Salvador asistía tanto al alma como al cuerpo. El evangelio que enseñó fue un mensaje de vida espiritual y de restauración física. La salvación del pecado y la curación de la enfermedad iban enlazadas. El mismo ministerio está encomendado al médico cristiano. Debe unirse con Cristo en la tarea de aliviar las necesidades físicas y espirituales del prójimo. Debe ser mensajero de misericordia para el enfermo, llevándole el remedio para su cuerpo desgastado y para su alma enferma de pecado.­ MC 75 (1905). 2MCP