lunes, 30 de enero de 2017

XI. LOS PROBLEMAS EMOCIONALES. 54. El Exceso De Estudio.





CUIDEMOS EL PODER DEL CEREBRO.-
Creo, creo que el Señor escucha mis oraciones, y en seguida salgo a trabajar para que esas oraciones tengan respuesta, pues estoy segura de que han sido registradas por el Señor. Tengamos buen ánimo. No abusemos de la fortaleza que el Señor nos ha dado. Tenemos que cuidar el poder de nuestro cerebro. Si abusamos de él, no tendremos un depósito de donde extraer algo en momentos de emergencia.­ Carta 150, 1903.

NECESITAMOS SABIDURÍA PARA ELEGIR EL ALIMENTO DE LA MENTE.-
La adquisición de un gran número de libros de estudio interpone demasiado a menudo entre Dios y el hombre un montón de conocimientos que debilitan la mente y la hacen incapaz de asimilar lo que ya recibió. La mente se torna dispéptica y llega a desecharlo todo. El hombre necesita mucha sabiduría para aprender a elegir entre tantos autores y la Palabra de vida, para poder comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios.­ 3JT 189 (1902).


ACORTAN LA VIDA. 
A los que desean hacerse eficientes obreros en la causa de Dios, quiero decirles: Si imponéis una 525 cantidad indebida de trabajo al cerebro, pensando que perderéis terreno a menos que estudiéis todo el tiempo, debéis cambiar inmediatamente vuestras opiniones y vuestra conducta. A menos que se tenga cuidado al respecto, muchos pasarán prematuramente a la tumba.­ CM 282 (ed. PP); 227 (ed. ACES) (1913).

LA CONCENTRACIÓN EXCESIVA DESGASTA LOS ÓRGANOS VITALES.-
El poder de concentrar la mente sobre un tema con exclusión de todos los demás, es bueno hasta cierto punto; pero el ejercicio constante de esta facultad cansa los órganos encargados de esa obra; les impone un recargo excesivo y como resultado no se alcanza a realizar la mayor cantidad de bien. Un juego de órganos tiene que sufrir el desgaste principal mientras que los otros permanecen dormidos. La mente no puede ejercitarse así en forma sana, y por consiguiente la vida se acorta.­ 1JT 292 (1872).

LA MENTE DEMASIADO EXIGIDA ABRE LA PUERTA A LA TENTACIÓN.-
Los estudiantes que se dedican totalmente al trabajo intelectual en el aula, perjudican toda la maquinaria viviente como consecuencia de vivir encerrados. El cerebro se cansa, y Satanás les presenta una lista completa de tentaciones para inducirlos a entregarse a complacencias prohibidas a fin de dejar salir, a manera de cambio, un poco de vapor. Al ceder a esas tentaciones, hacen cosas malas que los perjudican y dañan a los demás. Pueden hacerlo sólo por diversión. El  cerebro está activo y quisieran hacer algunas bromas. Pero luego, alguien debe deshacer el daño que causaron cuando cayeron en la tentación.­  Carta 103, 1897.


LA MENTE EXIGIDA PRODUCE UNA IMAGINACIÓN ENFERMIZA.-
Se me han presentado los métodos apropiados: Que los estudiantes que se dedican al trabajo mental ejerciten también sus facultades físicas y morales; que usen la maquinaria Viviente en forma equilibrada. Obligar al cerebro a trabajar  526 constantemente es un error. Me gustaría poder expresar en palabras todo lo que concierne a este asunto. El trabajo incesante del cerebro produce una imaginación enfermiza. Lleva a la disipación. Un curso de estudios de cinco años, seguido de esta manera, no vale más que un año de estudios llevados a cabo equilibradamente.­ Carta 76, 1897.

EL EXCESO DE ESTUDIO CONDUCE A LA DEPRAVACIÓN.-
Eviten  excitar el cerebro. El exceso de estudio estimula el cerebro y aumenta el flujo de sangre hacia él. El resultado seguro de esto es la depravación. No se puede excitar indebidamente el cerebro sin producir pensamientos y acciones impuros. Se afecta todo el sistema nervioso, y esto conduce a la impureza. Las facultades físicas y mentales degeneran, y así se contamina el templo del Espíritu Santo. Las malas costumbres se comunican, y las consecuencias son incalculables. Estoy bajo la obligación de hablar claramente acerca de este asunto.­ Carta 145, 1897.

EL CORAZÓN Y LA CABEZA DEBEN TENER DESCANSO (CONSEJO A UN PASTOR DEMASIADO OCUPADO).-
Mantenga el canal limpio y sin obstrucciones, para que pueda fluir el Espíritu Santo. No importa qué ocurra, mantenga su mente fija en Dios, y no se deje confundir por nada.
Mientras hablaba con Ud. de noche, en sueños, vi que su mente estaba cansada, y le dije: Deposite toda su solicitud en el Señor, porque él cuida de Ud. Encomiende sus preocupaciones y perplejidades al Portador de cargas. La paz de Cristo en el corazón vale más para nosotros que cualquier otra cosa...
Le pido que sea cuidadoso. Le ruego que deponga la carga; que se desembarace de las numerosas preocupaciones y perplejidades que le impiden darle descanso a su corazón y a su cabeza. Recuerde que es necesario prestar atención a los asuntos de interés eterno.­ Carta 19, 1904.

EL EXCESO DE TRABAJO MENTAL PRODUCE ENFERMEDAD.-
Los que 527 han quedado quebrantados por el trabajo mental deberían desechar todo pensamiento fatigoso; pero no se les debe inducir a creer que todo empleo de las facultades intelectuales sea peligroso. Muchos se inclinan a considerar su estado peor de lo que es. Esta idea dificulta el restablecimiento y no debería favorecerse.
Hay pastores, maestros, estudiantes y otros que hacen trabajo mental, que enferman a consecuencia del intenso esfuerzo intelectual, sin ejercicio físico compensatorio. Estas personas necesitan una vida más activa. Los hábitos estrictamente templados, combinados con ejercicio adecuado, darían vigor mental y físico a todos los intelectuales y los harían más resistentes.­ MC 182 (1905).

HAY QUE CONSERVAR LA ARMONÍA ENTRE LAS FACULTADES MENTALES Y LAS FÍSICAS.-
Perdemos o ganamos fortaleza física de acuerdo con la forma como tratamos el cuerpo. Cuando la mayor parte del tiempo se dedica al trabajo mental, la imaginación pierde su frescura y su poder, mientras los órganos físicos pierden su tono saludable. El cerebro está morbosamente excitado al tener que trabajar constantemente, mientras el sistema muscular se debilita por falta de ejercicio. Hay una manifiesta pérdida de fuerza y una creciente debilidad, que con el tiempo ejerce su influencia sobre el cerebro. Tanto como sea posible, debería conservarse la armonía entre las facultades mentales y las físicas. Esto es necesario para conservar con buena salud todo el organismo.­ Carta 53, 1898. 528

sábado, 12 de julio de 2014

CARTA PARA JOVENES ENAMORADOS (Ellen White) IASD

 

¿Te has preguntado alguna vez cómo sería recibir una carta de un profeta? ¿Tendrías el valor de abrir el sobre y leer su contenido? En este libro hay cartas que fueron escritas por inspiración de Dios y que fueron dirigidas a jóvenes con el fin de ayudarles a hacer las elecciones correctas en su noviazgo y matrimonio. Los recopiladores han añadido en este libro las circunstancias de trasfondo relacionadas con las personas involucradas, lo cual aparece en la página que precede a cada carta. Algunas cartas largas se han abreviado sin la indicación de puntos suspensivos. Por razones obvias, los nombres han sido cambiados. En varios capítulos se han incluido consejos adicionales; algunos de ellos extraídos de cartas. No hay otro tiempo en la vida que sea tan importante para recibir consejos al respecto, como cuando dos jóvenes están planeando unirse en matrimonio. Puesto que el Señor te ama y desea que tengas vida eterna y un hogar feliz, la lectura de tan sólo una de estas cartas podrá ayudarte a obtener ambas cosas. Te invitamos a “abrir el sobre” y a leer lo que el Señor ha dicho a otros jóvenes como tú. Ellen G. White Estate 


jueves, 20 de febrero de 2014

XI). LOS PROBLEMAS EMOCIONALES: 53. “Controversia: Positiva Y Negativa”


Si somos uno con Dios, habrá unidad
Dios es la personificación de la benevolencia, la misericordia y el amor. Los que están verdaderamente relacionados con él, no pueden estar en conflicto unos con otros. Si su Espíritu domina el corazón, producirá armonía, amor y unidad. Lo opuesto a esto se ve en los hijos de Satanás. Su obra consiste en suscitar envidia, contienda y celos. En el nombre de mi Maestro les pregunto a los seguidores de Cristo: ¿Qué frutos dan ustedes?­ 5T 28 (1882).

Siembra y cosecha de disensiones
El que esparce semillas de disensión y discordia cosecha en su propia alma los frutos mortíferos. El mismo hecho de buscar algo malo en otros desarrolla el mal en los que lo buscan.­ 
MC 392, 393 (1905).

Satanás se deleita en las contiendas
Satanás está tratando constantemente de sembrar desconfianza, enajenamiento y malicia entre el pueblo de Dios. Con frecuencia estaremos tentados a sentir que nuestros derechos han sido invadidos, sin que haya verdadera causa para tener esos sentimientos... 
 Las contensiones, disensiones y pleitos entre hermanos deshonran la causa de la verdad. Los que siguen tal conducta exponen a la iglesia al ridículo de sus enemigos, y hacen triunfar las potestades de las tinieblas. Están abriendo de nuevo las heridas de Cristo y exponiéndolo al oprobio.­ 2JT 83, 84 (1882).

La controversia conduce a la lucha
La obra especial y engañosa de Satanás ha tenido por propósito provocar controversia, para que hubiera luchas acerca de palabras que no aprovechan. Bien sabe él que esto ocupará la mente y el tiempo. Despierta un espíritu combativo y mata el espíritu de convicción en la mente de muchas personas, conduciéndolas a diversidad de opiniones, acusaciones y prejuicios que cierran la puerta de la verdad.­ Ev. 117 (1888).

Las contiendas entre los hermanos demoran la segunda venida
Durante cuarenta años, la incredulidad, la murmuración y la rebelión impidieron la entrada del antiguo Israel en la tierra de Canaán. . . La incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años.­ 
Ev 505 (1883).

No tenemos tiempo para contiendas y luchas
Hay hombres y mujeres que pretenden servir al Señor y que se conforman con ocupar su tiempo y su atención en asuntos de poca importancia. Están satisfechos cuando se encuentran distanciados unos de otros. Si estuvieran consagrados a la obra del Maestro, no estarían luchando y combatiendo como una familia de niños mal educados. Cada mano estaría dedicada al servicio. Cada cual estaría en su puesto del deber, trabajando con el corazón y el alma como misioneros de la cruz de Cristo. . . Los obreros deberían llevar a su servicio las oraciones y la simpatía de una iglesia reavivada. Recibirían sus órdenes de Cristo, y no tendrían tiempo para contiendas y luchas.­ RH, 10 de septiembre de 1903. 

No permitamos que se produzcan controversias por causas triviales. El espíritu del amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo unirán corazón con corazón, si cada cual abre las ventanas de su corazón en la dirección del cielo, y las cierra a las cosas de la tierra.
 Carta 183, 1899.

Dejemos a un lado las controversias.
El poder de la gracia de Dios hará más en favor del alma que lo que podría hacer el conflicto de una vida entera. Cuántas cosas podrían ajustarse con el poder de la verdad, y cuántos viejos conflictos podrían pacificarse si se practicaran mejores modales. El grandioso principio: "Paz en la tierra para los hombres de buena voluntad", sería practicado mejor si los que creen en Cristo fueran colaboradores de Dios. Entonces no se magnificarían las pequeñeces, acerca de las cuales tanto hablan algunos, que no se basan en la autoridad de la Palabra de Dios, como si fueran cosas importantes.­ Carta 183, 1899.

La controversia induce a la defensa propia
En el trato que concedió a Tomás, Jesús dio una lección para sus seguidores. Su ejemplo demuestra cómo debemos tratar a aquellos cuya fe es débil y que dan realce a sus dudas. Jesús no abrumó a Tomás con reproches ni entró en controversia con él. Se reveló al que dudaba. Tomás había sido irrazonable al dictar las condiciones de su fe, pero Jesús, por su amor y consideración generosa, quebrantó todas las barreras. La incredulidad queda rara vez vencida por la controversia. Se pone más bien en guardia y halla nuevo apoyo y excusa. Pero revélese a Jesús en su amor y misericordia como el Salvador crucificado, y de muchos labios antes indiferentes se oirá el reconocimiento de Tomás: "¡Señor mío, y Dios mío!".­ 
DTG 748 (1898).

No pronunciemos palabras de controversia ante un enfermo
A la cabecera del enfermo, evítese toda palabra acerca de dogmas o controversias. Diríjase la atención del enfermo 518 hacia Aquel que quiere salvar a todos los que a él acuden con fe. Con fervor y ternura, procúrese ayudar al alma pendiente entre la vida y la muerte.­ 
MC 83 (1905).

La controversia no es provechosa
No debemos entrar en controversia con quienes sustentan teorías falsas. La controversia es inútil. Cristo nunca entró en discusiones. El arma empleada por el Redentor del mundo fue: "Escrito está". Adhirámonos a la Palabra. Dejemos que el Señor Jesús y sus mensajeros den testimonio. Sabemos que su testimonio es verdadero.­ NB 101 (1915).

La controversia muy pocas veces suaviza las cosas
Los muchos sermones argumentativos predicados, raramente suavizan y subyugan el alma.­ Ev 130 (1892).

El enfoque positivo es más poderoso
No tengáis un espíritu de controversia. Los discursos denunciatorios hacen muy poco bien. El método más seguro para destruir las falsas doctrinas consiste en predicar la verdad. Mantened una actitud positiva. Dejad que las preciosas verdades del Evangelio maten la fuerza del mal. Manifestad un espíritu tierno y misericordioso hacia los que yerran. Acercaos a los corazones.­ Ev 224 (1902).

No obstante, hay una controversia que despierta las mentes
En todos los tiempos los mensajeros elegidos por Dios fueron víctimas de insultos y persecuciones; no obstante, el conocimiento de Dios se difundió por medio de sus aflicciones. Cada discípulo de Cristo debe ocupar un lugar en las filas para adelantar la misma obra, sabiendo que todo cuanto hagan los enemigos redundará en favor de la verdad. El propósito de Dios es que la verdad se ponga al frente para que llegue a ser tema de examen y discusión, a pesar del desprecio que se le haga. Tiene que agitarse el espíritu del pueblo; todo conflicto, todo vituperio, todo esfuerzo por limitar la libertad de conciencia son instrumentos de Dios para despertar las mentes que de otra manera dormirían.­ DMJ 31, 32 (1896).

Las disensiones de los padres influyen sobre los hijos
Los padres crean en extenso grado la atmósfera que reina en el círculo del hogar, y donde hay desacuerdo entre el padre y la madre, los niños participan del mismo espíritu. Impregnad la atmósfera de vuestro hogar con la fragancia de un espíritu tierno y servicial. Si os habéis convertido en extraños y no habéis sido cristianos de acuerdo con la Biblia, convertíos, porque el carácter que adquiráis durante el tiempo de gracia será el carácter que tendréis cuando venga Cristo.­ HAd 12 (1891).

Las contiendas crean problemas.
Como familia, podemos ser felices o desgraciados. Eso depende de nosotros. Nuestra propia conducta determinará el futuro. Ambos cónyuges necesitan suavizar las aristas de sus caracteres, y pronunciar sólo palabras de las que no tengan que avergonzarse en el día de Dios. . . Pueden llegar a discutir acerca de cosas que no valen la pena, y como resultado de ello obtendrán problemas. La senda de los rectos es de paz. Es tan llana que el hombre humilde, temeroso de Dios, puede caminar por ella sin tropezar y sin desviarse. Es estrecha; pero hombres de diferentes temperamentos pueden caminar lado a lado por ella, si sólo siguen al Capitán de su salvación.­ 4T 502, 503 (1880).

Los castigos y los enojos producen rebelión.
Las palabras ásperas y enojadas no son de origen celestial. Renegar y regañar nunca ayudan. Por el contrario despiertan los peores sentimientos en el corazón humano. Cuando vuestros niños proceden mal y están llenos de rebeldía y os sentís tentados a hablar y actuar ásperamente, esperad antes de corregirlos. Dadles una oportunidad de pensar y serenad vuestro ánimo.
Al tratar bondadosa y tiernamente a vuestros niños, recibiréis la bendición del Señor. ¿Pensáis que en el día del juicio de Dios habrá alguien que se lamente de haber sido paciente y bondadoso con sus niños?­ CN 230 (1903).

La proximidad de Cristo produce unidad.
Lo que causa división y discordia en las familias y en la iglesia es la separación de Cristo. Acercarse a Cristo es acercarse unos a otros. 

"El secreto de la verdadera unidad en la iglesia y en la familia no estriba en la diplomacia ni en la administración, ni en un esfuerzo sobrehumano para vencer las dificultades ­aunque habrá que hacer mucho de esto­ sino en la unión con Cristo".

Representémonos un círculo grande desde el cual parten muchas rayas hacia el centro. Cuanto más se acercan estas rayas al centro, tanto más cerca están una de la otra.
Así sucede en la vida cristiana. Cuanto más nos acerquemos a Cristo tanto más cerca estaremos uno del otro. Dios queda glorificado cuando su pueblo se une en una acción armónica.­ 
HAd 158 (1904).

La armonía entre los padres es esencial.
Debe haber completa confianza entre los esposos. Ambos deben hacer frente a sus responsabilidades. Juntos deben trabajar por el mayor bien de sus hijos. Jamás deben, en presencia de éstos, criticar uno los planes del otro ni poner en tela de juicio el criterio del otro. Procure cuidadosamente la esposa no dificultarle al marido la obra que hace por los hijos. Sostenga el marido, por su parte, las manos de su esposa, dándole prudente consejo y amoroso aliento.­ 
MC 305 (1905).

Sin diferencias.
Si ambos padres están en desacuerdo, y uno de ellos procura contrarrestar la influencia del otro, la familia se desmoralizará, y ni el padre ni la madre serán objeto del respeto y la confianza que son esenciales para una familia bien gobernada. . . Los niños disciernen prestamente 521 cualquier cosa que inspire desprecio por los reglamentos de una casa, especialmente los que restriñen sus acciones.­ HAd 281 (1894).

Conducción positiva del hogar.
No tenéis derecho a ensombrecer la felicidad de vuestros hijos mediante la crítica o una severa censura por faltas insignificantes. Los verdaderos errores debieran ser presentados tan pecaminosos como realmente son, y debiera seguirse una conducta firme y decidida para evitar que reaparezcan. Sin embargo, no debe dejarse a los hijos en un estado falto de esperanza, sino con cierto grado de ánimo para que puedan mejorar y ganar vuestra confianza y aprobación. Los hijos quizá deseen hacer lo correcto, quizá se propongan en su corazón ser obedientes, pero necesitan ayuda y ánimo.­ CN 261 (1884).

Paz en la iglesia.
Haya paz en el hogar, y habrá paz en la iglesia. Esta preciosa experiencia llevada a la iglesia será el medio para crear un bondadoso afecto mutuo. Cesarán las rencillas. La verdadera cortesía cristiana se verá entre los miembros de iglesia. El mundo tomará nota de que ellos han estado con Jesús y han aprendido de él. ¡Qué impresión haría la iglesia en el mundo si todos los miembros vivieran vidas cristianas!­ CN 521 (1903).

La muerte disipa las diferencias.
Cuando la muerte cierra los ojos de una persona, y sus manos quedan cruzadas sobre el pecho inmóvil, ¡cuán pronto cambian las divergencias! Ya no hay amarguras ni resentimientos; los desprecios y yerros se olvidan y perdonan.

 ¡Cuántas palabras de cariño se dicen acerca de los muertos y cuántas cosas buenas de su vida se recuerdan! Se expresan alabanzas y encomios; pero caen en oídos que no oyen, sobre corazones que no sienten. Si esas palabras hubiesen sido dichas cuando el espíritu cansado las necesitaba, cuando el oído podía oírlas y el corazón sentirlas. . . 

¡Cuántos, mientras están de pie, embargados por la reverencia frente al silencio de la muerte, recuerdan con vergüenza y con pesar las palabras y los actos que infundieron tristeza al corazón que ahora está paralizado para siempre!

¡Infundamos ahora en nuestra vida toda la riqueza, el amor y la bondad que podamos infundirle! Seamos serviciales, agradecidos, pacientes y tolerantes en nuestro trato unos con otros. Mientras viven aún nuestros hermanos, expresémosles en nuestro trato diario los sentimientos que suelen expresarse al lado de los moribundos y los muertos.­ 2JT 192 (1889).

En el cielo no hay contiendas.
Que nadie crea, aunque esté teóricamente firme en la verdad presente, que no comete errores. Pero si se cometen errores, que haya disposición para corregirlos. Y evitemos todo lo que pueda producir disensión y contienda; porque tenemos un cielo por delante, y entre sus habitantes no hay contienda.­ 
RH, 8 de agosto de 1907; (CH 244).

Se necesita más amor y menos crítica.
Siempre habrá diferencias de opinión, porque cada mente está constituida de diferente manera. Hay que tener cuidado con las tendencias heredadas y cultivadas, no sea que produzcan contiendas acerca de cosas de menor importancia. Los obreros de Cristo deben unirse en tierna simpatía y amor. Que nadie crea que es una virtud mantener sus propios conceptos, y suponer que es el único a quien el Señor le ha dado discernimiento e intuición. La caridad cristiana cubre multitud de cosas que alguien podría considerar que son defectos en los demás. Se necesita mucho amor, y mucho menos crítica. Cuando el Espíritu Santo esté obrando evidentemente en los corazones de los ministros y sus ayudantes, manifestarán la ternura y el amor de Cristo.­ (Carta 183, 1899).

No hay que atacar a las personas.
Algunos de nuestros hermanos han dicho y han escrito muchas cosas que han sido interpretadas como que expresan antagonismo hacia el gobierno y la ley. Es un error exponernos así a malentendidos. No es prudente tratar de descubrir continuamente fallas en lo que hacen los dirigentes del gobierno. No es nuestra tarea atacar a individuos o instituciones. Debemos tener mucho cuidado, no sea que se interprete que nos estamos oponiendo a las autoridades civiles. Es verdad que nuestra lucha es agresiva, pero nuestras armas están en un sencillo "Así dice Jehová". Nuestra obra consiste en preparar a un pueblo para que pueda estar en pie en el gran día de Dios. No debemos permitir que se nos desvíe a un terreno que promueva conflictos o despierte antagonismos entre los que no son de nuestra fe.­ 6T 394 (1900).

Cómo hacer frente a la incredulidad y a las enseñanzas cismáticas.
Se me mostró que malos ángeles, bajo la forma de creyentes, obrarán en nuestras filas para introducir un fuerte espíritu de incredulidad. Que ni siquiera esto los desanime; en cambio, ofrezcan un corazón leal para ayudarle al Señor contra los poderes de los instrumentos satánicos. Esos poderes malignos aparecerán en nuestras reuniones, no para recibir una bendición, sino para contrarrestar las influencias del Espíritu de Dios. No tomen en cuenta las declaraciones que hagan; en cambio, repitan las ricas promesas de Dios, que son sí y amén en Cristo Jesús. Nunca debemos aceptar las palabras que puedan pronunciar los labios humanos para confirmar a los malos ángeles en su obra, sino que debemos repetir las palabras de Cristo.­ Carta 46, 1909. 

(Mente, Carácter y Personalidad 2 de E.G. de White)