martes, 25 de septiembre de 2012

X) LA SALUD MENTAL 45. “La Individualidad”


La individualidad es poder.-
Cada ser humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador: la individualidad, la facultad de pensar y hacer. Los hombres en quienes se desarrolla esta facultad son los que llevan responsabilidades, los que dirigen empresas, los que influyen sobre el carácter.­ Ed 17 (1903).
Cada cual tiene su propia individualidad.-
El evangelio trata con individuos. Cada ser humano tiene un alma que salvar o perder. Cada cual tiene una individualidad separada y diferente de todas las demás. Cada cual debe convencerse por sí mismo, convertirse por sí mismo. Debe recibir la verdad, arrepentirse, creer y obedecer por sí mismo. Debe ejercer su voluntad por sí mismo. Nadie puede hacer esta obra por intermedio de otra persona. Nadie puede sumergir su individualidad en la de otro. Cada cual debe entregarse a Dios por sí mismo y por el misterio de la piedad.­ Ms 28, 1898.
Unidad en la diversidad.-
Es el plan de Dios que haya unidad en la diversidad. Nadie puede ser criterio para otro. Las  diversas actividades que se nos confían están proporcionadas a nuestras diversas capacidades. Se me ha instruido claramente en el sentido de que Dios dota a los hombres con diferentes grados de capacidad, y después los ubica donde pueden hacer la obra para la cual están mejor preparados. Cada obrero debe dar a sus colaboradores el respeto que desea se le manifieste.­ Carta 111, 1903.

Las mentes de los hombres son diferentes.-
¿Por qué necesitamos de Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo y otros autores que dieron su testimonio con respecto a la vida del Salvador durante su ministerio terrenal? ¿Por qué no pudo haber escrito uno de esos discípulos un relato completo para darnos así un informe bien eslabonado de la vida y la obra de Cristo?
Los evangelios son diferentes, y sin embargo el relato se combina en un armonioso conjunto. Un escritor presenta detalles que el otro no da. Si estos detalles son esenciales, ¿por qué no los mencionan todos los autores? Se debe a que las mentes de los hombres difieren, y no entienden las cosas exactamente de la misma manera. Algunas verdades atraen con mucho más fuerza las mentes de cierta clase de personas y no de otras. Este mismo principio se aplica a los oradores. Algunos dedican mucho tiempo a ciertos puntos que otros tratarían rápidamente o que no los mencionarían para nada. Por eso varias personas presentan la verdad con más claridad que una sola.­Ms 87, 1907.
La individualidad no debe ser destruida.-
El Señor no quiere que se destruya nuestra individualidad; no es su propósito que dos personas sean exactamente iguales en gustos y disposiciones. Todos tienen características peculiares, y éstas no deben destruirse, sino educarse, moldearse, transformarse a la similitud de Cristo. El Señor convierte las actitudes y las capacidades naturales, en instrumentos provechosos. En el desarrollo de las facultades que Dios ha dado, los talentos y las habilidades crecen, si el instrumento  humano reconoce el hecho de que sus facultades le han sido confiadas por Dios, para ser usadas, no con propósitos egoístas. . . sino para la gloria de Dios y el bien de sus semejantes.­ NEV 92 (1894).
Cada niño debe tener su individualidad.-
Se puede disciplinar a un niño para que no tenga voluntad propia, como si fuera un animal, con su individualidad sumergida en la de su maestro. . . Pero, en la medida de lo posible, cada niño debería ser educado para bastarse a sí mismo. Al poner en funcionamiento sus diversas facultades, sabrá dónde es más fuerte y en qué es deficiente. El sabio instructor prestará especial atención al desarrollo de los rasgos más débiles, de manera que el niño pueda formar un carácter bien equilibrado y armonioso.­ RH, 10 de enero de 1882; (FE 57).

El matrimonio no debe destruir la individualidad.-
Ni el marido ni la mujer deben pensar en ejercer gobierno arbitrario uno sobre otro. No intentéis imponer vuestros deseos uno a otro. No podéis hacer esto y conservar el amor mutuo. Sed bondadosos, pacientes, indulgentes, considerados y corteses. Mediante la gracia de Dios podéis haceros felices uno al otro, tal como lo prometisteis al casaros.­ MC 279, 280 (1905).
Ambos esposos deben conservar su individualidad (consejo para los recién casados).-
En vuestra unión para toda la vida, vuestros afectos deben contribuir a vuestra felicidad mutua. Cada uno debe velar por la felicidad del otro. Tal es la voluntad de Dios para con vosotros. Mas aunque debéis confundiros hasta ser uno, ninguno de los dos debe perder su individualidad. Dios es quien posee vuestra individualidad; y a él debéis preguntar: ¿Qué es bueno?, ¿qué es malo? y ¿cómo puedo alcanzar mejor el blanco de mi existencia? "No sois vuestros. Porque comprados sois por precio: glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Cor. 6:19, 20). Vuestro amor por lo que es humano debe ser secundario a vuestro amor a Dios. La abundancia de vuestro amor debe dirigirse hacia aquel que dio su vida pos vosotros. El alma que vive para Dios le tributa el mejor de sus afectos. ¿Se dirige la mayor parte de vuestro amor hacia Aquel que murió por vosotros? Si es así, vuestro amor recíproco será conforme al orden celestial.­ 3JT 95, 96 (1902).  Tenemos una individualidad que nos es propia, y la de la esposa nunca debe sumergirse en la de su esposo.­ Ms 12, 1895.
La consagración embellece la individualidad.-
Una vida consagrada al servicio de Dios se desarrollará y embellecerá en su individualidad. Nadie debe sumergir su individualidad en la de otro, sino que todos, como personas, debemos ser injertados en la cepa madre, para que haya unidad en la diversidad. El gran Artista maestro no ha hecho dos hojas del mismo árbol exactamente iguales; de modo que su poder creador no le da a todas las mentes la misma identidad. Han sido creadas para vivir por las edades sin fin, y debe haber completa unidad, una mente combinándose con la otra; pero ni siquiera dos deben corresponder al mismo molde.­ Ms 116, 1898.

Dios da a cada persona una obra individual.-
Hay que estudiar las cosas del mundo natural, y hay que aplicar sus lecciones a la vida espiritual, al crecimiento espiritual. Dios, no el hombre, le ha dado a cada ser humano su tarea. Esta es una obra individual: la formación de un carácter de acuerdo con la semejanza divina. El lirio no debe luchar para ser semejante a la rosa. Hay diferencias en la formación de las flores y de los frutos, pero todos reciben sus diferencias de Dios. Todos son del Señor. De manera que es designio divino que incluso los mejores hombres no tengan todos el mismo carácter.­ Ms 116, 1898.
Respetándose mutuamente.-
Cada uno de nosotros tiene  una obra que hacer. Podemos ser de diferentes nacionalidades, pero todos debemos ser uno en Cristo. Si permitimos que las peculiaridades de carácter y de disposición nos separen aquí, ¿cómo podemos esperar vivir juntos en el cielo? Debemos tener amor y respeto unos por otros. Debe existir entre nosotros la unidad por la cual Cristo oró. Hemos sido comprados por precio y debemos glorificar a Dios en nuestros cuerpos y en nuestros espíritus.­ Ms 20, 1905.
Fracasaremos completamente si copiamos a los demás.-
Si alguien trata de copiar el carácter de otro hombre, fracasará completamente. Cada persona debe mirar a Dios por sí misma, y trabajar a conciencia y con fidelidad con los talentos que Dios le ha dado. "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" ( Fil. 2: 12, 13). Está en usted, mi hermano, en usted; no en otro por usted. Usted debe tener una experiencia individual. Entonces se regocijará en usted mismo, no en otro.­Ms 116, 1898.

Cada mente tiene una fortaleza peculiar.-
Me da pena ver el poco valor que se le adjudica a hombres a quienes Dios ha usado y que aún desea usar. Quiera el Señor que la mente de cada hombre no siga en los canales de la mente de otro hombre. La mente de un hombre puede ser exaltada por algunos como si en todo sentido fuera superior, pero cada mente tiene sus debilidades y sus fortalezas peculiares. La mente de un hombre suplirá la deficiencia de otro. Pero si todos trabajan sometidos a la misma rienda, y se los anima a mirar, no a los hombres para saber cuál es su deber, sino a Dios, se desarrollarán bajo la dirección del Espíritu Santo, y trabajarán en unidad con sus hermanos. Uno suplirá lo que a otro le falta.­ Carta 50, 1897.
No hay que modelar las mentes de los demás.-
Dios le ha dado a cada hombre una responsabilidad individual. "Ocupaos  en vuestra salvación con temor y temblor". Un hombre no debe ocuparse en la salvación de otro hombre. No debe convertirse en la copia de la mente de otro. Se le pide que obre según su capacidad y de acuerdo con la habilidad que Dios le ha dado. Nadie, no importa cuál sea su experiencia ni su cargo, debe creer que está llevando a cabo una obra maravillosa cuando modela de acuerdo con su propia mente la mente de cualquier otro ser humano, y le enseña a comunicar los sentimientos que él podría expresar. Esto se ha hecho una y otra vez en detrimento de los seres humanos.­ Ms 116, 1898.
No debe ser la sombra de otros.- *
¡Oh, cuánto necesitan los obreros el espíritu de Jesús para que los transforme y los modele como le dan forma a la arcilla las manos del alfarero! Cuando tengan este espíritu, no habrá diferencias entre ellos; nadie será tan obtuso como para pretender que todo se haga a su manera, de acuerdo con sus ideas; no habrá sentimientos inarmónicos entre él y los obreros, sus hermanos, que no logran alcanzar su norma. El Señor no quiere que ninguno de sus hijos sea una sombra de los demás; sino que cada cual sea su propio yo, refinado, santificado y ennoblecido al imitar la vida y el carácter del gran Modelo. El espíritu estrecho, cerrado, exclusivo, que mantiene todo dentro del ámbito de su propio yo, ha sido una maldición para la causa de Dios, y siempre lo será dondequiera se le permita manifestarse.­ RH, 13 de abril de 1886.

Nadie debe sumergir su mente en la de otro.-
Dios le permite a cada ser humano que manifieste su individualidad. No quiere que nadie sumerja su mente en la de otro mortal. Los que quieren ser transformados en mente y carácter, no deben mirar a los hombres, sino al Ejemplo divino. Dios envía esta invitación: "Haya, pues, en vosotros este sentir  [mente] que hubo también en Cristo Jesús". Mediante la conversión y la transformación los hombres han de recibir la mente de Cristo. Cada cual debe comparecer delante de Dios con una fe individual, con una experiencia personal, sabiendo por sí mismo que Cristo, la esperanza de gloria, se ha formado en su interior. Si nosotros imitáramos el ejemplo de cualquier hombre, incluso de alguien a quien consideráramos casi perfecto en carácter, sería como si pusiéramos nuestra confianza en un ser humano defectuoso, incapaz de impartir una jota o un tilde de perfección.­ ST, 3 de septiembre de 1902.
Para tener mentes vigorosas.-
Está bien que el Hno. y la Hna.­­­­­, y el Hno. y la Hna.­­­­­tengan mentes vigorosas. Cada cual debe conservar su individualidad. Cada cual debe mantener su individualidad y no permitir que se sumerja en la de otro. Ningún ser humano debe ser la sombra de otro. Los siervos de Dios deben trabajar juntos en una unidad que combine una mente con otra.­ Carta 44, 1903.
Una medida individual.-
Ningún hombre puede crecer hasta llegar a la plena estatura de otro hombre. Cada cual debe alcanzar su propia medida individual por sí mismo. Cada cual debe crecer bajo la supervisión de Dios.­ Ms 116, 1898.

La vida interior no puede ser compartida plenamente con otro.-
Considerada en su aspecto humano, la vida es para todos un sendero desconocido. Es un camino por el cual, en lo que a nuestras más íntimas experiencias se refiere, andamos solos. Ningún otro ser humano puede penetrar plenamente en nuestra vida íntima. Al emprender el niño ese viaje en el cual tarde o temprano deberá escoger su curso y decidir las consecuencias de la vida para la eternidad, ¡cuán ferviente debería ser el esfuerzo hecho para dirigir su fe al Guía y Ayudador infalible!­ Ed 255 (1903).
El carácter es personal.-
Cada uno de nosotros tiene una obra que hacer para el tiempo y la eternidad. Dios aborrece la indiferencia con respecto a la formación del carácter.­ Carta 223, 1903.
Reconocimiento de los derechos del hombre.-
Una de las más elevadas aplicaciones de estos principios [el reconocimiento de las responsabilidades personales] se encuentra en el reconocimiento del derecho del hombre a ser él mismo, al control de su propia mente, a la administración de sus talentos, al derecho de recibir e impartir el fruto de su propio trabajo. El vigor y el poder se manifestarán en nuestras instituciones sólo si se reconocen estos principios en sus relaciones con sus semejantes; sólo si en sus transacciones dan lugar a la instrucción de la Palabra de Dios.­ 7T 180 (1902).

Dependientes de Cristo.-
Cada alma tiene su individualidad. Cada alma debe vivir hora tras hora en comunión con Cristo; porque él dice: "Separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15: 5). Sus principios deben ser nuestros principios; porque estos principios son la verdad eterna, proclamada en justicia, bondad, misericordia y amor.­ Carta 21, 1901.
Conservar la individualidad en la experiencia cristiana.-
Enseñen a cada alma a descansar plenamente en el brazo del poder infinito. Hay una individualidad en la experiencia cristiana que debe ser preservada en cada ser humano, y no le debe ser quitada esa responsabilidad a ninguna alma. Cada cual tiene que librar sus propias batallas, tiene que lograr su propia experiencia cristiana, independiente en algunos sentidos de cualquier otra alma; y Dios quiere que aprenda por sí mismo algunas lecciones que nadie puede aprender por él.­ Ms 6, 1889.

(Mente, Carácter y Personalidad 2 de E.G. de White)

X) LA SALUD MENTAL 44. “Leyes que Gobiernan la Mente”


El hombre fue creado con una mente perfectamente equilibrada.-
En el principio el Señor hizo al hombre recto. Fue creado con una mente perfectamente equilibrada, con el tamaño y la fortaleza de todos sus órganos en cabal desarrollo. Adán era un tipo de hombre perfecto. Todas las cualidades de su mente estaban bien proporcionadas; cada una de ellas tenía una función definida, no obstante, todas dependían unas de otras para su pleno y adecuado desempeño.­ 3T 72 (1872).
El Creador instituyó las leyes de la mente.-
El que creó la mente y ordenó sus leyes, dispuso su desarrollo de acuerdo con ellas.­ Ed 41 (1903).
Las grandes leyes de Dios.-
Hay grandes leyes que gobiernan el mundo de la naturaleza, y las cosas espirituales están bajo el control de principios igualmente seguros. Es necesario emplear medios que conduzcan a un fin si se desea lograr los resultados buscados. Dios ha señalado a cada hombre una obra de acuerdo con su habilidad. Las personas deben ser calificadas mediante la educación y la práctica  para hacer frente a cualquier emergencia que pudiera surgir, y se necesita planificar con sabiduría para ubicar a cada cual en su propia esfera a fin de que pueda obtener una experiencia que lo capacite para que sea capaz de asumir responsabilidades.­ 9T 221, 222 (1909).

La transgresión de las leyes de la naturaleza es pecado.-
Una constante transgresión de las leyes de la naturaleza es una permanente transgresión de la ley de Dios. El actual peso de sufrimiento y angustia que vemos por todas partes; la actual deformidad, decrepitud, enfermedad e imbecilidad que inundan el mundo, hacen de él un lazareto, en comparación con lo que Dios quería que fuera y para lo cual lo había designado; y la actual generación es débil mental, moral y físicamente. Toda esta miseria se ha ido acumulando de generación en generación, porque el hombre caído ha estado dispuesto a quebrantar la ley de Dios. Mediante la complacencia del apetito pervertido se cometen algunos pecados de mayor magnitud.­ 4T 30 (1876).
La transgresión rompe la armonía.-
El mismo poder que sostiene la naturaleza, obra también en el hombre. Las mismas grandes leyes que guían igualmente a la estrella y al átomo, rigen la vida humana. Las leyes que gobiernan la acción del corazón para regular la salida de la corriente de vida al cuerpo, son las leyes de la poderosa Inteligencia que tiene jurisdicción sobre el alma. De esta Inteligencia procede toda la vida. Unicamente en la armonía con Dios se puede hallar la verdadera esfera de acción de la vida. La condición para todos los objetos de su creación es la misma: Una vida sostenida por la vida que se recibe de Dios, una vida que esté en armonía con la voluntad del Creador. Transgredir su ley, física, mental o moral, significa perder la armonía con el universo, introducir discordia, anarquía y ruina.­ Ed 99, 100 (1903).
El efecto sigue a la causa con toda seguridad.-
Según las  leyes de Dios que rigen en la naturaleza, el efecto sigue a la causa con invariable seguridad. La siega es un testimonio de la siembra. Aquí no hay simulación posible. Los hombres pueden engañar a sus semejantes y recibir alabanza y compensación por un servicio que no han prestado. Pero en la naturaleza no puede haber engaño. La cosecha dicta sentencia de condenación para el agricultor infiel. Y en su sentido superior, esto se aplica también al campo de lo espiritual. El mal triunfa aparentemente, pero no en realidad. El niño que por jugar falta a clases, el joven perezoso para estudiar, el empleado o aprendiz que no cuida los intereses de su patrón, el hombre que en cualquier negocio o profesión es infiel a sus responsabilidades más elevadas, puede jactarse de que mientras la falta permanezca oculta obtiene ciertas ventajas. Pero no es así; se engaña a sí mismo. El carácter es la cosecha de la vida, y determina el destino tanto para esta vida como para la venidera.­ Ed 108, 109 (1903).

El poder del autoengaño.-
¡Terrible es el poder del engaño en la mente humana!.­ 1JT 474 (1876).
La mente tiene la posibilidad de discriminar.-
La mente humana está dotada de poder para discernir entre lo bueno y lo malo. Dios quiere que los hombres no decidan por impulso, sino por el peso de la evidencia, comparando cuidadosamente un pasaje de la Escritura con otro. Si los judíos hubiesen puesto a un lado los prejuicios y comparado la profecía escrita con los hechos que caracterizaban la vida de Jesús, habrían percibido una hermosa armonía entre las profecías y su cumplimiento en la vida y el ministerio del humilde Galileo.­ DTG 422, 423 (1898).
Las mentes disciplinadas tienen mayor poder de retención.­
Los hábitos de negligencia deben ser resueltamente vencidos. Muchos piensan que es suficiente excusa para sus  mayores errores el invocar su mente olvidadiza. ¿Pero no poseen ellos, lo mismo que otros, facultades intelectuales? Entonces debieran disciplinar su mente para que sea retentiva. Es un pecado olvidar, es un pecado ser negligente. Si adquirís el hábito de la negligencia, puede ser que descuidéis la salvación de vuestra propia alma y al fin halléis que no estáis preparados para el reino de Dios.­ PVGM 293 (ed. PP); 253 (ed. ACES) (1900).

La mente se adapta a las dimensiones de lo familiar.-
Es una ley de la mente que se estreche o se expanda de acuerdo con las dimensiones de las cosas con las cuales llega a familiarizarse. Las facultades mentales con toda seguridad se reducirán y perderán su capacidad de captar el profundo significado de la Palabra de Dios, a menos que se las ponga vigorosa y persistentemente a cumplir la tarea de investigar la verdad.­ RH, 17 de julio de 1888; (FE 127).
La mente se adapta a aquello en lo cual se espacia.-
Una ley del intelecto humano hace que se adapte gradualmente a las materias en las cuales se le enseña a espaciarse. Si se dedica solamente a asuntos triviales, se atrofia y se debilita. Si no se le exige que considere problemas difíciles, con el tiempo pierde su capacidad de crecer. Como instrumento educador la Biblia no tiene rival. En la Palabra de Dios, la mente halla temas para la meditación más profunda y las aspiraciones más sublimes. La Biblia es la historia más instructiva que posean los hombres. Proviene directamente de la fuente de verdad eterna, y una mano divina ha conservado su integridad y pureza a través de los siglos. . .
En ella se desarrollan los grandes problemas del deber y del destino. Se levanta la cortina que separa el mundo visible del mundo invisible, y presenciamos el conflicto de las fuerzas encontradas del bien y del mal, desde la entrada del pecado hasta el triunfo final de la rectitud y de la verdad; y todo ello no es sino una revelación del carácter de  Dios. En la contemplación reverente de las verdades presentadas en su Palabra, la mente del estudiante entra en comunión con la Mente infinita. Un estudio tal no sólo purifica y ennoblece el carácter, sino que inevitablemente amplía y fortalece las facultades mentales.­ PP 647, 648 (1890).
Nos transformamos por la contemplación.-
Hay una ley de la naturaleza intelectual y espiritual según la cual modificamos nuestro ser mediante la contemplación. La inteligencia se adapta gradualmente a los asuntos en que se ocupa. Se asimila lo que se acostumbra a amar y a reverenciar. Jamás se elevará el hombre a mayor altura que la de su ideal de pureza, de bondad o de verdad. Si se considera a sí mismo como el ideal más sublime, jamás llegará a cosa más exaltada. Caerá más bien en bajezas siempre mayores. Sólo la gracia de Dios puede elevar al hombre. Si depende de sus propios recursos, su conducta empeorará inevitablemente.­ CS 611 ( 1888).

La ley del deseo sustituto.-
Gran daño se hace por la falta de firmeza y decisión. He conocido algunos padres que decían: No te voy a dar esto o aquello, y después cedían pensando que habían sido demasiado estrictos, y daban al niño justamente lo que al principio le rehusaron. Así se provoca una herida que dura toda la vida. Es una importante ley de la mente, que no debiera ser pasada por alto, que cuando un objeto deseado es muy firmemente negado como para quitar toda esperanza, la mente pronto dejará de anhelarlo, y se ocupará de otras cosas. Pero mientras haya alguna esperanza de obtener el objeto deseado, se hará un esfuerzo para lograrlo.­ CN 266 (1882).
Las convicciones tratan de expresarse.-
Es ley de Dios que quien cree la verdad, tal como es en Jesús, la dará a conocer. Las ideas y convicciones que alberga la mente tratarán de expresarse. Todo aquel que da pábulo a la incredulidad y la crítica, todo el que se sienta capaz de juzgar la obra del  Espíritu Santo, difundirá el espíritu que lo anima. El hacerse sentir y oír, forma parte de la naturaleza de la incredulidad, la infidelidad y la resistencia a la gracia de Dios. La mente dominada por esos elementos siempre estará luchando para abrirse paso y lograr adherentes. Todos los que anden junto a un apóstata serán imbuidos de su espíritu de compartir con otros sus pensamientos, el resultado de sus propias averiguaciones y los sentimientos que los impulsan; porque no es fácil reprimir los motivos que nos inducen a la acción.­ TM 290, 291 (1896).
La expresión fortalece los pensamientos y sentimientos.-
Es una ley de la naturaleza que nuestros pensamientos y sentimientos resultan alentados y fortalecidos al darles expresión. Aunque las palabras expresan los pensamientos, éstos a su vez siguen a las palabras. Si diéramos más expresión a nuestra fe, si nos alegrásemos más de las bendiciones que sabemos que tenemos: la gran misericordia y el gran amor de Dios, tendríamos más fe y gozo. Ninguna lengua puede expresar, ninguna mente finita puede concebir la bendición resultante de la debida apreciación de la bondad y el amor de Dios. Aun en la tierra nuestro gozo puede ser como una fuente inagotable, alimentada por las corrientes que manan del trono de Dios.­ MC 195 (1905).

La mente tiene la facultad de elegir.-
Dios nos ha dado la facultad de elección; a nosotros nos toca ejercitarla. No podemos cambiar nuestros corazones ni dirigir nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacernos puros, propios para el servicio de Dios. Pero sí podemos escoger el servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad, y entonces él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad. Así toda nuestra naturaleza se someterá a la dirección de Cristo.­ MC 131 (1905).
El tentador no puede nunca obligarnos a hacer lo malo. No puede dominar nuestra mente, a menos que la entreguemos a su dirección. La voluntad debe consentir y la fe abandonar  su confianza en Cristo, antes que Satanás pueda ejercer su poder sobre nosotros. Pero todo deseo pecaminoso que acariciamos le da un punto de apoyo. Todo detalle en que dejamos de alcanzar la norma divina es una puerta abierta por la cual él puede entrar para tentarnos y destruirnos. Y todo fracaso o derrota de nuestra parte le da ocasión de vituperar a Cristo.­ DTG 100, 101 (1898).
El hombre es un ser provisto de libertad moral.-
Para incitar la rebelión de la raza caída, [Satanás] hizo aparecer a Dios como injusto por haber permitido que el hombre violara su ley. Dijo el artero tentador: "Si Dios sabía cuál iba a ser el resultado, ¿por qué permitió que el hombre fuese probado, que pecara, e introdujera la desgracia y la muerte?". . .
Millares de personas repiten hoy la misma rebelde queja contra Dios. No comprenden que al quitarle al hombre la libertad de elegir, le roban su prerrogativa como ser racional y lo convierten en un mero autómata. No es el propósito de Dios forzar la voluntad de nadie. El hombre fue creado moralmente libre. Como los habitantes de todos los otros mundos, debe ser sometido a la prueba de la obediencia; pero nunca se lo coloca en una situación en la cual se halle obligado a ceder al mal. No puede sobrevenirle tentación o prueba alguna que no sea capaz de resistir. Dios tomó medidas tales, que nunca tuvo el hombre que ser necesariamente derrotado en su conflicto con Satanás. ­ PP 342, 343 (1890).
El presente afecta las decisiones futuras.-
Todo su futuro estará influenciado para bien o para mal por la senda que Ud. elija recorrer ahora.­ Carta 41, 1891.

La ventaja de inclinarse hacia la independencia personal.-
Dios no quiso nunca que una mente humana estuviese bajo el dominio completo de otra. . . Los que tienen por objeto educar a sus alumnos para que vean y sientan que  tienen en sí el poder de ser hombres y mujeres de principios firmes, preparados para afrontar cualquier situación de la vida, son los maestros de mayor utilidad y éxito permanente. Puede ser que su obra no sea vista bajo los aspectos más ventajosos por los observadores descuidados, y que sus labores no sean apreciadas tan altamente como las del maestro que domina la mente y la voluntad de sus alumnos por la autoridad absoluta; pero la vida futura de los alumnos demostrará los mejores resultados de ese mejor plan de educación.­ 1JT 317 (1872).
La mente descontrolada se debilita.-
Las facultades mentales deberían ser desarrolladas al máximo; se las debería fortalecer y ennoblecer mediante el estudio de las verdades espirituales. Si se deja que la mente se espacie casi totalmente en cosas triviales y en las actividades comunes de la vida diaria, de acuerdo con una de sus leyes invariables, se volverá débil, frívola y deficiente en poder espiritual.-­5T 272 (1885).
El prejuicio impide que la luz ilumine.-
Los que permiten que el prejuicio impida que la mente reciba la verdad, no pueden ser receptáculos de la iluminación divina. Sin embargo, cuando se presenta una interpretación de las Escrituras, muchos no preguntan "¿es correcta? ¿está en armonía con la Palabra de Dios?" sino "¿quién la sostiene?" y a menos que venga precisamente en el medio que a ellos les agrada, no la aceptan. Tan plenamente satisfechos se tienten con sus propias ideas, que no quieren examinar la evidencia bíblica con el deseo de aprender, sino que rehúsan interesarse, meramente a causa de sus prejuicios.­ TM 105, 106 (1893).
La felicidad depende de la perfecta armonía con las leyes de Dios.-
Como la ley de amor era el fundamento del gobierno de Dios, la dicha de todos los seres creados dependía de su perfecta armonía con los grandes principios de  justicia. Dios quiere que todas sus criaturas le rindan un servicio de amor y un homenaje que provenga de la apreciación inteligente de su carácter. No le agrada la sumisión forzosa, y da a todos libertad para que lo sirvan voluntariamente.­CS 547 (1888).

(Mente, Carácter y Personalidad 2 de E.G. de White)

viernes, 8 de junio de 2012

IX) INTERPELACIÓN DEL CUERPO Y LA MENTE 43. La Mente y la Salud Espiritual



El fruto de la vida espiritual.-
La vida espiritual le proporciona a su poseedor lo que todo el mundo busca, pero que nunca se puede lograr sin una total entrega a Dios.­ Carta 121, 1904.

Cuerpo, mente y alma se benefician gracias a la comunión con Dios.-
Todo verdadero conocimiento y desarrollo tienen su origen en el conocimiento de Dios. Doquiera nos dirijamos: al dominio físico, mental o espiritual; cualquier cosa que contemplemos, fuera de la marchitez del pecado, en todo vemos revelado este conocimiento. Cualquier ramo de investigación que emprendamos, con el sincero propósito de llegar a la verdad, nos pone en contacto con la Inteligencia poderosa e invisible que obra en todas las cosas y por medio de ellas. La mente del hombre se pone en comunión con la mente de Dios; lo finito, con lo infinito. El efecto que tiene esta comunión sobre el cuerpo, la mente y el alma sobrepuja toda estimación.­ Ed 14 (1903).

El amor a Dios es esencial para la salud.-
Dios es el gran cuidador de la maquinaria humana. Podemos cooperar con 417 él en el cuidado de nuestros cuerpos. El amor a Dios es esencial para la vida y la salud.­ SpT Serie A, N° 15, p. 18, 3 de abril de 1900; (CH 587).

La salud del cuerpo es importante para la salud del alma.-
Se debería reconocer a Dios como el Autor (le nuestro ser. La vida que nos ha dado no es para malgastarla. El descuido relativo a los hábitos corporales pone de manifiesto un descuido del carácter moral. Se debe considerar que la salud del cuerpo es esencial para el avance en el crecimiento en la gracia, y hasta del temperamento.­ Ms 113, 1898.

Las buenas obras promueven la salud.-
Las buenas acciones son una doble bendición, pues aprovechan al que las hace y al que recibe sus beneficios. La conciencia de haber hecho el bien es una de las mejores medicinas para las mentes y los cuerpos enfermos. Cuando el espíritu goza de libertad y dicha por el sentimiento del deber cumplido y por haber proporcionado felicidad a otros, la influencia alegre y reconstituyente que de ello resulta infunde vida nueva al ser entero.­ MC 199 (1905).

La piedad está en armonía con las leyes de la salud.-
Los que andan por la senda de la sabiduría y la santidad descubren que "la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera" (1 Tim. 4: 8). Están vivos para disfrutar de los placeres de la vida verdadera y no se sienten perturbados por los vanos pesares provocados por las horas malgastadas, como ocurre tan a menudo con los mundanos cuando no se están divirtiendo con algún entretenimiento excitante. La piedad no está en conflicto con las leyes de la salud, sino que está en armonía con ellas. El temor del Señor es el fundamento de la verdadera prosperidad.­ CTBH 14, 1890; (CH 29).

Una lucha constante contra las fantasías nocivas de la mente.-
Todo aquel que desee participar de la naturaleza  divina debe apreciar el hecho de que tiene que huir de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Debe haber constante y fervorosa lucha del alma contra las fantasías nocivas de la mente. Debe haber una permanente resistencia a la tentación tanto en pensamiento como en acción. El alma debe mantenerse libre de toda mancha, por la fe en el que es capaz de guardarla sin caída.
Deberíamos meditar en las Escrituras, para pensar sobria y cándidamente en las cosas que tienen que ver con nuestra salvación eterna. La misericordia y el amor infinitos de Jesús, el sacrificio hecho en nuestro favor, requieren nuestra más seria y solemne reflexión. Deberíamos espaciarnos en el carácter de nuestro amado Redentor e Intercesor.
Deberíamos tratar de comprender el significado del plan de salvación. Deberíamos meditar en la misión de Aquel que vino a salvar a su pueblo de sus pecados. Al considerar constantemente los temas celestiales, nuestra fe y nuestro amor se fortalecerán.­ RH, 12 de junio de 1888.

El daño causado a la salud debilita nuestra energía moral.-
Lo perjudicial para la salud no sólo reduce el vigor físico, sino que tiende a debilitar las facultades intelectuales y morales.­ MC 90 (1905).
Puesto que la mente y el alma hallan expresión por medio del cuerpo, tanto el vigor mental como el espiritual dependen en gran parte de la fuerza y la actividad físicas; todo lo que promueva la salud física, promueve el desarrollo de una mente fuerte y un carácter equilibrado.­ Ed 195 (1903).

Cuerpo: medio de expresión de la mente y el alma.-
El cuerpo es un medio muy importante para desarrollar la mente y el alma en la edificación del carácter. De ahí que el adversario de las almas encauce sus tentaciones para debilitar y degradar las facultades físicas. El éxito que obtiene de ello significa con frecuencia la entrega de todo el ser al mal. Amenos que las tendencias de la naturaleza física estén dominadas por un poder superior, obrarán con certidumbre  ruina y muerte. El cuerpo debe ser puesto en sujeción a las facultades superiores del ser. Las pasiones deben ser controladas por la voluntad, que debe estar a su vez bajo el control de Dios. La facultad regia de la razón, santificada por la gracia divina, debe regir la vida.
El poder intelectual, el vigor físico y la longevidad dependen de las leyes inmutables. Mediante la obediencia a esas leyes, el hombre puede ser vencedor de si mismo, vencedor de sus propias inclinaciones, vencedor de principados y potestades, de los "gobernadores de las tinieblas" y de las "malicias espirituales en los aires" (Efe. 6: 12).­ PR 359 (1917).

La mente recibe energía vital por medio del cerebro.-
El Señor quiere que nuestras mentes sean claras y precisas, capaces de ver puntos importantes en su Palabra y en su servicio, para hacer su voluntad, para depender de su gracia, para intercalar en su obra una clara conciencia y una mente agradecida. Esta clase de alegría fomenta la circulación de la sangre. Se le imparte energía vital a la mente por medio del cerebro; por eso éste nunca debería ser sedado por medio de narcóticos ni excitado por medio de estimulantes. El cerebro, los huesos y los músculos deben ser conducidos para que actúen armoniosamente, de manera que todos funcionen como máquinas bien reguladas, que trabajen sincronizadamente, sin que ninguno sea demasiado exigido.­ Carta 100, 1898.

La dispepsia influye para que la vida religiosa sea incierta.-
Los principios de la reforma pro salud deberían incorporarse a la vida de cada cristiano. Los hombres y las mujeres que pasan por alto estos principios no pueden ofrecerle a Dios una devoción pura y vigorosa; porque el estómago dispéptico o el hígado perezoso influyen para que la vida religiosa sea incierta.
El consumo de carne de animales muertos tiene un efecto perjudicial sobre la espiritualidad. Cuando se hace de la carne  el principal artículo de consumo, las facultades elevadas caen bajo el dominio de las pasiones inferiores. Estas cosas son una ofensa a Dios, y producen la decadencia de la vida espiritual.­ Carta 69, 1896.

Obrar con rectitud es la mejor medicina.-
La conciencia de que se está obrando con rectitud es la mejor medicina para los cuerpos y las mentes enfermos. La bendición especial de Dios que reposa sobre los que la reciben es salud y fortaleza. La persona cuya mente esté tranquila y satisfecha en Dios, esta en la senda de la salud. . .
Hay quienes no creen que sea un deber religioso disciplinar la mente para que se espacie en temas alegres, de manera que puedan reflejar luz en lugar de tinieblas y lobreguez. Esta clase de mentes preferirán buscar su propio placer: conversaciones frívolas, con risas y bromas, y con la mente continuamente excitada por una ronda de entretenimientos; o estarán deprimidas, con grandes dificultades y conflictos mentales, que ellas creen que pocos han experimentado alguna vez o pueden comprender. Esas personas pueden profesar ser cristianas, pero sólo se engañan a sí mismas. No poseen el Cristianismo genuino.­ HR, marzo de 1872.

Hay que trabajar tanto para el alma como para el cuerpo.-
Nuestros obreros de la rama médica tienen que hacer todo lo que esté en su poder para curar tanto la enfermedad del cuerpo como la de la mente. Tienen que vigilar, orar y trabajar para proporcionarles tanto ventajas espirituales como físicas a aquellos por quienes trabajan. El médico de uno de nuestros sanatorios que sea un verdadero siervo de Dios, tiene una obra sumamente interesante que hacer respecto de cada ser humano que sufre, y con quien se ponga en contacto. No debe perder oportunidad alguna de señalarles a las almas a Cristo, el gran Sanador del cuerpo y la mente. Todo médico debería ser un obrero experto en los métodos de Cristo. No debería haber una disminución del  interés en las cosas espirituales, no sea que se desvíe la facultad de fijar la mente en el gran Médico.­ Carta 223, 1905.

El médico que trata con mentes y corazones distraídos.-
El médico necesita sabiduría y poder más que humanos para saber atender a los muchos casos aflictivos de enfermedades de la mente y del corazón que está llamado a tratar. Si ignora el poder de la gracia divina, no podrá ayudar al afligido, sino que agravará la dificultad; pero si tiene firme confianza en Dios podrá ayudar a la mente enferma y perturbada. Podrá dirigir sus pacientes a Cristo, enseñarles a llevar todos sus cuidados y perplejidades al gran Portador de cargas.­ 2JT 144 (1885).

Cristo ilumina la mente.-
El médico nunca debería inducir a sus pacientes a que fijen su atención en él. Deberían enseñarles a aferrarse, con la mano temblorosa de la fe, de la mano extendida del Salvador. Entonces la mente se iluminará con la luz que irradia de la Luz del mundo.­ Carta 120, 1901.


La verdad tiene un poder tranquilizador.-
El poder tranquilizador de la verdad pura, vista, vivida y mantenida en todos sus aspectos, es de un valor que no puede expresarse en palabras a la gente que está sufriendo de alguna enfermedad. Mantengan siempre delante del enfermo que sufre la compasión y la ternura de Cristo, y despierten siempre su conciencia para que crea en su poder de aliviar el sufrimiento, y condúzcanlo a la le y a la confianza en él, el gran Sanador, y habrán ganado un alma y a menudo una vida.­ Carta 69, 1898; (MM 234, 235).

La verdadera religión ayuda a restaurar la salud (palabras dirigidas a pacientes de un sanatorio que asistían a las reuniones de la iglesia local).-
Cristo es nuestro gran médico. Muchos hombres y mujeres acuden a esta institución médica [el Sanatorio de Santa Elena] con la esperanza de  recibir un tratamiento que les prolongue la vida. Hacen un gran esfuerzo para venir aquí. ¿Por qué cada uno de los que acude al sanatorio para buscar auxilio físico, no acude a Cristo para buscar auxilio espiritual? ¿Por qué no puede Ud., mi hermano, mi hermana, albergar la esperanza de que si acepta a Cristo, él añadirá su bendición a los medios que se emplean aquí para la restauración de su salud? ¿Por qué no puede tener fe para creer que él cooperará con sus esfuerzos para recuperarse, porque quiere que Ud. esté bien? El quiere que Ud. tenga una mente clara de manera que pueda apreciar las realidades eternas; él quiere que Ud. tenga tendones y músculos sanos de manera que pueda glorificar su nombre al usarlos en su servicio.­ Ms 80, 1903.

Consejo a alguien inclinado a la melancolía.-
Es su deber combatir los pensamientos opresivos y los sentimientos melancólicos, tanto como lo es orar. Es su deber contrarrestar los instrumentos del enemigo, y poner mano firme en las riendas tanto de su lengua como de sus pensamientos. Si en algún momento de su vida Ud. necesita una porción de gracia, es cuando están trabajando los órganos digestivos sensibles e inflamados, y Ud. se encuentra preocupado y cansado.
Tal vez se sorprenda de esto, pero parecería que Ud. hubiera prometido estar constantemente irritado, e irritar a los demás con su afán de buscar faltas y sus lúgubres reflexiones. Estos ataques de indigestión son difíciles, pero mantenga firmes las riendas para no maltratar con sus palabras a los que son sus mejores amigos, o a los que son sus enemigos.­ Carta 11, 1897.

Seguridad de la aprobación de Dios.-
La seguridad de la aprobación de Dios promoverá la salud física. Esta seguridad fortalece el alma contra la duda, la perplejidad y la excesiva congoja, que tan a menudo carcomen las fuerzas vitales e inducen a contraer enfermedades nerviosas de la  índole más debilitante y angustiosa. El Señor ha comprometido su infalible palabra en el sentido de que su ojo estará sobre los justos, y su oído estará abierto a su oración.­ NB 299 (1915).

Relación entre el pecado y la enfermedad.-
Dios ha señalado la relación que hay entre el pecado y la enfermedad. Ningún médico puede ejercer durante un mes sin ver esto ilustrado. Tal vez pase por alto el hecho; su mente puede estar tan ocupada en otros asuntos que no fije en ello su atención; pero si quiere observar sinceramente, no podrá menos que reconocer que el pecado y la enfermedad llevan entre si una relación de causa a efecto. El médico debe reconocer esto prestamente y actuar de acuerdo con ello. Cuando conquistó la confianza de los afligidos al aliviar sus sufrimientos, y los rescató del borde de la tumba, puede enseñarles que la enfermedad es el resultado del pecado; y que es el enemigo caído quien procura inducirlos a seguir prácticas que destruyen la salud y el alma. Puede inculcar en sus mentes la necesidad de abnegación y de obedecer las leyes de la vida y la salud. Puede implantar los principios correctos especialmente en la mente de los jóvenes.

Dios ama a sus criaturas con un amor a la vez tierno y fuerte. Ha establecido las leyes de la naturaleza; pero sus leyes no son exigencias arbitrarias. Cada "no harás", sea en la ley física o moral, contiene o implica una promesa. Si obedecemos, las bendiciones acompañarán nuestros pasos; si desobedecemos, habrá como resultado peligro y desgracia. Las leyes de Dios están destinadas a acercar más a sus hijos a él. Los salvará del mal y los conducirá al bien, si quieren ser conducidos; pero nunca los obligará. No podemos discernir los planes de Dios, pero debemos confiar en él y mostrar nuestra fe por nuestras obras.­ 2JT 144, 145 (1885).

El evangelio es el remedio para las enfermedades producidas por el pecado.-
Cuando se recibe el Evangelio en su pureza y con todo su poder, es un remedio para las enfermedades originadas por el pecado. Sale el Sol de justicia, "trayendo salud eterna en sus alas" (Mal. 4: 2 VM). Todo lo que el mundo proporciona no puede sanar el corazón quebrantado ni dar paz al espíritu, ni disipar las inquietudes, ni desterrar la enfermedad. La fama, el genio y el talento son impotentes para alegrar el corazón entristecido o restaurar la vida malgastada. La vida de Dios en el alma es la única esperanza del hombre.­ MC 78 (1905).

En el cielo todo es salud.-
La opinión sostenida por algunos de que la espiritualidad es perjudicial para la salud, es un sofisma de Satanás. La religión de la Biblia no es perjudicial para la salud del cuerpo ni de la mente. La influencia del Espíritu de Dios es la mejor medicina para la enfermedad. En el cielo todo es salud; y mientras más profundamente se comprendan las influencias celestiales, más segura será la recuperación del creyente enfermo. Los verdaderos principios del cristianismo abren delante de todos una fuente de incalculable felicidad. La religión es una fuente permanente de la cual el cristiano puede beber sin agotarla jamás.­ CTBH 13, 1890; (CH 28).

La religión es la verdadera ciencia de la curación.-
La religión es un principio del corazón, no una palabra mágica o un truco de la mente. Miren sólo a Jesús. Esta es su única esperanza, y la de su esposo, de obtener la vida eterna. Esta es la verdadera ciencia de la curación para el cuerpo y el alma. La mente no debe tener como centro a ningún ser humano, sino sólo a Dios.­ Carta 117, 1901.

El amor por el Redentor disipa los miasmas.-
La mente está nublada por la malaria sensual. Los pensamientos necesitan purificación. ¡Qué no podrían haber sido los hombres y las mujeres si hubieran comprendido que la manera  como se trata el cuerpo es de vital importancia para el vigor y la pureza de la mente y el corazón!
El verdadero cristiano participa de experiencias que producen santificación. Queda sin una mancha de culpa en la conciencia, sin una mancha de corrupción en el alma. La espiritualidad de la ley de Dios, con sus principios restrictivos, penetra en su vida. La luz de la verdad irradia su entendimiento. Un resplandor de perfecto amor por el Redentor despeja el miasma que se ha interpuesto entre su alma y Dios. La voluntad de Dios se ha convertido en su voluntad: pura, elevada, refinada y santificada. Su rostro revela la luz del cielo. Su cuerpo es templo adecuado para el Espíritu Santo. La santidad adorna su carácter. Dios puede tener comunión con él, pues el alma y el cuerpo están en armonía con Dios.­ 7CBA 921 (1898).

El amor de Cristo es un poder vitalizador.-
El amor que Cristo infunde a todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio las energías más potentes de nuestro ser despiertan y entran en actividad. Libra el alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida. Con él vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida.­ MC 78 (1905).


(Mente, Carácter y Personalidad 2 de E.G. de White)