lunes, 19 de diciembre de 2011

IV LA PERSONALIDAD EN DESARROLLO: 21”Cristo Trata Con Las Mentes”

Las enseñanzas de Cristo son una guía.
La enseñanza de Cristo, lo mismo que su simpatía, abarcaba el mundo.  Nunca podrá haber una circunstancia de la vida, una crisis de la experiencia humana que no haya sido prevista en su enseñanza, y para la cual no tengan una lección sus principios.  Las palabras del Príncipe de los maestros serán una guía para sus colaboradores, hasta el fin. -Ed 81, 82 (1903).

Se identificó con los intereses de sus oyentes.
Enseñaba de tal manera que les hacía sentir cuán completamente se identificaba con los intereses y la felicidad de ellos.  Tan directa era su enseñanza, tan adecuadas sus ilustraciones, y sus palabras tan impregnadas de simpatía y alegría, que sus oyentes se quedaban embelesados. -MC 14, 15 (1905).

Comprende la operación oculta de la mente humana.
Aquel que pagara el precio infinito para redimir a los hombres lee con inequívoca precisión todas las ocultas maquinaciones de la mente humana, y sabe exactamente cómo tratar con toda alma.  Y al tratar con los hombres, manifiesta los mismos principios que se revelan en el mundo natural. -TM 189, 190 (1895). 

El obra mediante la operación tranquila y regular de leyes.
Dios obra por medio de la operación tranquila y regular de las leyes que él ha establecido.  Así ocurre en las cosas espirituales.  Satanás está tratando constantemente de producir efectos por medio de rudas y violentas embestidas; pero Jesús encontraba acceso a las mentes por el camino de sus asociaciones más familiares.  El perturbaba tan poco como era posible el tren habitual del pensamiento de la gente, por acciones abruptas o prescritas.  Honraba al hombre con su confianza, y así lo colocaba en el puesto que correspondía a su honor.  Introducía viejas verdades con una luz nueva y preciosa.  Así, cuando tenía solamente doce años de edad, asombró a los doctores de la ley por sus preguntas en el templo. -Ev 106, 107 (1894).

Siempre rodeado de paz.
Su tierna compasión caía con un toque sanador sobre los corazones cansados y atribulados.  Aun en medio de la turbulencia de enemigos airados, estaba rodeado por una atmósfera de paz.  La hermosura de su rostro, la amabilidad de su carácter, sobre todo el amor expresado en su mirada y su tono, atraían a él a todos aquellos que no estaban endurecidos por la incredulidad.  De no haber sido por el espíritu suave y lleno de simpatía que se manifestaba en todas sus miradas y palabras, no habría atraído las grandes congregaciones que atraía.  Los afligidos que venían a él sentían que vinculaba su interés con los suyos como un amigo fiel y tierno, y deseaban conocer más de las verdades que enseñaba.  El cielo se acercaba.  Ellos anhelaban permanecer en su presencia, y que pudiese acompañarlos de continuo el consuelo de su amor. -DTG 219, 220 (1898).

Su vida era armoniosa.
La vida de Jesús de Nazaret era diferente de la de todos los demás hombres.  Su vida entera estuvo caracterizada por la benevolencia desinteresada y la belleza de la santidad.  En su seno se encontraba el amor más puro, libre de toda mancha de egoísmo y pecado.  Su  vida fue perfectamente armoniosa.  El es el único verdadero modelo de bondad y perfección.  Desde el comienzo de su ministerio los hombres comenzaron a comprender más claramente el carácter de Dios.
Hasta el tiempo de la primera venida de Cristo, los hombres adoraron a dioses crueles y despóticos.  Aun la mente judía fue alcanzada por el temor y no el amor.  La misión de Cristo sobre la tierra fue la de revelar a los hombres que Dios no era un déspota sino un Padre celestial, lleno de amor y misericordia hacia sus hijos. -Ms 132, 1902.

No carecía de calor y alegría.
Hay muchos que tienen ideas erróneas sobre la vida y el carácter de Cristo.  Piensan que carecía de calor y alegría, que era austero, severo y triste.  Para muchos toda la vida religiosa se presenta bajo este aspecto sombrío. -CC 121 (1892).

Posibilidades infinitas en cada ser humano.
En cada ser humano percibía posibilidades infinitas.  Veía a los hombres según podrían ser transfigurados por su gracia, en "la luz de Jehová nuestro Dios" (Sal. 90: 17).  Al mirarlos con esperanza, inspiraba esperanza.  Al saludarlos con confianza, inspiraba confianza.  Al revelar en sí mismo el verdadero ideal del hombre, despertaba el deseo y la fe de obtenerlo.  En su presencia, las almas despreciadas y caídas se percataban de que aún eran seres humanos, y anhelaban demostrar que eran dignas de su consideración.  En más de un corazón que parecía muerto a todas las cosas santas, se despertaron nuevos impulsos, A más de un desesperado se presentó la posibilidad de una nueva vida. -Ed 80 (1903).

Su corazón era un manantial de vida.
Se dice a menudo que Jesús lloraba, pero que nunca se supo que haya sonreído. Nuestro Salvador fue a la verdad un varón de dolores experimentado en quebranto, porque abrió su corazón a todas las miserias de los hombres.  Pero aunque su vida era abnegada y ensombrecida por dolores y cuidados, su espíritu   no quedaba abrumado por ellos.  En su rostro no se veía una expresión de amargura o dolor, sino siempre de paz y serenidad.  Su corazón era un manantial de vida, y dondequiera iba, llevaba descanso y paz, gozo y alegría. -CC 121, 122 (1892).

Cristo nunca fue apasionado.
Cristo practicó en su vida sus propias enseñanzas divinas.  Su celo nunca lo llevó a ser apasionado.  Manifestó consecuencia sin obstinación, benevolencia sin debilidad, ternura y simpatía sin sentimentalismo.  Era muy sociable y sin embargo poseía una reserva y dignidad que no estimulaban familiaridades indebidas.  Su temperancia nunca lo llevó al fanatismo ni a la austeridad rigurosa.  No se conformó a este mundo, y sin embargo no fue indiferente a las necesidades del más pequeño entre los hombres.  Estaba despierto a las necesidades de todos. -Ms 132, 1902; Ev 461.

Tacto para tratar con mentes llenas de prejuicio.
Variaba sus mensajes de misericordia para adaptarlos a su auditorio.  Sabía "hablar en sazón palabra al cansado" (lsaías 50: 4) porque la gracia se derramaba de sus labios, a fin de inculcar a los hombres los tesoros de la verdad de la manera más atrayente.  Tenía tacto para tratar con los espíritus llenos de prejuicios, y los sorprendía con ilustraciones que conquistaban su atención. -DTG 219 (1898).

Llegó hasta las profundidades de la miseria humana.
Recorrió toda senda en la que se extravían las almas.  Llegó hasta las mismas profundidades de la miseria y la angustia humanas. -Carta 50, 1897.

Combate el poder de Satanás sobre la mente.
El [Cristo] vio el poder -el poder engañoso-  de Satanás sobre las mentes humanas, y se comprometió a venir a esta tierra.  Pone a un lado su manto real, se quita la corona real, abandona su alto mando, desciende del trono de gloria como Comandante  supremo de todo el cielo, y viste su divinidad con humanidad, para que la humanidad pueda alcanzar a la humanidad.  Para eso vino aquí.  Vino directamente a nuestra tierra para tomar sobre sí la naturaleza del hombre, para pasar por todas las pruebas, todas las aflicciones y tentaciones que asaltan al hombre, y aquí luchó con esas tentaciones, pasando por el terreno donde Adán cayó, a fin de poder redimir el desgraciado fracaso y la caída de Adán.
Con la naturaleza humana, como nuestro sustituto y garantía, se aferró de la misma esperanza que tenemos el privilegio de asir, y eso es poder infinito.  Mediante él, nuestro Salvador venció las tentaciones del enemigo y obtuvo la victoria. ¿Para quiénes?  Para nosotros. ¿Para qué?  Para que ninguno de los miembros de la familia humana necesite tropezar en el camino que conduce a la vida eterna.  Por cuanto El lo recorrió antes de nosotros, conoce todo obstáculo, conoce cada dificultad que cada alma sobre la faz de la tierra debe afrontar.  Conoce esto, y por consiguiente, cuando en ocasión de su bautismo ofreció su pedido al cielo, esa oración se abrió paso directamente a través de la sombra infernal que Satanás ha arrojado sobre el sendero de ustedes, sobre mi sendero, y la fe penetró "hasta dentro del velo" (Heb. 6:19).-Ms 18, 1895.

Ayuda a ejercer fe.
Cristo conocía todos los pensamientos de ella, y se dirigía hacia ella.  Comprendía él la gran necesidad de la mujer, y le ayudaba a ejercitar su fe.-MC 38 (1905).

El conocimiento divino puede llegar a ser el humano.
El conocimiento divino puede llegar a ser conocimiento humano.  Cada ministro debería estudiar cuidadosamente la forma en que Cristo enseñaba.  Debe comprender sus lecciones.  No hay uno en veinte que conozca la belleza y la esencia real del ministerio de Cristo.  Han de descubrirlo.  Entonces llegarán a ser participantes del rico fruto de sus enseñanzas.  Las entretejerán tan plenamente en su propia  vida y práctica que las ideas y los principios que Cristo presentó en sus lecciones aparecerán en su enseñanza.  La verdad florecerá y llevará los frutos más nobles.  Y el propio corazón del obrero se encenderá; sí, arderá con la vivificante vida espiritual que infunden en las mentes de otros. -Ms 104, 1898.

En contacto con diversas mentalidades.
Todos los que profesan ser hijos de Dios deben recordar que, como misioneros, tendrán que tratar con toda clase de personas: refinadas y toscas, humildes y soberbias, religiosas y escépticas, educadas e ignorantes, ricas y pobres, No es posible tratar a todas estas mentalidades del mismo modo; y no obstante, todas necesitan bondad y simpatía.  Mediante el trato mutuo, nuestro intelecto debe recibir pulimento y refinamiento.  Dependemos unos de otros, unidos como estamos por los vínculos de la fraternidad humana. -MC 396 (1905).

La mente ha de llegar a ser una con la de Cristo.
Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida.  Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia.  Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y deformidad del pecado, sino su propia ropa de justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová. -PVGM 253, 254 (ed PP); 221 (ed ACES) (1900). 

(Mente, Carácter y Personalidad 1 de E.G. de White)

IV LA PERSONALIDAD EN DESARROLLO: 20 “La Atmósfera Del Hogar”

El hogar afecta la sociedad.
El hogar es el corazón de la sociedad, de la iglesia y de la nación.  El bienestar de la sociedad, el buen éxito de la iglesia y la prosperidad de la nación dependen de la influencia del hogar. -MC 269 (1905).

Agencia efectiva para la formación del carácter.
Dios quiere que las familias de la tierra sean un símbolo de la familia celestial.  Los hogares cristianos, establecidos y dirigidos de acuerdo con el plan de Dios, se cuentan entre sus agentes más eficaces para formar el carácter cristiano y para adelantar su obra. -3JT 63 (1900).

El culto en la casa.
Tuve padres piadosos, que de diversas maneras procuraban relacionarnos con nuestro Padre celestial.  Cada mañana y cada noche tengamos oración en familia.  Cantábamos alabanzas a Dios en nuestro hogar.  Había ocho niños en la familia, y nuestros padres aprovechaban cada oportunidad para animarnos a dar nuestros corazones a Jesús. -Ms 80, 1903.

Mayor influencia cuando hay mayor unidad.
Cuánto más estrechamente estén unidos los miembros de una familia en  lo que tienen que hacer en el hogar, tanto más elevadora y servicial será la influencia que ejerzan fuera del hogar el padre, la madre, los hijos y las hijas. -HAd 31 (1903).

Autoridad con firmeza.
La autoridad debe mantenerse por una severidad firme, o muchos la recibirán con burla y desprecio.  La así llamada ternura, los halagos y la indulgencia que manifiestan hacia los jóvenes los padres y tutores, es uno de los peores males que les puedan acontecer.  En toda familia, la firmeza y la decisión son requerimientos positivos esenciales. -PR 178 (1917).

El hogar, una lección objetiva.
Dios quisiera que nuestras familias fuesen símbolos de la familia del cielo.  Recuerden esto cada día los padres y los hijos, y relaciónense unos con otros como miembros de la familia de Dios.  Entonces su vida será de tal carácter que dará al mundo una lección objetiva de lo que pueden ser las familias que aman a Dios y guardan sus mandamientos.  Cristo será glorificado; su paz, su gracia y su amor compenetrarán el círculo familiar como un perfume precioso. -RH 17 de nov. de 1896; HAd 13.

El principio de la paz.
No se ve inquietud en el hogar si Cristo es el principio de la paz que opera en su alma.  Allí no hay falta de cortesía.  Allí no hay aspereza ni lenguaje hiriente. ¿Por qué?  Porque creemos que somos miembros de la familia real y actuamos como hijos del Rey celestial, unidos a Jesucristo por el más fuerte lazo de amor, -ese amor que obra por la fe y purifica el alma.  Usted ama a Jesús y está constantemente luchando para vencer todo egoísmo, y para ser una bendición, consuelo, fortaleza y un apoyo para las almas que El ha comprado con su sangre.
No puedo ver por qué no deberíamos tratar de ser más fervientes en traer la paz de Cristo directamente a nuestra familia de lo que somos cuando trabajamos por los que no tienen una conexión viviente con nosotros; pero si tenemos la religión en el hogar, se extenderá fuera de él.  La tendrán  en todas partes. La llevarán consigo a la iglesia.  La pueden llevar con ustedes cuando vayan al trabajo.  Estará con ustedes dondequiera que estén.  Lo que queremos es la religión en el hogar.  Lo que necesitamos es el principio de la paz que controle nuestros espíritus y nuestra vida y carácter a la semejanza de la vida de Cristo que El nos dio como ejemplo. -Ms 36, 1891.

El amor se revela en los actos.
De todo hogar cristiano debería irradiar una santa luz.  El amor debe expresarse en hechos.  Debe manifestarse en todas las relaciones del hogar y rebelarse en una amabilidad atenta, en una suave y desinteresada cortesía.  Hay hogares donde se pone en práctica este principio, hogares donde se adora a Dios, y donde reina el amor verdadero.  De estos hogares, de mañana y de noche, la oración asciende hacia Dios como un dulce incienso, y las misericordias y las bendiciones de Dios descienden sobre los suplicantes como el rocío de la mañana. -PP 140 (1890).

El cristianismo en el hogar brilla en todas partes.
El esfuerzo para hacer del hogar lo que debe ser: un símbolo del hogar celestial, nos prepara para obrar en una esfera más amplia.  La educación obtenida al manifestar tierna consideración unos hacia otros nos permite saber cómo tener acceso a los corazones necesitados de que se les enseñen los principios de la religión verdadera.  La iglesia necesita toda la fuerza espiritual que pueda obtener, para que todos, y especialmente los miembros más jóvenes de la familia del Señor, sean guardados con todo esmero.  La verdad vivida en el hogar se hace sentir en una obra hecha desinteresadamente fuera de él.  El que vive el cristianismo en el hogar será en cualquier parte una luz resplandeciente. -ST 1º de sept. de 1898; HAd 32, 33.

La elevación de la humanidad comienza en el hogar.
La restauración y el levantamiento de la humanidad empiezan  en el hogar.  La obra de los padres es cimiento de toda otra obra.  La sociedad se compone de familias, y será lo que la hagan las cabezas de familia.  Del corazón "mana la vida" (Proverbios 4: 23).-MC 269 (1905).

Cosas que hacen que el hogar sea atractivo.
Las maneras suaves, la conversación jovial y los actos de amor ligarán los corazones de los hijos a sus padres con las cadenas de seda del afecto y conseguirán que el hogar sea atractivo con mucho más éxito que los adornos más exóticos que se puedan adquirir. -ST 2 de oct. de 1884; MeM 206.

La pureza en el hogar.
El orden es la primera ley del cielo, y el Señor desea que su pueblo demuestre en sus hogares el orden y la armonía que llenan las cortes celestiales.  La verdad nunca pone sus delicados pies en un sendero de impureza o suciedad.  La verdad no transforma a los hombres y a las mujeres en personas ásperas o rudas o desordenadas.  Eleva a un nivel más alto a todos los que la aceptan.  Bajo la influencia de Cristo se produce una obra de constante refinamiento. . .
El que estaba tan interesado en que los hijos de Israel practicaran hábitos de limpieza no sancionará ninguna impureza en los hogares de su pueblo hoy.  Dios mira con desaprobación la falta de limpieza de cualquier clase. ¿Cómo podemos invitarlo a nuestros hogares a menos que en ellos todo sea prolijo, limpio y puro? -RH, 10 de junio de 1902.

La ubicación del hogar.
Mejor que cualquier herencia de riquezas que podáis dejar a vuestros hijos será la dádiva de un cuerpo vigoroso, una mente sana y un carácter noble.  Quienes comprendan lo que constituye el verdadero éxito de la vida serán sabios a tiempo.  Al establecer un hogar recordarán las mejores cosas de la vida.
En vez de vivir donde sólo pueden verse las obras de los hombres y donde lo que se ve y se oye sugiere a menudo malos pensamientos, donde el alboroto y la confusión producen cansancio e inquietud, id a vivir donde podáis contemplar las obras de Dios.  Hallad la paz del espíritu en la belleza, quietud y solaz de la naturaleza.  Descanse vuestra vista en los campos verdes, las arboledas y los collados.  Mirad hacia arriba, al firmamento azul que el polvo y el humo de las ciudades no obscurecieron, y respirad el aire vigorizador del cielo.  Id adonde, lejos de las distracciones y disipaciones de la vida de la ciudad, podáis dar vuestro compañerismo a vuestros hijos y enseñarles a conocer a Dios por medio de sus obras y prepararlos para una vida de integridad y utilidad. -MC 284 (1905).

Muebles finos no hacen el hogar.
Cuatro paredes y muebles costosos, alfombras afelpadas, espejos elegantes y hermosos cuadros no son cosas que constituyan un "hogar" si faltan la simpatía y el amor.  Aquella palabra sagrada no se aplica a la resplandeciente mansión donde se desconocen los goces de la vida doméstica...
En realidad, la comodidad y el bienestar de los niños vienen a ser lo último en que se piensa en una casa tal.  Los descuida la madre, que dedica todo su tiempo a la apariencia y a satisfacer las exigencias de una sociedad elegante.  El intelecto de los niños no recibe preparación y ellos adquieren malos hábitos; se vuelven inquietos y descontentos.  No hallando placer en su casa, sino tan sólo restricciones incómodas, se separan del círculo familiar en cuanto les resulte posible.  Con poca vacilación se arrojan al vasto mundo, sin que los refrene la influencia del hogar ni los tiernos consejos que de él debieran provenir. -ST 2 de oct. de 1884; HAd 138, 139.

Las críticas abren la puerta a Satanás.
Padres y madres, sean vigilantes.  Sea vuestra conversación en el hogar agradable y animadora.  Hablen siempre bondadosamente, como en la presencia de Cristo.  Que no haya críticas, ni acusaciones.  Las palabras de esta clase hieren y lastiman el alma.  Es natural que los seres humanos hablen palabras  hirientes.  Los que ceden a esta inclinación abren la puerta para que Satanás entre en sus corazones y los haga rápidos para recordar los errores y las equivocaciones de otros.  Se explayan en estas faltas, se notan sus deficiencias, y se dicen palabras que hacen perder la confianza en quien está haciendo lo mejor para cumplir su deber como colaborador de Dios.  A menudo se siembran las semillas de la desconfianza porque se piensa que uno debería haber sido favorecido pero no lo fue. -Carta 169, 1904.

La influencia de los defectos de los padres.
Parece perfectamente natural para algunos hombres ser ásperos, egoístas, exigentes y despóticos.  Nunca aprendieron la lección del dominio propio, de modo que no están dispuestos a restringir sus sentimientos irrazonables, no importa cuáles sean las consecuencias.  Tales hombres recibirán su pago al ver a sus compañeras enfermas y desanimadas, y a sus hijos llevando las peculiaridades de sus propios rasgos de carácter desagradable. -2MS 494 (1865).

Los hogares con discordia no atraen a los ángeles.
Los hogares en los que reina la discordia no atraen a los ángeles.  Cesen los padres y las madres todas sus críticas y murmuraciones.  Eduquen a sus hijos para que hablen palabras agradables, palabras que traigan alegría y gozo. ¿No entraremos ahora en el hogar-escuela como alumnos de Cristo?  Traigan la piedad práctica al hogar.  Vean entonces si las palabras que ustedes hablan no causan gozo.
Padres, comiencen la obra de la gracia de la iglesia en vuestro propio hogar, comportándoos de tal manera que vuestros niños vean que estáis cooperando con los ángeles celestiales.  Convertíos cada día.  Educaos a vosotros mismos y a vuestros hijos para la vida eterna en el reino de Dios.  Los ángeles serán vuestros poderosos ayudadores.  Satanás os tentará, pero no cedáis.  No habléis una sola palabra de la cual el enemigo pueda obtener una ventaja. -Ms 93, 1901.

Un llamado por más hospitalidad.
Aun entre los que profesan ser cristianos se ejercita poco la verdadera hospitalidad.  Entre nuestro propio pueblo la oportunidad de manifestar hospitalidad no es considerada como debiera serlo: como un privilegio y una bendición.  Es en absoluto demasiado escasa la sociabilidad y disposición para hacer lugar para dos o tres más en la mesa de la familia, sin molestia u ostentación.  Algunos alegan que "es demasiado trabajo".  No resultaría así si dijéramos: "No hemos hecho preparativos especiales, pero le ofrecemos gustosos lo que tenemos".  El huésped inesperado aprecia una bienvenida tal mucho más que una preparación elaborada. -2JT 570 (1900).

Cosas que hacen a un hogar feliz.
Las voces agradables,  los modales amables y el afecto sincero que se expresan en todas las acciones, juntamente con la laboriosidad, el aseo y la economía, truecan hasta un tugurio en el más feliz de los hogares.  El Creador considera con aprobación un hogar tal. -ST, 2 de oct. de 1884; HAd 382.

El cultivo del verdadero refinamiento.
Es muy necesario que se cultive el verdadero refinamiento en el hogar.  Con él se da un poderoso testimonio en favor de la verdad.  Sea quien sea que la manifieste, la grosería en las palabras y en la conducta indica un corazón viciado.  La verdad de origen celestial no degrada nunca a quien la recibe, ni le hace grosero o tosco.  La influencia de la verdad suaviza y refina. Cuando los jóvenes la reciben los vuelve respetuosos y corteses.  La cortesía cristiana se recibe tan sólo bajo la actuación del Espíritu Santo.  No consiste en afectación, o pulimiento artificial, ni en inclinarse con reverencia y sonrisas artificiales.  Esta es la clase de cortesía que poseen los del mundo, pero carecen de la verdadera cortesía cristiana.
La urbanidad y el refinamiento verdaderos se obtienen tan sólo de un conocimiento práctico del Evangelio de Cristo. La verdadera urbanidad y cortesía consiste en manifestar bondad hacia todos, humildes o encumbrados, ricos o pobres. -HAd 382, 383 (1900). 

(Mente, Carácter y Personalidad 1 de E.G. de White)

IV LA PERSONALIDAD EN DESARROLLO: 19 “La Influencia De Los Padres”

Controlados por principios divinos.
Descansa sobre los padres la más solemne obligación de educar a sus hijos en el temor y amor de Dios. En el hogar han de conservarse las costumbres más puras. Ha de enseñarse la estricta obediencia a los requerimientos bíblicos. Las enseñanzas de la Palabra de Dios han de controlar la mente y el corazón para que la vida del hogar pueda demostrar el poder de la gracia de Dios.  Cada miembro de la familia ha de ser labrado "como las [piedras] de un palacio" (Sal. 144: 12) por los principios y preceptos divinos. -RH, 10 de nov. de 1904.

Los padres necesitan comprender a los hijos.
Los padres no deben olvidar cuánto anhelaban en su niñez la manifestación de simpatía y amor, y cuán desgraciados se sentían cuando se les censuraba y reprendía con irritación.  Deben rejuvenecer sus sentimientos, y transigir mentalmente para comprender las necesidades de sus hijos.  Sin embargo, con firmeza mezclada de amor, deben exigirles obediencia. La palabra de los padres debe ser obedecida implícitamente. -1JT 137 (1863). 

Dios ha señalado un camino.
Los ángeles de Dios vigilan a los niños con el más profundo interés para ver qué carácter adquieren.  Si Cristo tratase con nosotros como  menudo tratamos a los demás y a nuestros hijos, tropezaríamos y caeríamos de puro desaliento.  Vi que Jesús conoce nuestras flaquezas, y ha experimentado lo mismo que nosotros en todo, menos en el pecado.  Por lo tanto, nos ha preparado una senda adecuada a nuestra fuerza y capacidad, y como Jacob, ha andado suavemente y con serenidad con los niños según lo que ellos pudieran soportar, a fin de sostenernos por el consuelo de su compañía y servirnos de guía perpetuamente.  El no desprecia, descuida ni deja atrás a los niños del rebaño.  El no nos ha ordenado que avancemos y los dejemos.  El no ha viajado tan apresuradamente como para dejarnos rezagados juntamente con nuestros hijos. ¡Oh, no; sino que ha emparejado la senda de la vida, aun para los niños!  Y requiere que los padres, en su nombre, los conduzcan por el camino estrecho.  Dios nos ha señalado una senda adecuada a la fuerza y capacidad de los niños. -1JT 137, 138 (1863).

La nerviosidad debe ser reprimida.
Padres, cuando os sentís nerviosos, no debéis cometer el grave pecado de envenenar a toda la familia con esta irritabilidad peligrosa.  En tales ocasiones, ejerced sobre vosotros mismos una vigilancia doble, y resolved en vuestro corazón no ofender con vuestros labios, sino pronunciar solamente palabras agradables y alegres.  Decíos: "No echaré a perder la felicidad de mis hijos con una sola palabra de irritación".  Dominándoos así vosotros mismos, os fortaleceréis.  Vuestro sistema nervioso no será tan sensible. Quedaréis fortalecidos por los principios de lo recto.  La conciencia de que estáis desempeñando fielmente vuestro deber, os fortalecerá.  Los ángeles de Dios sonreirán al ver vuestros esfuerzos, y os ayudarán.
Cuando os sentís impacientes, con demasiada frecuencia pensáis que la causa está en vuestros hijos, y les echáis  la culpa cuando no la merecen.  En otras ocasiones, ellos podrían hacer las mismas cosas, y todo sería aceptable y  correcto.  Los niños conocen, notan y sienten estas irregularidades y ellos tampoco son siempre los mismos.  A veces están más o menos preparados para arrostrar actitudes variables; y en otras ocasiones están nerviosos e intranquilos, y no pueden soportar la censura. . .
Algunos padres de temperamento nervioso, cuando están cansados por el trabajo u oprimidos por la congoja, no conservan serenidad mental, sino que manifiestan hacia aquellos que debieran serles más caros en este mundo una irritación e intolerancia que desagradan a Dios y extienden una nube sobre la familia.  Con tierna simpatía, debe calmarse a los niños en sus dificultades.  La bondad y tolerancia mutuas harán del hogar un paraíso y atraerán a los ángeles santos al círculo de la familia. -1JT 135, 136 (1863).

Las mentes paralizadas de los padres.
Conocemos algo de la forma en que Satanás está trabajando y cuánto éxito tiene.  Por lo que se me ha mostrado, ha paralizado la mente de los padres.  Son lentos para sospechar que sus propios hijos pueden estar equivocados y ser pecadores.  Algunos de estos hijos profesan ser cristianos, y los padres duermen, no temiendo ningún peligro, mientras las mentes y los cuerpos de sus hijos se están arruinando.
Algunos padres ni siquiera se preocupan por tener a sus hijos consigo cuando están en la casa de Dios.  Las jovencitas asisten a las reuniones y se sientan, tal vez con sus padres, pero más frecuentemente en los asientos de atrás.  Tienen el hábito de encontrar excusas para salir de la iglesia.  Los muchachos comprenden esto y salen antes o después que salieron las niñas y entonces, al terminar la reunión, las acompañan a la casa.  Los padres no son más sabios por esto.  Por otra parte, dan excusas para volver caminando, y los muchachos y las niñas se reúnen en un parque u otro lugar aislado, y juegan y pasan un momento de excitación, sin que los vean ojos experimentados que puedan ayudarlos a andar con cautela. -2T 481, 482 (1870). 

La dieta y la influencia de los padres.
Si los padres hubiesen vivido en forma saludable, si hubiesen estado satisfechos con un régimen sencillo, habrían ahorrado muchos gastos.  El padre no habría estado obligado a trabajar más allá del límite de sus fuerzas a fin de satisfacer las necesidades de su familia.  Un régimen nutritivo y sencillo no habría influido para excitar indebidamente el sistema nervioso y las pasiones animales, produciendo mal humor e irritabilidad.  Si el niño consumiera únicamente alimentos sencillos, tendría la cabeza despejada, los nervios firmes y el estómago sano; y por tener un organismo en buenas condiciones, no padecería de inapetencia; y con todo esto, la generación actual estaría en una condición mucho mejor que la que tiene ahora.  Pero aun ahora, en este período tardío, es posible hacer algo para mejorar nuestra condición.  La temperancia en todas las cosas es necesaria.  Un padre temperante no se quejará si no tiene una gran variedad de alimentos en la mesa.  La manera sana de vivir mejorará la condición de la familia en todo sentido, y permitirá que la esposa y madre tenga tiempo para dedicarlo a sus hijos.  Los padres deberían estudiar detenidamente en qué forma pueden preparar mejor a sus hijos a fin de que sean útiles en este mundo y sean idóneos para el cielo.  Deberían contentarse con que sus hijos tengan vestidos limpios, sencillos, pero cómodos, libres de bordados y adornos.  Deben trabajar seriamente para conseguir que sus hijos posean los adornos interiores, el ornamento de un espíritu humilde y sereno, lo cual tiene un gran valor a la vista de Dios. -2MS 502 (1865).

El esposo, el que une el hogar.
Un padre cristiano es el lazo que une a su familia, vinculándolos estrechamente al trono de Dios.  Nunca ha de decaer su interés por sus hijos.  El padre que tiene varios varones no debería dejar a estos varones inquietos totalmente al cuidado de la madre.  Es una carga demasiado pesada para ella.  Debería hacerse amigo y compañero de ellos.  Debería esforzarse por protegerlos de las malas compañías.  Puede ser difícil para la madre ejercer autocontrol.  Si el esposo ve que la debilidad de su esposa está poniendo en peligro la seguridad de sus hijos, él debiera llevar una parte mayor de la carga, haciendo todo lo que está de su parte para conducir a sus muchachos a Dios.-RH, 8 de julio de 1902.

Las madres no han de buscar excitación.
Las madres que tienen que disciplinar mentes juveniles y formar el carácter de sus hijos, no debieran buscar la excitación del mundo con el fin de estar alegres y ser felices.  Tienen una tarea importante en la vida, y tanto ellas como los suyos deben disponer de su tiempo en forma provechosa.  El tiempo es uno de los valiosos talentos que Dios nos ha confiado y del cual nos pedirá cuenta.  Derrochar el tiempo es malograr la inteligencia.  Las facultades de la mente son susceptibles de gran desarrollo.  Es deber de las madres cultivar sus propias inteligencias y conservar puros sus corazones.  Debieran aprovechar de todos los medios a su alcance para su mejoramiento intelectual y moral, a fin de estar preparadas para cultivar la mente de sus hijos.  Aquellas que satisfacen su inclinación a estar siempre en compañía de alguien, se sentirán pronto incómodas a menos que hagas visitas o las reciban.  Las tales no tienen la facultad de adaptarse a las circunstancias.  Los deberes sagrados y necesarios del hogar les parecen vulgares y faltos de interés.  No les agrada el examen o la disciplina propias.  La mente anhela las escenas cambiantes y excitantes de la vida mundanal; se descuida a los hijos por complacer las inclinaciones, y el ángel registrador escribe "siervos inútiles".  Dios se propone que nuestras mentes no carezcan de propósito, sino que hagan el bien en esta vida. -EC 25 (1872).

La madre que amamanta ha de mantenerse feliz.
El carácter del niño también es más o menos afectado por la naturaleza del alimento que recibe de su madre. Cuán importante es, entonces, que la madre, mientras amamanta a  su bebé, conserve un estado mental de felicidad, con un control perfecto sobre su propio espíritu.  Porque al hacer esto el alimento del niño no es dañado, y la forma serena y confiada en que la madre trata a su hijo tiene mucho que ver en la formación de la mente del niño. Si está nervioso y se inquieta fácilmente, la conducta cuidadosa y serena de la madre tendrá una influencia correctiva y tranquilizadora, y mejorará mucho la salud del bebé. -RH, 25 de julio del 1899.

La madre debiera tratar de mantenerse dueña de sí misma.
Cuanto más tranquila y sencilla la vida del niño, más favorable será para su desarrollo físico e intelectual.  La madre debería procurar siempre conservarse tranquila, serena y dueña de sí misma.  Muchos pequeñuelos son en extremo susceptibles a la excitación nerviosa, y los modales suaves y apacibles de la madre ejercerán una influencia calmante de incalculable beneficio para el niño. -MC 295 (1905).

No herir con la indiferencia a los niños sensibles.
A los niños pequeños les agrada tener compañía.  Por lo general no disfrutan estando solos, y por esta razón la madre debería comprender que en muchos casos el lugar para sus hijos, cuando están en la casa, es la habitación donde ella se encuentra.  Así ella podrá observarlos y zanjar las pequeñas diferencias que surgen entre ellos cuando se lo pidan, y corregir los malos hábitos o las manifestaciones de egoísmo o de ira; de este modo podrá imprimir a sus mentes un giro en la dirección correcta.  Los niños piensan que a la madre le agrada aquello con lo que ellos disfrutan, y les parece perfectamente natural consultar a su madre acerca de los pequeños problemas que los confunden.  Y la madre no debería herir el corazón de sus hijos sensibles tratando sus intereses con indiferencia o rehusando molestarse con tales asuntos de poca monta.  Lo que puede parecer pequeño a la madre puede ser muy importante para ellos.  Y una palabra de consejo   o de advertencia dada en el momento oportuno con frecuencia resultará de gran valor.  Una mirada de aprobación, una palabra de ánimo y de alabanza de la madre a menudo serán como un rayo de luz en sus tiernos corazones durante todo el día. -2MS 503 (1865).

Traten suavemente a los pequeños.
Madres, tratad amablemente con vuestros pequeñuelos.  Cristo fue una vez un niñito.  Por amor suyo, honrad a los niños.  Consideradlos como un cometido sagrado, no para mimarlos y hacer de ellos ídolos, sino para enseñarles a vivir una vida pura y noble.  Son propiedad de Dios; él los ama y os invita a cooperar con él para ayudarles a adquirir un carácter perfecto. -ST, 23 de ago. de 1899; HAd 253.

Su hijo es propiedad de Dios.
Hermana, ¿se sorprende usted de que su hija tenga poca confianza en la palabra de su madre?  Usted la ha educado para no decir la verdad; y el Señor está apenado al ver a una de sus pequeñas conducidas por el mal camino por su madre.  Su hija no le pertenece, usted no puede hacer con ella lo que le parezca, porque es propiedad del Señor.  Ejerza un control firme y perseverante sobre ella; enséñele que pertenece a Dios.  Con esta educación crecerá para ser una bendición para los que la rodean.  Pero será necesario un discernimiento claro y agudo para reprimir las inclinaciones de ella a dominar a ambas, a salirse con la suya a hacer lo que le plazca. -Carta 69, 1896.

Disposiciones y genios alegres.
Enseñad a vuestros hijos desde la cuna a practicar la abnegación y el dominio propio.  Enseñadles a disfrutar de las bellezas de la naturaleza, y a ejercitar en un empleo útil todas las facultades de la mente y del cuerpo.  Criadlos de tal manera que tengan constituciones sanas y buena moralidad, a tener disposiciones y genios alegres. Enseñadles que ceder a la tentación es débil y perverso; que resistir es noble y viril. -CM 121 (ed PP); 98 (ed ACES) (1913). 

Las madres son un ejemplo.
Si las madres desean que sus hijas lleguen a ser mujeres con cuerpos sanos y caracteres virtuosos, deben dar un ejemplo con sus propias vidas, protegiéndolas de las modas destructoras de la salud de nuestra época.  Las madres cristianas tienen una responsabilidad que no perciben.  Deberían educar a sus hijos para que tengan principios firmes y salud moral en esta era de corrupción. -Ms 76, 1900.

Cuando el capricho del niño es ley.
En algunas familias los deseos del niño son ley.  Se le da todo lo que desea.  Si algo no le gusta, se lo anima a que no le guste.  Se cree que la complacencia hará feliz al niño, pero sólo lo vuelve inquieto y descontento.  La complacencia ha arruinado su apetito por la comida sencilla y saludable y por el uso sencillo de su tiempo; la complacencia propia ha hecho su obra de trastornar su carácter para el tiempo y la eternidad. -RH, 10 de mayo de 1898.

Satanás procura controlar la mente de los niños.
Padres, ustedes conocen algo de las atracciones mediante las cuales Satanás procura conducir a sus niños a la locura.  Está trabajando con todas sus fuerzas para desviarlos.  Con una determinación que muchos ni sueñan está buscando obtener el control de sus mentes y anular el efecto de los mandamientos de Dios en la vida de ellos. -Ms 93, 1909.

Los padres han de ligar a sus hijos a su corazón.
No dejéis que vuestros hijos os vean con rostros ceñudos.  Si ellos ceden a la tentación, y luego ven su error y se arrepienten de él, perdonadles tan generosamente como esperáis ser perdonados por vuestro Padre celestial.  Instruidlos bondadosamente y ligadlos a vuestro corazón.  Este es un tiempo crítico para los niños.  Los rodearán influencias tendientes a separarlos de vosotros, y debéis contrarrestarlas.  Enseñadles a hacer de vosotros sus confidentes.  Permitidles contaros sus pruebas y goces.  Estimulando esto, los salvaréis de  muchas trampas que Satanás ha preparado para sus pies inexpertos,
No tratéis a vuestros hijos únicamente con severidad, olvidándoos de vuestra propia niñez, y olvidando que ellos no son sino niños.  No esperéis de ellos que sean perfectos,  ni tratéis de obligarlos a actuar como hombres y mujeres en seguida.  Obrando así, cerraríais la puerta de acceso que de otra manera pudierais tener hacia ellos, y los impulsarais a abrir la puerta a las influencias perjudiciales, que permitirían a otros envenenar sus mentes juveniles antes de advertir el peligro. -1JT 136 (1863).

Disciplina sólida y uniforme.
La felicidad de cada niño puede alcanzarse con una disciplina sólida y uniforme.  Las gracias más genuinas del niño consisten en la modestia y la obediencia, -oídos atentos para escuchar las palabras de orientación, pies y manos dispuestos a caminar y trabajar en la senda del deber.  Y la verdadera bondad del niño traerá su propia recompensa, aun en esta vida.
Los primeros años son el momento para el proceso educativo, no sólo para que el niño llegue a ser más servicial y lleno de gracia y de verdad en esta vida, sino para que pueda asegurarse el lugar preparado en el hogar celestial para todos los que son fieles y obedientes.  En la educación de nuestros propios hijos y en la de los hijos de otros hemos probado que nunca aman menos a los padres y tutores por impedirles hacer el mal. -RH, 10 de mayo de 1898.

Jesús manifestó una disposición especialmente amable.
Durante su infancia, Jesús manifestó una disposición especialmente amable.  Sus manos voluntarias estaban siempre listas para servir a otros.  Revelaba una paciencia que nada podía perturbar, y una veracidad que nunca sacrificaba la integridad.  En los buenos principios, era firme como una roca, y su vida revelaba la gracia de una cortesía desinteresada.
Con profundo interés, la madre de Jesús miraba el desarrollo  de sus facultades, y contemplaba la perfección de su carácter.  Con deleite trataba de estimular esa mentalidad inteligente y receptiva.  Mediante el Espíritu Santo recibió sabiduría para cooperar con los agentes celestiales en el desarrollo de este niño que no tenía otro padre que Dios. DTG 49 (1898).

La mente ocupada no deja lugar para pensamientos bajos.
Educad las facultades y gustos de vuestros seres amados; procurad que su mente esté ocupada de antemano de modo que no haya lugar para pensamientos o complacencias de carácter bajo y degradante.  La gracia de Cristo es el único antídoto o preventivo del mal.  Si lo queréis, podéis elegir que la mente de vuestros hijos esté ocupada con pensamientos puros y límpidos o con los males que existen por doquiera: orgullo y olvido de su Redentor. -Carta 27, 1890; CN 174.

Rodeados por un muro que no se rompe fácilmente.
Cada hogar cristiano debería tener reglas; y los padres, por sus palabras y su conducta el uno hacia el otro, deberían dar a los niños un precioso ejemplo viviente de lo que ellos desean que lleguen a ser.  La pureza del lenguaje y la verdadera cortesía cristiana deberían practicarse constantemente.  No se estimule el pecado, ni las sospechas ni el hablar lo malo.
Enseñen a los niños y jóvenes a respetarse a sí mismos, a ser fieles a Dios, fieles a los principios; enséñenles a respetar y obedecer la ley de Dios.  Entonces estos principios controlarán sus vidas y serán practicados en sus asociaciones con otros.  Amarán a sus prójimos como a sí mismos.  Crearán una atmósfera pura, que tendrá una influencia que estimule las almas débiles a andar por el sendero que conduce a la santidad y al cielo.  Sea cada lección de un carácter elevador y ennoblecedor, y los registros en los libros del cielo serán tales que no los avergonzarán cuando los encuentren en el juicio. 
Los niños que reciben esta clase de instrucción no serán una carga, una causa de ansiedad en nuestras instituciones [educativas, médicas, editoriales, etc.]; sino serán una fuerza, un apoyo para los que llevan responsabilidades.  Estarán preparados para ocupar cargos de confianza y por precepto y ejemplo ayudarán constantemente a otros a hacer lo correcto.  Las personas cuya sensibilidad moral no ha sido dañada apreciarán los principios correctos y los practicarán.  Estimarán correctamente sus dotes y harán el mejor uso de sus facultades físicas, mentales y morales.
Tales almas, son constantemente fortalecidas contra la tentación; están rodeadas por un muro que no se rompe fácilmente.  Tales personas son, con la bendición de Dios, portaluces; su influencia tiende a elevar a otros hacia una vida cristiana práctica.  La mente puede ser así elevada para que los pensamientos divinos y la contemplación de ellos llegue a ser tan natural como respirar. -Carta 74, 1896. 

(Mente, Carácter y Personalidad 1 de E.G. de White)