lunes, 19 de diciembre de 2011

IV LA PERSONALIDAD EN DESARROLLO: 18 “La Seguridad En El Hogar”

El amor humano debe fundarse en el amor divino.
Sólo en Cristo puede formarse una unión matrimonial feliz.  El amor humano debe fundar sus más estrechos lazos en el amor divino*. Sólo donde reina Cristo puede haber cariño profundo, fiel y abnegado. -MC 276 (1905).

Alcanzar el ideal de Dios.
Hombres y mujeres pueden alcanzar el ideal que Dios les señala si aceptan la ayuda de Cristo.  Lo que la humana sabiduría no puede lograr, la gracia de Dios lo hará en quienes se entregan a él con amor y confianza. Su providencia puede unir los corazones con lazos de origen celestial.  El amor no será tan sólo un intercambio de palabras dulces y aduladoras.  El telar del cielo teje con urdimbre y trama más finas, pero más firmes, que las de los telares de esta tierra.  Su producto no es una tela endeble, sino un tejido capaz de resistir cualquiera prueba, por dura que sea.  El corazón quedará unido al corazón con los áureos lazos de un amor perdurable. -MC 280 (1905). 

Pesar cada sentimiento al considerar el casamiento.
Los que piensan en casarse deben pesar cada sentimiento y cada manifestación del carácter de la persona con quien se proponen unir su suerte.  Cada paso dado hacia el matrimonio debe ser acompañado de modestia, sencillez y sinceridad, así como del serio propósito de agradar y honrar a Dios.
El matrimonio afecta la vida ulterior en este mundo y en el venidero.  El cristiano sincero no hará planes que Dios no pueda aprobar. -MC 277 (1905).

La unión verdadera es la obra de años.
Por mucho cuidado y prudencia con que se haya contraído el matrimonio, pocas son las parejas que hayan llegado a la perfecta unidad al realizarse la ceremonia del casamiento.  La unión verdadera de ambos cónyuges es obra de los años subsiguientes. -MC 278 (1905).

Desaparece la imagen romántica.
Cuando la pareja recién casada afronta la vida con sus cargas de perplejidades y cuidados, desaparece el aspecto romántico con que la imaginación suele tan a menudo revestir el matrimonio.  Marido y mujer aprenden entonces a conocerse como no podían hacerlo antes de unirse.  Este es el período más crítico de su experiencia.  La felicidad y utilidad de toda su vida ulterior dependen de que asuman en ese momento una actitud correcta.  Muchas veces cada uno descubre en el otro flaquezas y defectos que no sospechaban; pero los corazones unidos por el amor notarán también cualidades desconocidas hasta entonces.  Procuren todos descubrir las virtudes más bien que los defectos.  Muchas veces, nuestra propia actitud y la atmósfera que nos rodea determinan lo que se nos revelará en otra persona.  Son muchos los que consideran la manifestación del amor como una debilidad, y permanecen en tal retraimiento que repelen a los demás.  Este espíritu paraliza las corrientes de simpatía.  Al ser reprimidos, los impulsos de sociabilidad y generosidad se marchitan y el corazón se vuelve desolado y frío.  Debemos guardarnos  de este error.  El amor no puede durar mucho si no se le da expresión.  No permitáis que el corazón de quienes os acompañen se agoste por falta de bondad y simpatía de parte vuestra. -MC 278 (1905).

El amor estimula hacia fines más nobles.
Ame cada uno de ellos al otro antes de exigir que el otro le ame.  Cultive lo más noble que haya en sí y esté pronto a reconocer las buenas cualidades del otro.  El saberse apreciado es un admirable estímulo y motivo de satisfacción.  La simpatía y el respeto alientan el esfuerzo por alcanzar la excelencia, y el amor aumenta al estimular la persecución de fines cada vez más nobles. -MC 279 (1905).

La individualidad no se debe fusionar.
Ni el marido ni la mujer deben fundir su individualidad en la del cónyuge.  Cada cual tiene su relación personal con Dios. A él tiene que preguntarle cada uno: "¿Qué es bueno? ¿Qué es malo? ¿Cómo cumpliré mejor el propósito de la vida?" Fluya el caudal del cariño de cada uno hacia Aquel que dio su vida por ellos. Considérese a Cristo el primero, el último y el mejor en todo.  En la medida en que vuestro amor a Cristo se profundice y fortalezca, se purificará y fortalecerá vuestro amor mutuo. -MC 279 (1905).
Tenemos nuestra propia individualidad, y la individualidad de la esposa no debe perderse en la de su esposo.  Dios es nuestro Creador.  Somos suyos por creación, y somos suyos por redención.  Queremos ver cuánto podemos retribuir a Dios, porque El nos da el poder moral, El nos da la eficiencia, El nos da el intelecto; y El quiere que aprovechemos al máximo estos preciosos dones para la gloria de su nombre. -Ms 12, 1895.

Entera sumisión sólo a Jesús.
Dios requiere que la esposa recuerde siempre el temor y la gloria de Dios.  La sumisión completa que debe hacer es al Señor Jesucristo, quien la compró como hija suya con el precio infinito de su vida. . .  Su individualidad no puede desaparecer en la de su marido, porque ha sido comprada por Cristo. -HAd 101 (1891).

No debe albergarse el pensamiento que la unión es un error.
Aunque se susciten dificultades, congojas y desalientos, no abriguen jamás ni el marido ni la mujer el pensamiento de que su unión es un error o una decepción.  Resuélvase cada uno de ellos a ser para el otro cuanto le sea posible.  Sigan teniendo el uno para con el otro los miramientos que se tenían al principio. Aliéntense el uno al otro en las luchas de la vida.  Procure cada uno favorecer la felicidad del otro.  Haya entre ellos amor mutuo y sopórtense uno a otro. Entonces el casamiento, en vez de ser la terminación del amor, será más bien su verdadero comienzo. El calor de la verdadera amistad, el amor que une un corazón al otro, es sabor anticipado de los goces del cielo. -MC 278, 279 (1905).

Una relación controlada por la razón.
Los que consideran la relación matrimonial como una de las ordenanzas sagradas de Dios, protegida por su santo precepto, estarán controlados por los dictados de la razón.  Considerarán cuidadosamente los resultados de cada privilegio que otorga la relación matrimonial.  Los tales sentirán que sus hijos son joyas preciosas que Dios encargó a su cuidado, para quitar de su naturaleza la superficie áspera por medio de la disciplina, a fin de que aparezca su brillo.  Se sentirán bajo la más solemne obligación de formar sus caracteres de tal manera que puedan hacer el bien en su vida, bendecir a otros con su luz, y que el mundo sea mejor porque ellos vivieron en él, y que finalmente estén en condiciones para la vida superior, el mundo mejor, para brillar en la presencia de Dios y del Cordero para siempre. -HL (2da. parte) 48, 1865.

Una familia bien organizada.
La empresa familiar debiera estar bien organizada.  El padre y la madre deberían considerar  juntos sus responsabilidades, juntos deberían trabajar para el más elevado bienestar de sus hijos.  No debe haber desacuerdos entre ellos.  Nunca debieran criticarse mutuamente sus planes o cuestionar el juicio del otro en presencia de sus hijos.  Si la esposa no tiene experiencia, debería tratar de descubrir dónde su trabajo hace más difícil la tarea de su esposo mientras él trabaja por la salvación de sus hijos.  Y el esposo debería sostener las manos de su esposa, dándole consejos sabios y estímulo amante. -RH, 8 de julio de 1902.

Los padres deben gobernarse a sí mismos.
Los padres que gobiernan con éxito sus familias deben primero gobernarse a sí mismos.  Si desean tener sólo palabras agradables en su familia, deben hacer que sus hijos sólo escuchen palabras agradables de sus labios.  Al plantar una semilla se producirá una cosecha similar.  Los padres tienen una obra solemne y sagrada que realizar en la educación de sus hijos por precepto y ejemplo.  Están bajo la obligación de presentar ante Dios a sus hijos en condiciones de recibir, a una edad muy temprana, un conocimiento inteligente de lo que significa seguir a Jesucristo.  Si los que pretenden ser cristianos bíblicos tienen hijos que no temen ni aman a Dios, en la mayoría de los casos es porque el ejemplo de los padres no ha sido el correcto.  Se sembraron semillas falsas y espurias, y se ha producido una cosecha de espinas y abrojos. -Ms 59, 1900.

Sonrisas y palabras suaves para la familia.
Es no sólo nuestro privilegio, sino nuestro deber, cultivar la mansedumbre, para que la paz de Cristo esté en el corazón, y como pacificadores y seguidores de Cristo sembrar una preciosa semilla, que producirá una cosecha para la vida eterna.  Los profesos seguidores de Cristo pueden poseer muchas cualidades buenas y útiles; pero su carácter queda muy deformado por un temperamento falto de bondad, displicente y juzgador.  El esposo o la esposa que abriga sospecha y desconfianza,  crea disensión y dificultades en el hogar.  Ninguno de ellos debiera reservar sus palabras amables y sonrisas únicamente para los extraños, y manifestar irritabilidad en el hogar, destruyendo así la paz y la alegría. -NEV 181 (1894).

Debe evitarse el lenguaje vulgar.
Padres y madres, esposos y esposas, les ruego que no se dejen dominar por pensamientos bajos y lenguaje vulgar.  Las palabras rudas, las bromas bajas, la falta de cortesía en la vida de hogar, dejarán una impresión sobre ustedes, y si se repiten con frecuencia suficiente, llegarán a ser una segunda naturaleza.  El hogar es un lugar demasiado sagrado como para contaminarlo con vulgaridad, sensualidad y recriminaciones.  Hay un Testigo que declara: "Conozco tus obras".  Permitan que el amor, la verdad, la bondad y la paciencia sean las plantas que se cultiven en el jardín del corazón. -Carta 18b, 1891.

Nunca manifieste rudeza o falta de bondad.
¿Nunca manifiesta usted rudeza, falta de bondad y falta de cortesía en el hogar?  Si manifiesta dureza en su hogar, no importa cuán elevada pueda ser su profesión, usted está quebrantando los mandamientos de Dios. -RH, 29 de marzo de 1892.

Los amigos no deben inmiscuirse en la vida familiar (consejo a un joven).
El círculo del hogar debería ser considerado como un lugar sagrado, un símbolo del cielo, un espejo para reflejarnos.  Podemos tener amigos y conocidos, pero  no deben inmiscuirse en la vida del hogar.  Debería existir un fuerte sentido de pertenencia, que produzca una sensación de tranquilidad, reposo y confianza.
Pero su asociación con otras mujeres y niñas ha sido una fuente de tentación para ellas, conduciéndolas a tomarse libertades y sobrepasar el límite que la relación matrimonial impone sobre cada hombre y mujer. Usted no lo percibió, pero su amor por las diversiones y el espíritu que usted estimuló no impresionaron a otros con lo sagrado de la relación matrimonial. 
La vida familiar práctica es la gran prueba del carácter.  Por su tierna consideración en el hogar, por el ejercicio de la paciencia, la bondad y el amor, un hombre determina su carácter. -Carta 17, 1895.

Las esposas anhelan palabras de amor.
Muchas mujeres anhelan de sus esposos, quienes las han elegido para ser las compañeras de su vida, palabras de amor y bondad y las atenciones y cortesías usuales que les corresponden.  Cuántas dificultades y qué marea de males e infelicidad se podrían haber evitado si los hombres, y también las mujeres, hubieran continuado cultivando la consideración, la atención, las bondadosas palabras de aprecio, y las pequeñas cortesías de la vida que mantuvieron vivo el amor y que sintieron que eran necesarias cuando estaban conquistando a las compañeras elegidas.
Si el esposo y la esposa sólo continuaran cultivando estas atenciones que nutren el amor, serían felices en su compañía mutua y tendrían una influencia santificadora sobre sus familias.  Tendrían entre sí un pequeño mundo de felicidad y no desearían salir de ese mundo para buscar nuevas atracciones y nuevos objetos de su amor. Muchas esposas han enfermado y muerto prematuramente por falta de palabras de estímulo, de simpatía y de amor manifestadas en atenciones y palabras bondadosas. -Carta 27, 1872.

El esposo puede cerrar la puerta a la enfermedad.
El esposo debe manifestar gran interés en su familia.  Debe ser especialmente cuidadoso de los sentimientos de una esposa débil.  Puede evitarle muchas enfermedades.  Las palabras bondadosas, alegres y alentadoras resultarán mucho más eficaces que las medicinas más poderosas.  Infundirán ánimo al corazón de la abatida y desanimada esposa, y la alegría infundida a la familia por los actos y las palabras de bondad, recompensarán diez veces el esfuerzo hecho.
El esposo debiera recordar que gran parte de la carga de educar a sus hijos recae sobre la madre, y que ella ejerce  una gran influencia para modelar sus mentes.  Esto debe inducirle a manifestar los sentimientos más tiernos, y aliviar con solicitud sus cargas.  Debe alentarla a apoyarse en su afecto, y a dirigir sus pensamientos hacia el cielo, donde hay fuerza, paz y descanso final para los cansados.
No debe volver a la casa con la frente ceñuda, sino que su presencia debiera brindar alegría a la familia y estimular a la esposa a mirar hacia arriba y creer en Dios. Unidos, pueden aferrarse a las promesas de Dios y atraer su rica bendición sobre la familia.  La falta de bondad, el espíritu de queja y la ira, apartan a Jesús de la morada.  Vi que los ángeles de Dios huirán de una casa donde se pronuncian palabras desagradables y se manifiesta inquietud y disensión. -1JT 105, 106 (1862).

El esposo, cabeza de la familia.
El esposo y padre es cabeza de la familia.  Es justo que la esposa busque en él amor, simpatía y ayuda para la educación de los hijos, pues son de él tanto como de ella, y él tiene tanto interés como ella en el bienestar de ellos.  Los hijos buscan sostén y dirección en el padre, quien necesita tener un concepto correcto de la vida y de las influencias y compañías que han de rodear a su familia.  Ante todo, debería ser dirigido por el amor y temor de Dios y por la enseñanza de la Palabra divina, para poder encaminar los pasos de sus hijos por la buena senda. -MC 303 (1905).

La esposa, ayuda idónea para el esposo.
Dios mismo dio a Adán una compañera.  Le proveyó de una "ayuda idónea para él", alguien que realmente le correspondía, una persona digna y apropiada para ser su compañera y que podría ser una sola cosa con él en amor y simpatía.  Eva fue creada de una costilla tomada del costado de Adán; este hecho significa que ella no debía dominarle como cabeza, ni tampoco debía ser humillada y hollada bajo sus plantas como un ser inferior, sino que más bien debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él.  Siendo 164 parte del hombre, hueso de sus huesos y carne de su carne, era ella su segundo yo; y quedaba en evidencia la unión íntima y afectuosa que debía existir en esta relación. -PP 26, 27 (1890).

Cómo crear la paz en el círculo del hogar.
Cuando el esposo tiene la nobleza de carácter, la pureza de corazón y la elevación mental que debe poseer todo verdadero cristiano, ello será puesto de manifiesto en las relaciones matrimoniales. . . Procurará mantener a su esposa con salud y buen ánimo.  Se esforzará por pronunciar palabras de consuelo, y por crear en el círculo del hogar una atmósfera de paz. -HAd, 205 (1891).
Los maridos deben estudiar el modelo y procurar saber lo que significa el símbolo presentado en la epístola a los efesios, la relación que sostiene Cristo con su iglesia.  En su familia, el esposo ha de ser como el Salvador. ¿Se destacará él en la noble virilidad que Dios le dio, y procurará siempre elevar a su esposa y a sus hijos? ¿Alentará en derredor suyo una atmósfera pura y dulce?  Mientras asevera sus derechos a ejercer la autoridad, ¿no cultivará tan asiduamente el amor de Jesús, para hacer de él un principio permanente que rija su hogar? -HAd 102 (1891).

El esposo no ha de espaciarse en su puesto.
No evidencia virilidad el esposo espaciándose constantemente en su puesto como cabeza de la familia.  No aumenta el respeto hacia él cuando se le oye citar la Escritura para apoyar sus derechos a ejercer autoridad.  No le hará más viril el requerir de su esposa, la madre de sus hijos, que actúe de acuerdo con los planes de él como si fuesen infalibles.
El Señor ha constituido al esposo como cabeza de la esposa para que la proteja; él es el vínculo de la familia, el que une sus miembros, así como Cristo es cabeza de la iglesia y Salvador del cuerpo místico. Todo esposo que asevera amar a Dios debe estudiar cuidadosamente lo que Dios requiere de él en el puesto que ocupa.  La autoridad de Cristo  se ejerce con sabiduría, con toda bondad y amabilidad; así también ejerza su poder el esposo e imite la gran Cabeza de la iglesia. -HAd 191, 192 (1891).

La esposa ayudará alegremente al esposo a mantener su dignidad.
También se me ha mostrado que muchas veces la esposa comete un grave error.  Ella no realiza esfuerzos decididos para dominar su propio genio y hacer feliz el hogar.  Manifiesta a menudo inquietud y profiere quejas innecesarias. El esposo llega de su trabajo cansado y perplejo, y encuentra un rostro ceñudo en vez de palabras alegres y alentadoras.  El es humano, y sus afectos se apartan de su esposa.  Pierde el amor al hogar, su senda se obscurece y  se desvanece su valor.  Pierde el respeto propio y la dignidad que Dios le exige que mantenga.
El esposo es la cabeza de la familia, como Cristo es la cabeza de la iglesia, y cualquier actitud asumida por la esposa que pueda disminuir su influencia y degradar su posición digna y responsable, desagrada a Dios.  Es deber de la esposa renunciar a sus deseos y voluntad, en favor de su esposo.  Ambos deben saber renunciar a sus gustos, pero la Palabra de Dios da la preferencia al criterio del esposo.  Y la esposa no perderá dignidad al ceder así a aquel a quien ella eligió por consejero y protector.  El esposo debe mantener su posición en la familia, con toda mansedumbre, y sin embargo con decisión. -1JT 106 (1862).

El hombre, un ser social.
Entre todas las criaturas que Dios había creado en la tierra, no había ninguna igual al hombre. "Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo, haréle ayuda idónea para él" (Génesis 2: 18).  El hombre no fue creado para que viviese en la soledad; había de tener una naturaleza sociable.  Sin compañía, las bellas escenas y las encantadoras ocupaciones del Edén no hubiesen podido proporcionarle perfecta felicidad.  Aun la comunión con los ángeles no hubiese podido satisfacer su deseo de simpatía y compañía.  No existía nadie de la misma naturaleza  y forma a quien amar y de quien ser amado. -PP 26 (1890).

La armonía en el hogar sólo es posible por el Espíritu de Dios.
Debemos tener el Espíritu de Dios, o no podremos tener armonía en el hogar.  Si la esposa tiene el espíritu de Cristo, será cuidadosa en lo que respecta a sus palabras; dominará su genio, será sumisa y sin embargo no se considerará esclava, sino compañera de su esposo.  Si éste es siervo de Dios, no se enseñoreará de ella; no será arbitrario ni exigente.  No podemos estimar en demasía los afectos del hogar; porque si el Espíritu del Señor mora allí, el hogar es un símbolo del cielo.. .- HAd 102, 103 (1891).

El círculo interior es supremo.
Hemos de usar todas nuestras facultades para Cristo.  Esta es la deuda que cada uno le debe a Dios. Al establecer una relación con Cristo, el hombre renovado sólo regresa a su relación original con Dios.  El es un representante de Cristo, y siempre ha de orar y velar en oración.  Sus deberes lo rodean, cercanos y remotos.  Su primer deber es para con sus hijos y sus familiares más cercanos.  Nada puede excusarlo de descuidar el círculo interior en favor del círculo exterior mayor.
En el día del ajuste final de cuentas, los padres y las madres tendrán que responder con respecto a sus hijos.  Se preguntará a los padres qué hicieron y dijeron para asegurar la salvación de las almas sobre las que ellos mismos asumieron la responsabilidad de traerlos al mundo. ¿Descuidaron a sus corderos, dejándolos al cuidado de extraños?  Padres y madres, ¿están ustedes permitiendo que sus hijos crezcan en la impureza y el pecado?  Un gran bien hecho a otros no cancelará la deuda que tienen con Dios de cuidar a sus hijos.  El bienestar espiritual de su familia está primero.  Llévenlos consigo a la cruz del Calvario, trabajando por ellos como quienes tienen que dar cuentas. -Ms 56, 1899. 

(Mente, Carácter y Personalidad 1 de E.G. de White)

domingo, 18 de diciembre de 2011

IV LA PERSONALIDAD EN DESARROLLO: 17 “Herencia Y Ambiente”

El poder de la herencia.
Consideremos la fuerza de la herencia, la influencia de las malas compañías, el poder de los malos hábitos. ¿Qué tiene de extraño que bajo semejantes influencias muchos se degraden? ¿Debe sorprendernos que no se apresuren a corresponder a los esfuerzos que se hacen para levantarlos?.- MC 125, 126 (1905).

Los niños a menudo heredan disposiciones.
Generalmente los niños heredan la disposición y las tendencias de sus padres, e imitan su ejemplo; de manera que los pecados de los padres son cometidos por los hijos de generación en generación.  Así la vileza y la irreverencia de Cam se reprodujeron en su posteridad y le acarrearon maldición durante muchas generaciones. . .
Por otro lado, ¡cuán ricamente fue premiado el respeto de Sem hacia su padre; y qué ilustre serie de hombres santos se ve en su posteridad! -PP 111 (1890).

Las madres debieran informarse de las leyes de la herencia.
Si las madres pertenecientes a generaciones pasadas se hubiesen informado acerca de las leyes de su organismo,  habrían comprendido que sus fuerzas físicas tanto como su  tono moral y sus facultades mentales, estarían representadas en gran medida en sus hijos.  Su ignorancia acerca de este tema, que tiene tantas aplicaciones, es criminal. -2MS 495 (1865).

La enfermedad es trasmitida de padres a hijos.
A través de sucesivas generaciones desde la caída, la tendencia ha sido siempre hacia abajo.  La enfermedad se ha transmitido de padres a hijos, generación tras generación.  Aun los infantes en la cuna sufren de aflicciones causadas por los pecados de sus padres.
Moisés, el primer historiador, presenta un relato bien definido de la vida social e individual de los primeros días de la historia del mundo, pero, no encontramos ningún caso en que un infante hubiera nacido ciego, mudo, lisiado o imbécil.  No se registra un solo caso de muerte natural en la infancia, en la niñez o al comienzo de la edad adulta. . . Era tan raro que un hijo muriera antes que su padre, que un hecho tal era considerado digno de ser registrado: "Murió Harán antes que su padre Taré".  Los patriarcas desde Adán hasta Noé, con pocas excepciones, vivieron casi mil años.  Desde entonces el promedio de la vida ha estado decreciendo.
En el tiempo de la primera venida de Cristo, la raza humana había degenerado tanto, que no solamente ancianos, sino también personas de edad media y jóvenes eran llevados desde todas las ciudades al Salvador, para ser sanados de sus enfermedades.  Muchos trabajaban bajo una increíble carga de miseria. -CRA 139, 140 (1890).

Los niños han de evitar los malos hábitos de sus padres.
La enfermedad no sobreviene nunca sin causa.  Descuidando las leyes de la salud se le prepara el camino y se la invita a venir.  Muchos sufren las consecuencias de las transgresiones de sus padres.  Si bien no son responsables de lo que hicieron éstos, es, sin embargo, su deber averiguar lo que  son o no son las violaciones de las leyes de la salud.  Deberían evitar los hábitos malos de sus padres, y por medio de una vida correcta ponerse en mejores condiciones.- MC 179 (1905).

Los pecados de los antepasados llenaron el mundo con enfermedad.
Nuestros antepasados nos han legado costumbres y apetitos que están llenando el mundo con enfermedad.  Los pecados de los padres, mediante el apetito pervertido, están cayendo con terrible poder sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generaciones.  La mala alimentación de muchas generaciones, los hábitos de glotonería y desenfreno de la gente, están llenando nuestros asilos, nuestras prisiones y nuestros manicomios.  La intemperancia manifestada al beber te y café, vino, cerveza, ron y aguardiente, y al usar tabaco, opio y otros narcóticos ha producido gran degeneración mental y física, y esta degeneración está en constante aumento. -RH, 29 de julio de 1884; CH 49.

Herencia del apetito por los estimulantes.
Para algunas personas no es de ninguna manera seguro tener vino o sidra en la casa.  Han heredado el apetito por los estimulantes que Satanás está continuamente tratando de inducirles a complacer.  Si ceden a sus tentaciones, no se detienen; el apetito exige que se lo complazca y se complace para su ruina. El cerebro se entorpece y se nubla; la razón ya no tiene las riendas, sino las ha cedido a la concupiscencia. -5T 356, 357 (1885).

Los males del tabaco trasmitidos a los hijos.
Entre los niños y jóvenes el uso del tabaco hace un daño incalculable. Las prácticas malsanas de las generaciones pasadas afectan a los niños y jóvenes de hoy. La incapacidad mental, la debilidad física, las perturbaciones nerviosas y los deseos antinaturales se transmiten como un legado de padres a hijos.  Y las mismas prácticas, seguidas por los hijos, aumentan y perpetúan los malos resultados.  A esta causa se debe  en gran parte la deterioración física, mental y moral que produce tanta alarma. -MC 252 (1905).

Los niños heredan las inclinaciones.
Los niños heredan las inclinaciones al mal, pero también tienen muchos hermosos rasgos de carácter.  Estos deberían ser fortalecidos y desarrollados, mientras que las tendencias hacia el mal deberían ser cuidadosamente vigiladas y reprimidas.  Los niños nunca deberían ser adulados, porque la adulación es veneno para ellos; pero los padres deberían mostrar un cuidado tierno y santificado por ellos, y así ganar su confianza y amor. -RH, 24 de enero de 1907.

Palabras de alabanza apropiadas.
Siempre que la madre pueda dar una palabra de alabanza por la buena conducta de sus hijos, debería hacerlo.  Debería animarlos con palabras de aprobación y miradas de amor.  Estas serán como la luz del sol para el corazón del niño y conducirán al cultivo del respeto propio y a la dignidad del carácter. -3T 352 (1889).

El temperamento irritable a veces se hereda.
Algunos han recibido como herencia el temperamento irritable, y su educación en la niñez no les ha enseñado el autocontrol. Con frecuencia a este temperamento fogoso, se unen la envidia y los celos. -2T 74 (1868).

Satanás se aprovecha de las debilidades heredadas.
En nuestra propia fortaleza, nos es imposible negarnos a los clamores de nuestra naturaleza caída.  Por su medio, Satanás nos presentará tentaciones.  Cristo sabía que el enemigo se acercaría a todo ser humano para aprovecharse de las debilidades hereditarias y entrampar, mediante sus falsas insinuaciones, a todos aquellos que no confían en Dios.  Y recorriendo el terreno que el hombre debe recorrer, nuestro Señor ha preparado el camino para que venzamos.  No es su voluntad que seamos puestos en desventaja en el conflicto   con Satanás.  No quiere que nos intimiden ni desalienten los asaltos de la serpiente. "Tened buen ánimo -dice;- yo he vencido al mundo" (Juan 16: 33).-DTG 98 (1898).

La conversión cambia las tendencias heredadas.
Una conversión genuina cambia las tendencias hacia el mal heredadas y cultivadas. La religión de Dios es un tejido firme, compuesto de innumerables hilos, entrelazados con tacto y habilidad.  Sólo la sabiduría que viene de Dios puede completar este tejido.  Hay una gran variedad de telas que al principio tienen una buena apariencia, pero no pueden soportar la prueba. Se destiñen.  Los colores no son firmes.  Bajo el calor del verano se destiñen y se pierden.  La tela no puede soportar un trato rudo. -Carta 105, 1893; 6BC 1101.

No han de ser esclavizados por la herencia.
La pregunta que debemos considerar es ésta: ¿Tenemos los atributos de Cristo?  Las excusas no tienen valor.  Todas las circunstancias, todos los apetitos y pasiones, han de ser siervos del hombre que teme a Dios, y no sus amos.  El cristiano no ha de ser esclavizado por ningún hábito o tendencia heredada o cultivada. -TM 421 (1897).

Los ángeles ayudan a luchar contra estas tendencias.
Los ángeles están siempre presentes donde más se los necesita.  Están junto a los que deben librar las batallas más recias, junto a los que deben luchar contra las inclinaciones y tendencias hereditarias, junto a los seres cuyos hogares son de mal ambiente. -RH, 16 de abril de 1895; MeM 312.

La fe purifica las imperfecciones heredadas.
Los que, por una inteligente comprensión de las Escrituras, consideran debidamente la cruz, los que creen verdaderamente en Jesús, tienen un seguro fundamento para su fe. Tienen esa fe que obra por el amor y purifica el alma de todas sus imperfecciones hereditarias y cultivadas. -4TS 328 (1900). 

Los efectos de largo alcance del ambiente.
Estamos viviendo en una atmósfera de hechizos satánicos.  El enemigo entretejerá un ensalmo de licencia alrededor de toda alma que no haya logrado parapetarse en la gracia de Cristo.  Vendrán tentaciones; pero si velamos contra el enemigo, si mantenemos el equilibrio del dominio propio y la pureza, los espíritus seductores no tendrán influencia sobre nosotros. Los que nada hacen para estimular la tentación tendrán fuerza para resistirla cuando venga; pero los que se mantienen en una atmósfera de mal, ellos mismos tendrán la culpa si son vencidos y caen.  En lo futuro, se verán buenos motivos por los que se han dado amonestaciones acerca de los espíritus seductores.  Entonces se verá la fuerza de las palabras de Cristo: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5: 48).-CM 244 (ed.  PP); 197 (ed. ACES).

Las hijas de Lot arruinadas por el ambiente.
Lot habitó poco tiempo en Zoar.  La impiedad reinaba allí como en Sodoma, y tuvo miedo de quedarse, por temor a que la ciudad fuese destruida.  Poco después Zoar fue destruida, tal como Dios lo había proyectado.  Lot se fue a los montes y vivió en una caverna, privado de todas las cosas por las cuales se había atrevido a exponer a su familia a la influencia de una ciudad impía Pero hasta allá le siguió la maldición de Sodoma.  La infame conducta de sus hijas fue la consecuencia de las malas compañías que habían tenido en aquel vil lugar.  La depravación moral de Sodoma se había filtrado de tal manera en su carácter, que ellas no podían distinguir entre lo bueno y lo malo.  Los únicos descendientes de Lot, los moabitas y amonitas, fueron tribus viles e idólatras, rebeldes contra Dios, y acérrimos enemigos de su pueblo. -PP 164 (1890).

Evitemos las malas compañías.
Pocos comprenden la importancia que tiene el rehuir, hasta donde sea posible, todas  las compañías que no favorecen la vida religiosa. Al elegir su ambiente, pocos son los que dan la primera consideración a la prosperidad espiritual.
Los padres acuden con sus familias a las ciudades, porque se imaginan que allí es más fácil ganarse la vida que en el campo.  Los hijos, no teniendo qué hacer cuando no están en la escuela, se educan en la calle.  De las malas compañías adquieren hábitos de vicio y disipación.  Los padres ven todo esto, pero la corrección de su error requeriría un sacrificio y permanecen donde están, hasta que Satanás obtiene pleno dominio de sus hijos.  Mejor es sacrificar cualesquiera consideraciones mundanales, o aun todas ellas, antes que poner en peligro las almas preciosas confiadas a vuestro cuidado. -2JT 74 (1882).

Vivir en la atmósfera del cielo.
Debemos guiarnos por la teología verdadera y el sentido común.  Nuestras almas deben estar rodeadas por la atmósfera del cielo.  Los hombres y las mujeres tienen que vigilarse; han de estar constantemente en guardia, no permitiéndose palabra o acto que podría ser causa de que se hablase mal de su conducta.  El que profesa seguir a Cristo debe vigilarse, mantenerse puro y sin contaminación en sus pensamientos, palabras y actos. Su influencia sobre los demás debe ser elevadora.  Su vida ha de reflejar los brillantes rayos del Sol de justicia. -CM 244 (ed.  PP); 197 (ed.  ACES) (1913).

La influencia sobre la niñez modela el destino.
Desde una edad muy tierna, los niños están al alcance de influencias desmoralizadoras, pero los padres que profesan ser cristianos no parecen discernir el mal de su propio proceder. ¡Ojalá comprendieran que la influencia que se ejerce sobre un niño en sus más tiernos años imprime una tendencia a su carácter y modela su destino para la vida eterna o la muerte eterna!  Los niños reciben las impresiones morales y espirituales, y los que son sabiamente educados en la niñez quizá yerren a veces, pero no irán lejos en su descarrío. -CN 1829 183 (1896). 

Los padres son responsables en gran medida.
Los padres son en gran medida responsables por la forma dada al carácter de sus hijos. Deberían apuntar hacia la simetría y la proporción. Hay pocas mentes bien equilibradas porque los padres son inicuamente negligentes de su deber de estimular los rasgos débiles y reprimir los malos.  No recuerdan que están bajo la obligación más solemne de vigilar las tendencias de cada niño, que es su deber adiestrar a sus hijos en los hábitos correctos y en la forma correcta de pensar. -5T 319 (1885).

Comenzar en la infancia.
La obra de los padres debe comenzar cuando su hijo está en la infancia, para que pueda recibir las correctas impresiones en su carácter antes de que el mundo coloque su sello sobre la mente y el corazón. -RH, 30 de agosto de 1881; CN 177.

La importancia de los tres primeros años de la vida.
Madres, estad seguras de que disciplináis debidamente a vuestros hijos durante los primeros tres años de su vida.  No les permitáis que formen sus deseos y apetencias.  La madre debe ser la mente para su hijo. Los primeros tres años son el tiempo cuando se dobla la diminuta rama. Las madres debieran entender la importancia que existe en ese período. Entonces es cuando se establece el fundamento. -CN 178 (1899).

Los primeros siete años tienen mucho que ver con la formación del carácter.
No se puede exagerar la importancia de la educación precoz de los niños.  Las lecciones que aprende el niño en los primeros siete años de vida tienen más que ver con la  formación de su carácter que todo lo que aprende en los años futuros. -CN 177 (1903).

Rara vez se olvidan las primeras lecciones.
Las criaturas, niños y jóvenes no debieran oír una palabra impaciente del padre, la madre o cualquier miembro de la familia;  porque reciben impresiones muy precoces en la vida, y lo que los padres los hacen hoy, ellos serán mañana, y al día siguiente y al siguiente.  Rara vez se olvidan las lecciones impresas en la mente del niño. . .
Las impresiones dejadas precozmente en el corazón se ven en los años siguientes. Quizá queden sepultadas, pero rara vez son raídas. -CN 178 (1897).

Primero el desarrollo físico.
Durante los primeros seis o siete años de la vida del niño hay que prestar atención especial a su educación física antes que a su intelecto.  Después de este período, si la constitución física es buena habría que atender a su educación física e intelectual.  La infancia se extiende hasta la edad de seis o siete años.  Durante ese período los niños deberían dejarse libres como los corderitos para que corran por los alrededores de la casa y los patios impulsados por la animación de su estado de ánimo, saltando y brincando, libres de toda preocupación y problema.
Los padres, y especialmente las madres, deberían ser los únicos maestros de las mentes de los niños en esa edad.  No deberían educarlos basándose en los libros.  Por regla general los niños son lo bastante curiosos como para aprender las cosas directamente de la naturaleza.  Formularán preguntas acerca de las cosas que ven y que oyen, y los padres deberían aprovechar la oportunidad de instruirlos y de contestar pacientemente esas pequeñas preguntas.  En esta forma pueden tomar ventaja al enemigo y fortalecer las mentes de sus hijos al sembrar buenas semillas en sus corazones sin dejar lugar para que arraigue el mal.  Las amorosas instrucciones de las madres impartidas a una tierna edad es lo que los niños necesitan en la formación de su carácter. -2MS 501 (1865).

El primer hijo necesita cuidado especial.
El primer hijo debería ser educado especialmente con mucho cuidado, porque él educará al resto.  Los niños crecen de acuerdo con  la influencia de los que los rodean.  Si son manejados por aquellos que son ruidosos y turbulentos, ellos también se  convierten en ruidosos y casi insoportables. -CN 27 (1899).

Ambientes diferentes para diferentes niños.
Algunos niños tienen mayor necesidad que otros de paciente disciplina y bondadosa educación.  Han recibido como legado rasgos de carácter poco promisorios, y por eso tienen tanto mayor necesidad de simpatía y amor.  Por sus esfuerzos perseverantes, se puede preparar a estos niños díscolos para que ocupen un lugar en la obra del Maestro.  Poseen facultades sin desarrollarse que, una vez despiertas, los habilitarán para ocupar lugares mucho más destacados que los de aquellos de quienes se esperaba más. -CM 110 (ed.  PP); 89 (ed.  ACES) (1913).

Los hábitos rara vez se cambian más tarde.
Lo que el niño ve y oye está trazando profundas líneas en la tierna mente, que ninguna circunstancia posterior de la vida podrá borrar del todo.  Entonces el intelecto está tomando forma y los afectos están recibiendo dirección y fortaleza.  Los actos repetidos en cierto sentido se convierten en hábitos.  Estos se pueden modificar mediante una severa educación, en la vida posterior, pero rara vez se cambian. -CN 184, 185 (1880).

Influencia sanadora de la bondad.
Bajo la influencia de la mansedumbre, la bondad y la amabilidad, se crea una atmósfera que sana y no destruye. -MeM 156 (1906). 

(Mente, Carácter y Personalidad 1 de E.G. de White)

IV LA PERSONALIDAD EN DESARROLLO: 16 “Influencias Prenatales”

La importancia de las influencias prenatales.
Muchos padres creen que el efecto de las influencias prenatales es cosa de poca monta; pero el Cielo no las considera así.  El mensaje enviado por un ángel de Dios y reiterado en forma solemnísima merece que le prestemos la mayor atención. -MC 288 (1905).

Un espíritu satisfecho afecta a la descendencia.
Toda mujer a punto de ser madre, cualquiera que sea su ambiente, debe fomentar constantemente una disposición feliz, alegre y contenta, sabiendo que por todos los esfuerzos que haga en tal sentido se verá resarcida diez veces en la naturaleza física y moral de su hijo.  Ni es esto todo.  Ella puede acostumbrarse por hábito a pensar animosamente, y así alentar una condición mental feliz como alegre reflejo de su propio espíritu de dicha sobre su familia y sobre aquellos con quienes trate.  Su propia salud física quedará muy mejorada. Las fuentes de la vida recibirán fuerza; la sangre no circulará perezosamente, como sucedería si ella cediese al abatimiento y la lobreguez.  Su salud mental y moral será vigorizada por su buen ánimo. -RH, 25 de julio de 1899; HAd 233, 234. 

Los sentimientos de la madre moldean la disposición del niño que no ha nacido.
Los pensamientos y los sentimientos de la madre tendrán una poderosa influencia sobre el legado que ella da a su niño.  Si permite que su mente se espacie en sus propios sentimientos, si cede al egoísmo y si es malhumorada y exigente, la disposición de su hijo testificará de este temperamento.  Así muchos han recibido, como un legado, tendencias al mal casi invencibles.- ST, 13 de sep. de 1910; Te 151, 152.
Si la madre se atiene invariablemente a principios rectos, si es templada y abnegada, bondadosa, apacible y altruista, puede transmitir a su hijo estos mismos preciosos rasgos de carácter. -MC 288, 289 (1905).

La influencia prenatal de la paz.
La que espera ser madre debe conservar el amor de Dios en su alma.  Su ánimo debe estar en paz; debe descansar en el amor de Jesús y practicar sus palabras.  Debe recordar que las madres colaboran con Dios. -HAd 234 (1896).

El padre debe conocer las leyes físicas.
Hay que velar con cariño por las fuerzas de la madre.  En vez de permitir que las malgaste en tareas agotadoras, hay que reducir sus cuidados y cargas.  Muchas veces el esposo y padre desconoce las leyes físicas que el bienestar de su familia exige que conozca.  Absorto en la lucha por la vida, o empeñado en labrarse una fortuna y acosado por cuidados y apuros, permite que caigan sobre la esposa y madre cargas que agotan sus fuerzas en el periodo más crítico de su vida y le causan debilidad y Enfermedad. -MC, 289 (1905).

Se priva a los niños de la elasticidad mental.
Si la madre se ve privada del cuidado y de las comodidades que merece, si se le permite que agote sus fuerzas con el recargo de trabajo o con las congojas y tristezas, sus hijos se verán a su vez privados de la fuerza vital; de la flexibilidad mental y del espíritu siempre alegre que hubieran debido heredar.  Mucho mejor será alegrar animosamente la vida de la madre, evitarle la penuria, el trabajo cansador y los cuidados deprimentes, a fin de conseguir que los hijos hereden una buena constitución, que les permita pelear las batallas de la vida con sus propias fuerzas. -MC 290, 291 (1905).

No deben descuidarse las necesidades de la madre.
Las necesidades físicas de la madre no deben descuidarse en manera alguna.  Dos vidas dependen de ella, sus deseos deben ser cariñosamente atendidos, y sus necesidades satisfechas con liberalidad.  Pero en este período más que nunca debe evitar, en su alimentación y en cualquier otro asunto, todo lo que pudiera menoscabar la fuerza física o intelectual. Por mandato de Dios mismo, la madre está bajo la más solemne obligación de ejercer dominio propio. -MC 289 (1905).

La responsabilidad de la esposa.
Las mujeres de principios y que están bien instruidas no se apartarán de la sencillez de la dieta en este momento [del embarazo].  Considerarán que otra vida depende de ellas y serán cuidadosas en todos sus hábitos, especialmente en la dieta. -2T 382 (1870).

Los hijos inocentes sufrirán.
Nacen niños enfermos por causa de la satisfacción del apetito de sus padres.  El sistema no requiere la variedad de alimentos sobre los se detiene la mente.  Las mujeres cristianas deben rechazar el gran error de que lo que está en la mente debe estar en el estómago.  No debe permitirse que la imaginación controle los deseos del sistema.  Los que permiten que el gusto los gobierne sufrirán el castigo por transgredir las leyes de su existencia.  Y el problema no termina aquí; sus hijos inocentes también sufrirán. -2T 383 (1870).
Consejeros no sabios animarán a la madre a satisfacer todo deseo e impulso como si fuera esencial para el bienestar de sus hijos.  Tal consejo es falso y perjudicial.  Por orden de Dios mismo la madre está bajo la más solemne obligación  de ejercitar el autocontrol. ¿A qué voz prestaremos atención: la voz de la sabiduría divina, o la voz de la superstición humana?- ST, 26 de febrero de 1902.

La madre embarazada ha de formar hábitos de abnegación.
La madre que es una maestra adecuada para sus hijos debe, antes que nazcan, formar hábitos de abnegación y dominio propio; porque les transmite sus propias cualidades; sus rasgos de carácter fuertes o débiles.  El enemigo de las almas entiende estas cosas mejor que muchos de los padres.  El acosará a la madre con sus tentaciones, sabiendo que si ella no le resiste, él puede por su intermedio afectar al niño.  La única esperanza de la madre está en Dios.  Puede acudir a él en busca de gracia y fortaleza.  Ella no buscará ayuda en vano.  El le permitirá transmitir a su descendencia cualidades que le ayudarán a obtener éxito en la vida y ganar la vida eterna. -CRA 257 (1902).

La base de un carácter correcto.
La base de un carácter correcto en el hombre futuro queda afirmada por hábitos de estricta temperancia de parte de la madre antes de que nazca el niño... Esta lección no debe considerarse con indiferencia. -HAd 233 (1880).

La raza gime bajo el peso de las miserias acumuladas.
La raza gime bajo el peso de las miserias acumuladas por causa de los pecados de las generaciones anteriores.  Y sin embargo, casi sin dedicarle un pensamiento o preocupación, los hombres y las mujeres de la generación presente complacen la intemperancia por medio del exceso en el comer y de la ebriedad, con lo cual dejan, como un legado para la siguiente generación, enfermedad, intelectos debilitados y una moralidad contaminada. -4T 31 (1876).

Sed insaciable, deseos pecaminosos se trasmiten a su prole.
Ambos padres transmiten a sus hijos sus propias características, mentales y físicas, su temperamento y sus apetitos. . .  Los que beben alcohol y los que usan tabaco pueden transmitir a sus hijos sus deseos insaciables, su sangre inflamada y sus nervios irritables, y se los transmiten en efecto. Los licenciosos legan a menudo sus deseos pecaminosos, y aun enfermedades repugnantes, como herencia a su prole. Como los hijos tienen menos poder que sus padres para resistir la tentación, hay en cada generación tendencia a rebajarse más y más. -PP 604 (1890).
Como regla, cada hombre intemperante que cría hijos transmite sus inclinaciones y tendencias malas a su descendencia. -RH, 21 de nov. de 1882; Te 151.

La vida prenatal de Sansón regulada por Dios.
Las palabras dirigidas a la esposa de Manoa contienen una verdad que las madres de hoy harán bien en estudiar.  Al hablar a esta madre, el Señor habló a todas las madres ansiosas y afligidas de aquel tiempo, y a todas las madres de las generaciones sucesivas.  Sí, cada madre puede comprender su deber.  Puede saber que el carácter de sus hijos dependerá más de sus hábitos anteriores a su nacimiento y de sus esfuerzos personales después del nacimiento, que de las ventajas o desventajas exteriores. -CRA 257 (1902).
Dios tenía asignada una importante obra para el hijo prometido de Manoa, y para asegurarle las cualidades necesarias para realizar esa obra, los hábitos de la madre tanto como del niño tenían que ser cuidadosamente regulados. . . El niño sería afectado para bien o para mal por los hábitos de la madre.  Ella misma debía gobernarse por principios y practicar la temperancia y la abnegación, si había de procurar el bienestar de su niño. -Te 80 (1890).

El padre y la madre están involucrados.
Los padres, así como las madres, están involucrados en esta responsabilidad, y ellos también deberían procurar fervientemente la gracia divina para que su influencia sea tal que Dios pueda aprobar.  La pregunta de cada padre y cada madre debería ser: "¿Qué haremos con el niño que nacerá?" Muchos han  considerado livianamente el efecto de las influencias prenatales; pero la instrucción enviada desde el cielo a aquellos padres hebreos, y repetida dos veces de la manera más explícita y solemne, muestra cómo el Creador considera este asunto. -ST, 26 de feb. de 1902.

Los padres dan su propio sello a los hijos.
Los padres... por su complacencia han fortalecido sus pasiones animales.  Y al fortalecerse éstas, las facultades morales e intelectuales se debilitaron. Lo espiritual ha sido vencido por lo bestial.  Los niños nacen con las propensiones animales mayormente desarrolladas han recibido el sello del propio carácter de sus padres... La fuerza cerebral se ha debilitado, y la memoria llega a ser deficiente... Los pecados de los padres recaerán sobre sus hijos porque los padres les han dado el sello de sus propias propensiones lujuriosas. -2T 391 (1870).

Satanás procura degradar las mentes.
Se me ha mostrado que Satanás procura degradar las mentes de los que se unen en matrimonio a fin de poder poner el sello de su propia imagen odiosa sobre sus niños...
El puede moldear la posteridad de ellos mucho más fácilmente de lo que pudo hacerlo con sus padres, porque puede controlar la mente de los padres para que por medio de ellos pueda grabar su propio carácter sobre sus niños.  De este modo hacen muchos niños con pasiones animales mayormente crecientes, mientras que sus facultades morales se han desarrollado sólo débilmente.- 2T 480 (1870).

La razón debiera controlar el número de hijos.
Los que aumentan el número de su familia, cuando si consultasen su razón sabrían que los hijos heredarán debilidad física y mental, son transgresores de los últimos seis preceptos de la ley de Dios. . . Hacen su parte en aumentar la degeneración de la humanidad y en hundir más abajo la sociedad, con lo cual perjudican a su prójimo.  Si Dios considera de  esta manera los derechos del prójimo, ¿no se preocupe de una relación más estrecha y más sagrada?  Si ni un gorrión cae sin que él lo advierta, ¿no se preocupará de los niños nacidos en el mundo, enfermos física y mentalmente, y que sufren en mayor o menor grado durante toda su vida? ¿No pedirá cuenta a sus padres, a los que ha dado la facultad de la razón, por desentenderse de ella y por convertirse en esclavos de la pasión cuando, como resultado de ello, las generaciones posteriores tendrán que llevar la marca de sus deficiencias físicas, mentales y morales? -2MS 488 (1865).

Transmiten energía disminuida.
Hombres y mujeres que han enfermado, en su relación matrimonial han pensado con frecuencia egoístamente tan sólo en su propia felicidad.  No han considerado seriamente la cuestión desde el punto de vista de los principios nobles y elevados y no han razonado que lo único que podían esperar de su posteridad era una energía corporal y mental disminuida, que no elevaría a la sociedad sino que la hundiría aún más. -2MS 487 (1865).

La enfermedad pasa de una generación a otra.
Hombres enfermos con frecuencia han ganado los afectos de mujeres que aparentemente estaban sanas, y porque se amaban mutuamente se sentían con toda libertad de casarse... Si esto afectase únicamente a los que participan en el matrimonio, el pecado no sería tan grande.  Pero obligan a sus hijos a sufrir a causa de las enfermedades que les transmiten.  Así es como la enfermedad se ha perpetuado en una generación tras otra... Han dado a la sociedad una raza debilitada, y han hecho su parte para deteriorar a la humanidad al hacer que la enfermedad fuera hereditaria, con todo lo cual el sufrimiento humano se ha acrecentado. -2MS 487 (1865).

La diferencia de edades es un factor.
Otra causa de la deficiencia de la generación actual en lo que concierne a la fortaleza física y al poder moral, la constituyen los casamientos entre hombres y mujeres cuyas edades varían ampliamente. . . Los hijos de tales uniones, cuando las edades difieren ampliamente, con frecuencia han tenido mentes desequilibradas.  También su fuerza física ha sido deficiente. En tales familias se han manifestado rasgos de carácter alterados, peculiares y hasta penosos. [Los hijos] suelen morir prematuramente, y los que llegan a la madurez, en muchos casos son deficientes en su fuerza física, en su poder mental y en su dignidad moral... Así es como se ha arrojado al mundo una clase de seres que han sido una carga para la sociedad.  Sus padres eran responsables en gran medida por el carácter desarrollado por sus hijos, el que se transmite de generación en generación. -2MS 487, 488 (1865).

Dios nos tendrá por responsables por el descuido prenatal.
Las mujeres no siempre han seguido los dictados de la razón y en cambio han obrado por impulso.  No han sentido en elevado grado las responsabilidades que descansaban sobre ellas y según las cuales debían elegir compañeros para la vida que no estamparan sobre sus hijos un grado de baja moralidad y una pasión por gratificar los apetitos pervertidos a expensas de la salud y hasta de la vida.  Dios las tendrá por responsables en gran medida por la salud física y el carácter moral que de este modo han transmitido a las generaciones futuras...
Muchas personas que han pertenecido a esta clase se han casado y han transmitido a sus hijos las taras dé su propia debilidad física y de su moral depravada.  La complacencia de las pasiones animales y de la tosca sensualidad han constituido características notables de su posteridad, que se ha ido rebajando de una generación a otra, aumentando las miserias humanas a un grado terrible y apresurando la depreciación de la raza. -2MS 486, 487 (1865).

Los padres equipan al niño para la vida.
'Los hijos serán en gran medida lo que sean sus padres. Las condiciones físicas de éstos, sus disposiciones y apetitos, sus aptitudes intelectuales  y morales, se reproducen, en mayor o menor grado, en sus hijos. -MC 287 (1905).

Moldean la sociedad del futuro.
Cuanto más nobles sean los propósitos que animen a los padres, cuanto más elevadas sus dotes intelectuales y morales, cuanto más desarrolladas sus facultades físicas, mejor será el equipo que para la vida den a sus hijos.  Cultivando en sí mismos las mejores prendas, los padres influyen en la formación de la sociedad de mañana y en el ennoblecimiento de las futuras generaciones.
Los padres y las madres deben comprender su responsabilidad.  El mundo está lleno de trampas para los jóvenes.  Muchísimos son atraídos por una vida de placeres egoístas y sensuales.  No pueden discernir los peligros ocultos o el fin temible de la senda que a ellos les parece camino de la felicidad.  Cediendo a los apetitos y pasiones, malgastan sus energías y millones quedan perdidos para este mundo y para el venidero.  Los padres deberían recordar siempre que sus hijos tienen que arrostrar estas tentaciones.  Deben preparar al niño antes de su nacimiento para predisponerlo a pelear con éxito las batallas contra el mal.
Esta responsabilidad recae principalmente sobre la madre, que con su sangre vital nutre al niño y forma su armazón física, le comunica también influencias intelectuales y espirituales que tienden a formar la inteligencia y el carácter.-MC 287 (1905).

Los padres han dado su propio sello de carácter a sus hijos.
Los padres han dado su propio sello de carácter a sus hijos; y si algunos rasgos están indebidamente desarrollados en un niño, y otro revela una fase diferente del carácter que es desagradable, ¿quiénes deberían ser tan tolerantes, pacientes y bondadosos como los padres? ¿Quiénes deberían ser tan fervientes como para cultivar en sus hijos las preciosas gracias del carácter reveladas en Cristo Jesús? 
Las madres no aprecian ni la mitad sus privilegios y posibilidades. No parecen comprender que pueden ser misioneras en el más alto sentido, colaboradoras con Dios en ayudar a sus hijos a construir un carácter simétrico.  Esta es la gran tarea que Dios les ha dado.  La madre es el agente de Dios para cristianizar a su familia. -RH, 15 de sep. de 1891.

La responsabilidad de los padres por la influencia prenatal.
El primer gran objetivo que debe alcanzarse en la educación de los hijos es una constitución vigorosa que los preparará en gran medida para la educación mental y moral.  La salud física y moral están estrechamente unidas.  Qué enorme responsabilidad descansa sobre los padres cuando consideramos que la conducta que siguen antes del nacimiento de sus hijos tiene mucho que ver con el desarrollo de su carácter después del nacimiento. -2MS 490 (1865).

Qué hacer con ella.
Los padres pueden haber trasmitido tendencias a sus hijos. . . las cuales harán más difícil el trabajo de educar e instruir a estos niños a ser estrictamente temperantes y a desarrollar hábitos puros y virtuosos.  Si el apetito por alimentos malsanos y por estimulantes y narcóticos les ha sido trasmitido como un legado por sus padres, ¡qué responsabilidad terriblemente solemne recae sobre los padres para contrarrestar las malas tendencias que les dieron a sus hijos! ¡Cuán ferviente y diligentemente deberían trabajar los padres para cumplir su deber, con fe y esperanza, en favor de su desafortunada descendencia! -3T 567, 568 (1875).

Un día de ajuste de cuentas para los padres.
Cuando los padres y los niños se encuentren en el día final para rendir cuentas, ¡qué escena se verá!  Miles de niños que han sido esclavos de los apetitos y de vicios degradantes, cuyas vidas han sido fracasos morales, estarán frente a frente con sus padres que los hicieron lo que son. ¿Quiénes, sino los padres, deben afrontar esta terrible responsabilidad? ¿Fue  el Señor quien corrompió a estos jóvenes? ¡Oh, no! ¿Quién, entonces, ha hecho esta terrible obra? ¿No fueron trasmitidos los pecados de los padres a los hijos por apetitos y pasiones pervertidos? ¿Y no fue completada la obra por los que descuidaron su adiestramiento de acuerdo con el modelo que Dios ha dado?  Tan ciertamente como que ellos existen, todos estos padres tendrán que pasar el examen de  Dios.- FE 140, 141 (1890).

Se necesita sabiduría más que humana.
Los padres deberían recordar siempre que sus hijos tienen que arrostrar. . . tentaciones.  Deben preparar al niño desde antes de su nacimiento para predisponerlo a pelear con éxito las batallas contra el mal. -MC 287 (1905).

Dichosos los padres cuyas vidas reflejan la divina.
Dichosos los padres cuya vida es un reflejo fiel de la vida divina, de modo que las promesas y los mandamientos de Dios despierten en los hijos gratitud y reverencia; dichosos los padres cuya ternura, justicia y longanimidad interpreten fielmente para el niño el amor, la justicia y la paciencia de Dios; dichosos los padres que al enseñar a sus hijos a amarlos, a confiar en ellos y a obedecerles, les enseñen a amar a su Padre celestial, a confiar en él y a obedecerle.  Los padres que hacen a sus hijos semejante dádiva los enriquecen con un tesoro más precioso que los tesoros de todas las edades, un tesoro tan duradero como la eternidad. -MC 291 (1905). 

(Mente, Carácter y Personalidad 1 de E.G. de White)